Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

27

Sep

Los que se quedan

A las 3:47 pm estaba, como siempre, llegando al Olímpico. La señal del celular, como siempre, era mala; así que me tocaba valerme de mi habilidad de ver para conseguir a Luis, Miguel, Jorge o alguno de la barra. Habían pasado muchos meses y la mayoría sabía que me había ido10646936_10154604159700497_3300951965742817702_n y que había regresado. Tenía demasiadas ganas de brincar en las gradas, escuchar las canciones nuevas, ver jugar al Rojo, recordar por qué me enamora.

Fue sabroso llegar a mi “lugar seguro” y reconocer tantos rostros de gente hermosa. Aunque la conversación siempre giraba en torno a los que se van y los que se quedan, los que ya no están porque ahora viven bajo un nuevo código de área, siempre están los que te llena de sonrisas.

«Chama, yo siempre supe que regresarías, eres de las que regresa. Yo, por ejemplo, soy de los que se queda. Puedo salir y chévere, pero esta es mi casa. Sí, estamos mal, pero yo trato de hacer mi parte. Estamos los que nos quedamos porque no nos da la gana regalar el país. Estoy seguro que el malandraje no durará para siempre». A eso respondí con una sonrisa y con un «yo no sé vivir en otra ciudad, capaz me voy el año que viene de nuevo, un tiempo, pero volveré. Alguien tiene que quedarse para recoger y limpiar».

Los últimos meses han sido rudos para todos. Uno de los chamos, por ejemplo, tuvo que dejar de estudiar porque después de “la salida” el trabajo de su papá disminuyó muchísimo y ahora la universidad está carísima. Todos han sido víctimas de la inseguridad, todos sufren porque los precios cada día son más absurdos, pero todos tienen algo en común: son de los que se quedan.

Creo que irse o quedarse es una decisión muy personal, jamás criticaré ni juzgaré a nadie por tomar esa decisión. Creo que uno debe estar donde debe estar y eso no lo decidimos nosotros, sino la circunstancia.

Ese mismo día vi algo hermoso, camisas de los ojos de Chávez y gorras del Comando Venezuela, juntos en la misma barra, unidos por un sentimiento: El Caracas Fútbol Club. Esos chamos conocen solo este sistema en el que hemos estado metidos por 15 años, pero esos chamos también entienden que ya es hora de convivir. Están cansados de las peleas radicales de ambos bandos, porque al final entienden que tienen más cosas en común.

Somos muchos los que regresamos, son más los que se quedan. Yo solo quiero pedirle, a todos –hasta a los que se van- es que no maltraten más al país, al otro. Que tengamos, todos, la suficiente capacidad de ponernos en los zapatos del otro, de sentir por el otro. Nuestro país necesita más empatía, y eso depende solo de nosotros.

El primer paso para creer que Venezuela puede ser mejor, es creerse que es posible. Yo estoy convencida de que es posible.