Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

28

May

Visitas a una chica que escribe

Laura SolórzanoEl maestro Benedetti pasó por mi casa esta tarde. Quería confirmar el buen uso de mi táctica y mi estrategia. Al rato, Fito apareció con un vestido y un amor mientras Sabina con su cigarrillo me decía que era más guapa que cualquiera. Un poco más tarde, pasó Cortazar para invitarme a jugar a la Rayuela con la enfermera Cora.

Woody me pidió cambiar los toqueteos en lugares inapropiados al distrito de Manhattan, las calles en aquel lugar eran tan oscuras como la calle Morgue donde Poe vivió unos crímenes interesantes que serían narrados en una carta robada. Unas horas después, Jason me dejó una nota para ti que decía: “She’s a beautiful mess and so do you and all the stuff”. El chino que facha Rufa nos planificó un fin de semana en el be.happy.aquí y Girondo me invitó a volar entre espantapájaros por los cien años de soledad del Gabo.

Canetti, por su parte, me comentó que quería acompañarme en mi siguiente viaje y ser el Testigo ocular de todos esos paisajes. Aunque Gioconda Belli me dijo que antes de partir  escribiera en mis Pergaminos de la seducción para que René los pusiera a dar la vuelta al mundo. Para Patrick todo aquello tenía un perfume digno de ser repartido por el mundo de Sofia. Los boheme, en un mail, me pidieron calma y que si te enviaba un flamingo, tu entenderías de qué se trataba aquella parranda.

El Principito perseguía un conejo blanco que lo llevaría a un país de maravillas, donde a Alicia encontraría. Increíble que todo aquello pudiera ocurrir solamente un sábado cualquiera, en la tarde, en algún parque. Dalí tomaba té conmigo y pintaba rinocerontes para pelearse con Van Gogh por un lugar en mi corazón. Ambos, a su manera, lo tenían asegurado.

En mi lienzo se han pintado historias. En mi cuerpo, justo ahora, te escribo. Un chica que lee, que escribe y siente en misticismo de encontrarse con personajes que narran su vida en diferentes momentos.

26

May

De los condones, combos 2×1 y otras políticas de Estado en seguridad

Laura SolórzanoO de cómo el Ministro decide repetir las leyes.

“Pásale doble seguro”, “Hazle un doble nudo que así se suelta”, “Mejor píntate la boca dos veces”, “pague uno y lleve dos, porque es mejor tener de más que de menos”. Se presume que frases como esas fueron escuchadas en el despacho del ministro antes de redactar las nuevas políticas de Estado en materia de seguridad en el país de Chino y Nacho.

Bien es sabido que, en algunos casos, asegurar “doblemente” algo puede resultar positivo: cerrar puertas, un color de uñas, un nudo del traje de baños. Sin embargo, hay otras en las que no funciona también: los condones, algunos combos 2×1 y sobre todo las leyes. Me parece que le ministro esto no lo sabe. Tal vez sea de los que usa doble condón para “asegurar” que todo salga bien. La pregunta “¿Qué tienen que ver los condones con la seguridad?” En mi cabeza, mucho.

Pensemos y analicemos medidas como “No usar armas en las camioneticas, metros, lugares públicos, etc”, “No se puede usar armas ilegales” (recientes medidas tomadas por el ministro, yo pensaba que eso ya estaba prohibido). Esas frases no les suenan a “Mejor usamos doble condón, eso da más sensación de seguridad”. Sigo creyendo que esta fue la lógica utilizada por el gobierno.

Todo esto derivará en una confirmación de que la institución en Venezuela es un edificio lleno de gente incómpetente que cobra sueldos. Porque en muchos casos ni bonitos son. Pueden, los malandros y ciudadanos, reírse de las políticas del ministro tanto como lo haría un grupo de adolescentes en el que uno de los integrantes llega emocionado contando que perdió la virginidad, pero usó doble condón y se le rompió. No sé si la metáfora queda clara.

Esto, según mi opinión, generará mucha más violencia, más impunidad. Pensar que una campaña en el metro y esos combos 2×1 que se lanza el ministro y la AN ayudarán a reducir los índices de inseguridad y violencia, es pensar que los ciudadanos nos creemos la historia del ratón de los dientes y del presidente eficiente.

En todo caso, Ministro: Nos vemos el 07, lleve sus condones que probablemente los necesite.

 

18

May

El mundo según Iris

Érase una vez una niña muy tremenda que jugaba con juegos artificales. Iris era piromaníaca. Un día, sin querer un fosforito le estalló en la cabeza y mágicamente sobrevivió. En su pueblo sabían que Iris sería una niña peleona, con un cabello incontrolable y unas ganas de salvar al mundo. Su pueblo nunca comprendió que ella tenía su propia visión del mundo y es lo que ahora les vengo a narrar.

Iris se había trasladado a la capital para realizar estudios y todas esas cosas que en los pueblos no se pueden realizar. Ella no consumía ningún tipo de sustancias psicotrópicas, simplemente tenía una manera particular de ver el mundo: todo estaba siempre bien. Un día, a Iris se le presentó un pequeño problema en su trabajo. Ella era la responsable de solucionar los problemas en las cárceles del país en el que vivía. Le habían dado esa responsabilidad porque la creían capaz de solucionarlos por su espíritu rebelde, su cabello alocado y su tono de voz único. Solo que sus jefes tampoco habían comprendido que Iris tenía su propia visión del mundo. Para ella todo estaba siempre bien.

Ese día del problema de su trabajo se le salió de las manos. Las personas que vivían en ese país, por lo menos en la ciudad donde estalló el problema tenían una percepción real de la realidad. Sí, real de la realidad. Ellos escuchaban disparos, gritos, veían humo salir de los pabellones de las cárceles y además tenía -en algunos casos- unas cuantas balas en sus apartamentos. Ese día, aquella gente no logró hacer nada más que esperar la solución de un “no sé”.

Sin embargo, Iris -que tenía su visión del mundo donde todo estaba siempre bien- dio unas declaraciones y aclaró lo que todos creíamos inaclarable. Iris dijo:

“La comunidad está feliz y contenta” así comenzaron las declaraciones. Los muchachos ayer estaban celebrando el triunfo de Pastor, el piloto ¿Saben? Bueno, resulta que nosotros les organizamos una parrilla para que pudiesen celebrar tranquilos, esa es la explicación del humo que salía de los pabellones. Verán, las parrillas salen con humo negro por el carbon ¿Nunca han hecho una parrilla? Luego, lo que ustedes pensaban que eran disparos y ráfagas de ametralladoras no eran eso; estamos practicando para la celebración del año nuevo. Como saben somos el primer país del mundo en absolutamente todo lo bueno y no podemos quedarnos fuera de una celebración increíble para recibir el año. No, no había luces porque era de día ¿Están locos ustedes? En fin, todo está siempre bien, aquí no pasa nada de nada y todo está bello ¿No vieron el atardecer de hoy? – Así terminaban sus declaraciones mientras se miraba en el espejo y veía que su cabello seguía tan desordenado-

Los días pasaron y la fosforito Iris seguía viendo el mundo según su conveniencia, según le gustaba, según ella pues.

[Aclaratoria: Solo la primera parte es una declaración real de la Ministra, el resto es “El mundo según Iris” // Esto forma parte de la otra de las nuevas políticas del gobierno, hacer que alguien de declaraciones oficiales para que en la noche nos riamos de todo lo que pasa y olvidemos la realidad de la calle]

12

May

Humanicemos lo malo, banalicemos lo bueno

Caracas, Venezuela, años 90.

Vagos son los recuerdos que tengo de aquella novela “por estas calles”. Recuerdo que fue la primera vez que escuché y entendí que existía la voz en off (yo creía que siempre era Dios hablando), también recuerdo que fue la primera vez que escuché la palabra “excusado” en esas frases que habían al final de cada capítulo. Las imágenes reales y cercanas de la tragedia de las lluvias del 92 y por supuesto las frases típicas de Eudomar Santos.

Tengo un cuento interesante sobre esa novela. Un día, después de ver la novela con mis papás, montada en un carrito comencé a gritar “saqueo, saqueo”. La mirada de mi mamá me hizo entender que eso no estaba bien, pero aún así cuando me dijo algo yo grité: “Pero mamá, el presidente no sirve, es un incompetente, tenemos que tumbarlo”. Aquel día jamás lo olvidaré.

Sí, puede que haya sido rebelde desde siempre, de esas personas que está en contra del sistema, pero lo que mi papá me explicó ese mismo día fue: “Tranquila, solo son escenas de la novela, cuando seas grande lo entenderás”. Y lo hice.

Caracas, Venezuela, década del 2000.

Unos años después me encontraba analizando el daño que aquella novela le había hecho a la sociedad, uno de mis amigos no coincidía conmigo y sostenía que “la televisión y el cine no tienen influenciar en la sociedad, es tonto pensar que algo así puede influencia a la gente”. Unos días después me pregunté: Y si nos medios masivos no influencia a la sociedad, ¿Quién lo hace? Yo tengo mi respuesta y cada día puedo analizarlo más y más.

Caracas, Venezuela, segunda década del 2000.

Hoy comencé un taller de guión cinematográfico con Luis Bond y fue inevitable pasar por el cine venezolano, en mi cuaderno escribí: “El cine es reflejo de la sociedad y esta refuerza conductas a través del mismo”, “somos una sociedad de clichés representados en la pantalla y pantallas que reflejan realidad que tapamos con risas y groserías”. En la tarde recordé “El Propio” [Este es el nuevo periódico de El Nacional, creen que haciendo esta caricatura de los malandros aumentarán las ventas]. En mi opinión, El Propio y las películas venezolanas sobre “la realidad del barrio”, y tomando una frase del profesor, puede afirmar que no hacen más que “humanizar a los malandros, banalizar el bien”.

Es inevitable pensar cuánto daño le hacen ese tipo cosas a la realidad del país. Me hace pensar que la intelectualidad de muchos, sobre todo de los redactores de “El Propio” tiene un precio más barato que realidad nacional. Y, antes de que lloren porque “debemos respetar la libertad de expresión y cada quién hace con su periódico lo que quiere”, me gustaría que pensaran: ¿Está la gente de El Nacional ayudando a generar consciencia ciudadana? ¿Nos beneficia, como sociedad, que exista un periódico que resalte que es ser cool ser malandro? ¿Estamos tan mal socialmente que no distinguimos el bien del mal? En este último caso ¿Reconocemos que existe una banalización del mal tal que si tuviésemos la oportunidad de tener pistola la tendríamos?

Mi preocupación es la manera vacía en la que estamos abordando muchísimos de los problemas reales del país, la poca profundidad, las ganas de hacer de todo un chiste para ocultar la realidad y creernos el cuento de que todo está bien. Estamos atomizándonos cada día más al punto de llegar a la resignación y ese, señores, es el peor mal que puede tener una sociedad en un año electoral tan importante como el nuestro.

10

May

Los venezolanos aprendimos la cartilla presidencial por Héctor González

[Héctor González, @Papelon, escribió esto y lo quiero compartir con ustedes]
Por Héctor González.
Decía el maestro Quiroga en su decálogo “No escribas o cuentes bajo el imperio de la emoción…” así que unos días después del revuelo ¿nacional? Causado por el documental “Caracas: ciudad de despedidas” creo un poco más pertinente dar mi opinión (aunque a nadie le importe la misma).
Comenzare por señalar algo que es muy nuestro, más nuestro que la harina pan, que una “reina pepeada” o que un gobierno ineficiente: los venezolanos para bien o para mal somos un pueblo de “opinadores” de oficio. Esto no es un secreto para nadie (aunque cualquier venezolano tenga una opinión al respecto), sin embargo las reacciones públicas derivadas del documental nos muestran algo que estamos descubriendo de nosotros mismos: además de opinar ahora aprendimos a despellejar colectivamente.
Pasamos de ser una sociedad opinadora a ser una sociedad de “cayaperos” (googleese de no entenderse el “juvenil” termino) que ante un intento audiovisual no muy bien logrado, no nos detenemos a pensar en el mensaje que viene detrás y que tanto nos dice de nuestra sociedad sino que desde la seguridad y “responsabilidad” de la masa 2.0 nos deleitamos agrediendo, en muchos casos con humor o ironía, no solo al producto final como pieza audiovisual sino a sus jóvenes protagonistas.
Ser joven en Venezuela en estos momentos es un desafío que no cualquiera quisiera aceptar, el día a día para una persona entre 15 y 27 años llega a ser una lucha por sobrevivir en medio de un mercado laboral que frustra sueños a diario, de una situación de inseguridad que arrebata almas por minuto, de unas condiciones políticas que no presentan un panorama a futuro, de un mundo globalizado que toca la puerta pero que no se atreve a pasar porque se topa con el aviso que reza “cuidado, perro bravo”. Y en el centro de esta cantidad de calamidades y desafíos, entonces además estamos situados en una sociedad que apuesta todas sus fichas en la juventud sin hacer mas nada que “pintarse la cara colora esperanza”.
Lo que estos panas destaparon fue la olla que todos sabían que hervía pero que nadie siquiera volteaba a mirar: la realidad de una ciudad que ha perdido su conciencia colectiva y que centra su dinámica social en responder (a favor o en contra) a caprichos del comandante o en comentar situaciones particulares (que por supuesto duran lo que dura la memoria venezolana). Estos chamos versionaron el “paren el mundo que me quiero bajar” y lo convirtieron en el pegajoso “Yo me iría demasiado”.
Al contexto anterior debemos sumarle entonces un nuevo personaje que constituye “el tipo ideal” de autoridad moral convertida en humano y mito a la vez, si, ese mismo que no pretendo nombrar por aquella vieja costumbre heredada de la película Beetlejuice. Ese que nos ha enseñado al pie de la letra la cartilla de insultos e intolerancia desmedida, que nos ha ayudado a convertirnos en dos bandos separados por un rio que a su vez está lleno de “náufragos” ideológicos que flotan para dejarse llevar por una corriente que NI va al mar NI va a la montaña.
Al final del cuento, como dice Eduardo Sánchez Rugeles en su texto al respecto del documental “De alguna forma, el discurso político triunfó: aprendimos el odio.”, ahora toca “aprender a desaprender” ese odio que está instalado cual garrapata en las zonas mas externas y a su vez profundas de nuestra piel, y trabajar por transformar nuestra cotidianidad, porque así como se aprende se olvida y en eso si que tenemos nosotros bastante experiencia.
Seguro vendrán más “me iría demasiado”, mas caprichos gubernamentales y mas lucha…toca aguantar y seguir siendo sobrevivientes en medio de un rio social que se desborda porque “en caracas llueve demasiado”.

8

May

Balas, lluvia, Twitter y Caracas

Despiertas sabiendo que vives en una real crisis. Que el problema no es simplemente salir a las 3am de alguna discoteca, sino salir a cualquier hora de tu casa. Te despiertas, como todos los días, tranquila, planificas tu día para que rinda el tiempo y mientras hablas con una amiga comienzas a escuchar disparos y ráfagas de disparos. Tu día comienza a cambiar.

Tienes una lucha constante entre irte y quedarte en el país. Entre salir o quedarte en casa. Entre llegar temprano en la noche o temprano en al mañana. La vida de los jóvenes mide en decisiones de vida o muerte.

Caracas, valle de Balas. Caracas ciudad de cárceles y presos, ciudad de gobiernos que la ignoran igual que al país.

Hoy Caracas está convertida en un valle de balas. Los privados de libertad de La Planta y los policías se encuentran en pleno tiroteo, mientras tengo una amiga atrapada en su casa. Es difícil no querer tirar la toalla, es difícil lo sé. Sin embargo, ha de ser más difícil dejar hundir el barco.

Es triste ver la situación del país. La verdad es que ya no sé ni qué escribir. Un presidente que gobierna por Twitter, una ciudad (un país) que es ignorado por gobernantes y ciudadanos. Un pueblo que decidió perder su estatus de ciudadanos a la espera de un salvador que venga a arreglar los problemas sin siquiera mover un dedo o intentarlo. Una triste realidad, pero ¿Una solución?

Hoy, mañana, pasado, siempre seremos los mismos si no caminamos distinto, siempre tendremos un mal presidente si esperamos que todo nos llueva del cielo. Caracas, tus balas, tu Twitter, tus ganas y tu lluvia.

 

 

3

May

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo

Caracas, Venezuela. Mi ciudad, mi país.

Crisis, pobreza. Viajes a Europa, carros del año, iPhones en todos lados. Playas, violencia. Caracas, Venezuela. Contrastres por doquier.

Hoy corre por la web un “documental” donde un grupo de jóvenes caraqueños dan su opinión sobre la situación de la ciudad, Caracas. En él denunciaban la violencia, la inseguridad, un país en la mierda, sí. Eso por un lado, tienen razón. Por otro lado, los chamos en una casa increíbles, hermosas y logradas por el trabajo de sus padres en este país que tanto les dio. Un mal contraste para un vídeo que denuncia la crisis.

Tiene un problema de forma, sí, Led ahí tiene razón en su comentario. Pero también de fondo y profundidad y eso no lo mencionó. Cuando comencé con mis comentarios no se hicieron esperar los que me dicen que no respeto la libertad de expresión y la tolerancia, sin entender que pues me estoy expresando.

Todo el tema de la “Tolerancia” me hizo recordar una charla del Padre Ugalde donde hablaba de la famosa “Tolerancia”. Siempre he pensado que es como esa tipa que uno no quiere aguantarse porque tiene mal olor, porque está sucia, porque te agrede, pero aún así tiene que “aguantarla”. Él ponía cómo ejemplo a los Judíos y decía algo así como “pídanle a un judío tolerancia para Hitler porque tenemos que entender que él tiene libertad de expresión”. No son palabras textuales del padre, pero por ahí iba el asunto.

Hoy, en Venezuela, vivimos en una crisis de libertad de expresión. Particularmente creo que podríamos estar peor. Y es que mi mayor problema, con Chávez -por ejemplo-, no es la libertad de expresión sino la de tránsito y la de paz. Porque yo pana no camino tranquila por las calles, es verdad. Debo reconocer que he dejado de ser una romántica de las que cree que salvará al país con una elección y he aprendido a entender que si yo, Laura Solórzano no mejoro a diario como ciudadana seguiremos en la mierda. El cambio no está en Chávez, no. El cambio está en nosotros, en los que hacemos patria, en los que queremos tener familias y hacerlo aquí. Aunque yo hoy en día no tendría un hijo en Venezuela porque el costo es alto.

¿Me contradigo? Sí, sí lo hago, porque Caracas también lo hace, porque Venezuela lo hace, porque (y lamento informarles esto) somos seres humanos -igual que en todos los países del mundo- y lo que hace que otros funciones, o por lo menos eso he aprendido cuando he ido a estudiar Políticas Públicas afuera- es un sistema de leyes que se basan en la moral de sus ciudadanos. Porque aprendí que la institución no es el edificio bonito, sino la gente decente que está adentro. Porque comprendí que si todos los valiosos se iban, aquí querdarían los indecentes. Y sí, si me quiero ir un tiempo pero porque creo que independientemente del país, nosotros los jóvenes debemos recorrer y conocer cosas nuevas para traerlas a casa.

Sin embargo, y esto se los digo en serio, mi preocupación es que muchos de esos “jóvenes del este del este” que estudiaron en los mejores colegios y universidades sigue sin entender el verdadero problema en Venezuela, o por lo menos eso me transmitieron en el vídeo. No quiero decir que yo tenga la respuesta ¡Ojalá así fuese! Pero creo que tengo un poco más de sentido común, del que se aprende pateando calle y no en las universidades. Que esos chamos de “me iría demasiado” son los hijos de esos venezolanos que hicieron plata, trabajando honestamente, en un país de oportunidades, pero que se olvidaron que existía un país y que algún día les tenían que responder. Karma, que le llaman.

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo hay mucho por decir. Particularmente creo que todas las acciones tienen consecuencias buenas y malas y que así como aceptas las cosas postivas también debes aceptar las críticas. Porque en las críticas crecemos, porque la tolerancia y la libertad de expresión no pueden ser dos tarjetas de comodines que sacamos cuando nos “peleamos” entre nosotros, pero que cuando Mario Silva nos insulta ni de chiste la asomamos. Porque pedir Tolerancia y respeto para ese vídeo es burlarte en la sangre de los venezolanos. Porque si no entendieron el asunto, es mejor que se vayan sin CADIVI y prontito. Porque yo a este país lo quiero, y a esta ciudad LA AMO.

Nadie está obligado a amar al país en el que nace, pues es cuestión de azar, pero sí les pido que respeten al país en el que ahora están.