Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

16

Jun

Paciencia: la que se sienta

Soy de las personas que nació apurada. Apurada por llegar tarde, aunque a veces por llegar temprano. Las personas apuradas pocas, poquitísimas veces, tenemos paciencia. Por lo general, cuando la tenemos no lo descubrimos sino hasta que la impaciencia nos daña el asunto.

Creo que por esa falta de paciencia he dañado muchas cosas, estoy segura. No quiero hacer reflexiones pavosas al mejor estilo de la autoayuda del siglo 21, simplemente quiero pensar que, así como dicen por ahí, la paciencia también se puede ejercitar.

A ver, tampoco soy muy ducha con aquello de los ejercicios, no están en mi lista de debilidades y mucho menos de vicios. Pero he decido entrar en ese extraño mundo de la “paciencia”.

Narrar, siempre he querido narra, pero me falta paciencia para el tiempo y me sobra necedad para llenarme de cosas que me desvían del camino. Leer, uno o dos libros por mes, pero siempre habrá una mosca que me haga distraerme y bloquear mi mente. Graduarme, profesionalizarme.

La paciencia consigue una silla cómoda que le permite pasar los largos ratos de espera que ameritan los mejores acontecimientos de la vida. Esperamos pacientemente por ese beso que creemos que nunca llegará solo para descubrir que la espera ha sido dulce. Con paciencia, la que se sienta, esperamos el día del acto de grado después de haber pasado por una y otra evaluación más. Con paciencia, la que se sienta y toma café, esperamos incansables -o cansados- la construcción de ese futuro que no es más que un eterno presente disfrazado de pasado instantáneo.

En fin, la paciencia hoy me dijo que la esperara con calma. Calma me contó que ella lee y se mete en cuentos irrerales para que la realidad no la agote.

Así que sigo, en el laberinto con el conejo blanco y el gato Risón con un café en la mano y esperando que descubras que seguiré aquí aunque de a ratos encuentre otra distracción.