Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

12

Jun

Caracas con-trastes y sin ellos

Caracas Estás ahí, descarada y hermosamente vestida. Rodeada de Ávila. El cielo infinito naranja y las guacamayas que llegan a mi ventana con la intensión de narrar el día a día de la ciudad.

Caracas, con trastes y sin ellos. Con lluvias y soles. Tu histérica, tu relajada. Tu, simplemente, Caracas.

Por el día, corren con desespero los caraqueños a su empleo. Por la noche, cansados buscan el refugio en una cerveza helada en algún bar.

En el subsuelo, un metro colapsado, lleno de gente, audífono regueton y algún extraño que lee. Lee para distraerse, lee para estudiar. Lee la ciudad.

En la superficie, tus calles colapsan, gritos, cornetas, semáforos surreales que indican falsos movimientos. Niños que van al colegio, obreros que con un cigarrillo en la mano se relajan pues comprenden que aquella jornada será larga. Por otro lado, la moto y el chamo que creció sin tener idea de que la calle no le pertenece, que las normas deben ser cumplidas.

Caracas insegura a toda hora, Caracas la que me regala fotos justo ahora. Rostros cansados, alegres. Caracas con gente, Caracas con cuentos. Caracas con y sin trastes.

Un instante que cambia a la velocidad de una luz, de un disparo o de un cielo anaranjado.

Caracas mi musa, su gente mi lápiz. Caracas hermosa, como te hemos descuidado. Caracas, mi bella. Caracas.

8

May

Balas, lluvia, Twitter y Caracas

Despiertas sabiendo que vives en una real crisis. Que el problema no es simplemente salir a las 3am de alguna discoteca, sino salir a cualquier hora de tu casa. Te despiertas, como todos los días, tranquila, planificas tu día para que rinda el tiempo y mientras hablas con una amiga comienzas a escuchar disparos y ráfagas de disparos. Tu día comienza a cambiar.

Tienes una lucha constante entre irte y quedarte en el país. Entre salir o quedarte en casa. Entre llegar temprano en la noche o temprano en al mañana. La vida de los jóvenes mide en decisiones de vida o muerte.

Caracas, valle de Balas. Caracas ciudad de cárceles y presos, ciudad de gobiernos que la ignoran igual que al país.

Hoy Caracas está convertida en un valle de balas. Los privados de libertad de La Planta y los policías se encuentran en pleno tiroteo, mientras tengo una amiga atrapada en su casa. Es difícil no querer tirar la toalla, es difícil lo sé. Sin embargo, ha de ser más difícil dejar hundir el barco.

Es triste ver la situación del país. La verdad es que ya no sé ni qué escribir. Un presidente que gobierna por Twitter, una ciudad (un país) que es ignorado por gobernantes y ciudadanos. Un pueblo que decidió perder su estatus de ciudadanos a la espera de un salvador que venga a arreglar los problemas sin siquiera mover un dedo o intentarlo. Una triste realidad, pero ¿Una solución?

Hoy, mañana, pasado, siempre seremos los mismos si no caminamos distinto, siempre tendremos un mal presidente si esperamos que todo nos llueva del cielo. Caracas, tus balas, tu Twitter, tus ganas y tu lluvia.

 

 

3

May

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo

Caracas, Venezuela. Mi ciudad, mi país.

Crisis, pobreza. Viajes a Europa, carros del año, iPhones en todos lados. Playas, violencia. Caracas, Venezuela. Contrastres por doquier.

Hoy corre por la web un “documental” donde un grupo de jóvenes caraqueños dan su opinión sobre la situación de la ciudad, Caracas. En él denunciaban la violencia, la inseguridad, un país en la mierda, sí. Eso por un lado, tienen razón. Por otro lado, los chamos en una casa increíbles, hermosas y logradas por el trabajo de sus padres en este país que tanto les dio. Un mal contraste para un vídeo que denuncia la crisis.

Tiene un problema de forma, sí, Led ahí tiene razón en su comentario. Pero también de fondo y profundidad y eso no lo mencionó. Cuando comencé con mis comentarios no se hicieron esperar los que me dicen que no respeto la libertad de expresión y la tolerancia, sin entender que pues me estoy expresando.

Todo el tema de la “Tolerancia” me hizo recordar una charla del Padre Ugalde donde hablaba de la famosa “Tolerancia”. Siempre he pensado que es como esa tipa que uno no quiere aguantarse porque tiene mal olor, porque está sucia, porque te agrede, pero aún así tiene que “aguantarla”. Él ponía cómo ejemplo a los Judíos y decía algo así como “pídanle a un judío tolerancia para Hitler porque tenemos que entender que él tiene libertad de expresión”. No son palabras textuales del padre, pero por ahí iba el asunto.

Hoy, en Venezuela, vivimos en una crisis de libertad de expresión. Particularmente creo que podríamos estar peor. Y es que mi mayor problema, con Chávez -por ejemplo-, no es la libertad de expresión sino la de tránsito y la de paz. Porque yo pana no camino tranquila por las calles, es verdad. Debo reconocer que he dejado de ser una romántica de las que cree que salvará al país con una elección y he aprendido a entender que si yo, Laura Solórzano no mejoro a diario como ciudadana seguiremos en la mierda. El cambio no está en Chávez, no. El cambio está en nosotros, en los que hacemos patria, en los que queremos tener familias y hacerlo aquí. Aunque yo hoy en día no tendría un hijo en Venezuela porque el costo es alto.

¿Me contradigo? Sí, sí lo hago, porque Caracas también lo hace, porque Venezuela lo hace, porque (y lamento informarles esto) somos seres humanos -igual que en todos los países del mundo- y lo que hace que otros funciones, o por lo menos eso he aprendido cuando he ido a estudiar Políticas Públicas afuera- es un sistema de leyes que se basan en la moral de sus ciudadanos. Porque aprendí que la institución no es el edificio bonito, sino la gente decente que está adentro. Porque comprendí que si todos los valiosos se iban, aquí querdarían los indecentes. Y sí, si me quiero ir un tiempo pero porque creo que independientemente del país, nosotros los jóvenes debemos recorrer y conocer cosas nuevas para traerlas a casa.

Sin embargo, y esto se los digo en serio, mi preocupación es que muchos de esos “jóvenes del este del este” que estudiaron en los mejores colegios y universidades sigue sin entender el verdadero problema en Venezuela, o por lo menos eso me transmitieron en el vídeo. No quiero decir que yo tenga la respuesta ¡Ojalá así fuese! Pero creo que tengo un poco más de sentido común, del que se aprende pateando calle y no en las universidades. Que esos chamos de “me iría demasiado” son los hijos de esos venezolanos que hicieron plata, trabajando honestamente, en un país de oportunidades, pero que se olvidaron que existía un país y que algún día les tenían que responder. Karma, que le llaman.

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo hay mucho por decir. Particularmente creo que todas las acciones tienen consecuencias buenas y malas y que así como aceptas las cosas postivas también debes aceptar las críticas. Porque en las críticas crecemos, porque la tolerancia y la libertad de expresión no pueden ser dos tarjetas de comodines que sacamos cuando nos “peleamos” entre nosotros, pero que cuando Mario Silva nos insulta ni de chiste la asomamos. Porque pedir Tolerancia y respeto para ese vídeo es burlarte en la sangre de los venezolanos. Porque si no entendieron el asunto, es mejor que se vayan sin CADIVI y prontito. Porque yo a este país lo quiero, y a esta ciudad LA AMO.

Nadie está obligado a amar al país en el que nace, pues es cuestión de azar, pero sí les pido que respeten al país en el que ahora están.

30

Apr

De la ley del trabajo y otras políticas para mejorar el tráfico

Laura SolórzanoEsta mañana camino a la oficina venía pensando en la nueva Ley Orgánica del Trabajo y llegué a ciertas conclusiones. Hace un mes, en Semana Santa escribí sobre las borracheras y otras políticas de Estado, en ese post hacía una analogía en cómo el verdadero plan de gobierno era hacernos ciudadanos más planificados. Así que no pude evitar pensar que detrás de la LOT existía también un transfondo, pero ¿Cuál era?

En ese instante vino a mi cabeza el artículo sobre la jornada laboral que indica algo así como que se limitará a 5-6 horas diarias de trabajo y pensé ¿CINCO HORAS? Yo necesito por lo menos 8 para hacer mi trabajo eficientemente. Sin embargo, al mismo tiempo dije  “Claro, ahora todo tiene sentido, esta es la solución al tráfico y al congestionamiento en el metro”. Veamos.

Supongamos que una empresa decide que sus trabajadores trabajarán de 7:00 am a 12:00 p.m. para ahorrarse el almuerzo; otra empresa decide que trabajará de 9:00 am a 2:00 pm porque necesita personal en la tarde; otra coloca un horario de 1:00 pm a 5:00 pm porque le da flojera trabajar en la mañana ¿No comenzarían a solucionarse los problemas de tráfico? Por supuesto, ahora todo tiene sentido.

Es mucho más sencillo pensar –para aquellos que tenemos la virtud y dicha de hacerlo- que el gobierno solo tienen un plan populista para ganarse el corazón de los trabajadores haciéndoles creer en una ilusión absurda en la que por menos trabajo ganarán más dinero y que serán los “burgueses” dueños de empresas quienes deberán trabajar muchísimo más para poder cubrir todos los gastos de los caprichos del presidente en una ley. Podríamos pensar también que es una manera absurda de destruir la economía, pues menos producimos y más regalamos. Obviamente algunos estarán pensando ¿De dónde saldrá ese dinero que tenemos que darle a los nuevos pensionados que vienen del sector informal? E incluso, algunos un poco más formados estarán pensando ¿No es mejor generar una política pública que permita desarrollar nuevas fuentes de empleo en Venezuela y así reducir la cantidad de personas en el sector informal?

Lo que ustedes no están viendo, no entienden, no analizan, no procesan es que estás políticas “locas” del estado no son más que una manera diferente de crear el tal  Socialismo del Siglo 21 que no conocemos ¿No lo creen ustedes?

11

Apr

Caracas, aquí ya no cabemos más

En ti, 07 de abril de 2012.

Hola,

Espero que lo sepas, pero tenemos que hablar. Sí, sé que últimamente nos la estamos pasando genial, yo salgo, te veo, te beso, te admiro, te siento, te respiro. Tu me ves, me abrazas y me golpeas, me besas y me muerdes, me lastimas y me conscientes. Nosotras nos queremos y nos hacemos daño. Nos vivimos y nos cambiamos los rostros para ponerle nombre de Ellos y que todo sea más sencillo.

Sé también que te dije, cuando regresé, que intentaría tener algo contigo y que fuese por siempre, pero es que entiéndeme, quiero seguir contigo pero para eso necesito alejarme, tener mi espacio, mi tiempo.

Caracas, bella, sabes que he cometido grandes errores poniéndote rostro de hombre. Eso nos ha jodido a las dos. Hoy ya no camino tan tranquila por tus calles, allá afuera están Ellas. Esas Ellas que hacen daño y a las que les hice daño. Esas Ellas que no quiero cruzarme porque me recuerdan que fueron las que “ganaron” en esa pequeña batalla (que nunca se dio).

Tampoco estoy tranquila Caracas porque siento que en cualquier momento puedo estar tirada en tu suelo, sin mi celular o sin algún otro amigo. No llores hermosa, tu sabes de lo que te hablo, la inseguridad nos está comiendo las ganas como las termitas a una cama. El Fito se lo cantó a Baires cuando le dijo “Te falta el mambo y te sobran muertos”. Esto es un tengo con un no quiero.

Eres una loca y como todas las locas, seduces y enamoras con ese noséqué que me hace quedarme y quererte, pero al mismo tiempo me asusta perderte y sé que si intento quedarme para tenerte, me perderé en ti y tu en mi.

No, tranquila, no eres tú, tampoco yo. No estoy segura de que sean Ellos y mucho menos Ellas, pero lo que sé es que me tengo que ir. Volveré Caracas, sé que volveré.

Pasaré un rato en Baires o Madrid, y sé que de ti siempre lograré escribir. Oh Caracas, mi Caracas.

Te llevaré conmigo a donde vaya, en mi lienzo, en mi pie y en mi tobillo también. Tu nombre tatuado, mi único y gran amor, jamás olvidado: CARACAS.

No sé qué más puedo decir, ahora que las lágrimas y mis ojos se encontraron, sólo quiero dormir. De ti no me puedo despedir.

Aún no me voy y ya comienzo a extrañarte.

Siempre. Presente.

 

L.

2

Apr

Caracas, entre sombras

Pensarte, sentirte, imaginarte.

(D)escribirte.

Sentir que tu y yo, somos lo mismo.

Siempre. Presentes.

Un ser absolutamente indefinido por una necesidad de encontrarle sentido a lo vivido.

Caracas entre sombras, contrastes, verdes, azules.

Caracas de calma en su cielo.

Caracas que grita: cambia de escenario.

Ciudad. Gente. Caos. Paz.

Tú, toda yo. Yo, toda tu. Nosotras.

Caracas, hermosa, pronto nos tocará hablar.

29

Mar

Gastemos palabras, hablemos de Caracas

Ya no sé si valga la pena escribir otra vez sobre la inseguridad en Caracas, en Venezuela. Tampoco sé si sea útil volver a mirarnos el ombligo y creer que estamos ganándole al presidente sin siquiera tener una idea real del problema. Yo no la tengo, no sé cómo estamos como país, no tengo idea de cómo se hace un diagnóstico poblacional para analizar todas las consecuencias de 13 años bajo el mismo tipo. No lo sé. Solo sé que conozco mi realidad, y la de algunos de mis amigos y eso no sirve para compararla con el país.

Existe, en mi, esa necia necesidad de criticarlo todo, aún cuando estoy dentro. Siempre digo “para eso estudié”. Al final del día (y en contra de mi voluntad), Descartes parece hacer sido el que más caló en mi vida, siempre pensé que sería Hegel, pero en una ciudad como esta es mejor dudar de todo, menos de que existo, porque estoy dudando.

Podremos, de aquí al 07, seguir gastando palabras y no acciones. No lo sé, estoy haciendo mi parte, pero ¿La estás haciendo tu? ¿Cuántos chamines has llevado al registro? ¿Con cuántas personas te has sentado a hablar y explicarles que todo esto tiene solución si ponemos de nuestra parte? ¿Te revisaste en el CNE para ver si eres miembro de mesa?

Absurdamente creemos que “hacer” algo por el país es ponerte de primero en una marcha o salir a protestar a diario, pero no. Hacer algo por el país es tan sencillo como dejar de ver el piso como una papelera gigante, o tal vez no gritarle al otro, sino pensar que él, como tu, está cansado de esta hostil ciudad. Hacer algo, es cambiar tu y luego cambiar a los demás. Total, como dijo el Gandhi “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

12

Mar

Hannah Arendt, vista de una manera diferente

Hanna Arendt Hace unos días tuve la oportunidad de ser invitada al estreno de la obra de teatro “Sólo sé de mi“. Fui con el corazón de quién, por muchos años, estudió la obra y vida de Hannah Arendt, su relación con Heidegger y las torturas de ser una Paria.

El montaje dirigido por Virginia  Aponte y la compañía AgoTeatro cumple con la rígida historia de la vida de tan importante mujer. Con una impecable puesta en escena, donde apenas 4 personajes aparecen: Arendt, Heidegger, McCarthy y Blücher, resalta en una hora y un poco más, el sufrimiento de una mujer apartada de su país, traumada por la muerte de su padre y alejada del “amor” por su relación totuosa con el profesor aleman.

No hay palabras para describir lo que sentí al ver aquella obra, la volvería a ver mil veces. Las intensas cartas entre los personajes, las frases, la vida, fueron suficientes para  dejarme claro que la vida es aquello que se vive con intesidad y que (como lo dice la frase que resume la obra) “Todas las penas pueden ser soportadas si narras una historia” Hannah Arendt.

Los invito a verla en el Teatro Escena 8 entre el 7 y el 29 de marzo. Las funciones serán los días miércoles y jueves, a las 8pm.

Foto tomada por: Miguel González para fotónica

10

Mar

Del aquí y el ahora

Laura Solórzano Supongo que podría comenzar este post diciendo algo como “hay un momento en la vida de todas las personas…”, pero ¿En realidad pasamos todos por los mismos procesos? ¿Vivimos las mismas experiencias (o parecidas) en distintos momentos de la vida? ¿Maduramos todos a la misma edad, hora y canal? Creo que no, así que comenzaré diciendo: Tomé una decisión, y me encanta.

Hace justo una semana, recibí un hermoso post que hablaba sobre el “aquí y el ahora”, el “quedarse y el irse”, y esos procesos que vivimos los seres humanos cuando, por una razón u otra, decidimos encerrarnos en nosotros mismos y conocernos un poco más.

Ya he venido diciendo que desde hace un tiempo, que ando en un proceso de introspección. Un día me levanté y me dije a mí misma: Es momento de poner pausa y analizar. Ese día comenzaron a pasar cosas maravillosas.

Yo, en medio de mi conocerme a mí misma he encontrado qué me gusta, qué no me gusta, cómo digo las cosas, cómo no las quiero decir. He entendido mis miedos y estoy aprendiendo o a superarlos o a vivir con ellos.

Descubrí, por ejemplo, que pocas veces en la vida tomaba decisiones por y para mi, basadas en aquello que me hace feliz sin pensar en lo que otros dirán o sentirán. Qué buena esa sensación la de decir: Es así, porque yo lo decidí, porque me gusta, porque me hace feliz.

Y  hoy, no me queda más que decir (te), que decidí ser feliz aquí, ahora y contigo (conmigo). Las razones, yo me las sé, algún día (te) las diré. Hoy, simplemente las viviré. Pensarme en el futuro no tiene mucho sentido si no disfruto del presente ahora vivido. Dibujarme en proyectos no sirve de nada, si no estoy con ellos porque me llenan de sonrisas. Mi vida, ahora, la manejo yo.

9

Mar

Carta a mi “ellos” (En Caracas)

No eres solo concreto, cemento, paisajes. No te veo como un río, cielo, montaña. Eres más que caos, metro, colas. Multitudes. Gente. Eres.

Eres mis ellos, mi yo con ellos (y a veces con sus ellas). Eres mis recuerdos, mis cicatrices, las que sanan, las que marcan, las que enseñan. Eres mis momentos para olvidar, mis recuerdos para estar. Hoy eres, mis ganas de volar.

Eres mis aventuras, mis locuras, mis travesuras. Mi primer cigarro, mi primera cerveza, mi primera.

Eres, en ellos, mi razón para huir. Ahora eres, en él, mi razón para quedarme y soñar, que lo puedo lograr.

Eres el él al que le escribí una carta. También el él que me presentó Masseratti y no me lo dañó. Eres el que no llamó de nuevo. El que conocí en el teatro. Eres mis ellos en bicicleta, esos que ellos que son mis amigos de verdad y nunca han sido nada más.

Estás en el él inombrable, el que me jodió un par de canciones de Fito. También estás en el él que se fue y regresó, pretendiendo que el tiempo nunca pasó.

Ellos que, como a Caracas, me encontraron sola, ocupada, intensa, destruida, desolada. Ellos que, sin querer -o queriendo- entraron, gozaron, destruyeron… Y se marcharon.

A casi todos ellos,  en Caracas, mi Caracas, les dedico está despedida, estas letras, esta carta. No para decirles “Adios”, sino para cerrar capítulos del pasado y continuar con esta historia, la que estoy escribiendo en el presente, la que me gusta, la que me regresa a Caracas, a mi ella. Mi Caracas, ahora soy yo.

A mis ellos, gracias por las enseñanzas. A mi él… Muchas palabras aún no se han escrito, nos seguiremos leyendo y construyendo obras que lleven como escenario: Caracas.

 

 

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