Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

24

Jul

Porque Caracas cumple años mañana…

…Y este es mi regalo para ella.

Esta ciudad tiene una crisis de identidad. No sabe si se llama Santiago de León de Caracas, o sea, si es un hombre o si se llama Caracas -a secas- y es una mujer.  No está segura de ser solo las líneas del Metro o si va hasta un poco más allá. Tampoco tiene muy claro quién la gobierna, muchos cargos y pocos cambios. Así está Caracas, mi ella, mi hermosa y golpeada ciudad.

Mañana ella cumple 446 años de fundada y como siempre les pido un regalo para ella (porque también es mi cumpleaños y pues me gusta celebrarlo con ella): quiéranla. Quiéranla un poquito más hoy, pero quiéranla siempre.

Este año el regalo es más fácil. Caracas no necesita más cargos o campañas baratas y llenas de ideologías, necesita que su gente la quiera, pero ¿Qué es querer a una ciudad? Eso es lo que ustedes me van a decir. Piensen en acciones concretas y sencillas que ustedes y  todos podemos hacer como ciudadanos y vamos a gritarlas al mundo, yo probablemente me pare en un plaza y lo grite, pero ustedes pueden hacer lo siguiente:

Desde la hora que ustedes quieran les pido que usen el Hashtag (En la red social que quieran) #QuererACcsEs.

Les dejo una lista de qué es para mi querer a Caracas (Son válidos los mensajes, imágenes, diseños, lo que quieran).

#QuererACcsEs no tocar corneta como desesperado cuando cambia el semáforo.

#QuererACcsEs detenerte en una esquina del centro y contemplar lo guapa que es. (dejen la paranoia que está hermosa en el centro).

#QuererACcsEs subir al cerro por lo menos una vez al mes.

#QuererACcsEs perderle el miedo al casco histórico de Petare.

#QuererACcsEs respetar al otro, sobretodo cuando piensa distinto.

#QuererACcsEs regalar sonrisas y evitar la escasez de buenas intensiones.

#QuererACcsEs conocer sus lugares turísticos.

#QuererACcsEs ceder el puesto en el carrito o en el metro de vez en cuando.

#QuererACcsEs bajarle dos a la violencia.

#QuererACcsEs No tirar la basura en la calle.

#QuererACcsEs Ponerte en los zapatos del otro.

Les digo que yo estoy convencida que recordarnos esto, ayudará que entendamos que la ciudad está más allá de sus elementos inanimados, la ciudad está en cada una de las personas que a diario la recorre, la padece, la disfruta. Hay que recuperar ese noséqué de Caracas. A esta guapita hace rato que la queremos de la boca para fuera, es hora de demostrarle que de verdad nos importa.

Mañana usemos todos este hashtag y recordemos que quererla es hacer cosas lindas por ella.

18

Jun

La batalla que aún no entendemos

Quise poner aquí varios links de las noticias más importantes del país, pero justo cuando entré a las páginas de los periódicos me di cuenta que casi todas las noticias son importantes, los temas: Inseguridad, economía, problemas sociales ¿cuál es la batalla entonces? ¿Cómo se establece una prioridad en la lucha? No lo sé. Lo que sí sé es que este gobierno es experto en hacernos olvidar los problemas importantes desde hace más de 12 años y aún así hay quienes no lo saben.

¿Tanto importa que la FAO haya reconocido que “aquí se trabaja por la seguridad alimentaria”? Para la ONU, por ejemplo, en Cuba existe una democracia, ¿De verdad creen que una “ley de lactancia” evitará que las mamás del tetero u otras fórmulas? En Indonesia la masturbación está prohibida, ¿Importa si Maduro viaja en Cubana de Aviación o en Conviasa? Aquí nos aumentaron el pasaje a 5 bolívares en rutas urbanas y ni contar en las interurbanas, ¿Ven lo que quiero decir? Espero que lo vean, porque sino es mejor que dejen de leer.

En Venezuela, como debe ocurrir en un montón de países, el ego parece que está por encima de resolver el problema que realmente importan: Tener un país con servicios básicos decentes, educación de primera, buena economía, seguridad social y donde podamos desarrollarnos, ¿Cómo se logra esto? Fácil, con ciudadanos responsables que entiendan que cada cargo de elección popular es importante pero más allá de eso, con ciudadanos responsables. En fin, con más ciudadanos y menos pueblo, ¿Qué pasa con las organizaciones civiles y políticas?

Hace días hablaba con unos amigos sobre las protestas de origen social. No sé si ustedes lo saben, pero las protestas sociales no son espontáneas, ¡NO! Las protestas sociales no se dan porque conscientemente un día todo el mundo decidió salir al mismo sitio a protestar, ¡NO! Ocurren porque existe una organización previa. Vamos, ¿No has visto V de Vendetta? Ok, si no la has visto, deja de leer, anda a verla y vuelve. No es difícil.

En Venezuela, porque solo conozco mi país y solo me duele mi país, se está dando una batalla que aún no entendemos. No se trata, creo, de pelear por profesores universitarios con sueldos justos porque ¿Qué es un sueldo justo en una economía en decadencia? No se trata de tener más militares y policía en la calle porque ¿Qué se está haciendo para prevenir el delito y desarmar a los chamos en los barrios? (Ojo, no cuenta la “comisión voluntaria del desarme”, eso es solo un chiste más). No se trata de si la Ministro Benítez decide “prohibir el uso de instrumentos musicales” en los estadios (Vale acotar que ese mismo día dijo en su cuenta de Twitter: “Es FALSO que el ministerio haya prohibido el uso de instrumentos en los estadios”… La Ministro firma gacetas sin leerlas), porque ¿De verdad habrá gente dispuesta a cumplir la ley?

Se trata de que aquí hay mucha más gente capacitada e inteligente capaz de gobernar este país, ¿El presidente de verdad dijo que sembráramos los pollos? Da lástima verlos –a muchos de ustedes- peleando las batallas incorrectas. Este país es gobernado por un circo de mal gusto que es incapaz de aprenderse sus chistes de borracho triste, entonces ¿Por  qué no se da la batalla correcta? ¿Dónde están los jóvenes que, como yo, creen que una Venezuela mejor es posible? ¿Dónde están las organizaciones políticas y civiles con jóvenes dispuestos a arriesgarlo todo? ¿Peleándose un cargo? ¿Viendo quién le jala más bolas a Capriles para que “lo monte en el coroto”? Están haciendo el ridículo.

Sé que estamos mal porque más allá de la crisis económica tenemos una gran crisis moral y me da lástima reconocer que hay personas, de esas que peleaban por las mismas causas que yo, que hoy en día pelean “por un carguito”, “por unos dólares” o que su argumento sea: “Chama, todos tenemos que comer”.

Hace rato creo que estamos dando la batalla equivocada y espero que muchos de ustedes también lo crean. Llegará el momento de pelear la correcta, pero mientras tanto dejen de prestar tanta atención a tonterías y recuerden que la escasez, inflación y seguridad seguirán con nosotros un rato más. Si quieren seguir en las batallas equivocadas, entonces ábranles la puerta, sírvanles un cafecito y disfruten de la compañía. Por ahora, no queda más que hacer.

4

May

A Tánatos, por las muertes de mayo.

Recuerdo haberte estudiado en la universidad. En aquella época no eras más que un Dios mitológico y como buena mitología solo existías cuando alguien te leía. Jamás pensé verte o sentirte, mucho menos tener que huirte. Cuando inocente era al pensar que solo estarías, en este siglo, en libros de fantasía.

55 llevabas hasta esta mañana. 498 fueron los de abril. 8100 sumas desde el 8 de diciembre. Llegaste en los 90 en forma de puñal y te has transformado en una bala dispuesta a masacrar. Tánatos, cuanto te ha gustado Venezuela y su noséqué seductor. Tánatos eres tú quien gobierna mi tierra.

Por temor a ser malinterpretada aclararé rápidamente quién es Tánatos, el dueño de mis palabras no es más que el Dios griego de la muerte. Claro, de la muerte no violenta porque de la violenta se encargaba su hermana Keres, pero fue Tánatos el primero que llegó a esta tierra y según “información oficial” es Tánatos quién gobierna en Venezuela.

Fuiste tú, Tánatos, el que me robó un espacio ocupando a toda Caracas, me hiciste temerle a ella como quién le teme a alguien que lo ha maltratado. Me quitaste aquel bar en el que olvidaba al ritmo de la salsa que por aquí andabas. Recorres mi cuerpo, te adueñas de mi cerebro. Pienso en nuevas rutas para ir a cualquier lado y a mi casa no llego después de las 10 por temor a encontrarte en medio de una calle mal iluminada. Me borraste la posibilidad de tener memorias bonitas, me quitaste el recuerdo de aquella Caracas deseada, mi hermosa Caracas amada.

Pintas de rojo la ciudad de mis amores, tiñes de sangre el mapa completo con número que a diario sumas a tu ejército. Quisiera que por un día pusiera a tu hermana, la muerte (Keres), en descanso.

29

Apr

Una noche cualquiera en Catia.

Una mujer comienza a gritar insultos, lanzar botellas. Es una típica pelea en Catia, de esas que suelen escucharse a las 3 de la mañana un viernes de quincena; la diferencia es que hoy es lunes y aún el reloj no marca las 11 de la noche. Corro a mi ventana para observar aquel espectáculo. Me molesta que interrumpan mi silencio, así que no queda de otra más que disfrutar del morbo de ver peleas ajenas aunque no me gusten las peleas, los golpes o la sangre.

Ya en la ventana el frío aumenta, la noche está acompaña de una tormenta eléctrica de esas que antes solo se veía en las películas. La mujer, que no debe medir más de metro y medio, tiene un cuchillo en la mano, lanza ofensas a granel a todo aquel que se detenga a observar lo que pasa. Se molesta como quien se molesta porque entraron en su casa a ver cómo regaña a los hijos. Como si el bulevar fuese el patio de su casa improvisada.

Vive en plena calle, en algo que parece ser una casa hecha de lo que sobró de un depósito de unos negocios. Se roba la luz de un edificio y no sabemos cómo hace sus necesidades, sabemos –obvio- que tiene un amplio vocabulario lleno de improperios y frases que se desarrollan a partir de ellos.

En medio del escándalo vuelan algunas otras botellas, esta vez de uno  de los edificios. Algún vecino molesto al despertarse en medio del escándalo de aquella mujer cuyos golpes de vida deben dar para escribir una de esas noveluchas llenas de clichés, donde los sufridos son los protagonistas, esas que le encanta a medio país.

Al voltear a la derecha noto a un joven con aspecto callejero, un suéter roído por el tiempo y un cacho de marihuana que enciende con paciencia con un yesquero que acaba de recoger del suelo. Se escucha el sonido, ese del encendedor que no enciende, pero la fe de aquel muchacho hará que termine por encenderse. Necesita algo que le caliente el cuerpo y le queme neuronas.

Un poco más a la derecha, donde está el edificio que antes era de la Escuela de Hacienda y que ahora recibe refugiados (desde hace dos años), justo ahí  está el basurero nuevo. Digo nuevo porque a mis “vecinos” de ese edificio parece que se les dañó el bajante y la mejor solución fue poner la basura en la calle. Supongo que para ellos la basura formará parte, siempre, del colorido pasaje urbano que durante años nos ha acompañado. Completa la bella vista un par de indigentes que buscan, entre las sobras de la obra de arte, algo de comida para la noche y tal vez un poco de abrigo. Quien sabe, lo cierto es que son hijos de la calle y tal vez hasta de Chávez.

Mientras todo esto ocurre más vecinos, de los de verdad, se asoman en sus ventanas. Esas ventanas de esos apartamentos que pagaron durante años con el esfuerzo de su trabajo. No entienden qué pasa, algunos se hacen señas entre las ventanas. Esta noche la policía no viene porque no le da la gana.

La mujer, que despertó a medio edificio, sigue gritando sus palabrotas acompañada de un cuchillo en la mano. Aquella noche no pasará nada más porque no es más que una noche cualquiera en Catia.

27

Apr

Llaves

familiar lo despierta de ese medio sueño que se alcanza en el metro cuando se regresa de un día largo. Tiene aspecto de borrachito de calle, ese tipo de hombres que ha sido golpeado por la vida tantas veces que no espera nada a cambio por ella. Llaves. Un joven concentrada en su lectura alcanza a sacar unas llaves de la cartera. Todos están acostumbrados a su sonido y han perdido, de manera increíble, el significado y lo que implica tener unas llaves.

Hace mucho que él no guarda unas de esas, ya han perdido su significado. Allá a donde él va no las necesita, la calle está siempre abierta. Tiene la “dicha” de pasearse sentado en el metro porque pasa por la puerta sin pagar una moneda. La sonrisa se le borró un día por la tarde cuando, después de un ventarrón, se quedó sin qué arroparse. No es sencilla la vida en la calle y menos cuando nadie lo entiende.

Llaves, qué sonido tan familiar y tan poco procesado en nuestros sistemas. Las llaves suenan como indicador de tener Laura Solórzanouna propiedad. Te entregan las llaves del apartamento cuando firmas un documento que te acredita como propietario. Eres grande, en casa, cuando tus papás deciden que es hora de darte tus propias llaves. Al comprar un carro y tener la llave sientes que ya nadie podrá detenerte. Una llave imaginaria es lo que le entregas a aquel ser a quién dejas entrar por tu mente, corazón y piernas. Tan cotidianas como cepillarte los dientes, las llaves no solo abren puertas.

Ya esta noche será complicada en la calle. Ha llovido en Caracas y en las casas seguro muchos usarán cobija y hasta suéter. Todas las puertas estarán cerradas y nadie será capaz de regalarle algo que a su cuerpo pueda calentar. Un cigarro, un trago de ron. Nada. Pero aquella noche, el sonido de las llaves le hizo recordar que era momento de salir de las calles.

15

Apr

Si ustedes no quieren luchar…

… Entonces yo tampoco.

Es triste, mi Venezuela bonita, pero otros decidieron que a ti todavía tenemos que darte un poco más de palo, que aun te falta sufrir más, que todavía tienes que perder más libertades… Que la vulgaridad y la basura mental pueden mas que la gente que quiere hacer las bosas bien… Es solo cuestión de conceptos, no manejamos el mismo diccionario.

Tú y yo ya hemos hablado, mi Venezuela hermosa, pero yo no puedo estar al lado de quien no me quiere porque me quiero más a mi. Mi antes que la Patria, mi Venezuela chiquita, estoy yo… Yo quise defenderte, pero ellos pudieron más.

Tranquila, sé que pronto nos veremos de nuevo, Venezuela pequeña, pero por ahora tú y yo no podemos seguir en el mismo código de área.

Te amo,

Lau.

12

Apr

Historias de sangre en Caracas

– 8am, Caracas. Baja apurando el paso porque se quedó dormido, anoche escuchaba a uno de los candidatos presidenciales y hoy va tarde. La opción le gusta porque le promete tener realitos en el bolsillo y seguridad. Tiene una hija de 4 años que vive con su mamá porque son de los que metieron la pata cuando recién cumplían los 17. Su mamá vive en Apure y él vive aquí con un tío, se tropieza con un señor en la parada. Tres disparos. No hubo responsable. Para ellos: Ajuste de cuentas.

– 10pm, Caracas – Centro Comercial San Ignacio. Camina por el estacionamiento, acaba de salir del cine con sus amigas, sabe que va tarde a su casa y está nerviosa. Corre al carro, saca el sencillo para pagar, se baja y paga. Arranca. Sale del estacionamiento, cuando llega al semáfono se le para un motorizado al lado para robarle el celular que contanto esfuerzo acaba de comprar. Acelera. 15 disparos. 3 impactos en su cuerpo. Un malandro malo para disparar. No hay responsable. Otro le roba el celular. Para ellos: ajuste de cuentas.

– 2pm, Caracas – La Vega. Llega a su casa cansada, está en la calle desde las 5 am, trabaja limpiando oficinas. Tiene 4 hijos más o menos pequeños de 4 padres diferentes. Ella, como Venezuela, es una mujer con baja autoestima y que se dejó engatuzar por el primero que se le paró enfrente y le habló bonito, “la puntica nada más” y nueve meses después tenía un muchacho. La comida no le alcanza, su hijo mayor de 15 años llega lleno de sangre. Salió a “buscar trabajo para ayudar a la mamá” y se metió a malandro. Alguien sangra en Caracas, él tiene un celular más para vender y su mamá lo cuidará porque “los reales no alcanzan y trabajo no se encuentra”. Para ellos: todos los años que pasaron antes de los últimos 14 años.

Para ellos no habrá justicia.

Esto no ocurrió realmente, no que yo me haya enterado o lo haya presenciado, pero estoy segura que historias como estas se han repetido en la ciudad y en el país desde hace años y en los últimos tres meses mucho más.

8

Apr

Ya el flaco cumplió #CaracasHeroica

Para el flaco, aunque no lo lea.

Hoy marché, lloré, grité, salté, sonreí, abracé, me emocioné y yo no soy así. Hoy fui una más, poco racional y llena de emociones inexplicables e incontrolables. No me gusta perder el control sobre mí y eso pasó hoy. Pero eso pasó porque hoy, por segunda vez en 26 años, sentí que de verdad está aclarando la mañana en Venezuela. Porque tú me llenas de esperanza, porque me llenas de emociones irracionales, porque me devuelves la fé. Hoy me desperté sabiendo que queda echar el resto y que esto ya lo hice una vez.

Te voy a contar lo que viví hoy. Tengo años marchando. Marché, desde 2006 con mi UCAB -nuestra UCAB- y desde entonces no he dejado de hacerlo. He ido a casi todas las marchas, pero solo en dos de ellas me he emocionado de verdad. Me cuesta emocionarme porque casi siempre trato de ser muy objetiva en esas cosas, pero hay momentos en los que es imposible no hacerlo.

Verás, en 2007 siempre trabajé en las marchas, ayudaba a organizar lalogística, coordinaba gente, casi nunca fui solo espectadora. Pero ese año nos pusimos como reto llenar la Bolívar, sería la primera vez que lo intentaríamos y no podíamos quedar mal. Esa vez marché con un grupo de la UCAB y cuando llegamos al tunel de la Bolívar nos detuvimos, nos agachamos y segundos después salimos corriendo gritando alguna consigna que no recuerdo. Ese ha sido, hasta ahora, uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Esa noche llegué a mi casa y lloré. Ese día supe que el 03 de diciembre ganaríamos.

Hoy cuando pasé ese túnel estaba acompañada de mi papá, justo en ese momento escuché “está aclarando la mañana en Venezuela” y acto seguido llegó un grupo con una samba y se detuvo en el túnel. No se agacharon ni corrieron, transmitieron una energía distinta, de alegría, de felicidad. Entonces lloré nuevamente. Lloré porque, chamo, yo ya me cansé de pelear con el otro, me cansé de sentirme insegura, me cansé de no tener esperanza.

En medio de aquel escándalo, sequé mis lágrimas y me aislé mentalmente un poco. Comencé a observar rostros de gente #caracasheoricaque, como yo, quiere sentirse segura en la calle, quiere recuperar espacios, gente que está cansada de tenerle miedo a otro venezolano. Y nuevamente se me aguaron los ojos.

Yo tengo un compromiso con mi país, con mis sobrinos, conmigo y ese compromiso está a tu lado, luchando para que ganes. Tú tienes un compromiso con el país, conmigo, con todos; yo creo en tu compromiso porque quieres a mi Venezuela y la quieres bonito, y a las mujeres hay que quererlas bonito.

Nos falta poco, flaco.

[Fotos de Saúl Solórzano]

6

Apr

Esto ya lo hice una vez

Supongo que la lengua siempre será el castigo del cuerpo. Basta decir que no harás algo, jurarlo y rejurarlo para que -en menos de lo que esperas- tengas que volver a hacerlo. El 8 de octubre dije: «No trabajo más en ninguna campaña, estoy cansada de que la gente quiera vivir mal». Esto en mi equivale al «No bebo más» de mis amigos. Vamos, todos sabemos que me apasionan las campañas Políticas. Es interesante ver cómo tu trabajo a nivel de “mercadear a una persona” influye o no en el voto de alguien.

Volviendo al tema, en efecto dije que no volvería más a estos temas políticos, pero se murió Chávez y todo cambió. Una semana después ya estaba mandando el mensajito de «Estoy pa’ lo que salga», me monté en el barco y no me bajé. Supongo que en realidad nunca me bajé, solo me encerré en mi camarote a reflexionar algunas cosas. Lo que quiero decir es que esto ya lo hice una vez.

Ya una vez dejé el alma en una campaña donde la lucha era clara “la verdad” vs “la mentira”. Clara para mí y para muchos, pero no para la mayoría. Ya una vez me puse mis zapatos cómodos, mi jean y mi franela y emprendí la caminata por la ciudad para convencer gente. Ya una vez fui testigo. Ya fui miembro de mesa. Ya coordiné planes nacionales de defensa del voto. Ya fui ciudadana. Ya fui oposición. Ya fui. Ya hice.

No sé qué pasará el 14 y de ese día dependen nuevas decisiones, decisiones que tomé ya en octubre pero que terminarán de concretarse después del próximo domingo. No sé si Tibi anuncie el nombre que quiero escuchar, no sé si haya violencia, no sé si tengamos internet, no sé si lleguemos a TT, no sé si la gente salga a votar masivamente. Yo solo sé que ese día volveré a dejar mi alma en el trabajo más rudo y bonito que tengo: ser venezolana. Sé que ese día me despertaré tempranito, con el susto en la barriga, que registraré todo para poder hacer una crónica al respecto, que responderé preguntas de cómo vamos, que mi mamá se pondrá nerviosa, que beberé más café que nunca. Sé que mis amigos trabajarán en la elección, sé que los ojos del mundo estarán nuevamente en casa.

También sé que aprendí que la pelea se gana o se pierde peleando, pero jamás por no estar. Soy terca, muy terca y me gusta dar la guerra cuando sé que tengo la razón. Sé que estoy dispuesta a hacer esto una y mil veces más porque ya lo he hecho miles de veces antes. Yo te amo, Venezuela y aunque me pelee contigo no dejaré que te sigan maltratando porque sé que podemos estar mejor.

Esto ya lo hice una vez y lo volvería a hacer.

17

Mar

La mañana en que hubo una pelea en el metro

Suele suceder que, por las mañanas, las personas se montan en el metro aún de mal humor por tener que madrugar, con hambre porque desayunar es imposible (porque seguro hay retraso y no se puede llegar tarde) y algunos hasta con lagañas en los ojos. Debe ser lo “normal” en una ciudad en la que se madruga para llegar tarde; porque eso es lo que pasa en Caracas, madrugamos para evitar llegar tarde y aún así llegamos tarde.

Aquella mañana no fue diferente. Todos vamos tarde, acá siempre vamos tarde. Se va tarde en una ciudad cuando se pueden calcular los tiempos en el transporte público. Decidimos, sin consultarnos, que tomaríamos el tren en sentido contrario. Estamos en la tercera estación y es mucho más sencillo y tienes un “puesto garantizado”. Eso decían. Yo solo no quería esperar 4 trenes para poder montarme en uno apretada. Cuestiones prácticas.

No es igual para todos, sería absurdo pensar que todos tenemos sentido común; aunque el mundo sería un lugar mejor. Aquella mañana hubo peleas en el metro.

Dos señoras querían aquel puesto deseado, parece que ese es el nuevo trofeo de quienes viajan en el metro y viven en una ciudad donde tener algo está prohibido. El trofeo, como llamo a los puestos desde hoy, fue tomado por aquella que tenía una niña de 8 años agarrada de la mano. Claro, la lanzó en el asiento/trofeo como si fuese una bolsa que te ayuda a garantizar el preciado premio. Era lógico, no lo comparto, pero es lógico. La otra, la perdedora, se sintió fracasada un jueves a la 6:53 de la mañana y lanzó un comentario al aire. La ganadora contestó. Las miradas en el vagón no se hicieron esperar. Despertaron al de los audífonos y camisa amarilla que venía sentado al lado del señor con gorra del 4F. Eso es normal por estos días, dormirse con audífonos y usar gorras del 4F. En esta pelea no hubo ganador.

Una señora de aproximadamente 87 años entró molesta al vagón al notar que todos los puestos azules (los trofeos de los viejitos) estaban tomados. Se molestó más cuando notó que todos los viejitos sentados ahí tenían menos edad que ella; aunque eso realmente no se sabe porque una cosa es la edad de la cédula y otra la del rostro. Muchas veces la del rostro suele ser la verdadera y la de la cédula se convierte en un formalismo. Los formalismos ya pasaron de moda, pero vale la pena desempolvar ese vocabulario. Aquella señora de aproximadamente 87 años de edad (en el rostro) se tuvo que bajar para esperar el próximo tren. Espero que haga agarrado el correcto, el que le llevaba a su destino y no el otro que se la llevaba de este mundo.

En la noche un señor armó un escándalo tras abrir una solera verde en el tren, ¡Qué absurdo! Había ley seca, ¿De dónde la sacó? La pelea fue sencilla, todos protestaron alegando que las cervezas eran de todos y que este señor debía compartirla. Una joven abstemia se levantó para decir que ella le cedía su sorbo a un muchacho de camisa negra que tenía sentado al lado porque le parecía guapo (seguramente estaba esperando intercambiar números). El señor borrachito que se había montado a pedir dinero, alegó que él tenía que recibir más porque era una “criaturita del señor”, en este momento una señora muy católica y de esas que no ha vivido como se “debe” le dijo al señor de la cerveza que era un desestabilizador del demonio y que dejara de andar promoviendo el alcohol. Justo en ese momento llegamos a la estación Mundo Lejano y la cerveza desapareció. Todos lloraron.

Aquella mañana hubo una pelea en el metro, pero terminó siendo de noche y nunca salí de él. Supongo que eso suele pasar cuando se vive en una ciudad que no te permite circular con tranquilidad.

Page 2 of 812345...Last »