Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

15

Apr

Si ustedes no quieren luchar…

… Entonces yo tampoco.

Es triste, mi Venezuela bonita, pero otros decidieron que a ti todavía tenemos que darte un poco más de palo, que aun te falta sufrir más, que todavía tienes que perder más libertades… Que la vulgaridad y la basura mental pueden mas que la gente que quiere hacer las bosas bien… Es solo cuestión de conceptos, no manejamos el mismo diccionario.

Tú y yo ya hemos hablado, mi Venezuela hermosa, pero yo no puedo estar al lado de quien no me quiere porque me quiero más a mi. Mi antes que la Patria, mi Venezuela chiquita, estoy yo… Yo quise defenderte, pero ellos pudieron más.

Tranquila, sé que pronto nos veremos de nuevo, Venezuela pequeña, pero por ahora tú y yo no podemos seguir en el mismo código de área.

Te amo,

Lau.

12

Apr

Historias de sangre en Caracas

– 8am, Caracas. Baja apurando el paso porque se quedó dormido, anoche escuchaba a uno de los candidatos presidenciales y hoy va tarde. La opción le gusta porque le promete tener realitos en el bolsillo y seguridad. Tiene una hija de 4 años que vive con su mamá porque son de los que metieron la pata cuando recién cumplían los 17. Su mamá vive en Apure y él vive aquí con un tío, se tropieza con un señor en la parada. Tres disparos. No hubo responsable. Para ellos: Ajuste de cuentas.

– 10pm, Caracas – Centro Comercial San Ignacio. Camina por el estacionamiento, acaba de salir del cine con sus amigas, sabe que va tarde a su casa y está nerviosa. Corre al carro, saca el sencillo para pagar, se baja y paga. Arranca. Sale del estacionamiento, cuando llega al semáfono se le para un motorizado al lado para robarle el celular que contanto esfuerzo acaba de comprar. Acelera. 15 disparos. 3 impactos en su cuerpo. Un malandro malo para disparar. No hay responsable. Otro le roba el celular. Para ellos: ajuste de cuentas.

– 2pm, Caracas – La Vega. Llega a su casa cansada, está en la calle desde las 5 am, trabaja limpiando oficinas. Tiene 4 hijos más o menos pequeños de 4 padres diferentes. Ella, como Venezuela, es una mujer con baja autoestima y que se dejó engatuzar por el primero que se le paró enfrente y le habló bonito, “la puntica nada más” y nueve meses después tenía un muchacho. La comida no le alcanza, su hijo mayor de 15 años llega lleno de sangre. Salió a “buscar trabajo para ayudar a la mamá” y se metió a malandro. Alguien sangra en Caracas, él tiene un celular más para vender y su mamá lo cuidará porque “los reales no alcanzan y trabajo no se encuentra”. Para ellos: todos los años que pasaron antes de los últimos 14 años.

Para ellos no habrá justicia.

Esto no ocurrió realmente, no que yo me haya enterado o lo haya presenciado, pero estoy segura que historias como estas se han repetido en la ciudad y en el país desde hace años y en los últimos tres meses mucho más.

10

Apr

Carta a Pedrito Carvajalino (@carvajalinop)

Buenos días Pedrito:

¿Cómo me le va? Pues a mi bastante bien. Le escribo porque esta mañana me desperté con una gran sorpresa al ver que en su cuenta de Twitter promovía un HT bastante homofóbico. Déjeme decirle, querido, que me sorprendió bastante viniendo de usted; siempre pensé que, dentro de su rebeldía, contaba con argumentos sólidos para defender a sus candidatos. Claro, recordemos que Maduro no es Chávez y esa es una verdad fáctica e irrefutable, ¿o no?

Pero hablemos de una cosa, Pedrito. Cuénteme algo ¿Dónde está la aprobación del matrimonio igualitario? Mejor, adornemos el vocabulario, ¿Por qué cuando toda la Asamblea Nacional fue de ustedes no aprobaron la unión libre entre personas del mismo sexo? ¿Tan amiguitos somos de Ahmadinejad que ponemos por encima de los principios socialistas la “ideología” retrógrada de un amigo de tu gobierno?

Cuéntame otra cosa, Pedrito querido, ¿Por qué las autopistas venezolanas están llenas de huecos y sin iluminación? Te recuerdo, gordo, que hace más de 4 años eso es competencia del ministerio. Yo, Pedrito, no vengo a hablarte de ideología que en libros  suenan hermosas y enamoran cual cuentos de hadas. Yo a ti, chico, te vengo a hablar de hechos fácticos e innegables, ¿O me vas a decir que el tema de la electricidad no es un problema grave en el país?

Claro bello, pero es que tú no lo sufres a diario porque eres tan caraqueño como yo y no sufres de eso, pero ¿CORPOELEC no es del Estado? ¿No se nacionalizó hace años porque “robaban al pueblo”? ¿Hay saboteadores? ¿Por qué no están presos? Si hay saboteadores, ¿Por qué sabotean solamente el interior del país? ¿Por qué en Caracas siempre tenemos luz? Porque no hay nada, gordito. Entiende una cosa Pedrito, el sabotaje, como ustedes lo llaman, es que los trabajadores construyan esa cosa etérea que ustedes llaman “Patria” y no que puedan hacer su trabajo.

Ahora que hablamos de eso llamado “Patria” que es tan efímero como un tejemanil (esto es una palabra que usábamos en la clase de metafísica para hablar de cosas que no existen, porque acuérdate que estudié filosofía), cuéntame algo ¿Qué es para ti Hacer Patria? En serio quiero saber porque para mi Hacer Patria es tener servicios públicos que funcionen: agua, luz, transporte público, internet, salud. Hacer Patria, Pedrito es no tener miedo de caminar por la calle. Hacer Patria, chico, es que mis amigos LGBTI tengan los mismos derechos constitucionales que yo porque te recuerdo, querido, que no los tienen ¿O me vas a negar esto? Hacer Patria es fomentar la empresa porque eso genera más empleo y el empleo, gordo, hace que la gente se sienta útil y sentirse útil es sentirse feliz y sentirse feliz es pasar por alto el resentimiento.

Yo, Pedrito, no vine a hablar de ideología, pero te recomiendo, de pana, dejar de lado a tus teóricos viejos y comiences leer a los nuevos, esos que por fin entendieron que en este ecosistema llamado País todos somos necesarios. La izquierda y la derecha, querido, se le quedaron pequeñas al siglo 21. En este ecosistema, se triunfa cuando se entiende que el Estado debe enfocarse en generar oportunidades justas para todos, abrir terreno pues y que la empresa privada es fundamental. No se trata, Pedrito, de canibalizarse, se trata de entender que debe existir ese equilibrio. Y, otra vez, esto no es una ideología idealista, te invito a que veas ejemplos en países cerquita: Brasil, Uruguay, Chile, Colombia, Perú.

Y hasta acá se lo dejo, Pedrito porque podría extenderme mucho y seguro se cansa de leerme, porque ¿Sabes qué es desagradable para quienes tenemos vergüenza que nos lean una cartilla llena de verdades irrefutables?

Espero su respuesta,

Se despide, su pana:

Laura Solórzano.

8

Apr

Ya el flaco cumplió #CaracasHeroica

Para el flaco, aunque no lo lea.

Hoy marché, lloré, grité, salté, sonreí, abracé, me emocioné y yo no soy así. Hoy fui una más, poco racional y llena de emociones inexplicables e incontrolables. No me gusta perder el control sobre mí y eso pasó hoy. Pero eso pasó porque hoy, por segunda vez en 26 años, sentí que de verdad está aclarando la mañana en Venezuela. Porque tú me llenas de esperanza, porque me llenas de emociones irracionales, porque me devuelves la fé. Hoy me desperté sabiendo que queda echar el resto y que esto ya lo hice una vez.

Te voy a contar lo que viví hoy. Tengo años marchando. Marché, desde 2006 con mi UCAB -nuestra UCAB- y desde entonces no he dejado de hacerlo. He ido a casi todas las marchas, pero solo en dos de ellas me he emocionado de verdad. Me cuesta emocionarme porque casi siempre trato de ser muy objetiva en esas cosas, pero hay momentos en los que es imposible no hacerlo.

Verás, en 2007 siempre trabajé en las marchas, ayudaba a organizar lalogística, coordinaba gente, casi nunca fui solo espectadora. Pero ese año nos pusimos como reto llenar la Bolívar, sería la primera vez que lo intentaríamos y no podíamos quedar mal. Esa vez marché con un grupo de la UCAB y cuando llegamos al tunel de la Bolívar nos detuvimos, nos agachamos y segundos después salimos corriendo gritando alguna consigna que no recuerdo. Ese ha sido, hasta ahora, uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Esa noche llegué a mi casa y lloré. Ese día supe que el 03 de diciembre ganaríamos.

Hoy cuando pasé ese túnel estaba acompañada de mi papá, justo en ese momento escuché “está aclarando la mañana en Venezuela” y acto seguido llegó un grupo con una samba y se detuvo en el túnel. No se agacharon ni corrieron, transmitieron una energía distinta, de alegría, de felicidad. Entonces lloré nuevamente. Lloré porque, chamo, yo ya me cansé de pelear con el otro, me cansé de sentirme insegura, me cansé de no tener esperanza.

En medio de aquel escándalo, sequé mis lágrimas y me aislé mentalmente un poco. Comencé a observar rostros de gente #caracasheoricaque, como yo, quiere sentirse segura en la calle, quiere recuperar espacios, gente que está cansada de tenerle miedo a otro venezolano. Y nuevamente se me aguaron los ojos.

Yo tengo un compromiso con mi país, con mis sobrinos, conmigo y ese compromiso está a tu lado, luchando para que ganes. Tú tienes un compromiso con el país, conmigo, con todos; yo creo en tu compromiso porque quieres a mi Venezuela y la quieres bonito, y a las mujeres hay que quererlas bonito.

Nos falta poco, flaco.

[Fotos de Saúl Solórzano]

6

Apr

Esto ya lo hice una vez

Supongo que la lengua siempre será el castigo del cuerpo. Basta decir que no harás algo, jurarlo y rejurarlo para que -en menos de lo que esperas- tengas que volver a hacerlo. El 8 de octubre dije: «No trabajo más en ninguna campaña, estoy cansada de que la gente quiera vivir mal». Esto en mi equivale al «No bebo más» de mis amigos. Vamos, todos sabemos que me apasionan las campañas Políticas. Es interesante ver cómo tu trabajo a nivel de “mercadear a una persona” influye o no en el voto de alguien.

Volviendo al tema, en efecto dije que no volvería más a estos temas políticos, pero se murió Chávez y todo cambió. Una semana después ya estaba mandando el mensajito de «Estoy pa’ lo que salga», me monté en el barco y no me bajé. Supongo que en realidad nunca me bajé, solo me encerré en mi camarote a reflexionar algunas cosas. Lo que quiero decir es que esto ya lo hice una vez.

Ya una vez dejé el alma en una campaña donde la lucha era clara “la verdad” vs “la mentira”. Clara para mí y para muchos, pero no para la mayoría. Ya una vez me puse mis zapatos cómodos, mi jean y mi franela y emprendí la caminata por la ciudad para convencer gente. Ya una vez fui testigo. Ya fui miembro de mesa. Ya coordiné planes nacionales de defensa del voto. Ya fui ciudadana. Ya fui oposición. Ya fui. Ya hice.

No sé qué pasará el 14 y de ese día dependen nuevas decisiones, decisiones que tomé ya en octubre pero que terminarán de concretarse después del próximo domingo. No sé si Tibi anuncie el nombre que quiero escuchar, no sé si haya violencia, no sé si tengamos internet, no sé si lleguemos a TT, no sé si la gente salga a votar masivamente. Yo solo sé que ese día volveré a dejar mi alma en el trabajo más rudo y bonito que tengo: ser venezolana. Sé que ese día me despertaré tempranito, con el susto en la barriga, que registraré todo para poder hacer una crónica al respecto, que responderé preguntas de cómo vamos, que mi mamá se pondrá nerviosa, que beberé más café que nunca. Sé que mis amigos trabajarán en la elección, sé que los ojos del mundo estarán nuevamente en casa.

También sé que aprendí que la pelea se gana o se pierde peleando, pero jamás por no estar. Soy terca, muy terca y me gusta dar la guerra cuando sé que tengo la razón. Sé que estoy dispuesta a hacer esto una y mil veces más porque ya lo he hecho miles de veces antes. Yo te amo, Venezuela y aunque me pelee contigo no dejaré que te sigan maltratando porque sé que podemos estar mejor.

Esto ya lo hice una vez y lo volvería a hacer.

23

Mar

Con izquierdas y derecha no se paga en el presente.

Irse a caminar por el centro de la ciudad, esta u otra de Latinoamérica, siempre dará material para quien pretende dedicarse al oficio de escritor o cronista de los tiempos que vive. En cualquier esquina te cruzas una pelea bizantina que se torna hasta divertida después de un rato. Puedes, eso te recomiendo, sentarte con un té y disfrutar de aquel gratuito espectáculo.

Siempre me parecerá increíble ver cómo algunos se pelean por historias pasadas escrita por gentes de otros tiempos y, sobre todo, lejanas a nuestra realidad, ¿No les parece interesante? Seguramente Hayek y Marx hubiesen podido llegar a un acuerdo en esta época si disfrutarán de un buen trago en algún bar de un rascacielos de alguna ciudad de “izquierda” o “derecha”, daría igual si tuviese un buen paisaje y un divino ron.

Aquellos dos se encuentran en una fogosa discusión, no porque hayan decidido comenzar a quitarse la ropa, sino porque el calor aquella mañana los hace sudar. Qué fácil es crear imágenes cuando se escribe cualquier cosa en un papel, pero vayamos al grano y al punto importante. La discusión está basada –como es de esperarse en Caracas- en las próximas elecciones. Está planteada en los mismos términos que siempre se plantea: el socialismo del siglo 21 y el capitalismo salvaje. Aquellos no han pasado a ser más que dos títulos de folletines políticos que se entregarán a los jóvenes “revolucionarios”. Vaya, la palabra “revolucionario” pasó a ser otra puta del diccionario, le queda bien a cualquiera que sepa usarla y darle un discurso bonito.

Mientras escucho aquella discusión pienso si yo realmente tengo una ideología. Me han dicho, muchas veces, que tengo moral flexible. A esto he contestado que ciertos “aspectos morales” cambian cuando se viven ciertas situaciones. Sigo creyendo (y eso será incambiable) que robar está mal, mentir no es una gracia y que la ineficiencia es el peor cáncer de la sociedad. Pero, ¿Qué es, hoy, la izquierda y la derecha? No lo sé, son dos libritos que tengo en mi biblioteca. Irónicamente tengo el de Hayek justo al lado de Marx.

Para mí, la izquierda es una ideología nostálgica que ha decidido vivir en el pasado, no superar daños de otros tiempos y abusos de otras personas. Unos que buscan vengar un pasado que no tenemos siquiera confirmado. Todo lo que tenemos de ese pasado son las palabras de cada bando que han sido “recuperadas”, las versiones que queremos creer de los chismes históricos. Cuánto le hace daño esta izquierda a nuestra Latinoamérica. Aquellos que la viven al pie de la letra no entiende que no dejar el pasado puede hacernos muchísimo daño en el presente. A menor escala, es exactamente igual que no superar a tu primer novio, ese que te quitó la virginidad y se fue con la más buenota del colegio.

La derecha, en cambio, vive de un futuro incierto. Pretende decirnos que si todo marcha bien económicamente, entonces y solo entonces, podremos vivir bien y despreocuparnos por pequeñeces. Para ellos todo depende del capital, no importa cuántos seres humanos se tengan que sacrificar. Lo importante es saber que, si sacrificamos el tiempo y los buenos momentos, podremos estar bien –económicamente- en el futuro. Estos que “disfrutan” de esta ideología y solo trabajan, terminan con suicidios a principio de los 50 porque recién se enteran que hay cosas más importantes y que no disfrutaron a tiempo. Comparando como la anterior, ellos llegaron vírgenes al postgrado y odiaron a todas las mujeres que no entendieron el poco tiempo que tenían.

En fin, ambas ideologías están demasiado ocupadas de vivir en sus libros de textos aburridos, resentidos y frígidos como para sentarse en un parque, una tarde de un jueves cualquiera, y analizar que el presente no se paga con ideologías poco adaptadas a la realidad. No entienden que la eficiencia y la felicidad serán la mezcla del éxito en todas las escalas posibles de la sociedad. No entienden que será solo cuando se sienten y se tomen un café y comprenda con las buenas cosas de ambas  todo comenzará a marchar mejor. Ambas reclaman y vengan cuentos de fantasías no comprobados mientras que, a diario, pierden a más jóvenes. Esos jóvenes que ya saben que ser “revolucionario” dejó de ser un estilo de vida para ser la puta del diccionario porque “Libertad” ya se ha cansado de ese papel.

No será la primera ni la última en hablar de las ideologías, pero mientras paseo en el centro (de esta u otra ciudad latinoamericana) sé que podré tener estas reflexiones del día.

Ya Cantinflas habló una vez de esto en una de sus películas. Ustedes vean.

 

17

Mar

La mañana en que hubo una pelea en el metro

Suele suceder que, por las mañanas, las personas se montan en el metro aún de mal humor por tener que madrugar, con hambre porque desayunar es imposible (porque seguro hay retraso y no se puede llegar tarde) y algunos hasta con lagañas en los ojos. Debe ser lo “normal” en una ciudad en la que se madruga para llegar tarde; porque eso es lo que pasa en Caracas, madrugamos para evitar llegar tarde y aún así llegamos tarde.

Aquella mañana no fue diferente. Todos vamos tarde, acá siempre vamos tarde. Se va tarde en una ciudad cuando se pueden calcular los tiempos en el transporte público. Decidimos, sin consultarnos, que tomaríamos el tren en sentido contrario. Estamos en la tercera estación y es mucho más sencillo y tienes un “puesto garantizado”. Eso decían. Yo solo no quería esperar 4 trenes para poder montarme en uno apretada. Cuestiones prácticas.

No es igual para todos, sería absurdo pensar que todos tenemos sentido común; aunque el mundo sería un lugar mejor. Aquella mañana hubo peleas en el metro.

Dos señoras querían aquel puesto deseado, parece que ese es el nuevo trofeo de quienes viajan en el metro y viven en una ciudad donde tener algo está prohibido. El trofeo, como llamo a los puestos desde hoy, fue tomado por aquella que tenía una niña de 8 años agarrada de la mano. Claro, la lanzó en el asiento/trofeo como si fuese una bolsa que te ayuda a garantizar el preciado premio. Era lógico, no lo comparto, pero es lógico. La otra, la perdedora, se sintió fracasada un jueves a la 6:53 de la mañana y lanzó un comentario al aire. La ganadora contestó. Las miradas en el vagón no se hicieron esperar. Despertaron al de los audífonos y camisa amarilla que venía sentado al lado del señor con gorra del 4F. Eso es normal por estos días, dormirse con audífonos y usar gorras del 4F. En esta pelea no hubo ganador.

Una señora de aproximadamente 87 años entró molesta al vagón al notar que todos los puestos azules (los trofeos de los viejitos) estaban tomados. Se molestó más cuando notó que todos los viejitos sentados ahí tenían menos edad que ella; aunque eso realmente no se sabe porque una cosa es la edad de la cédula y otra la del rostro. Muchas veces la del rostro suele ser la verdadera y la de la cédula se convierte en un formalismo. Los formalismos ya pasaron de moda, pero vale la pena desempolvar ese vocabulario. Aquella señora de aproximadamente 87 años de edad (en el rostro) se tuvo que bajar para esperar el próximo tren. Espero que haga agarrado el correcto, el que le llevaba a su destino y no el otro que se la llevaba de este mundo.

En la noche un señor armó un escándalo tras abrir una solera verde en el tren, ¡Qué absurdo! Había ley seca, ¿De dónde la sacó? La pelea fue sencilla, todos protestaron alegando que las cervezas eran de todos y que este señor debía compartirla. Una joven abstemia se levantó para decir que ella le cedía su sorbo a un muchacho de camisa negra que tenía sentado al lado porque le parecía guapo (seguramente estaba esperando intercambiar números). El señor borrachito que se había montado a pedir dinero, alegó que él tenía que recibir más porque era una “criaturita del señor”, en este momento una señora muy católica y de esas que no ha vivido como se “debe” le dijo al señor de la cerveza que era un desestabilizador del demonio y que dejara de andar promoviendo el alcohol. Justo en ese momento llegamos a la estación Mundo Lejano y la cerveza desapareció. Todos lloraron.

Aquella mañana hubo una pelea en el metro, pero terminó siendo de noche y nunca salí de él. Supongo que eso suele pasar cuando se vive en una ciudad que no te permite circular con tranquilidad.

13

Mar

Sobre número 11

«Escríbeme una carta» le dijo él en medio de aquel café; «No puedo, no tengo ningún tipo de sentimiento hacia ti. No me malinterpretes, somos buenos amigos, solo que hasta ahora le he escrito a los hombres que me tocan algo más que el pensamiento». Así comenzaba aquel cambio de peticiones en el café de la esquina 1122.

«Es absurdo que no puedas escribirme una carta. Tú tampoco me atraes de esa manera, no me malinterpretes, solo quiero que me escribas una carta. Sería mucho más sencillo si pudieses escribirle a esos que te quieren de verdad» continuaba diciéndole él mientras ella recogía su cabello y miraba el reloj.

«Ya van a ser las 11:30 y me tengo que ir, tal vez, algún día te llegue a tu oficina un sobre número 11». Se levantó de la mesa, dejó 50 bolívares para pagar el café, se despidieron con un beso  y ella se fue.

Caminó hasta la oficina, pero en el camino se le ocurrían las palabras perfectas para ser combinadas con el papel que más tarde estaría dentro del sobre número 11.

Pasaron 3 años antes de enviar aquella carta. Ellos seguían siendo amigos, vivían en polos opuestos en el continente y un 11 de enero a las 11:11am llegó a la oficina de él la carta que decía:

«T,

¿Cómo estás?

Tanto tiempo sin hablar, bueno, sin hablar de frente porque desde que nos conocemos hablamos casi a diario por todas las vías tecnológicas que se nos atraviesan en el camino. Y pues sí, no estamos hablando de frente, pero de alguna manera tenía que comenzar esta carta. Creo que hemos tenido una linda amistad, pero hay temas que nunca hemos conversado.

Hace años me pediste que te escribiera una carta. Ese mismo día escribí esta que te estoy mandando, pero como me gusta el misterio decidí esperar tres años para mandártela. Tal vez porque pienso que de aquí a que la leas ya habremos pasado ciertas barreras que aún nos separan. Tal vez hoy podamos hablar de esos amores del pasado que nos atormentan, más a mí que a ti, y de cuándo nos vamos a visitar sin que nadie piense mal. Aunque esa última parte no es preocupante porque no nos importa mucho lo que piensen los demás.

Tal vez, de aquí a tres años, ya habremos tomado más que un café y nos habremos reído de otras cosas que no fuesen las incoherencias que pongo en Twitter. Creo que, para este momento, ya habremos tenido bastantes cuentos como para tener nuestros propios chistes internos. Y bueno, la verdad es que después de esta carta, el número 11 será un chiste interno.

Creo que, lo que intento decir T, es que en estos 3 años decidimos seguir siendo amigos a pensar de la distancia y las extrañas circunstancias que nos rodean, eso es raro. No me gusta hacer amigos, me fastidia conocer a la gente, pero me divierte la gente que no se conoce con preguntas normales, me encanta la gente que sencillamente se conoce en el camino porque intercambian música, porque se cuentan cosas. Creo que por eso es que, hoy, seguimos siendo amigos.

Y bueno, T, aquí está tu carta. Ese día dejé de (des)escribir, tanto, a los hombres que me tocan más que el pensamiento y comencé a escribirme, todo esto ha hecho que, aunque no lo creas, ya tengo un libro casi por publicar. Te avisaré cuando visite tu ciudad para promocionarlo. Espero que, esta vez, nos tomemos algo más que un café.

Un abrazo,                       

C.»

«Debo esperar hasta mañana porque el correo cerró» eso fue lo último que pensó ese día sobre la carta que acaba de escribir, sin saber que la metería en un libro que no conseguiría sino 3 años después.  A pesar de haber escrito la carta para esa fecha, no tenía intensión esperar tanto tiempo. Ella la enviaría y luego le mandaría un mensaje para reírse por haberle mandado una carta “del futuro”. Pero eso no ocurrió.

A veces, en el universo, ocurren eventos cuya explicación no tiene sentido. En esos casos, siempre, es mejor sonreír y dejar fluir.

11

Mar

Yo hoy me despido de ti.

Anoche estuve pensando, y es que, todavía, tengo mucho que escribir sobre ti. Parece mentira, pero aún no me despido de ti, no porque no haya visto tu urna, sino porque yo me despido de los hombres de mi vida cuando les escribo un texto. Me gusta el drama, así que es una manera de cerrar capítulos.

Sí, ya escribí sobre cómo recibí la noticia de tu muerte, le escribí a uno de tus seguidores en el que sembraste el odio y también describí lo que sentí cuando fui a ver a esos miles que querían despedirse de ti. Sin embargo, aún no lograba comprender que ya no estarás. No porque te vaya a extrañar, sino porque como me hizo recordar una amiga tú has sido parte de toda mi vida. Yo también recuerdo el día que te conocí. Te “vi” por primera vez cuando metías un tanque en Miraflores, yo tenía 6 años y me desperté como siempre a poner comiquitas en Radio Caracas Televisión, en cambio encontré un sinsentido. Sí, tenía solo 6 años pero me pareció un sinsentido meter un tanque por una puerta ¿No era más fácil estacionarlo y tocar el timbre? Así de inocente era.

Aquel día me pareció muy raro tener a mis papás en la casa, pero mi mamá me dijo: «Hoy no vas a la escuela». Solo eso recuerdo, yo no vi tu «Por Ahora», sino muchísimos años después. Un día, en el 98, 6 años después tuvimos elecciones. No me parecía lógico que una Barbie (Irene Saez) se midiera en tu contra, pero tampoco escuché tus discursos, no me importaba como no le debe importar a una niña de 12 años que está pendiente de su primer beso . Pero recuerdo cuando ganaste, otra vez, sentada con mi mamá vi tu triunfo y le pregunté «¿Cómo es que posible que alguien que estuvo preso sea presidente?» Ella me me contestó que lo realmente importante era que habías matado a mucha gente en el 92, cuando el tanque y que seguramente le harías daño al país.

Vino el 99, yo ya tenía suficiente criterio  como para pensar por mí, recuerdo que dijiste aquella famosa frase de Bolívar cuando mis ojos veían a Vargas bajo el lodo y las piedras, cuánta miseria llegaría a ese pueblo. Cuanta soberbia mostraste aquella vez, qué increíble lo que nos venía. Recuerdo, desde ese año, las discusiones en mi colegio con los chamos que apoyaban tu proyecto desde temprano, yo nunca creí en ti, pero muchos en mi colegio sí.

Ya en la universidad, me tocó votar, mi promer voto fue en tu contra y aquella madrugada, cuando anunciaron tu triunfo lloré, pero supe que tenía que hacer algo más, que necesitaba involucrarme de verdad. Desde ese momento te convertí en mi razón de vida, ganarte una elección, eso era lo que más quería. Me metí en el centro de estudiantes, movimiento estudiantil y demás actividades tal como muchos de mis amigos.

Así pasaron 6 años más de correr, vivir por ganarte, pensando cómo hacer una mejor campaña, peleándome con amigos por los mensajes que se enviaban, subiendo a los barrios, caminando pueblos, dejé de lado todos mis planes para luchar por un mejor país porque el que me dabas no me gustaba. En 2007, finalmente, te ganamos una elección. Jamás olvidaré ese día y tu cara de odio, tu soberbia se había visto alterada por uno muchachitos que había salido a defender principios, una “victoria de mierda” como dijiste, pero victoria al fin. Podré decir, siempre, que yo participé en esa campaña y en ese movimiento que me llena de orgullo.

Te agradezco, como lo hizo este otro amigo, que hayas puesto de moda ser venezolano . Pero no te perdono los muertos, ni la destrucción de la economía, ni la transformación institucional de mi país No te perdono el odio y el resentimiento que sembraste, el poner a otros países primero que el nuestro y mucho menos te perdono habernos dejado en mano de estos delincuentes cuando tú sabías que no debías medirte en las elecciones de Octubre. Tú hiciste tu propia tumba, tú mismo te mataste cuando te obligaste a ir a una campaña porque tu soberbia es mucho más grande que cualquier otra cosa.

Pero tengo un consuelo porque creo que el alma no descansa si no se cumplen los últimos deseos del difunto y es claro que estos delincuentes no respetaron tu voluntad en vida y que menos lo harán una vez muerto. Estarás en el Museo o en el Panteón y así como nosotros no descansaremos, tú tampoco lo harás. Estos últimos 6 días han sido fuertes, parece que contigo la cosa iba de 6 en 6.

El 14 tengo otra oportunidad para ganar unas elecciones, solo que tú no serás el candidato y es una lástima porque a pesar de todo, fuiste un buen adversario.

¡Qué tengas, algún día, descanso!

7

Mar

Con la esperanza de despedirse del líder.

Muerte de ChávezSuele suceder que, por las mañanas, el metro está congestionado. Algunas estaciones están más llenas que otras y unas cuantas son el “desahogo” del vagón porque son estaciones que sirven de transferencia, bien sea por vía subterránea o terrestre, para otros lugares de la ciudad.

Plaza Venezuela es una de esas estaciones. Sin embargo, esta mañana, al vaciarse el tren en esta estación, estaba claro que las personas que caminaban a esa transferencia quería ir a despedirse de su comandante presidente líder revolucionario.  Tenían la esperanza de desperdirse de su líder. Yo solo quería tomar fotos y vivir el momento. Solo eso.

Quise entender ese sentimiento, fanatismo o lo que sea que se vivía, pero no lo logré. No sé qué se siente llorar desgaradoramente por una persona y, sinceramente, espero no saberlo jamás. No sé lo que es hacer horas y horas de cola para ver a alguien por última vez. No me parece que tenga sentido, pero el hecho de que para mi no tenga sentido, no quiere decir que para ellos –las miles de personas que estaban ahí- no lo tenga.

Llegué a las 7:10 am a la estación El Valle, me encontré con mis dos amigas y caminamos hasta Los Próceres. No dejaba de sorprenderme la cantidad de gente que caminaba a mi lado. La mayoría con los ojos hinchados como quien lleva días llorando un despecho. Camisas rojas, tricolor en los brazos y consignas.

Al llegar a Los Próceres, noté cómo los puestos de comida estaban full de gente que tenía ahí, probablemente, más de 18 horas. Basura por todos lados, niños, ancianos, jóvenes, motos, sillas de ruedas.Muerte de Chávez Muchísimas de esas personas venían de interior del país, otras –como me decía un amigo- eran ese barrio que bajó a despedirse de Chávez, ese que no conocemos porque está demasiado arriba como para “ensuciarse” los pies.

“Aquí está el fraude del que habla mucha gente”, esa fue una de las primeras cosas que mencionó una de mis amigas. Yo no salía de mi asombro, el sentimiento y la energía que se vivían era impresionante. Sin embargo, había muchísima desorganización.

No se sabía dónde terminaba la cola. Muchísima gente, bajo el sol, esperaba pacientemente ver al comandante. De fondo, la música ponía los pelos de punta a cualquiera que tuviese un poquito de sentido común como para entender la importancia de lo que estaba sucediendo en aquel lugar.

“Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro”, “Estoy aquí desde las 8pm, llegué por el Hospital que está allá atrás, me falta poco”, “A las 3am llegué a hacer la cola, vengo de Anaco”, “son 11 horas que estamos en la cola”, “no peleen que Chávez quiere vernos unidos y la oposición dividida”. Estas eran algunas de las cosas que se escuchaban y que me ponían la piel de gallina. No me gusta no enteder las cosas. Esas cosas yo no las entiendo, no las comprendo porque no las vivo. Es evidente que esta es la deformación del deber ser, pero ¿No es así como se trata a los líderes? ¿No pasaba lo mismo con Martin Luther King, Hitler, Lenin, el Ché, Lady Di? Existe gente que despierta pasiones incomprensibles en las masas y pues hay gente que, como yo, jamás lo entiende.

Hugo Chávez FríasMe fui antes que mis amigas, caminé sola de vuelta a El Valle y para ese momento, las 8:30 am, continuaba el show de convertir a Chávez en un ídolo (que ya lo es, nos guste o no), vendían fotos de él a 50 bsf, bandanas con su nombre (esas que no se vendieron para el 07/10), banderas a 100. Aquello era el capitalismo en pleno, pero ¿No le pasó eso el Ché?

Pueden decirme farandulera, loca, oportunista, pero nada de eso me importa porque yo sé que necesitaba estar ahí para verlo con mis propios ojos. Fueron muchos años de lucha contra su gobierno y necesitaba saber si estaba equivocada. No me equivoqué, solo debo decirles que me conseguí a un chavismo sin Chávez bastante fuerte. Tal vez sea la euforia de la muerte, la borrachera de la tristeza, el tiempo nos dirá.

Pretender tapar esta realidad o hacer análisis transochados desde alguna oficina es absurdo y en eso llevamos 14 años. Ahí, con Chávez, llorándolo está un gentío al que no le llegamos porque no los entendemos, porque tampoco intentamos hacerlo y él sí supo hacerlo. Y, me parece, que mientras nos empeñemos en negar esta realidad, seguiremos comentiendo los errores que hemos cometido hasta ahora.

No me sirve la justificación de “ellos también lo hacen” porque, en teoría, somos nosotros quienes tenemos un discurso diferente, de unidad, de comprensión, de unión.

Por lo que sentí hoy, entre la gente, con las miradas, las peleas entre ellos por quienes no respetaban las colas, puedo deducir que lo peor está por venir y eso, a mí, me da terror.

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