Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

18

Apr

A ti, Gabo.

Gabriel Garcia MarquezNo recuerdo exactamente el día que agarré un libro tuyo, pero recuerdo exactamente cómo me sentí. Las palabras, la forma, el fondo. Todo movía, todo atrapaba. Una a una pasaba las páginas sin poder despegarme. Supe desde el primer momento que sería una relación larga. No había leído tu obra maestra porque con “cien años de soledad” me pasó algo horrible, ¡me hicieron pensar que comía gente! Típica cosa de las maestras que solo enseñan en ciencias.

Tiempo después, con Ricardo, entendí que tenía que leerlo y lo hice. No morí, reviví. Entendí Macondo, entendí las mariposas, entendí a los Buendía. Sentí el dolor de Amaranta, sentí el dolor de no-compromiso, del amor obligado, la esperanza de un pueblo apartado. Sentí, porque lo que recuerdo de tus libros es sentir, llorar, reír, angustiarme. El pobre Coronel, el viejo y la Puta, la muerte anunciada.

Fabiana me calma diciéndome, desde hace días, que tú ya no produces, que mientras tenga tus libros siempre estarás vivo. Fabi es más racional que yo en estas cosas, sé que ella tiene razón, pero como le dije anoche: quiero vivir este duelo.

Coño, Gabo, te fuiste al cielo o tal vez al infierno, en todo caso sé que te estás divirtiendo.