Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

12

Nov

Rostros

Me gusta observar. Las pocas veces que voy en el metro sin algo para leer o para escribir, observo. Pinto historias en mi cabeza, dibujo conversaciones, trazo líneas de tiempo. Me gusta ir viendo los rostros de la gente, esa que se despierta más temprano que otros para trabajar, gente que  no sabe muy bien qué esperar de la vida. Se cansan, camina, van en automático siguiendo a otros, pensar modificaría rostros. Rostros que cada vez son más difíciles de encontrar.

Miradas de condenados. La condena que trae la desesperanza inmersa en los corazones de estos pobres seres. Pobres de espíritu. Poco, parece que falta poco para llegar a sufrir al trabajo, de ahí a la calle a sufrir por el transporte, para llegar a casa y sufrir por el hogar que parece desintegrarse por la falta de espacios para compartir. Rostros tristes, infelices.

Somos, dicen, felices, pero estos rostros libres de sonrisas me pintan una realidad gris; enajenada. Pasa, claro que el tiempo pasa, pero ellos quedaron como almas en pena sin algún recuerdo real que les haga recordar cómo era el calor de una sonrisa.

Aquello llamado vida es ahora una ilusión de la pantalla grande, un mercadeo bastante caro como para decirnos que vale la pena vivir, aunque no tengamos claro cómo o cuándo ocurre “aquello llamado vida”.

Rostros, rostros con necesidades de cinta adhesiva llamada esperanza.