Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

25

Aug

Los padres y la inseguridad: Dos problemas de la juventud en Venezuela

… esperando a Saul.

Miércoles por la noche. A mi hermano, que siempre llega temprano,  se le ocurrió llegar ese día un poco tarde. Aproximadamente a las 9:30 p.m. mi mamá estaba preparando su café de angustia. Es el café que cuela mientras nos espera a “altas horas de la noche”. Ese día tuvimos una discusión como la que tenemos cada vez que llego después de las 10:00 p.m., <<Ustedes nunca me dicen donde están>>, <<no saben la angustia que me da>>, <<son unos desconsiderados>>. Después de mis respuestas de <<No te podemos reportar cada dos minutos>> se fue diciéndome: <<Te diré como me decía mi mamá “Cuando tengas hijos verás”>>; mi respuesta automática fue: <<Les construiré un país seguro>>.

No he dejado de pensar en eso desde ese momento, sobre todo cuando decimos que parte de lo que vivimos hoy en día se debe a la irresponsabilidad de nuestros padres de vivir al país como si nada malo podría pasarnos, olvidándose del futuro. No digo que no hayan hecho algo algunos padres en el pasado, pero es cierto que las estadísticas no electorales les favorecen, votar no era una preocupación para muchos.

Creo que la generación de mis papás, y en parte la de mis primos grandes, fueron unas generaciones que vivieron la rumba venezolana de la democracia y se emborracharon de tal manera que no recordaban que tendrían un futuro en el país y no se dedicaron a construirlo. Solo cuando en el 92 Chávez dio el Golpe y luego en el 99 cuando ganó, muchos de ellos despertaron de su sueño de fantasía y hoy en día ni siquiera lo entienden.

En mi casa por muchos años me reclamaron por salir a protestar y llegar tarde, salir a estar con mis amigos, etc., pero al mismo tiempo lo único que hacen es decirme todo lo que hacían cuando eran jóvenes y cómo disfrutaron de una Venezuela segura y llena de oportunidades.

No creo que muchos padres entiendan que no se puede seguir viviendo en un país como un inquilino que pasa años en un edificio sin importarle que las cosas funciones porque dentro de su casa todo esta bien. Creo que muchos de nuestros padres deberían reflexionar y entender que sí, somos jóvenes que hacemos cosas para dejarle un mejor país a nuestros hijos –nos falta madurar mucho como para que disfrutemos nosotros-, que sí, también somos chamos que quieren disfrutar su juventud; y pues sí, también estamos asustados en la calle, pero la solución a nuestros problemas no es encerrarnos en casa.

Yo misma he caído en ese dilema, he dejado de protestar por decepcionarme, pero sigo haciendo otras cosas que sé ayudarán al país. He dejado de salir de noche (no a discos porque no me gustan) pero sí muchas veces al teatro o planes por el estilo sólo porque al regresarme estaré angustiada con los indigentes que duermen cerca de mi edificio y con la poca seguridad que hay en él, subiendo las escaleras a toda carrera porque el ascensor lo apagan y pensando siempre que me sigue alguien.

Así que queridos papás, nosotros estamos tratando de arreglar este desastre de país que nos dejaron, pero también queremos divertirnos mientras lo hacemos. Ya tenemos bastantes traumas sabiendo que nuestros amigos se van, los matan, los secuestran, los roban; no nos den más problemas ni nos reclamen cada dos minutos como si fuésemos irresponsables como lo fueron ustedes en una Venezuela de fiesta.

(Esto aplica a todos los papás OK, no sólo a los míos)

24

Aug

Una noche extraña en Wendy’s

Plaza de los Palos Grandes Hace unos días estuvo de visita Ricardo, uno de mis amigos Valencianos. Asistió a un taller dictador por el Concurso Ideas, pues quedamos como semifinalistas con “Todos por la Vida”; así que cuadramos para tomarnos un café después de la jornada en el IESA.

Luego de instrucciones poco precisas –como siempre- sobre cómo llegar a Parque Cristal, nos encontramos y comencé a hacerle un Tour por Los Palos Grandes. Me comentó que se quedaría en casa de Isaac así que lo llamé para ver cuál era el plan, quedamos en vernos en la Plaza de Los Palos Grandes. Soy de las que cree que ese lugar tiene tan buenas vibras que debe ser conocido por todo aquel que pise Caracas.

Después de unos Shawarmas en Pincho Pan (ese día no estaban muy buenos) quisimos tomarnos un café, así que bajamos al Wendy’s Aromaa tomar un café y comer el postre.

Una vez instalados en una mesa de la terraza, comenzamos a echar cuentos y reír con nuestras experiencias de viajes. Unos 40 minutos después, giro mi mirada y veo que desde lejos un señor que caminando con la intensión de pedirnos dinero, así que mi reacción natural fue guardar el celular.

El señor se acerca y le pregunta a Ricardo su nombre, lo que dio pie a una larga conversación con el caballero que debía llegar –según contaba- a Panaquire, Edo. Miranda, al día siguiente. La conversación se tornó graciosa  y el señor José Rodríguez –así se nos presentó- logró llevarla de manera lúcida y coherente, fue un momento extraño, gracioso y único.

Minutos después cuando le dijimos que contábamos sólo con 1.5 bsf (cosa que no era falsa) se despidió muy amablemente. Sin embargo, la imagen realmente bizarra ocurrió mientras veía como el señor se alejaba y pasó un carro con coronas fúnebres en la parte de arriba.

Puede que ahora no les parezca birraza. Pero lo cierto es que Caracas es una ciudad de contrastes, una ciudad interesante, llena de momentos que marcan tu vida, que forman parte de tu historia de Vida. Caracas es una ciudad extraña.

¿Cuál es tu historia con Caracas?

17

Aug

Comer maní y ver a la gente

Parque Cristal Caracas, 6:15 p.m.; después de salir de la oficina con una extraña sensación de llegar a mi casa temprano, decido -gracias al cielo y sus colores- devolverme al kiosko, comprar una bolsita de maní y sentarme a comerlos afuera de Parque Cristal simplemente para disfrutar de una tarde caraqueña.

Siempre me ha gustado crear historias sobre la gente, imaginarme su vida, sus problemas, sus alegrías. Me gusta escribir sobre eso; así que sentada ahí comencé a hacer fotografías mentales sobre toda esa gente. Ese era un momento para estar sólo ahí, conectada con mi música y mi ciudad.

Había llovido esa tarde, el suelo aún estaba mojado dejaba poco espacio para en las escaleras para sentarme, cuando caminaba un par de chicas que fumaban un cigarro se disponían a volver a la oficina a continuar con lo que sería una larga jornada, así que les tocaría respirar y continuar.

Al sentarme, subiendo mi mirada al cielo me encuentro con el tráfico entre la Francisco de Miranda y la Rómulo Gallegos. Carros, motos, cientos de personas atrapadas en un espacio infernal que adornaba con luces la calle haciendo que -desde afuera- se viese menos traumático. Personas que, como todos los días, se levantaron temprano para poner su mejor grano de arena en la construcción de este país.

A lo lejos, dos personas, un hombre y una mujer, sentados en los bancos de la parada de autobuses. Probablemente sean dos buenos amigos que acaban de re-encontrarse, pero de lejos dan la impresión de estar hablando para conocerse un poco mejor. Al terminar, seguramente irán corriendo a contarle a sus amigos que han tenido una de las mejores conversaciones de su vida.

Mientras todo esto ocurre, el cielo de Caracas se va pintando de color atardecer, mi color favorito. Mirando el naranja y su conexión con el azul y el blanco una señora interrumpe mi paz visual haciéndose notar.

Es una señora mayor que viene caminando, subiendo las escaleras con un niño en mano, su nieto. Él tenía ganas de llorar y la abuela lo apretaba, le hablaba en tono fuerte , pero no quise dejar a Masseratti para escuchar lo que le decía. Unos segundos después vi al nené correr hacia los brazos de su madre, la abrazó y comenzó a contarle sobre su día y su juguete nuevo. Sigo con mi mirada intranquila, buscando encontrarme algo más.

Dos segundos pasan antes de notar que mi maní se ha terminado pues cuando lancé el último “puñito” a mi boca había exceso de sal. Aún con Masseratti en mis oídos me dispongo a caminar, con una mágica y extraña sensación de tranquilidad. Caracas y yo hoy nos hablamos nuevamente, simplemente me sentí y comí maní y fui feliz en la sencillez de la vida.

Me senté en el metro y comencé a escribir, todo fluye mejor que nunca. Es mejor tomarse unos minutos para meditar en silencio, sólo observar e incluso caminar para poder volver a encontrar la paz que nos mantiene cuerdos en esta ciudad de locura.

Caracas: Te Quiero_Vivirte Sin M.I.E.D.O. #M2lts

11

Aug

Una música que me invada

Una música que se traduzca en palabras,

que desesperadamente pida ser disfrutada.

Una música que narra un cuento de hadas y

que en la magia de un beso

espero simplemente decirte

que me agradas.

Una música inesperada,

como ineperados son

los mejores momentos que la vida nos regala.

Así es la música que quiero que ahora me invada.

 

[Sábado 06/08/11 sentada en el centro cultural chacao escuchando un concierto minimalisa cortesía de Andrés y Mafer]

26

Jul

Cumplí 25 y Caracas 444

No sé mucho de los detalles de cuando Caracas nació, no estuve presente y la verdad es que lo que he leído no me ayuda a construir una historia como la de mi nacimiento en el que sí estuve presente, pero evidentemente no recuerdo los detalles. Sin embargo, durante 20 años me he dedicado a hacer una investigación detallada sobre aquel viernes 25 de julio del 1986. Tampoco sé qué día de la semana nació Caracas. Eso es triste, pero ella y yo igual nos entendemos y nos celebramos juntas el cumpleaños. Lo cierto es que eres parte importante de mi vida y de la de un gentío.

Comenzaré por contarles qué pasó aquel viernes en el que decidí que ya estaba bueno eso de vivir en la barriga de mi mami y salir a este mundo de locos. Cuenta mi mamá que ella trabajó hasta las 6 de la tarde, subió caminando los 153 escalones que había hasta su casa y además llegó a limpiar; es por esta razón que ella no entiende cómo es que las mujeres hoy en día se quejan tanto <<Una mujer embarazada no es una mujer enferma>>. A eso de las 8:00 pm le informa a mi abuela <<¡Mamá! No sé qué pasó pero creo que me hice pipí>>. Mi abuela, con toda la calma del mundo le dijo: <<¿Estás loca chica? Rompiste fuente, ahí viene la muchacha>> (Gracias a Dios mi mamá y mi abuela tienen buena memoria).

Unos minutos después mi mamá llamó a mi papá, a mi tío y se montaron todos en un carro de mi tío Juan camino a la clínica Santa Ana. Ese día, el cielo estuvo a punto de caerse, creo que Dios lloraba de emoción porque llegaría yo al mundo –momento de ser “Diva en potencia”-. Mi mami cuenta que ese día ya me estaba regañando, estaba a punto de nacer, eran ya como las 8:00 p.m., llovía horriblemente y además el carro se quedó accidentado, es decir, casi llego tarde a mi nacimiento, típico. Y yo hoy le digo: <<Cónchale mami, sólo me antojé de nacer, la lluvia es culpa de otro>>.

Una vez que mi señora madre llegó con mi papá, mi tío y mi abuela al clínica (en aquellos años te atendían rápido en las instituciones públicas) yo no tardé mucho en salir. Claro, calculé todo para tener una buena hora de nacimiento, es decir, nacía las 9:45 p.m. en punto; el doctor no lo podía creer. Me dio mi nalgada respectiva, lloré, y abrí los ojos <<Esta será una niña pilas, ya abrió los ojos>>.

Unos minutos después, cuando me internaron en el retén de menores –o de recién nacidos- yo era la única niña que no dormía ni lloraba. Extrañamente yo estaba acostada arropada con mi manta rosa (únicos momentos pinks de mi vida, sólo porque no tenía capacidad de decidir), y con la cabeza arriba. Mi tío cuenta: <<¡Coño! Yo fui a ver a la carajita que había nacido y cuando la veo, me doy cuenta que ella me está viendo y que además mueve la cabeza hacia donde está el ruido>>. Mi mamá decía <<Claro, es que esa es hija mía, salió tan pilas como la madre>>. De ahí en adelante no he perdido la capacidad de ser ventilador de conversaciones, mirar a todos lados y escuchar todo.

Para colmo, unos 9 meses después ya yo comenzaba a hablar, al año era como adulto encerrado en un cuerpo de una pequeña loca que ya hablaba y entendía cosas. Eso sí, cuando lloraba (que era bastante común) mis gritos se oían hasta la china. Hoy en día hago lo mismo, sólo que casi no lloro, pero mis gritos se siguen oyendo lejos.

Otra cosa curiosa de mi juventud temprana es que mi mamá dice que a los 2 años ella me vestía y cuando se distraía yo entraba al cuarto y me cambiaba la ropa para ponerme lo que me daba la gana, es decir, combinaciones como las que tengo casi siempre puestas, no he cambiado mucho el estilo ¿Qué mejor muestra que la foto de este post?

La verdad es que no sé ni para qué les cuento esto, simplemente tenía ganas de recordarlo hoy (bueno ayer) que cumplí 25 años. Todo ese montón de años han pasado desde aquel día y he aprendido muchísimas cosas, ya me gasté el primer cupón pero puedo decir que lo disfruté ¿Volvería para cambiar algo del pasado? NADA, soy de las que cree que la vida debe vivirse con sus errores y sus cosas bellas.

Mi papá cuando yo tenía 15 (hace 10 años) y comenzaba a ser la “rebelde” me dijo: <<vive tu vida de manera que pueda ser contada, que cuando tengas 90 años puedas sentarte en la mecedora de tu abuela y estar feliz y tranquila porque viviste bien, gozaste, te portaste mal, lograste cosas y lo más importante no le hiciste daño a nadie>>. En ese momento comencé a entenderlo y desde ese día trato de vivir así. A veces se me olvida, pero mi papi siempre está ahí para recordármelo.

 Así que creo que el consejo/reflexión/comentario que les quiero dejar está al final del párrafo ¡Vive tu vida y gózatela!  Deja que los demás vivan las suyas, si están muy fastidiosos enséñales Angry Bird y que se descarguen ahí.

Feliz cumple Lau, Feliz cumple Ccs.

 

20

Jul

Encerrada fuera de la oficina.

Miércoles 20 de julio, 5 días para mi cumpleaños de #25el25, día de la vinotinto en la semifinal en la Copa América, me mudo con una amiga por unos días para ayudarla en algo… Todo parece indicar que será un buen día a pesar de no poder ir a casa de Jorge a ver el juego (post que viene ahora…), pinta que compraré vino y pizza para que la victoria tenga sentido. Diríamos hasta ahora “Qué gran día”. Pero NO.

Me quedé dormida en la mañana, tuve que pararme corriendo a bañarme (sin lavarme el cabello), a desayunar (comida de dieta), terminar de arreglar mis cosas para irme a casa de mi amiga (porque anoche dije “Me paro tipo 7 y termino”), corro. Mi hermano seguía en la casa, además estaba (yo) en slowmotion -típico de los días en que tengo sueños extraños-. Comencé a contarle algo a mi hermano, sobre lo triste de los P&M y la categoría “Canal con señal abierta” -sólo habían 3 nominados- y me distraje. Le pregunte: “¿Te vas ya?”. Él contestó: “Sí”. Yo: “Date”. Agarro mis cosas y seguimos en nuestro análisis matutino de “El país es una mierda pero tenemos que seguir poniéndole un mundo porque es nuestro país y punto”. Comienzo a bajar las escaleras. Llegamos la metro y un gentío. Man, son casi las 9 am ¿Esta gente no trabaja o todos van tarde como yo?

El camino es agradable, hablamos de la vida, el campamento, los últimos artículos de SM que hemos leído él se va y yo me pongo mis audífonos para escuchar música. Comienzo a pensar en que no veré el juego con mis amigos pero que ya, no me enrollaré más y listo iré al super compraré vino, pizza y fino. Cuando me bajo en Parque del Este, y meto las manos en la cartera recuerdo que el movimiento de “agarrar las llaves y guardarlas” JAMAS ocurrió… Fuck! No tengo llaves y mis queridos jefes tienen reunión en el reino de far far away así que no llegarán todavía. Mi mal humor comienza.

Saco el BB sólo para darme cuenta que digitel, para variar no tiene señal, que Twitter no me carga y que los pines no llegan… Cuando subo a pegarme de la puerta de la oficina para agarrar el Wi-Fi me llega el único pin que me hizo reir. Temprano había cambiado el avatar y tenía la foto de la insignia de la camisa blanca de la vinotinto de Andrés, hace unos días por error la camisa cayó -por mi culpa- en un montón de aceite de carro, así que cuando Raulito vio la foto me escribió “Esa camisa tiene un poco de mancha de grasa”. En medio de rabia de haber dejado las llaves, cargar con un montón de cosas, y tener ganas de tomar café no pude hacer otra cosa que soltar una gran carcajada y tripearme el pin.

Como siempre, resolví. Le mandé un tweet a Lita para que por fa si estaba cerca me abriera la oficina. Después le escribí a Hugo: Ya resolví, estoy afuera esperando a Lita. Bajé a Migas, compré un café doble, una mini tartaleta de arequipe (sí, rompí la zona Sugar Free) y  un agua, todo esto por el módico precio de 34 bsf. Le nombré la mamá a Chávez y su ley de costos. Mientras, me quedaba parada en la baranda a ver a a gente que me veía como loca pues suelo hablar con el teléfono, pensar tweets en voz alta, pelearme con gente por ciertos comentarios. Lita no llegaba porque como es Murphy el creador de las cosas malas, la ciudad estaba colapsada por el juego de la Vinotinto que sería unas 10 horas más tarde, pero la emoción podía más.

En fin, esperando fuera de la oficina, llegaron a buscar una donación que guardo aquí, llegó el motoman a traer unas cosas, envié tweets, me encontré a mi primo, respiré, me molesté, le dije a Raulito que los abandonaría, le conté a Andrés que Fran se quedaría con mi camisa por coneja, le dije a Merce que le quedaba bello su look, cuadré unas cosas con Anita, respiré y decidí escribir sobre eso, sólo para desahogarme. A veces pienso que los que me leen (si lo hacen) deben pensar que me volví loca, de hacer “análisis” y post sobre política y social pasé  a usar mi blog como descarga de lo que me pasa, pero al final del día solo soy una mortal tratando de escribir y narrar su vida, ponerla en palabras y transmitirla. Ya llegarán los análisis en su momento.

Por ahora mi día marcha mejor. Ya redactaré un par de post más (publicables) y los dejaré por aquí.

PD: Sí, la foto nada tiene que ver con el post, pero puse caos en google, me gustó y la puse.

15

Jul

Vivo Caracas: Tambores de San Juan

Para Andrés y Luisfer…

Caracas, ciudad mágina en la que -por cuestiones del destino- me tocó nacer. En ella he vivido muchísimas cosas, de hecho esta ciudad podría contar nuestras historias mejor que nadie. Sin embargo, cuando se trata de vivir cultura urbana, cosa que he hecho en grandes ciudades lejos de casa, la cuestión no es tan sencilla. Ver gente en la calle cantando, bailando, vendiendo artesanía es lo que caracteriza los fines de semana de ciudades como Madrid, Barcelona, La Habana o Buenos Aires, pero no Caracas.

Como todo, las cosas han cambiado un poco; la nostálgica ciudad que antes era de techos rojos vuelve a ser una ciudad para ser vivida. Nuevamente, gracias a mi amigo Andrés y ahora también a Luisfer me fui un sábado (18/06/2011) al “callejón de la puñalada” en Sabana Grande, a los repiques de tambor del Grupo Herencia. Podría sonar un poco “tenebroso” al principio, digamos que con la inseguridad de la ciudad un lugar con ese nombre no debe ser nada agradable. Pero, como era de día accedí, sabía que sería tremenda experiencia.

La tarde comenzaba en un callejón bohemio de Caracas, con artesanos caraqueños, pero también unos cuantos importados. Nos recibieron con las ropas típicas que suelen usar aquellos que por la vida van sin mayores complicaciones. Al llegar a la mitad del callejón, me encuentro con mis amigos, con Hilda -una gringa que está de intercambio en Venezuela haciendo su postgrado y enamorada de esta ciudad-, y luego Mafe -quién desde ese día sería mi aliada en varias cosas-.

Todo indicaba que sería una tarde diferente, unos minutos después comenzaron a llegar rostros familiares como Sasha, Clau, Mancerita y uno nuevo, pero con la que también hice Click: Ale. Con sabor venezolano y característico caraqueño, minutos después ya éramos amigas, hacíamos bromas y nos disponíamos a disfrutar de los tambores y enseñarle algo a Hilda.

Gente de todo tipo acompañaba a San Juan. Jóvenes que se acercaban en busca de buena vibra, creyentes del santo que venían a pasearlo y cantarle y hasta uno de aquellos personajes bohemios que con incienso nos hizo reír al ofrecérselo al santo.

Estando ahí, no podía evitar pensar en la inseguridad y de a ratos el miedo se hacía presente llevándome a sentir lo injusto de vivir en una ciudad tan bella y con tanto para dar, pero sometida inevitablemente a los estragos ocasionados por quienes, desde el poder, olvidan que su labor debe basarse en cumplir con una población que confió en ellos más allá de ideologías quedadas en el tiepo.

Y como todo, las palabras que hoy comienzan con un reconocimiento a lo divino de vivir en Caracas de una manera diferente, terminan siendo un llamado a la reflexión de que las cosas no estarán bien mientras la palabra “miedo”  se apodere de nosotros.

Dejando eso de lado, reconozco que viví un sábado diferente y que le doy las gracias a ambos (Andrés y Luisfer), mis buenos amigos de la vida por regalarme, entre sangueos, tambores y ofrendas, un sábado diferente en medio de mi ciudad. Gracias también a mi Mancerita por impulsarme a ir y bailar al son de los tambores de mi grupo Herencia en pleno corazón de Caracas.

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