Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

28

Feb

El macabro juego de la muerte (En Venezuela)

OneChotRepública Bolivariana de la Marihuna, martes 28 de febrero. Te despiertas, abres twitter y lees #FuerzaOneChot, entras en la etiqueta y te enteras que OneChot recibió un disparo en la cabeza para ser robado, piensas: MALDITA CIUDAD PODRIDA. 

No es tu amigo, sencillamente un cantante que admiras, escuchas y que seguro pudiese ser tu amigo, pero eso ahora no importa: ÉL NO ES UN NÚMERO MAS. Lees comentarios como “bueno, dejen el show, esto pasa todos los días en Venezuela, sobre todo en Caracas (Caracas, tu ciudad, tu vida, tu)“. Te indignas y piensas: “Coño no, decir eso no es darle importancia a los que están en la morgue, es restarle importancia a todos, es entrar definitivamente en el macabro juego de la muerte.

En ese juego TODOS perdemos, todos somos números que van y vienen sin tener más dolientes que los que te conocen. La impunidad es cada día más obvia, pero la indignación se nos agota. Eso, perder eso nos hace formar parte de esa Rotten City que OneChot denunció y por la que tanto lo criticaron.

Te preocupas, sientes miedo, pero al mismo tiempo te gritas a ti misma que no puedes ser parte del juego, no puedes ocultarte en tu casa. Las lágrimas corren mientras escuchas a One Chot, mientras escribes y no entiendes qué carajo tiene en la cabeza aquel que te de dice: “No hay tantos problemas en el país”.

La Guerra aquí está clara, la guerra civil comenzó el día que armaron a los malandros. Ellos, los malos, contra nosotros, los que nos negamos a salir de aquí.

HOY fuerza para OneChot, para las mamás en la morgue, para los niños sin hermanos. Y mierda para las autoridades TODAS, en TODOS los niveles, porque nosotros seguimos siendo números en estadísticas para ellos, pero para nosotros deberíamos ser seres humanos luchando por la vida.

Aquí: Rotten Town

21

Feb

A ellos, los que fueron defraudados

Laura SolórzanoAhí están, cada día son más, y más y más… Tienen amiguitos de ¿Aventuras? Ahí, antes tenían 10 años, ahora probablemente ya ni siquiera estén. Muertos, puede que estén muertos, y ahora sólo sean corazones rotos en alguna fosa común en el Cementerio del Sur. Aquel que está entre la ropa y las casas, abandonado en el tiempo, sin sentido, sin ganas.

Ahora son más, cada día son más. Ya no sé contar.

La noche la sufren. La lluvia la padecen. Los golpes los reciben de aquel que, sin quererlo (saberlo), desahoga su frustración en él. Ahí va, marcado, lleno de cicatrices, por fuera, por dentro. Cicatrices de la vida.

Ellos, los que fueron defraudados, esperando un cambio de nombre de aquel que lo prometió cuando juró sacarlos de la calle. Son ellos, aquellos niños, hoy adultos, los que más han sido defraudados por las promesas incumplidas de este presidente.

Tranquilo, nosotros, los que nunca hemos sido defraudados, los que tenemos el poder del voto, los que nunca creímos en él, los que te decimos: El 07  nos contamos.

15

Feb

Caminando hacia la historia

Laura SolorzanoTe montas en el metro con cara de tranquilidad. Fuiste temprano a votar, el olor a tinta todavía está fresco.

Pasaron los días. Sabes que hoy algo bueno pasará. Decides no tener miedo. Ya no es necesario.

Te armas con tu mejor cara y sonrisa de esperanza, recuerdas momentos de años anteriores, canciones momentos: “La Bolívar, 2007, el tunel, los estudiantes: ‘Somos, VENEZOLANOS y luchamos por la LIBERTAD'”. Sabes que ahora sí se están haciendo las cosas bien. No tienes miedo. Decides confiar, otra vez.

En el metro todos te ven, no ocultas el dedo y tienes una camisa donde se lee “Votar está de moda”. Tienes una sonrisa pícara, de esas que dicen “Sé que piensas como yo, también quieres montarte en el autobus”.

Tienes un nervio sabroso en el estómago, ese que sentiste aquel 03 de diciembre de 2007 cuando los ‘otros’ se retiraron del centro y supiste que había ganado el ‘NO’.

La historia no se repite, la historia se está haciendo, se está escribiendo. Hemos aprendido de nuestros errores. Hemos madurado. Hemos entendido que juntos podemos más.

Entiendes, mientras escribes estas palabras que vas a un acto histórico. Hoy, en la metro, a Henrique Capriles lo proclaman y lo vas a presenciar.

14

Feb

No te lo perdono (Sobre el 12F)

Hay muchísimas cosas imperdonables. Yo suelo ser bastante relajada con el asunto y tiendo a perdonar (y olvidar) con cierta facilidad. No me gusta estar molesta con la gente, me parece una pérdida de tiempo. Sin embargo, hay ciertas cosas que entran en esas “categoria” de los imperdonables. La incoherencia (incongruencia) es una de esas.

El domingo fue 12 de febrero, vivimos un proceso electoral único en el mundo e importante para nuestro futuro como jóvenes, sobretodo como jóvenes. Escuché comentarios como: “Es absurdo hacer esas elecciones, pero igual votaré”, “ningún candidato me gusta, pero votaré”. Admirables, ellos saben que más allá de su opinión personal, existe un proceso más grande y que se debe respetar ¡Bravo!

Sin embargo, y esto va a todos aquellos que el domingo no votaron (por flojera o lo que sea). No les perdono que no hayan dejado de lado el “esteno es mi peo” o “que ladilla la cola”. Ese voto era importante.

No te perdono que vivas de CADIVI, cómodo y te hayan pesado los pies para llegar al consulado (Mucho menos si lo tenías en la misma ciudad).

No te erdono que digas que amas la música, los paisajes y hasta la gente y hayas sido incapaz de “sacrificar” un par de horas oara votar.

No te perdono que te molestes cuando otros te reclaman esa falta de “nacionalismo”.

No te perdono que me hables de inseguridad, de ganas de mudarte, de conseguir un buen trabajo, de crecer aquí, si crees que nada te afecta.

No te perdono que creas que un voto no hace la diferencia. El domingo de voto en voto llegamos a 3.040.449 votos.

No te perdono, y jamás lo haré, que el 07 me digas “me da ladilla defender”.

¿Sabes por qué no te perdono? Porque yo también me quiero quedar aquí. Porque quiero crecer en Venezuela, porque eres joven y a los dos nos afecta esta situación, aunque no lo quieras reconocer porque “si no trabajo, no como”.

Piénsalo. Aunque, puede que mi “no te lo perdono” no te importe, pero ¿Te lo perdonarán tus hijos? ¿Te lo perdonarás cuando tu o tus amigos ya no estén aquí? ¿Te lo perdonarás cuando veas a Venezuela hundirse mucho más?

No lo sé, por las noches yo duermo tranquila ¿Y tú?

 

4

Feb

Qué rápido pasa el tiempo cuando te diviertes

DosPuntoUnoEse fue mi pensamiento cuando me desperté el miércoles, seguido de un “En serio, no puedo creer que tenga un año en mi trabajo”. Y no porque no me guste, digamos, sólo tienen que leer el título del post.

El tiempo pasó volando.

Un año en el que crecí como persona y profesional.

Un año lleno de risas, recuerdos, cumpleaños, viajes.

Un año en el que conocía a Angie, Luisma, Antonio, Robert, Mike, y compartí (y conocí más)  a Guille, Hugo, Fer, Dimartino, Jordi.

Un año, el primero de muchos, que me ha reafirmado que la humildad debe ser una premisa importante en cada una de las cosas que hagamos en la vida.

Un año donde mis intensidades divertidas me hicieron quedarme encerrada fuera de la oficina  o comer maní y ver gente.

Un año que se resume en esta palabra: maravilloso.

Gracias a  todos por este gran año, mi primer añito en DosPuntoUno.

 

27

Jan

Historias de desconocidos

(En la ciudad de los –tonos- rojos)

–          Ella: Muero de hambre

–          Él: ¿Viste mi foto en instagram? Sólo te puedo llevar a ese lugar.

–          Ella: Vamos, aunque no creo que me coma uno como ese, pero vamos 🙂

Ese fue el diálogo que los llevó a aquel descubrimiento. En la intimidad de alguna esquina en Las Mercedes, se encuentra un perrero (Mackdanny’s), justo ahí, frente a la iglesia, como quien va a la embajada –por si después del cuento, les provoca conocerlo-.

–          El perrero: ¿Un roll?

–          Él: No, ella dice que no se come uno de esos.

–          Ella: Es muy grande chamo, además, eso queda mejor en una hora decente.

–          El perrero: ¡Ah Pues! Esto es una hora decente.

–          Ella: (entre risas) Son las 9, dame mejor un pepito de pollo pues. Otro día me como el roll. Dámelo sin cebolla.

Acto seguido comienza la historia de tres desconocidos, los cuentos de la vida, las risas, las preguntas, las películas de terror. Parecía una de esas escenas de las nuevas películas venezolanas, no las de clichés, sino aquellas que narran historias de desconocidos en una ciudad, en nuestra ciudad.Debilidades y Vicios

<<Yo no le tengo miedo. Aunque mi hermano el otro día llegó fue blanco a la casa. Me contó que iba subiendo con el amigo y le agarraron el pie. Chamo, ahí ya no hay matas, eso está pela’o. Ese llegó fue asusta’o, directo a dormir y eso que tiene un play 3, que se queda hasta tarde durmiendo. Pero bueno, yo me acosté a dormir, sapegato>>

Historias que sin quererlo (saberlo) forman parte de la ciudad, su gente, convivir con el otro, (re) conocerlo. Descubrir aquella ciudad que hace la gente. Disfrutarla. Sentirla. Pintarla.

Hacía mucho tiempo que un perrero no la hacía reír tanto, ella no sintió miedo, a pesar de estar en medio del “valle de balas” que ahora es la ciudad. A veces lo duda. Esas dudas. Se comió el pepito en medio de desastres gracias a las salsas. Entre cuentos, ellos (él y el perrero)  la observaban mientras se reían y ella intentaba no llenarse –más- la cara de salsas.

Buena noche para salir a Caracas, a comer en un perrero.

Vivirte_Sin_Miedo.

(Foto: Mike González)

26

Jan

Hogar herido

(Poema leído por Hermann Escarrá en el velorio de su hermano
Carlos Escarrá)
Por Marcos Ana
Triste es luchar en una misma casa,
romper la mesa donde el pan se come,
vivir entre paredes, enfrentados
tercamente en un mismo territorio.Y más triste es ser ciego,
sordo al llanto de una madre,
tener un tacto de áspera corteza
para su corazón en carne viva.

Hay que tener los pulsos amarillos,
la sangre sin vertientes, seca el alma,
para dejar oscuros nuestros pechos
sin esa luz urgente que España necesita.

Ni un paso más, hermano:
que no pueda “el ayer” o sus cenizas
sus odios oponer a nuestro encuentro.
porque ni tú ni yo apagamos la lumbre,
ni robamos el pan,
ni dejamos sin techo y sin puertas nuestra Patria.

23

Jan

Carta a la democracia (Ya casi muerta)

Estimada Señora democracia,

Reciba un cordial saludo de quién le escribe de este lado de la computadora, de quién incontables veces ha salido a la calle a defenderla. No ha sido, ni será la primera vez que le escriba, cada año lo hago con preocupación, pues veo que su estado de salud está más grave día a día y aún parece que no encontramos la cura, aquella “medicina” que podría ayudarla a recuperarse. Es triste,  tengo miedo de perderla.

No la conozco muy bien, cuando llegué a este mundo no estaba consciente de su existencia. Luego, cuando crecí y me enteré que estaba usted enferma entre las paredes de un hospital en ruinas, decidí que era momento de salir a buscar alguna receta, una recomendación, algo que pudiese mantenerla con vida. Lo hemos logrado en pequeña medida, pero justo cuando estamos por conseguirlo, algo pasa y sólo nos queda un poco de aquella tan codiciada medicina.

Entiendo, según me cuentan, que en el pasado la han tratado bastante mal, tiene usted apenas 54 años y parece que tuviese 445 (La edad que cumplirá Caracas este año, ella también está descuidada). No quisiera perderla, apenas la estoy descubriendo, me la he encuentro en otros países y por lo general está usted jovial, alegre, contenta, atenta, abierta. Al verla aquí, en Venezuela, me pregunto si erá posible que sobreviva.

Sé que somos pocos los que medianamente la entendemos, somos muy pocos los que la defendemos. Es que, sabra usted que no es fácil de entender. Podría compararla con Dios, aquello que uno no ve pero “sabe” que existe. No sé si me entiende.Me preocupa que veamos nuestra burbuja como la realidad.

Y pensar que al principio pensaba ponerle ¡Feliz cumpleaños! Pero ¿Cómo celebra uno el cumpleaños de alguien que está apunto de morir? ¿Cómo se contenta uno con la poca vida que ha tenido en los últimos años? Sería irónico contentarse y decir: “Bueno chica, pero por lo menos no se ha muerto”. Es que no quiero una Democracia enferma, moribunda, quiero una Democracia plena, activa. Con energía.

Aquí estoy otra vez, señora democracia, viendo con agua en mis ojos las realidades de mi tierra, preguntándome si esta vez saldré ilesa,  irme podría ser una solución; pero en el fondo me niego a aceptarlo. Sigo preguntándome qué pasa por la cabeza de aquellos que son incapaces si quiera de pararse y votar. Espero que este año, justo este en el que está usted moribunda, mucho lo entiendan y se levanten de sus terribles vidas a emitir un voto, en pro de la medicina para usted, señora Democracia.

Una joven, que entende la verdadera revolución.

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