Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

8

May

Balas, lluvia, Twitter y Caracas

Despiertas sabiendo que vives en una real crisis. Que el problema no es simplemente salir a las 3am de alguna discoteca, sino salir a cualquier hora de tu casa. Te despiertas, como todos los días, tranquila, planificas tu día para que rinda el tiempo y mientras hablas con una amiga comienzas a escuchar disparos y ráfagas de disparos. Tu día comienza a cambiar.

Tienes una lucha constante entre irte y quedarte en el país. Entre salir o quedarte en casa. Entre llegar temprano en la noche o temprano en al mañana. La vida de los jóvenes mide en decisiones de vida o muerte.

Caracas, valle de Balas. Caracas ciudad de cárceles y presos, ciudad de gobiernos que la ignoran igual que al país.

Hoy Caracas está convertida en un valle de balas. Los privados de libertad de La Planta y los policías se encuentran en pleno tiroteo, mientras tengo una amiga atrapada en su casa. Es difícil no querer tirar la toalla, es difícil lo sé. Sin embargo, ha de ser más difícil dejar hundir el barco.

Es triste ver la situación del país. La verdad es que ya no sé ni qué escribir. Un presidente que gobierna por Twitter, una ciudad (un país) que es ignorado por gobernantes y ciudadanos. Un pueblo que decidió perder su estatus de ciudadanos a la espera de un salvador que venga a arreglar los problemas sin siquiera mover un dedo o intentarlo. Una triste realidad, pero ¿Una solución?

Hoy, mañana, pasado, siempre seremos los mismos si no caminamos distinto, siempre tendremos un mal presidente si esperamos que todo nos llueva del cielo. Caracas, tus balas, tu Twitter, tus ganas y tu lluvia.

 

 

30

Apr

De la ley del trabajo y otras políticas para mejorar el tráfico

Laura SolórzanoEsta mañana camino a la oficina venía pensando en la nueva Ley Orgánica del Trabajo y llegué a ciertas conclusiones. Hace un mes, en Semana Santa escribí sobre las borracheras y otras políticas de Estado, en ese post hacía una analogía en cómo el verdadero plan de gobierno era hacernos ciudadanos más planificados. Así que no pude evitar pensar que detrás de la LOT existía también un transfondo, pero ¿Cuál era?

En ese instante vino a mi cabeza el artículo sobre la jornada laboral que indica algo así como que se limitará a 5-6 horas diarias de trabajo y pensé ¿CINCO HORAS? Yo necesito por lo menos 8 para hacer mi trabajo eficientemente. Sin embargo, al mismo tiempo dije  “Claro, ahora todo tiene sentido, esta es la solución al tráfico y al congestionamiento en el metro”. Veamos.

Supongamos que una empresa decide que sus trabajadores trabajarán de 7:00 am a 12:00 p.m. para ahorrarse el almuerzo; otra empresa decide que trabajará de 9:00 am a 2:00 pm porque necesita personal en la tarde; otra coloca un horario de 1:00 pm a 5:00 pm porque le da flojera trabajar en la mañana ¿No comenzarían a solucionarse los problemas de tráfico? Por supuesto, ahora todo tiene sentido.

Es mucho más sencillo pensar –para aquellos que tenemos la virtud y dicha de hacerlo- que el gobierno solo tienen un plan populista para ganarse el corazón de los trabajadores haciéndoles creer en una ilusión absurda en la que por menos trabajo ganarán más dinero y que serán los “burgueses” dueños de empresas quienes deberán trabajar muchísimo más para poder cubrir todos los gastos de los caprichos del presidente en una ley. Podríamos pensar también que es una manera absurda de destruir la economía, pues menos producimos y más regalamos. Obviamente algunos estarán pensando ¿De dónde saldrá ese dinero que tenemos que darle a los nuevos pensionados que vienen del sector informal? E incluso, algunos un poco más formados estarán pensando ¿No es mejor generar una política pública que permita desarrollar nuevas fuentes de empleo en Venezuela y así reducir la cantidad de personas en el sector informal?

Lo que ustedes no están viendo, no entienden, no analizan, no procesan es que estás políticas “locas” del estado no son más que una manera diferente de crear el tal  Socialismo del Siglo 21 que no conocemos ¿No lo creen ustedes?

29

Apr

Hasta que la…

No estoy en una relación y tampoco quiero estarlo, esas fueron las últimas palabras que Miranda escuchó en alquel frío cuarto en el que hablaba con Leandro.

– Yo tampoco estoy en una, pero iba a una o por lo menos eso me pintaste. No soporto estar en este lugar, será mejor que me vaya.

Miranda tomó su cartera, su sombrilla y salió de aquel lugar. Se montó en su carro y partió. Leandro quedó sentado en un pasillo sin entender qué había hecho, cómo había llegado a aquel extremo de mentira. Sabía que Miranda no era tonta y que estaba enterada de toda la verdad.

Aquella noche, el frío reinaba en la ciudad. Después de un día de lluvia el cielo estaba tan despejado que contar las estrellas con los dedos era posible. Rodó sin rumbo para sentarse en una desolada plaza a las afuera de la ciudad. Secó sus lágrimas y escribió.

Unas semanas después se cruzó con Leandro y su “amiga”. Tomados de la mano, paseando por las calles de aquella ciudad que la hacía feliz. En ese momento ella no supo cómo reaccionar. Hubiese sido más sencillo cruzar la calle y no mirarlos. Recordó que en algún momento alguien le dijo que el mejor acuerdo era el que se hacía entre dos personas que acordaban mirarse en silencio y no saludarse; pero ellos no tenían ningún acuerdo. Él nunca había sido lo suficientemente valiente como para sentarse a hablar con ella.

Sin embargo, lo más sencillo para ella nunca fue una opción. Caminó directamente hacia ellos y los saludo:

– Caramba, sospechaba que eventualmente esta pequeña ciudad nos cruzaría en cualquiera de sus esquinas solo que no pensé que ocurriera tan pronto y con tanto romanticismo barato. Todo indica que su “no estar en una relación” cambió en el instante en el que abandoné la habitación.

– Esto no es…

– ¡No! Sí es, y me parece una ridiculez mayor de su parte mentirle descaradamente en la cara a esta nueva niña presa de sus redes retóricas y sus encantos sacados de las malas interpretaciones de Benedetti, Girondo o cualquier otro poeta reconocido. Es lo que parece, y lo que parece es ser una gran mentira, de esas que caminan por las calles porque nada esperan a cambio. Usted amigo está casado, casado con usted y con su egoísmo. Usted, con esta niña a la que lleva a todos lados está “empatadísimo”. A mi no me importa, esto no es un desahogo que busca llamar su atención, esto no es más que una necesidad intrínsica de sacar de mi todo aquello que me hizo daño en algún momento. Prefiero convertirlo todo en un escándalo y no en un cáncer o algo peor.

– No entiendo Leandro ¿Quién es ella?

– No siento que necesitemos presentación. Yo seguiré mi camino querida. Interpretaba un papel de algún mal guión de una obra de teatro barata en la que se convirtió mi vida por unos meses. Espero que lo de ustedes sea una producción millonaria digna de premios de la Academia, de esos que terminan en un Happy ever afer. Usted, querido, por favor siga su camino, no tengo más que decir.

Con la mirada hacia el suelo y sin encontrar palabras para explicarle a su “amiga” aquella incómoda situación, Leandro caminó desorientado durante horas. Esos recuerdos, ese día, esas palabras eran las que había evitado durante semanas y esa ciudad, SU ciudad les jugó de tal manera que los cruzó a las 5.30 p.m. en la calle por donde solían caminar agarrados de mano.

Miranda caminó feliz, se sentía tranquila, segura, confianda. Se despidó con una frase que pasó por su cabeza “Que sean felices por siempre, hasta que la próxima los separe”.

18

Apr

Motivos para no enamorarse

Pocas veces pasa, por lo menos en mi vida, que la identificación con una película se de desde el primer segundo hast a el último generando una tranquilidad y revelación que podría ser incluso una epifanía en un nivel más bajo.

Acá les dejo otro diálogo de una película que acaba de cambiar mi vida, acaba de reafirmar lo que hizo la anterior y que me habló. Motivos para no enamorarse:

“El tipo de tipo que se enamora de mi no es el tipo de tipo que a mi me gusta. Y el tipo de tipo que a mi me gusta no es de tipo de tipo que se enamora de mi”.

“Porque cuando alguien se enamora de mi comienzo a sospechar” (y termino corriendolo por acoso y exceso de sinceridad)

 

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17

Apr

Monólogo de una histérica

Sofía era toda una histérica. Histérica en la calle, en la casa, en la cama. Histérica hasta en la playa. Pasaba el día histérica. No entendía por qué. Disfrutaba del buen sexo casual, de ese que te hace gritar y no precisamente de histeria. Ella sencillamente era así.

En la sala de su piso en Madrid siempre estaba la computadora, los libros, el kindle, el cenicero y los cigarrillos, de vez en cuando un porro y un copa de vino. Sus vecinos la veían cuando se paraba en la ventana con camisa larga, en pantaletas y medias a leer del periódico mientras se fumaba un cigarrillo.

Un día, sólo se escuchaba esto:

Es que claro, si yo todo lo estaba haciendo bien hasta que decidió que quería ser bueno en la cama. Yo no le contestaba los mensajitos, era él quién me buscaba, el que me hablaba por todos lados. Es que siempre es exactamente lo mismo. Coño. Si una les para entonces ellos se van. No entiendo. Debe ser la crisis de la cultura occidental. Yo soy parte de esa crisis, porque eso de saltar de cama en cama, pues solo  puede ser parte de esa “crisis” que le llaman. Es un coño de madre, se lo pregunté y me mintió. Y el otro, ni me contesta “No me escribas más” ¿Quién carajo se ha creído? Es que no los entiendo, ni a este, ni al otro. Y la cocina no me prende, necesito que prenda.

El sonido del yesquero, otro cigarro más, un trago de ron.

Pendeja, eso es lo que soy, pendeja. Debería dejar de saltar por las camas. Eso es, necesito un break de hombres. Comenzaré a estudiar algún otro idioma, pensaré cómo aprovechar mejor el tiempo, jugaré a no pararle bolas a la vida. Total, no sería primera vez que lo hiciera. También podría cambiarme de ciudad, me están cansando los españoles y su quejadera sobre la “crisis” económica, es que TODO ES UNA CRISIS y después dicen que soy una histérica. Que lo soy, lo sé, no lo niego, pero coño, el mundo también anda en eso de “crisis”, es que es moda. Todo es moda.

Una llamada de teléfono, Marcela, Aureliana, todas estaban en problemas.

Ah no, y estás después que me joden me llaman a decirme que necesitan de mi ayuda, quién las manda a venirse. Debieron quedarse en Caracas, total, allá estaban sus “ellos”. Es que no me da la gana de ayudarlas. Quiero seguir así. Aquí, sin nadie que me recuerde a Caracas. Bueno, la tinta en el pie, lo sé, ni modo, qué se le va a hacer.

Pasaron 45 minutos, se puso el pantalón, las botas, salió.

 No señor, no tengo ni un euro, mi país sí está en crisis y yo aquí no tengo dinero. NO, allá menos dinero tengo. Quién pensaría que yo terminaría sentada en este café. Aquí comenzaron algunas de las histerias que se han contado. Las historias que se cruzan, las amigas que pasan noches en la misma cama, las manos que se entrelazan y las lenguas que intercambian fluidos.

Una noche más en Madrid, el frío del invierno, las ganas de correr y la histeria que no la dejaría en paz. Pasó días con su locura, con sus gritos y sin ganas.

Yo mejor sigo en lo mío, los hombres que van y vienen se quedarán guardado en las huellas de mi cuerpo, en la experiencia que gano y en cuentos para ser narrados.

11

Apr

Venezuela, Saramago y la mierda

Supongo que desde El Coronel no Tiene quién le escriba usar la palabra “mierda” no debería estar penalizada por intelectuales y académicos. Aunque debo confesar que poco me importa, no suelo usar groserías en mis textos, pero aquí no cabe otra palabra.

Recuerdo cuando hace años decidí leer a Saramago y comencé con ‘Ensayossobre la ceguera’. En aquel momento no lo entendí, no en su totalidad. Sin embargo, con el paso de los años esa ceguera se hacía cada vez más real en nuestro país, bueno en Él país porque el ‘nuestro’ suena más bien a una mea culpa para no sentir que tiramos la toalla hace tiempo.

Saramago decía: “…es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.” y ahora lo entiendo. “Nosotros” los venezolanos preferimos siempre el ‘afuera’, la ropa, el teléfono, el petroleo, las armas antes de asumir: estamos en la mierda como país.

Solemos sentirnos orgullosos porque “maldonado está en la F1”, por ejemplo, pero somos incapaces de sernos sinceros y decir: no pana, es una mierda. Y quien se atreva a decirlo será tildado de “apatrida”, y “antinacional”. Ja! Ese pseudonacionalismo sobreestimulado que no sabemos manejar y que juramos “me la estoy comiendo, en el mundo nadie ve que estoy en la mierda porque por fuera estoy BUENOTA”.

Y esto lo empato con otra cosa que dijo también Saramago en el ensayo “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.” Hoy en el metro me sentí mal, tengo días con problemas estomacales y puede que sea gracias al agua contaminada, el punto es que me sentí mal, vomité y ni un solo ser “humano” se acercó a preguntarme “¿Estás bien?” no, era mucho más sencillo hacerse el loco, total, ese no es mi problema. Hace años eso no hubiese pasado. Nosotros olvidamos eso que somos para convertirnos en eso que queremos ser para que otros no noten que estamos en la mierda. Y el drama no es porque no me hayan ayudado, el drama es porque también nos hacemos los locos con los hospitales, la violencia, y demás porque “eso no me está pasando a mi”. Somos ese galpon que describe Saramago en el que meten a todos los cieos para que “no contaminen a otros”. Pobres de nosotros. Estamos ciegos y no lo sabemos.

“No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca” .
Eso no lo hemos entendido. Absurdamente creemos que todos nos pertenece, pero al mismo tiempo lo despreciamos. Ese “deseo de poder” que tiene algunos, que creen que son dueños de la verdad, que pelean por cargos, son tan despreciables como el motorizado que cree que la calle le pertenece, como el señor que te empuja en el metro para sentarse, el Chavista que dice “esta es mi casa (refiriendose al país) y si no me da la gana de hacer nada, no lo hago, que trabajen los extranjeros” o el opositor que se llena de negocios con el gobierno y además reparte ministerios, de esoa que aun no tiene. Somos un país despreciable, pero otra vez, es preferible contestar ‘bien’ a decir ‘estamos mal’.

Esto que sigue no necesita explicación: “La muerte anda por las calles, pero en los corrales la vida no se ha acabado”. Y no solo hablo de la muerte física, sino de esa muerte espiritual que tenemos todos. No tiene nada que ver con la “misa”, tiene que ver con el alma de cada uno de nosotros. El otro ya no existe y por ende no importa. Lo realmente importante soy yo y mi “mundo de poder para joder”. Que mierda.

Yo, como Saramago, me pregunto:

“Cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera”, ¿Cuántos muertos (exiliados) serán precisos para entender que estamos en guerra?

Y por último les digo “[…] cómo vamos a vivir este presente, sin futuro”.

Y sí voy a votar, y sí seguiré llamando al voto. Pero por el único motivo de negarme a vivir en una ceguera autoimpuesta. Porque la capacidad de indignación puede que sea una virtud y una desgracia, y pues deberé apreder a vivir con ella.

Yo les digo, dejemos de decir: “estamos bien” y comencemos a reconocer que estamos EN LA MIERDA, y probablemente ese día comencemos a salir de la ceguera y a cambiar lo que antes no veíamos.

Como dice @ChavezOfficial: todos tenemos un poquito se Chávez adentro. Y completo yo: y eso es lo que tanto nos molesta.

11

Apr

Caracas, aquí ya no cabemos más

En ti, 07 de abril de 2012.

Hola,

Espero que lo sepas, pero tenemos que hablar. Sí, sé que últimamente nos la estamos pasando genial, yo salgo, te veo, te beso, te admiro, te siento, te respiro. Tu me ves, me abrazas y me golpeas, me besas y me muerdes, me lastimas y me conscientes. Nosotras nos queremos y nos hacemos daño. Nos vivimos y nos cambiamos los rostros para ponerle nombre de Ellos y que todo sea más sencillo.

Sé también que te dije, cuando regresé, que intentaría tener algo contigo y que fuese por siempre, pero es que entiéndeme, quiero seguir contigo pero para eso necesito alejarme, tener mi espacio, mi tiempo.

Caracas, bella, sabes que he cometido grandes errores poniéndote rostro de hombre. Eso nos ha jodido a las dos. Hoy ya no camino tan tranquila por tus calles, allá afuera están Ellas. Esas Ellas que hacen daño y a las que les hice daño. Esas Ellas que no quiero cruzarme porque me recuerdan que fueron las que “ganaron” en esa pequeña batalla (que nunca se dio).

Tampoco estoy tranquila Caracas porque siento que en cualquier momento puedo estar tirada en tu suelo, sin mi celular o sin algún otro amigo. No llores hermosa, tu sabes de lo que te hablo, la inseguridad nos está comiendo las ganas como las termitas a una cama. El Fito se lo cantó a Baires cuando le dijo “Te falta el mambo y te sobran muertos”. Esto es un tengo con un no quiero.

Eres una loca y como todas las locas, seduces y enamoras con ese noséqué que me hace quedarme y quererte, pero al mismo tiempo me asusta perderte y sé que si intento quedarme para tenerte, me perderé en ti y tu en mi.

No, tranquila, no eres tú, tampoco yo. No estoy segura de que sean Ellos y mucho menos Ellas, pero lo que sé es que me tengo que ir. Volveré Caracas, sé que volveré.

Pasaré un rato en Baires o Madrid, y sé que de ti siempre lograré escribir. Oh Caracas, mi Caracas.

Te llevaré conmigo a donde vaya, en mi lienzo, en mi pie y en mi tobillo también. Tu nombre tatuado, mi único y gran amor, jamás olvidado: CARACAS.

No sé qué más puedo decir, ahora que las lágrimas y mis ojos se encontraron, sólo quiero dormir. De ti no me puedo despedir.

Aún no me voy y ya comienzo a extrañarte.

Siempre. Presente.

 

L.

10

Apr

Mi Credo

Creo en Woody Allen, escritor todo poderoso, creador de letras y sátiras.

Creo en Dalí, hijo surrealista y en sus mundos posibles.

Creo en el poder de la palabra porque es el primer paso para establecer cualquier relación humana.

Creo en Masseratti y sus dos litros de buena vibra porque con ellos la eternidad se hará llevadera.

Creo en San Jobs y su visión de cambiar el mundo con tecnología y simplicidad.

Creo en Sabina, Fito, Charlie y Spinetta porque con ellos vivo, lloro, sonrío e incluso, me enamoro.

Creo en los diseñadores y escritores porque con ellos el mundo es más hermoso y las penas más sabrosas.

Creo en Cortázar, Saramago y Sábato, porque sin ellos mi vida de cuentos no sería posible.

Creo en la celebración del No-Cumpleaños de Alicia en su País de  Maravillas, porque así agradezco todos los días que estoy viva, que sueño.

Creo en las golondrinas de Beckett y en las mujeres que vuelan de Girondo.

Creo en la poesía y en lo que transmiten los versos cuando salen del alma, aunque luego cambien.

Creo en Van Gohg, Heidegger y sus análisis sobre el arte en lo cotidiano y las orejas como pinturas.

Creo en Frida, por su poder mágico de sanar. Y en Hannah Arendt por recordarme que las penas valen, si sirven para ser contadas.

Creo, por sobre todas las cosas, en el poder de una sonrisa sincera, en las cuentas claras y en los amigos que se dicen verdades.

Creo en los lienzos y las telas blancas, porque ellas serán dibujadas historias de vida.

3

Apr

De mis debilidades, y de mis vicios también

Seis años bloggeando. Varias historias de cama. Muchos cuentos de camino. Cambios inevitables, de ropa, de piel y de vicios. Momentos, canciones, palabras y olvidos. Momentos.

Nunca me he sentado a hablar de ellos y ellas, mi vicios y mis debilidades. Hombres, ron, café, Masseratti, Caracas, política, poesía, buena vibra. Todos ellos han pasado por mi vida, por mi blog, por mis palabras.

Intensidades histéricas para pelear contra el sistema.

Palabras en cuentos que pintan verdades que yo conozco, que me gustan, que exploro. Experimentar con palabras, disfrutar con leerlas.

(Historias entre paréntesis que le dan sentido a las letras, aunque después las destruyan)

Son ellos, y ellas, las que me dan suficiente musa como para escribir bajo el mismo efecto del alcohol, el sueño o cualquier droga que duerma tus sentidos. Esa sensación de acabar sobre el papel o la computadora, de no recordar qué era lo que había escrito. Cerrar el documento y abrirlo tres días después. Descubrir que la mejor terapia está en sacar las cosas del estómago.

La música, de Masseratti. La tinta en mi cuerpo, la que hace que ellos sean los mejores exponentes de esta suerte de ser yo conmigo y yo con ella, Caracas.

 Las ganas eternas de estar en otro lugar. No sentirme bien cuando me toca olvidar.

El día que comienza, las nubes que quitan el azul. La montaña que te adorna. La intensidad que pasa, los momento que te llenan de banalidad.

De mis debilidades, y de mis vicios también, tengo mucho para decir. Pero por ahora, sólo quiero, con ellos volver a reír.

31

Mar

Si el fin del mundo llegara mañana

Era solo cuestión de segundos para que Marielisa hiciera nuevamente una pregunta necia. Era de esas personas que no habían superado la infancia y la preguntadera. Muchas veces buscaba la respuesta en su celular, casi siempre después de haberla hecho en voz alta y encontrar miradas que le indicaban que a nadie le importaba su duda. Era curiosa por naturaleza. Hubiese podido ser una buena periodista, de esas que sí investigan.

Aquella noche, Marielisa se llenó de preguntas, pero no encontró la respuesta en su celular. Sino en el celular de él. Tenían ya tiempo saliendo. La colocación del plural en los verbos, los planes a futuro, las agarraderas de mano y la “informadora”, siempre habían nacido de él, jamás de ella. Cosa que le extrañaba, reaccionaba de manera positiva, pero en su cabeza siempre se preguntaba si todo aquello estaba ocurriendo, realmente. En el pasado, Marielisa había sufrido por crearse falsas ilusiones, solo que esta vez, era diferente. Ella no se estaba inventando el cuento, él lo estaba escribiendo con ella.

Unas horas antes de salir de casa, Marielisa lo notó bastante extraño, sudoroso, nervioso. Ya tenía días con una actitud extraña, pero ella estaba convencida de que era “el trabajo”, o por lo menos eso se decía para no torturarse con pensamientos sinsentido en las noches.

Un nombre de mujer, una sonrisa sospechosa, una extraña despedida. Esa fue la última vez que se vieron. No, no murió. Tampoco se mudó de país. Él tenía otra, y con el mayor de los descaros salió sin despedirse. La cortesía que tanto había tenido en los primeros meses se había acabado.

Marielisa solo se preguntaba más cosas: ¿Qué hice? ¿Cuándo dejé de ser yo para ser un ogro espantahombres? ¿Será que llamo a Aurora? ¡Constanza tenía razón cuando me decía “ese hombre no me convence”! ¿ Será la gripe rara esa que está en el mundo? ¿Será que la otra es mejor en la cama? ¿Qué le costaba des.pe.dir.se? ¿Será que me ve como una loca asesina y pensó que si me contaba lo mataría? ¿Cuándo comenzó a odiar mi ropa? ¿En qué momento dejaron de gustarle mis mensajes, mis fotos? ¿Será que le escribo? ¡Soy una estresada! ¿Y si en verdad no tiene plata? ¿Por qué se perdió el partido de fútbol? ¿Cuándo comenzó a desencantarse de mis locuras? ¿Ya mi sonrisa no te parece hermosa? ¿Por qué le pusiste sonrisitas a ella en todos lados? ¿Cuándo el tatuaje de ella le gustó más que el mío? ¿Por qué cambió el rojo por los globos? ¿Será que es todo parte de un plan desestabilizador de la CIA o del gobierno? ¿O tal vez llegó su hermano gemelo maligno a arruinar la historia?

Entre tantas preguntas, también tenía conclusiones: Claro, lo volví loco. Seguro es que no le cayeron bien mis amigas. No, ya lo sé, es obvio el tipo las quiere a todas. Para todo tengo una conclusión pero sigo sin entender ¿Por qué se fue sin despedirse?

Así pasaron horas, y preguntas, y horas y más preguntas. Aquella noche, en la que la respuesta no estaba en su celular, sino en la de él Marielisa no logró pegar ni un solo ojo. Sabía que todo había terminado y lo que más le dolía era que no le había dicho en su cara la verdad. Era un tema de pura honestidad e indiferencia innecesaria que sirve para encontrar una auto-justiciación a la rompedera de confianzas con la que andan algunos por la vida.

Al fin y al cabo, bastaba con decirle a la Marielisa que no era tan buena en la cama, o que la otra tenía tatuajes más sexies, o que sencillamente él lo que quería era aventurarse en saltar de una cama a otra sin ninguna responsabilidad. O, lo menos probable, que se dio cuenta que se estaba enamorando de Marielisa y que todo aquello implicaba dejar de vivir cosas que había planeado en sus meses de soltería.

Para ella, Marielisa, todo radicaba en que habían sido lo suficientemente adultos como para hablar, y habían tenido la suficiente confianza como para contarse historias pasadas que nadie sabía. Ella seguía sin entender eso de la mentira. Además, se dedicó a recordar cómo la primera noche él ni la tocó, no intentó besarla, pero fue él quién la abrazó para darle calor porque ella tenía frío. Lo mismo había ocurrido la segunda noche, solo que Marielisa era de las que pensaba que era peligrosísimo ilusionarse con alguien sin saber cómo era en la cama. Así que seguía sin entender por qué no se despidió, por qué no había mandando ni un mensajito para decirle: Me fui con otra que es mejor. Ella, por lo menos, se quedaría tranquila.

Aquella noche, Marielisa agarró su computadora, preparó un café, y sentada en su cama, en pantaletas, solo concluyó tres cosas. El próximo, que tenga menos boyfriend material y tenga más writting material. Definitivamente el del problema es él y no yo, allá él con sus mujeres, sus camas y sus peos. Y si el fin del mundo llegara mañana, que me agarre con mi computadora, mi taza de café y en pantaletas.

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