Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

22

Jan

Poema N°3 (Déjame vivirte sin miedos) por Jefferson Díaz

Déjame vivirte sin miedos. Para despertar con brisas de acacias, que transportas todas las mañanas a mi cama. No me lleves al exilio, huyendo del polvorín de tus calles o las decepciones que trepan por las nubes. Puedo odiarte tanto para comprender cómo las sombras han robado vida a la luz, lo que me ha vuelto uno de tus hijos más escépticos. Ahí, donde hace tantos años me regalaste sin prejuicios mi acento, yacen las esperanzas del éxito esperando a ser recogidas por un Ávila sin defectos.

Déjame vivirte sin miedos. Para que los posibles se conviertan en realidades y las promesas dejen de ser cuentos sin puntos finales. Llena mis pulmones con la sal de tus corrientes y que mi sabor sea el cacao de las esperanzas que se liberaron hace tantos años. Dios hizo miles de mujeres, pero sólo a tu descendencia le dio la capacidad de amarte por encima de la ingratitud sin reglas. Oculto entre tu piel, está el deseo de tenerte calada hasta los huesos porque eres la única capaz de entender nuestros aprecios.

Déjame vivirte sin miedos. ¿Por qué la insistencia en exiliarme? En hacer de mí un extranjero, cuando mis pies llevan las marcas de tus susurros. Prefieres seguir incubando la placenta de la división, que busca como felicidad la sangre y descomposición de una sociedad asustada. Somos la isla de lo desconocido con una utopía que brinda poco por descubrir. Nos desgarran los colmillos de la ignorancia sin reconocernos como semejantes, mientras tus pliegues son el escenario de una obra que se pinta diversa con cuotas de exhalación y rabia.

Déjame vivirte sin miedos. Porqué los próceres no son la personalidad, sólo el molde de tu nacimiento. Prefiero creer que te define el mar, bordeando tus curvas con la espuma sedosa que traen los atardeceres. O las montañas, desafiantes apuntando hacia la lucha como el más coqueto de los escotes. Pasando por las arenas y selvas de una ilusión que fue perdiendo la lucha ante el resentimiento. Por eso, voy a buscarte a las islas, para recuperar el sabor de los besos sin ofrecer o los abrazos que no olvido.

Déjame vivirte sin miedos. Con la plenitud de tu clima y el aliento que empapa mi rostro cuando te da por llorar o demostrarme entre neblinas que eres la mujer que siempre soñé. No me mientas, y dame la realidad de tus energías, para que yo pueda sortear lo agridulce de nuestra relación. Que la tristeza no de paso al abandono o que la decepción llene mis labios con palabras dañinas. Eres inmerecida de desprecios. Y menos cuando unas cuantas ovejas se descarriaron para convertirte en el banco de las ambiciones disfrazadas de ideologías.

Déjame vivirte sin miedos. Para que en el planeta te reconozcan como la dama de los progresos y los dulces sentimientos. Una morena que roba miradas con el azabache que brota de tu melena y destrona corazones al pasar por el contoneo de caderas. Eres ritmo de cuatro, arpa y candela. Entre tú y yo no hay secretos, permíteme criticarte para evolucionar como se debe sin que la exclusión forme parte de los instintos. Así nos odiaremos sin parar y nos amaremos como par de locos capaces de salir adelante ante cualquier adversidad. El patriotismo fundado a los pies de tus encantos y no de políticas forradas por los bancos.

Déjame vivirte sin miedos. Para que las noches al dormir, nos abracemos al compromiso y que entre sueños no aparezcan esos espectros que se burlan de los símbolos que nos hacen infinitos. Más allá de las fronteras, ahí estás tú, recorriendo mis fantasías y éxitos. Por eso, déjame vivirte sin miedos Venezuela, para que nuestro amor nunca deje de ser verdadero.

Jefferson Díaz.