Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

7

Apr

De las borracheras planificadas y otras políticas de Estado

Laura SolórzanoVenezuela, país ubicado al norte del sur, con cucarachas voladoras y un ego capaz de situarnos en el centro del mundo, en el ombliglo que llaman.

País de mujeres bellas, petróleo, beisból y ahora Fútbol. Y también malandros y regueton (Triste, lo sé). País de políticas de Estado ocurrentes y “creativas”.

Gallineros verticales para no pasar hambre. Invasiones de hoteles como solución al problema habitacional (total, ¿Quién viene a turistear en Venezuela?). Calcomanías en los autobuses como parte del plan de “desarme”, <<Señor malandro, No se puede montar en este bus porque tiene arma. Perdón señor chófer>> -diálogo digno de algún mal guión clicheroso-. Y mi favorita: Ley seca (o ley de borracheras planificadas).

Yo no lo había visto así, pero hace unos días un Tweet de Rayma me hizo pensar ¿Qué pasa si me sale una borrachera no planificada? Porque esas cosas pasan y no avisan.

Ya sabemos que la planificación en los países del trópico no es nuestro fuerte, por aquello de no tener cambios climáticos. Así que imagino que el gobierno está planteando la posibilidad de hacernos ciudadanos un poco más planificados y ya que nos gusta la caña pues ¿Por qué no comenzamos por ese lado?

Deberá usted, entonces, suponer que le saldrá algún plan inesperado. Puede que le toquen el alma llanera en la rumbita del amor, se entere de alguna noticia que merezca una celebración o cualquier otro de esos motivos que ameriten una borrachera, de las buenas.

Porque no se trata de esa gente que en febrero te dice: “No chica, yo en Semana Santa (ajá) me voy a la Isla, y claro todas las semanas compro una de ron porque seguro hay ley seca” ¡NO! Esas sí son borracheras planificadas, pero no hablo de esas.

Entonces me pregunto ¿Tenemos que correr como locos a las licorerías un día antes de la ley seca y comprar hasta caña clara? ¿Tal vez debo llenar mi camelback de ron y cargarlo conmigo todos los días “santos” en caso de necesitarlo por “borrachera no planificada”? ¿Será que debo sentirme como una drogadicta ansiosa y recorrer el último rincón de Caracas buscando una piche cerveza que me quite el calor?

En fin, llegué a la conclusión de que comenzaré a prestarle atención a esta nueva política de Estado y me prepararé en caso de que en la próxima ley seca me salga una borrachera no planificada y le diré a mi mamá: Mami, ahora cuando vayamos al mercado tenemos que comprar café y harina (por aquello de la escasez) y RON, CERVEZA y VINO en caso de que me salga una borrachera no planificada.

Ahora brindemos, con agua (sucia), por un país de BORRACHERAS NO PLANIFICADAS.

4

Apr

Conversaciones

El mundo habla. Nos comunicamos a diario. Tenemos conversaciones en las que día a día se conoce, se siente, se piensa, se comunica. Somos seres humanos y tenemos, a diferencia de los animales, una gran capacidad de entendimiento que nos permite saber y estar conscientes de que la otra persona (con la que solemos sostener una conversación) tiene sentimientos, pensamientos, confía en las palabras que salen de nuestro boca. Nadie espera ser defraudado de buenas a primeras.

Esas mismas conversaciones las evitamos cuando no tenemos nada que decir, cuando no sabemos qué es exactamente lo que se tiene que decir para no dañar más a la otra persona. Hay otros, que por el contrario, sencillamente evitan las conversaciones incómodas porque tienen algo relacionado a esa no-culpa moderna que nos llena de deseos adolescentes de querer hacer las cosas sin que nada nos importe. Yo he estado en ambos puntos.

Hay conversaciones que se postergan tanto que cuando llegan ya no vale la pena si quiera gastar dinero en un café para tenerlas.

Yo esperé una conversación que nunca llegó y un día, sin más ni menos, me desperté sin ganas de tenerla. Yo, te (dis)culpo. Todo estará bien al final del día. Yo haré lo propio para que la fiesta sea llevada en paz. Sé que a ti no te importa, pero está bien. La paz la encuentro yo conmigo, en mí.

Por esas conversaciones que nunca se tendrán ¡Salud!

2

Apr

Caracas, entre sombras

Pensarte, sentirte, imaginarte.

(D)escribirte.

Sentir que tu y yo, somos lo mismo.

Siempre. Presentes.

Un ser absolutamente indefinido por una necesidad de encontrarle sentido a lo vivido.

Caracas entre sombras, contrastes, verdes, azules.

Caracas de calma en su cielo.

Caracas que grita: cambia de escenario.

Ciudad. Gente. Caos. Paz.

Tú, toda yo. Yo, toda tu. Nosotras.

Caracas, hermosa, pronto nos tocará hablar.

1

Apr

Cuaderno de notas

Siempre hay, en la vida de las personas, momentos, películas, canciones que hacen que tu vida (o una parte de ella) comience a ser identificada como un antes/después. Ver “Lugares comunes”, peli que tenía pendientes desde hace ya varios meses, significó para ese ese antes/después del que les hablo.

Acá les comparto el primer monólogo de la película. Les recomiendo verlo desde el min 2.30 hasta el 4.30. Dos minutos de puras verdades sobre ese llamado arte de “escribir”.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=m5ZgogQfriM]

30

Mar

Clementina 3.20 am

Para Clementina era fácil dormir, ella solo tenía que poner la cabeza en la almohada y Morfeo llegaba rápido para hacer el trabajo de ponerla a volar por sueños que la hicieran descansar. En las últimas semanas, hubo un cambio.

Parece que Morfeo perdió la dirección de su cuarto, entre llanos sin sentido, botellas de vino en la cocina y comida a medio preparar, Clementina no pudo dormir más en paz. Ella sabía lo que ocurría, y como escribir era lo único que hacía, un día, como siempre, a las 3:20 am, cuando se despertó, decidió escribir:

Comencé a fumar a los 18 o a los 20, no lo recuerdo. Sé cómo fue, estábamos en aquel cuarto en Bogotá, los días pasaban y la competencia no llegaba. Era una de las más gallas, pero al mismo tiempo de las que estaba dispuesta a vivir lo que fuese. Me había cansado, hacía un par de años atrás, a vivir bajo las absurdas reglas sociales creadas por alguien con poca creatividad.

Me gustaban el ron, los hombres y el rock. Tenía debilidades por las cosas prohibidas, por esas que se hacen para recordar que existen placeres culposos. Tenía pocas amigas, las mujeres me aburrían.

No me había enamorado, lo tenía prohibido por miedo a que me destrozaran el corazón. Desde que tengo uso de razón he ido por la vida destrozándolos yo. Sé que algún día se me devolverá, pero también sé que lo utilizaré para escribir mi próxima novela.

Y digo próxima novela, sabiendo que aún no tengo una, porque pronto seguro sale algún editor y me quiere publicar. Pero bueno, es primera vez que por lo menos comienzo a escribir algo con una calma increíble que parece hasta practicada.

Nunca hice teatro, aunque siempre quise hacerlo. Nunca tuve suficientes ovarios para renunciar a las cosas, más bien hacía como decía Cortázar en Rayuela “No renuncio a nada, hago lo todo lo que puedo para que las cosas renuncien a mí”. Sí, sé que es todo un asunto de “no superar la adolescencia”, pero hasta esto sé que lo viviré de vuelta en algún momento.

Una vez le dije a alguien: Es que un escritor, de esos buenos, debe tener una vida llena de libros, cigarros, café e historias. Y en vista que soy alérgica al cigarro, no me queda más que tener muchas historias. De esas que dañan, que son retorcidas, bueno esas que me dan material para escribir.

Creo que por ahora no me queda más que buscar más café, la noche es larga, otro día más de pararme a las 3:20, qué hora tan curiosa. Intentaré dormir sin imágenes en la cabeza.

Clementina, pasó días escribiendo, dormir ya no era un  oficio que ella pudiese hacer. Comer, era posible, tomar café hasta más no poder. Esa noche, Clementina escribió hasta que por fin termino, su primera novela de (des)amor.

29

Mar

Y Rayuela habla

– Vos -dijo Gregorovius, mirando el suelo- escondés el juego.

– ¿Por ejemplo?

– No sé, es un pálpito. Desde que te conozco no hacés más que buscar, pero uno tiene la sensación de que ya llevás en el bolsillo lo que andás buscando.

– Los místicos han hablado de eso, aunque sin mencionar los bolsillos.

– Y entre tanto le estropeás la vida a una cantidad de gente.

26

Mar

Maruja

Hace tiempo que no venían a Maruja tan feliz. Las sonrisas brotaban más de lo normal en su rostro. Sonrisas bonitas, de esas espontáneas, esas que te gritan ¡Estoy feliz!

Ella tenía una particular manera de ser feliz, no le contaba a la gente los motivos. Tenía un temor inmenso de que le dañaran las sonrisas. Así que ella era feliz en secreto, aunque se le notaba a distancia.

No estaba acostumbrada a ese tipo de felicidad, por eso tuvo tanto miedo cuando comenzó a pensar que era posible que su felicidad pronto terminara.

Un día, Maruja, dejó de sonreír. Ese mismo día no tomó más café, se sentó en el piso de su cuarto y escribió a quién le había regalado sonrisas una larga carta, porque ahora se las había robado.

“Estimado L.,

Escribo estás líneas para no atropellarlo cuando me lo encuentre en la calle. Todo esto en sentido figurativo, pues sabemos que la violencia y yo no somos amigas. Utilizaré estas palabras como ejercicio de desahogo ya que las lágrimas hace rato que perdieron la dirección de mis ojos. Esta será una práctica válida para quien, como yo, encuentra su vida entre las palabras.

Entérese, querido, que entró usted en mi vida a joderla. Perdóneme lo soez del vocabulario, pero no encuentro otra palabra en el diccionario que encaje tan bien como “joder”. Y es que ese fue su único y egoísta motivo para entrar en mi vida, parece que me lo cambiaron en el camino, probablemente algún virus en la matrix es causante de tal defecto. Me ha jodido usted la paz encontrada, la confianza recuperada y el deseo hayado. No sabía que se podía joder tanto, con solo una mentira.

Sepa usted que no le deseo mal, para nada. Le deseo el bien en su vida de “no-culpas”, que no es más que una egoísta autojustificación a esas ganas de tenerlas a todas, todo el tiempo, espectantes de su espectáculo. Conmigo no use usted caretas o clichés pseudointelectuales para ocultar la realidad, recuerde que antes de usted fui yo quien usó esa “no-culpa” para justificar acciones (y daños) en el pasado. No espero una (dis)culpa de su parte.

Existe, gracias a los Dioses del Olimpo, una gran diferencia entre usted y yo, y para eso también me sirven estas letras. Yo, con mi “no-culpa”, siempre estuve consciente del daño que podía hacer con mis acciones, nunca las oculté, siempre fui capaz de aceptarlas y decir la verdad, en el momento en el que me lo preguntaban. Siempre supe que esa sería la mejor manera de llevar la fiesta en paz con el número 2, 3 o 4.

Como diría un gran amigo mío “Este adiós no maquilla un hasta luego… Estos son los últimos versos que le escribo”.

Qué tenga usted un feliz lunes.

M.

Maruja se levantó del frío piso, ya con las manos dormidas de tanto aguantar el papel y el lápiz para escribir con una letra per-fec-ta-men-te legíble aquellas palabras que serían su liberación. Dobló cuidadosamente aquel pedazo de papel, selló el sobre con la lengua y bajó a pedir la portero que enviara, sin falta ese mismo día, esa carta al 3400 en Corrientes Capital.

Hace cuatro años que Maruja se despidió de L. por medio de una carta. Aún no está segura de que haya sido la mejor de las maneras, pero sabe que por lo menos ella tuvo la paz que necesitaba. Todavía espera, secretamente, respuesta de L., pero sabe que es mucho pedir. Ya no le cuesta levantarse todos los días en su Buenos Aires querido a leer y seguir escribiendo sobre esas historias cotidianas, que de rato, olvidamos que son lo más hermoso de la vida.

13

Mar

Aureliana

Aureliana decidió un día que no podía seguir sentada en la cama, deprimida, en pantaletas y viendo fotos en la computadora. Comenzaba a perder sentido todo aquello que quiso construir. Sabía que estaba “lista” para salir a la calle, no volvería a cometer aquellos error que, disparados por su locura, la llevaban a golear gente en la calle sin razón alguna. Se negaba a seguir teniendo días aburrido, ya no fumaba ni consumía coca, necesitaba un nuevo estímulo.

Se dio un rápido baño, tomó el morral vacío, guardó un libro de Saramago, un cuaderno, los cigallos y se marchó. Se puso aquel viejo jean, una camisa que parecía más arapo que otra cosa, y un sueter. El invierno comenzaba. El frío le llegaba a los huesos, le quemaba la sangre. Dejó el teléfono en casa, no quería encontrarse a nadie, solo a ella. Hoy era un día en el que ella, solo quería estar.

Salió en búsqueda de musa, aquella perdida entre drogas y alcohol, entre excesos y abusos. Era el momento de salir y encontrar con la “Aureliana de antes”. La nostalgia le llenaba la mente de pensamientos y recuerdos. La vida no había sido justa con ella, o mejor dicho, ella no había sido justa con la vida.

Aureliana no regresó. Camino hasta que se hizo de noche, encontró sus viejos amigos, aquellos que la llevaron por caminos poco deseados.

En casa nadie la espera. Sus amigos ya no la recuerdan. Aureliana, aquella joven exitosa y luchadora, hoy estaba de nuevo, envuelta en las drogas. Sin nadie, sin paz, sin calle, sin rumbo. Con ella y su mundo.

12

Mar

Hannah Arendt, vista de una manera diferente

Hanna Arendt Hace unos días tuve la oportunidad de ser invitada al estreno de la obra de teatro “Sólo sé de mi“. Fui con el corazón de quién, por muchos años, estudió la obra y vida de Hannah Arendt, su relación con Heidegger y las torturas de ser una Paria.

El montaje dirigido por Virginia  Aponte y la compañía AgoTeatro cumple con la rígida historia de la vida de tan importante mujer. Con una impecable puesta en escena, donde apenas 4 personajes aparecen: Arendt, Heidegger, McCarthy y Blücher, resalta en una hora y un poco más, el sufrimiento de una mujer apartada de su país, traumada por la muerte de su padre y alejada del “amor” por su relación totuosa con el profesor aleman.

No hay palabras para describir lo que sentí al ver aquella obra, la volvería a ver mil veces. Las intensas cartas entre los personajes, las frases, la vida, fueron suficientes para  dejarme claro que la vida es aquello que se vive con intesidad y que (como lo dice la frase que resume la obra) “Todas las penas pueden ser soportadas si narras una historia” Hannah Arendt.

Los invito a verla en el Teatro Escena 8 entre el 7 y el 29 de marzo. Las funciones serán los días miércoles y jueves, a las 8pm.

Foto tomada por: Miguel González para fotónica

6

Mar

Marzo

Podría sonar un poco engreído, tal vez acartonado, pero tengo dos años sin pasar Marzo en Caracas. Recuerdo vagamente como son sus calles, su clima, sus colores, el humor de la gente. Este Marzo, será diferente.

Diferente, porque todos los segundos lo son, porque me impuse como filosofía de vida que los días no podía repetirse. Diferente, porque Marzo siempre ha sido diferente, siempre me ha gustado.

Llegan cosas nuevas, buenas noticias, buenas vibras. Este Marzo llega en medio de reflexiones, introspecciones, búsquedas de equilibrios, descubrimiento de aquello que me hace feliz.

Marzo llega con un lienzo, y un pintor que me toma de la mano. Uno que busca trazar lindos recuerdos y crear momentos que sean solo nuestros.

Marzo, no te había escrito, pero te he soñado, eres un mes que desde hace tiempo (sin saberlo) había esperado. Pasa lento, tomémonos un café, escuchemos algo de música, leamos letras bonitas, tomemos fotografías.

Yo, la de siempre, estoy cambiando. Cada día, con sonrisas, descubro aquellas pequeñas cosas que me hacen feliz.

Marzo, querido, gracias por llegar. Justo a tiempo, ni un minuto menos, ni un segundo más.

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