Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

18

Aug

Regreso a Caracas

En dos semanas y aproximadamente cinco horas me monto en un avión de vuelta a Caracas. Sí, ya sé que tienen muchas cosas que advertirme, o como me dijo mi amigo Guille “idealizo demasiado a Caracas” y estoy loca por estar feliz de volver. Han sido cinco, casi seis meses, de terremotos emocionales entre el “me quedo” y el bendito “me regreso”, meses de cuestionarme cada decisión, cada paso. De pelear con CADIVI, de contar cada moneda. También de aprender, de conocer gente increíble, de llevarme golpes duros, de levantarme de nuevo y volver a comenzar, porque el juego solo se acaba cuando dejas de respirar. Han sido buenos meses.

En dos semanas piso Caracas de nuevo. Una hermosa ciudad más golpeada, más cara, más violenta, con más odio, pero también con gente haciendo cosas increíbles porque el tablero que les tocó es ese y no lo pueden cambiar por otro, así que decidieron cambiarlo desde adentro. Yo regreso, tal vez por pocos meses, pero regreso a jugar en el tablero de esos que día a día se despiertan pensando cómo cambiar algo para que el país mejore, esos que no temen a los barrios y al trabajo social, esos que sacrifican fines de semana de playa por algo que es más grande que ellos y su deseo de juventud.

Me regreso a Caracas con ganas locas de comer en los chinos, de subir al Ávila, de escuchar a mi gente. De sentir un poco de caos, ese que a veces se nos va de las manos. De sentir el calor del venezolano, el sonido de la música, el color de los paisajes. Me regreso un poco en contra de la voluntad de mi mamá, así como cuando me monté en el avión para Montevideo, lo hice en contra de la mía. Me regreso para luchar, como siempre, aunque sea por pocos meses porque probablemente el universo tenga otro plan para mí. Y sé que es así.

Regreso convencida de que tenemos la mejor gente del mundo, que a pesar de nuestro sentido del humor somos increíblemente humanos, que el “al mal tiempo, buena cara” no es una forma de tapar los problemas, sino una actitud de vida que nos hace ser únicos. Que tenemos el mejor ron y que el potencial de nuestra gente está ahí, sé que pronto todo cambiará y que estaremos mejor. Sé que todos haremos lo posible por tener un país de primera. Sé que lo vamos a lograr.

Así que, en dos semanas y un poco más de cinco horas, me monto en un avioncito y comienza ese sustico de nuevo.

Que te roben todo, pero nunca la esperanza. Si la desesperanza gana, ganan ellos.