Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

23

Jan

Victoria viene a Caracas.

Victoria llega el fin de semana. Hace más de tres años que no pisa Caracas. Hace más de veintisiete que no nos vemos. Victoria y yo solo nos conocemos por fotos y referencias de amigos en común. Nos hicimos amigas porque escribimos, tenemos Twitter, instagram, historias para compartir y nos gusta la tinta. Me emociona que Victoria venga. Yo la veré igual en marzo. Pero Caracas es diferente.

Gabriel y yo pensamos a diario qué plan haremos con Victoria. Yo debo cuadrar algunas cosas de horarios, pero sé que tendré tiempo para Victoria. Ahora, ella está aterrada porque Caracas aterra. Hoy, mientras compraba un yogurt que marcaba 20bs pero que me lo vendieron en 25, pensé en algunas cosas que debía decirle a Victoria.

En Caracas siempre tienes que preguntar el precio de todo. Ya no es como antes que pedías confiado y después pagabas. Además, lo que está regulado, realmente está regulado en grandes cadenas de supermercados. En un almuerzo de dos personas te puedes gastar 1000 bs donde antes te gastabas 500, y ya 500 era caro. En los quiscos, el Toronto, por ejemplo, cuesta o 10 o 15 bs, porque ahora es un lujo comernos nuestro propio chocolate.

A Victoria también tengo que darle todos los números de líneas de taxi que uso, para que no ande agarrando taxis como puede hacer en Buenos Aires, donde vive. Le tengo que decir, por ejemplo, que tiene que preguntar siempre la tarifa porque la mínima está en 100 bs y casi nunca te cobran eso. También tengo que decirle que el metro siempre tendrá retraso, no importa la hora, siempre se retrasará.

Tengo que pedirle que por favor se censure, que no insulte a los motorizados y que no pelee con gente en la calle porque, al parecer, todo el mundo está armado. Gabriel y yo nos defendemos bien en la Caracas que muerde, pero porque nunca hemos estado demasiado tiempo fuera como para olvidar cómo movernos. Tampoco andamos con demasiado miedo en la calle, pero somos precavidos.

Esta noche deberé escribirle un mail a Victoria para decirle algunas cosas de Maiquetía, todavía no sé quién irá a buscarla, ojalá sea Isabella. Pero debo decirle que si es posible, yo le transferiré plata para el taxi, que por favor no cambie dólares en el aeropuerto y hasta que si no tiene quien la busque, yo le mando un taxi de confianza de algún amigo. Yo no puedo el sábado, así que no puedo buscarla.

También tengo que decirle que muchos lugares no abren el lunes por la ley del trabajo, que el café con leche es un tesoro y que hay horarios reducidos para todo. Que el plan de la Caracas de hace unos años, de beber hasta amanecer ebrias en algún lugar ya no es posible, no solo por lo peligroso, sino por lo costoso.

En fin, yo estoy feliz de que venga Victoria. Tengo regalos, abrazos e historias acumuladas para ella. Además, también estará Gabriel. Sé que serán días que recordaremos por siempre. A veces me pongo cursi. La cuestión es que, Victoria llega el fin de semana y tengo que explicarle cómo tratar a esta nueva Caracas.