Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

1

Nov

¿A dónde fueron las palabras?

“¿A dónde se me habrán ido las palabras?” Me pregunté cuando por décima octava vez me paré frente a la hoja blanca de mentirita, esa que te pinta la pantalla de la computadora y que te invita a plasmar en ella pensamientos, sentimientos, frustraciones, todo. Escribir ha sido, desde que recuerdo, mi mecanismo de enfrentarme al mundo, de ordenarlo, de saber cómo está compuesto.

Así que, en medio de mi desesperación por sacar algo de mi organismo, me fui a la hoja de papel; porque esa siempre me inspira más. Porque el trazo cuidadoso de cada palabra sobre la piel del cuaderno con la fina punta del lápiz, le da un toque de realidad mágica a aquello que se traduce. Tampoco lo logré, no tenía palabras. O mejor dicho, sí tenía pero temía sacarlas de mi organismo.

Y es que un día me pasó eso, dejé de escribir. Dejé de traducir en palabras la indignación diaria de la realidad del país, dejé de poner en papel la mezcla de sentimientos raros que tengo desde antes de volver, paré de contar historias que tuviesen valor para mí o para alguien más. Dejé la poesía de media noche, esa trasnochada que se escribe entre sorbos restantes de una botella que era para dos. Mis palabras se fueron de vacaciones y aún no consiguen el camino de vuelta, el retorno seguro a mi cabeza o a mis manos.

Mi incapacidad de escribir se transforma en una angustia insoportable al descubrirme en medio de una nada sin sentido. Miedo, puede ser. Rabia, también. Pero sea lo que sea, hizo que mis palabras por ahora no volvieran.

¿A dónde fueron las palabras? Si alguien la ve por ahí, díganles que las estoy esperando porque aún queda mucho por escribir.

23

May

Montevideo

Viajar a Uruguay«Nunca escribas sobre un lugar hasta que estés lejos de él» dijo Hemingway. Tenía razón. Casi nunca escribo sobre las ciudades a las que viajo, no sé si es por nostalgia, por necedad o porque decido bloquear algunas memorias; sigo siendo inmadura en ese sentido. Pensé que Montevideo no sería la excepción. Sin embargo, ando en plan de romper viejos patrones, así que veamos qué sale en el papel.

«Montevideo es muy pequeño, te vas a aburrir», «algo bueno debe tener la tierra de Benedetti y Onetti» esas fueron algunas de las cosas que me dijeron un par amigos cuando supieron de mi viaje; solo quería alejarme un poco del caos llamado Venezuela.

El viaje sería largo, larguísimo, pero estaba emocionada así que no me importó. No cargué el kindle  y entonces no podía leer, no quería jugar con el celular y  pues terminé viendo una película en el avión, pedí un vino y me relajé, serían 8 horas o un poquito más.

Cuando llegué me encontré a gente increíblemente amable en el aeropuerto, eran las 4 am ¿Quién es amable a esa hora? El clima estaba frío, pero recuerdo haber visto que la temperatura era de 18 grados, pensé que no podía ser tan grave y que no sufriría tanto con el clima. No fue así, hubo un día en el que el viento era increíblemente fuerte, pero sobreviví.

Me encontré con una ciudad pequeña y amable, muy poética, muy tranquila. Con gente enamorada en cada esquina, en cada plaza. Había calma porque la gente no anda apurada y atropellándose como en las grandes ciudades. En Caracas somos hostiles, en Buenos Aires son histéricos, en Madrid son apurados y en Washington ni te ven a la cara. Es una linda ciudad.

Uruguay 2Tiene, según creo, casi todo lo que necesita para ser una gran ciudad pero con la calma de un lugar donde solo hay –aproximadamente- 1,5 millones de personas. Aunque, debo confesar, a veces es gris. Gris no por el clima, sino gris por toda la calma que tiene encima la gente. Supongo que lo veo así porque vivo en la ciudad del verde y rojo; el verde por lo “natural” y el rojo por las peleas. Pero aún así es una de las ciudades más poéticas en las que he estado.

Tal vez mi visión del viaje no terminó siendo la que tenía en mente, pero debo confesarles que disfruté caminar por las calles de Montevideo con buena música en los oídos y observar la cotidianidad de una ciudad que no es mi ciudad, pero que en algún momento podría adoptar.

23

Apr

Las botitas de la lluvia

lluvia en CaracasCaracas me parece casi perfecta. Está rodeada de una montaña hermosa que la protege y le da un cielo azul, tiene verde por todos lados, la gente es simpática y amable, tiene linda arquitectura (aunque pudiese ser mejor) y tiene un noséqué que inexplicablemente enamora a todo aquel que la visite. No importa si te roban, si pasas horas en cola, siempre terminas queriéndola por algún motivo bizarro cuya explicación no tiene razón. Pero siempre he pensado que a Caracas le hace falta un cambio de clima, estaciones, pues.

Sería chévere, podríamos cambiar de ropa, sacaríamos abrigos y seríamos felices cuando llega la primavera porque todo florece. En verano saldríamos a broncearnos en la calle y definitivamente en el otoño escribiría textos cursis y melancólicos. Probablemente eso nos haría seres planificados porque tendríamos que prepararnos para los cambios de época, pero eso es discusión de teóricos del pasado, así que mejor lo dejamos de lado.

Sin embargo, a mí me encanta andar por ahí comprando ropa rara, como yo. Un día me dio por tener botitas de lluvia. Esto por varias razones. Caracas es una ciudad que se inunda cuando llueve, así que dejaría de andar por la calle con los pies mojados porque mis botitas de lluvia me protegerían. Podría, también, lanzarme al cliché de cantar bajo la lluvia y pisar charcos. También suelo ser una mujer práctica y me parecía buena idea tener unas botitas en caso de tormenta, esas que aquí nunca ocurren.

Un día me metí en Amazon porque yo quería comprar mis botas. Mi cumpleaños estaba cerca, así que aposté a que si me ponía muy fastidiosa alguien podía “captar la señal” y regalármelas. Encontré botitas hermosas, pero muy caras y CADIVI ya no me alcanzaba, lo normal. Pero no me desanimé.

Otro día, caminando por el San Ignacio, conseguí unas botitas lindas, pero no tenían mi talla. Lo tomé como una señal divina de que “el color no me iba a quedar bien con la ropa”, así que no me preocupé mucho. Además, en Caracas no llovía desde hace mucho tiempo y no las iba a necesitar.

Un día, finalmente, estando en Margarita –qué irónico- conseguí unas botitas perfectas para la lluvia, negras con rojo, mis dos colores. Largas, con  lacitos, todo lindo. Ya no tenía dinero y además andaba en mi onda de “necesito ahorrar, solo compraré lo que me haga falta”; pero estas botitas me hacían falta. Supongo que puse cara de niña del comercial de Plumerose porque mi papá me dijo: yo te las regalo. Yo me emocioné y primero jugué al “no, papá, tranquilo”, pero terminé cediendo.

Compré mis botitas para la lluvia… Pero no llovía. Me las puse apenas llegué a Caracas porque “parece que va a llorar”, esa facilidad que tiene una de engañarse cuando la terquedad es más fuerte. Decidí guardarlas y las usé solo un par de veces más.

La última vez que me las puse, de verdad llovía y dejó de llover cuando salí de mi casa y comenzó a llover cuando entré a la reunión a la que iba… Terminó de llover cuando salí y volvió a llover cuando llegué de vuelta a mi casa. Fue entonces cuando confirmé que tengo el poder en las botitas de la lluvia. Ellas me ayudan a controlar el clima. Bueno, todos sabemos que es mentira, pero tendré un buen tema de sobremesa en alguna reunión donde la gente esté aburrida y no tengan como romper el hielo. No quedaré como loca porque todos desviarán el tema, soy buena con eso.

Si necesitan que no llueva un día que parece que lloverá, escríbanme y salgo con mis botitas de la lluvia.

6

Mar

Se (les) fue el líder, #MuereChávez

Caracas, 05 de marzo del 2013.

Aquel parecía un día normal. El clima cambió radicalmente respecto a los días anteriores, pero eso es normal en Caracas. Los 05 de marzo siempre me gustan, son días alegres y recibo noticias interesantes.

Las redes sociales estaban más alborotadas que nunca, rumores iban y venían, pero esto también es normal en Caracas. Me escribió una persona importante en mi vida para preguntarme por una reunión del alto mando militar, le dije que se venían anuncios importantes, pero como no tenía señal en el lugar al que iba, que mejor lo viera por internet. No tener señal, también es normal en Caracas.

Llegamos a un restaurante a celebrar el cumple de mi amigo Guille, todo estaba tenso, pero acordamos no hablar del tema porque queríamos celebrar. Vino una primera cadena, a la 1:15 pm en la que Maduro presentó a todo el alto mando militar y todas las “fuerzas especiales” del gobierno. Ya sabíamos que ese día dirían algo. Además, en esa misma cadena nos dijeron que a Chávez le habían inoculado el cáncer, ja, la misma estrategia que le funcionó a Fidel en un país sin tecnología durante años para “justificar” su odio a los estadounidenses. Él sabía que necesitaría a un enemigo externo porque ya la mentira estaba terminando, no podía arriesgarse a que su propia gente fuese en su contra, o eso pienso yo. En fin, acá esas cosas siempre pasan, siempre nos quieren ver la cara de pendejos y a veces lo logran. Eso, otra vez, es lo normal en Caracas.

Llegamos a la oficina y ya sabíamos que se venía un nuevo anuncio. Le escribí a uno de mis amigos periodistas que sabía estaba informado y era bastante prudente, su respuesta: «me dicen que se murió, pero no sé. Mejor vete a tu casa temprano». En ese momento le escribí a mi amiga con la que me vería en la noche para decir que canceláramos la reunión. Le escribí a mi papá que estaba celebrando en La Guaira (porque también era su cumpleaños), para el momento en que intenté escribirles a mi mamá y mi hermano, ya todo estaba colapsado. Salí a mandar un voicenote para explicar la situación, escuché la voz de Maduro, entré.

La imagen que tengo es la de una familia cuando espera una noticia de un médico, todos en mi oficina estaban parados frente al TV escuchando a Maduro, alguno grababa la pantalla, yo me paré frente a mi computadora y comencé a recoger. Maduro, entre lágrimas dijo «Nos anunciaron la terrible noticia de que hoy, a las 4:25 pm, el presidente Chávez ha muerto». Suelo mantener la cordura, pero solo me sirvió para decir «Cancelen todo el contenido de las cuentas». Luego, comencé a temblar, eso no es normal en mí.

Recogí mis cosas, intenté nuevamente hablar con mis papás y mi hermano para decirles que estaba bien y que iba camino a la casa, pero temblaba tanto que solo alcancé a medio recoger algunas cosas y salir corriendo de la oficina. Temblaba como jamás en mi vida había temblado, ni cuando mis abuelos murieron, ni cuando hubo turbulencia en un avión, ni siquiera cuando me robaron con arma de fuego. Perdí la cordura por primera vez. Eso tampoco es normal en mí.

Caminé hacía Chacaíto, la calle estaba increíblemente sola. Las cornetas de los carros acompañaban mis pensamientos de “tengo que definir lo que siento para poder escribir sobre esto”. Los rostros de la gente en los carros era de incertidumbre, alegría, tristeza. Pasé por el banco a sacar plata, había muy poca gente, la alcaldía ya estaba cerrada. Recuerdo que, mientras caminaba, me pasó al lado un señor con audífonos en los oídos y los ojos llenos de lágrimas, creo que jamás olvidaré eso. Pensé que, con la poca pila que me quedaba, tenía que hacer algunas fotos. Caracas estaba hermosa, y eso en ella es normal.

Al llegar a la avenida Francisco de Miranda, caminé un poco más lento, necesitaba calmarme así que comencé a ver alrededor. Todas las conversaciones eran sobre Chávez, había rostros increíblemente tristes, algunas mirandas “contentas”, pero sobretodo mucha incertidumbre. Por primera vez, en Caracas, la gente no tuvo miedo a ser robada y todos tenían el celular en la mano, «tumbaron la señal para no comunicarnos» gritaba una señora de camisa roja, «eso se colapsa como el 31, mija, relájate que ya se murió» le contestaba otra, ¡Qué impresionante era la calle!

No sé cómo se ven las calles los días de semana a las 5:30 porque nunca salgo a esa hora, pero todo estaba colapsado, los cajeros repletos de gente, los rumores de saqueo en media cuidad, la información de los chavistas quemando las carpas de los estudiantes, todo el mundo caminaba rápido. Esto no es normal en Caracas.

Los rostros de la gente me sorprendían, todos queríamos llegar a un lugar seguro para saber qué era lo que iba a pasar ahora, no con el país, sino con la ciudad y el caos. Al entrar al metro escuché un anuncio que por un momento me asustó «Se le recuerda a los señores usuarios que deben mantener la calma en el andén, el servicio se presta con total normalidad». Los operadores del metro ese día fueron “panas”. Un señor gritaba «este es el último tren». No cabía una persona más en los andenes, pero ahí todo estaba normal.

Por primera vez, en muchísimo tiempo, vi una Caracas unida, esa Caracas del metro que a diario se insulta, hoy -sin importar el color de la camisa- se ayudan. Abrían paso, empujaban para que entrara uno que tenía medio pie afuera, se sentaban de a tres en los asientos. Luego comenzó la conversación colectiva.

Era impresionante, pero todos hacían el mismo chiste «nos han podido decir esta vaina a las 3 o en la noche, total, ya se murió». Una señora, en tacones, decía «a mí no me quitan el glamour, yo estos tacones no me los quito ni loca. Si me toca correr, corro con ellos». Otra señora decía «a mí no me preocupa Chávez, me preocupa la reacción de sus locos». También había mucho silencio en medio de estas conversaciones.

Recuerdo que en Bellas Artes alguien dijo un chiste y todos reímos. Yo comenté «nunca dejaré de sorprenderme con  nuestra capacidad de hacer chiste», la señora de los tacones me dijo «eso es lo que nos hace chéveres como pueblo, preciosa, que nos reímos de las desgracias». Le contesté «me parece que nos reímos para no afrontar, en el fondo no nos gusta afrontar nada. El presidente se murió después de 87 días desaparecido y aquí todo está normal, esto es el metro un día normal a las 6 de la tarde. Mañana, probablemente, todo esté normal, algunos llorarán al muerto, otros nos quedaremos en casa. Nosotros no afrontamos nada, todo lo convertimos en chiste y terminamos sintiéndonos orgullosos de nuestras desgracias». Hubo un silencio que rompió esta señora «tienes razón, preciosa». Alrededor las miradas fueron con la misma expresión. Las conversaciones colectivas y sin insultos, en el metro, no son normales.

Poco a poco fueron pasando las estaciones y la normalidad reinaba a la Caracas del metro. Llegué a Catia y me crucé con el rostro lleno de lágrimas de mi vecina más chavista, la abracé (porque la quiero) y le dije que todo estaría bien. Subí a mi casa y comencé a ver que todo estaba cerrado. Eso, en Catia, no es normal.

En medio de la normalidad y la no-normalidad, así viví el 05 de marzo del 2013, el día que Chávez murió. Este no era un buen día para nacer, pero sí un buen día para morir. Nosotros, los venezolanos, seguiremos en la normalidad. Algunos iremos a ver a Chávez, otros se quejarán de los que lo haremos. Pero para mí aquel día –cuyas cifras suman 2021- me quedará grabado en la memoria como el día en que nos vieron la mayor cara de pendejos.

 

14

Feb

15 minutos

15 minutos de silencio nos separan del beso perfecto y la historia que querré narrar. La distancia es medida por el tráfico que hay para cruzar el parquero del estacionamiento y mi lenta caminata para llegarme a tu ventana.

15 minutos de aquella cama que será testigo de pecados cometidos y deseos desinhibidos. 15 minutos nos separan de la delgada línea que divide el ser increíblemente romáticos o ridículamente cursis. Eso, hoy, mañana, minutos. Tiempos.

Probablemente, 15 minutos nos separaron de aquel primer encuentro, en medio de la multitud de alguna ciudad enmascarada en caos. Puede que, al mismo tiempo, esos 15 minutos hagan la diferencia entre quedarnos para siempre o salir a caminar, para olvidar.

En 15 minutos se puede amar y odiar. Perdonar y olvidar. Besar y abrazar. Llorar y gritar. 15 minutos.

Hoy no es la distancia medida en metros sino en tiempos la que nos separará.

12

Feb

Felicidad.

Parece, de adulto, tarea difícil esa de ser feliz, ¿Recuerdan la infancia? Ser feliz era tan sencillo en aquella época. La felicidad se encontraba al descifrar el misterio de la cucharilla en el

Hacer fotos en Caracas

fregadero, la muñeca nueva a la cuál le podías “cortar” el cabello, la pista de carritos que hacías con material de desecho o el desastres que la abue te dejaba hacer en la casa cuando querías pintar con témperas o acuarelas. Era sencilla la labor de ser feliz a diario.

No sé qué pasa cuando crecemos, parece que ser feliz no está en lo que vivimos sino en lo que tenemos, el mejor empleo, el mejor novio, el mejor carro, vivir en la

mejor zona, tener el mejor (nosano) cuerpo y ser el alma de la fiesta. Para mi, puede ser más en sencillo, un buen libro, un buen café, un mensajito divertido, una ironía, un beso bien dado, las palabras indicadas en un texto o la fotografía tomada. Pero nadie cree que para ser feliz pueda con solo eso. Pobres, no me importa lo que piensen, solo me preocupo porque para algunos la felicidad va de algo tan material que termina siendo abstracto.

Caminar por Caracas y hacer fotos

Ayer fui feliz. En medio del caos caraqueño salimos a hacer fotos, eso me hizo feliz. Mejoré mis fotos con el iPhone porque sigo sin cámara, pero no importó porque fui feliz. Conocí gente genial, me reí, comí sabroso, abracé, fui millonariamente feliz. Reconocí parte de mi ciudad, me encontré con amigos, me hicieron fotos. Sonreí, fui feliz. Para mi es sencillo. La felicidad, en mi definición, va la acumulación de pequeños momentos que me hagan sonreír, llorar, aprender, gozar. Depende de mi y de lo que yo sienta respecto al resto. Supongo que por esa razón no sufro “como se debe” por los amores inconclusos. Y por “como se debe” me refiero a lo que todos creen que se debe hacer cuando un amor no es correspondido.

Para mi, ser feliz está en sentarme -después de un día de fotos- en algunas mesitas al aire libre a disfrutar de un buen mojito y una conversa interesante con mis amigos. O, tal vez, terminar sentados en la plaza de los museos tomándonos fotos en un escalón y viendo una película en la cinemateca. Yo fui feliz y eso fue lo que importó. Un nuevo recuerdo. Una sonrisa. Una bebida. Una foto. Un texto. Un ticket de metro.

Yo les digo, mejor ser feliz ahora que cuando no se pueda. Yo hoy, también, voy a ser feliz.

5

Feb

No te quiero mentir.

No puedo. Sería falso intentarlo, sé que me descubrirías. Pero, no te quiero mentir. No sé si todo marchará bien, creo que ese es mi mood general, pero ¿Qué más le puedo hacer?

En medio de mi tranquilidad mental, te me cruzaste, ¿qué hago con eso? Ocupado, ocupadísimo, lo normal. Pero hoy, no te quiero mentir, me gustas. No sé ni cómo es posible eso, pero lo es. Debe ser la compatibilidad de la posibilidad que, en medio de la madrugada, llega sin preguntar.

No (nos) me quiero mentir. No pasa el tiempo cuando espero. Es, increíblemente innecesaria, la espera. Pero, vamos ¿Cuánto más nos podemos tardar? Tal vez, una eternidad.

Ya nos volveremos a encontrar, en alguna calle de otra ciudad. En medio de un café, el día que menos los esperemos, nos vamos a encontrar. No nos reconoceremos, lo sé, pero ahí estaremos. Tú, yo y nuestro pasado (separados). El tiempo no cambiará más que nuestros rostros, pero seguiremos siendo los mismos.

No quiero. No espero. No sé mentir(te).

2

Feb

Disculpa si te saco de Facebook

facebook-friendsResulta que el cuerpo comienza a tomar decisiones por ti sin darte cuenta. Un día decide “engordar” más de la cuenta porque el metabolismo se cansó y decidió hacer un “cambio de look”, otro día el cabello dice que no quiere trabajar más y no crece porque “para qué si igual me van a cortar”. Finalmente, el cuerpo en general se pone de acuerdo porque, como tu lo despiertas a diario de madrugada, él te despertará de madrugada los fines de semana porque así es como se protesta “pacíficamente”, en realidad. Eso me pasó hoy, mi cuerpo dijo “Mira mija, te me paras, porque en semana nos fastidias y hoy nos toca a nosotros”.

Así que, cuando te despiertas de madrugada, no puedes hacer otra cosa… Corrijo, no puedo hacer otra cosa más que leer y decidí ponerme al día con esos blogs que recomiendo siempre porque sino, ¿Para qué los recomiendo? Después de leer a Hamid y Saúl, caí en este post de Don Toto: Facebook, ¡¿Quién es esta gente?! Al terminar de leer, abrí Facebook para ver si Toto me había eliminado y así fue, no tengo suerte con este pana. Tengo su libro autografiado, me leo su blog, le dije “soy tu stalker de Twitter” y aún no logro que me siga, pero era mi “amigo” de Facebook, eso era chévere, (por cierto, sé que mi TL enamora, tu verás). Pero, una vez superada mi Totosktalqueo comencé a pensar: Yo hago lo mismo, pero de manera cruel, todos los días reviso los cumpleaños y saco a un gentío que no conozco y a gente que conozco pero no me parece chévere, (Ok, pueden odiarme).

La verdad es que cada día tenemos menos privacidad en las redes sociales, no porque ellas nos obliguen, sino porque todo decimos (cuestión de egos, creo). No sé si está bien o mal, solo está. Durante estos años he abierto cuenta en cuanta red social existe y colocado información en todas. Claro, casi siempre mis intensidades por ese intento fallido de ver el mundo poéticamente. Sin embargo, Facebook, hasta ahora, es la red social “más o menos privada”, es decir, donde puedo maldecir, decir groserías sin sentirme mal y poner fotos que quiero que mis amigos vean. Acto seguido, comencé a borrar gente del Facebook. No, no llegaré a 350 como Toto, pero no quiero tener a 2000 personas en mi Facebook porque, seamos realistas, no me importa un pepino la vida ni de la mitad.

Para saber de mis amigos, les escribo, los llamo o los stalkeo. De los ex novios, ni me interesa si aún siguen acá. Para bien o para mal, cuando decido sacar a alguien de mi vida, no quiero tenerlos por “compromiso”, eso es un eufemismo para decir “yo no quería stalkearlo, pero vi una foto que puso en Facebook”, simplemente no me importa. Espero que les vaya bien a todos, pero chao.

En fin, si descubres que ya no te tengo en mi Facebook puede ser por estas razones:

1. No me importa tu vida.

2. Pones citas pavosas y mal diseñadas.

3. Pones fotos de animales, personas o plantas muriendo por maltratado y crees que ESO ayudará a salvarlos.

4. No me importa tu vida, hijos, matrimonios, etc.

No se molesten, no los estoy matando o algo parecido, solo decidí que quería ver en mis redes sociales, sobre todo en Facebook a gente que me gusta y a la que quiero, o gente chévere. Soy poco tolerante con las cosas que puedo cambiar y como no los puedo cambiar a ustedes, cambio mi Facebook.

Año nuevo, cambios porque sí.

PD: Si eres mi amigo y no te sigo en Instagram, no te molestes tampoco, no me interesa ver cómo usas Instagram y Facebook de la misma manera, así que solo veré tus fotos en Facebook, :).

PD para Toto: Tranquilo, sé que nos cruzaremos -literariamente- en alguan librería, algún día.

9

Jan

No somos el mejor país del mundo

Hace poco estaba viendo el primer capítulo de The newsroom y sorprendentemente conseguí algo que pienso, pero sobre Venezuela. No me atrevía a escribirlo por miedo, pero hoy puedo confirmarlo. No somos el mejor país del mundo y ahí está nuestro primer error, de opositores, chavistas y ninis, ¡Ja! Somos un país picado en tres. Ya tenemos que comenzar a reconocer todas nuestras fallas.

Si fuésemos el mejor país del mundo, no tendríamos la tasa de asesinatos que tenemos, ni las peores universidades de la región, ni el mayor número de empresas fracasadas, tendríamos -al menos- un presidente. Si estuviésemos cerca de ser uno de los mejores países del mundo, entonces no habría tantos indigentes en la calle, la gente no lanzaría la basura en el piso esperando que Dios la desaparezca. La educación sería prioridad y no la guerra, no tendría tantos amigos viviendo fuera y mis ganas de irme ya se hubiesen calmado porque, ¿Quién quiere irse del mejor país del mundo?

Si este país tuviese a los mejores ciudadanos que son quienes hacen el mejor país del mundo, el trabajo fuese el principal valor y no hacer dinero por hacerlo sin importar la ética. No tendríamos retrasos en el metro, autopistas con huecos o pueblos en el subdesarrollo. No habría hambre y no tendría miedo de ir a comer helados en El Silencio a las 3 de la mañana.

Para ser el mejor país del mundo necesitamos reconocer que no lo somos porque, si ya lo somos ¿Para qué seguimos luchando? ¿Para mantener un status quo sin sentido que nos une a diario en la miseria? No somos el mejor país del mundo y seguir afirmándolo simplemente nos hará parecer a la mamá que dice tener el mejor hijo del mundo a pesar de que este sea un drogradicto y asesino. Venezuela es, hoy, un país adicto al sufrimiento y asesino de su gente.

No somos el mejor país del mundo y mientras no lo aceptemos seguiremos creyendo que todo se solucionará. Claro que tenemos cosas increíbles, claro que Dios nos dio una naturaleza impresionante, pero todavía nos falta muchísimo para ser el mejor país del mundo y me niego, rotundamente, a creer que somos el mejor país, me niego a escuchar a mis amigos que vienen de visita y dicen “este es el mejor país” porque no lo es. En ese caso, el mejor país es donde están tus amigos y tu familia, es este VENEZUELA, pero eso no lo hace el mejor país del mundo.

Y sí, creo que podemos ser el mejor país del mundo, pero mientras no estemos conscientes de que no lo somos, JAMÁS llegaremos a serlo porque nuestro ego siempre será más grande que nuestras ganas de ser realmente los mejores.

29

Dec

Entonces terminó otro año más

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero para mi este año se picó en dos. Sí, obviamente es “antes del 7” y “después del 7”. Y es que recién hace una semana entendí que había pasado otro año más. Pero, mientras mis vecinos cantan en un karaoke y no me dejan concentrarme en otra les narraré mi año.

Antes del 7

Enero comenzó lleno de esperanzas porque este era EL año, entre mensajes y mensajes todos sabíamos que teníamos que trabajar duro y #ElAutor así nos lo dijo.
ChavezOfficial EneroMientras el mes pasaba, yo comenzaba con mal pie el año, pero la intensidad por una historia mal concluida dio pie a una de mis primeras carcajadas cuando pedí por Twitter a “alguien que me hiciera reír” y El Caps me mandó cosquillas virtuales Cosquillas virtuales.

Como era de esperarse, mi poeta favorito (Hamid) puso uno de esos mensajes que me gustan y me dan ganas de seguir escribiendo como si no hubiese mañana, ¡Qué bonito es tener gente que te inspira! Intensiones desnudas

Mientras pasaban los días y medio de una broma por un viaje a Australia, tuve una de las mejores conversaciones del año con Guille donde la conclusión fue la que les dejo a continuación.

Crecer

Con mis planes de libros y títulos e historias llegaban estos para recordarlo, pero el tiempo apremiaba y mi cabeza estaba en otro lugar.

Porque cuando llegó febrero yo cumplía mi primer año de trabajo en DosPuntoUno, el tiempo pasó volando, pero es lo que ocurre cuando te diviertes y no te quieres ir. Comenzaba un nuevo año de logros con frutos que llegarían cuando el tiempo así lo dispusiera. Un año en DosPuntoUno

 

El 04 de febrero, después de un juego del Caracas FC, pasé uno de los mayores sustos del año con un gran amigo (ChavezOfficial) y todo el team que estuvo en peligro de ser descubierto. Mi mensaje para ellos fue claro.

Y justo entonces cuando crees que todo está mal, que la lucha está cada vez peor y que la ciudad es hostil sale –otra vez- el Caps con este video

Ya para mediados de febrero era oficial que la familia crecía, ahora en DosPuntoUno teníamos más miembros, ellos sería parte de la parte genial del año y así comenzaba el amor.

Amor DPU

Mientras tanto, entre escribidera y escribidera decidí que los paréntesis serían parte de la historia (porque el amor se vive mejor cuando se hace entre ello(a)s) 

Y “calma” fue la palabra de este mes, por mi tranquilidad al caminar, por los zombies que volvían, por la historia que escribía y porque solo ella (Bea) sabía cuál era la el “él” que me ponía las piernas a temblar cuando nos encontrábamos a este en cualquier lugar .

Y definitivamente, después de unos meses entendí, lo que Eléazar quería decir, porque “amor sin humor no dura”.

Ella, aunque aún no la nombro, fue parte de mi compañía durante todo el año, y mi Pichi me llevó a un lugar en el que entendí que las historias se escriben para recordar con ellas quién eres y que el vacío no existe cuando tienes amigas. Anita y Hannah

En marzo cambié, me tatué, se lo dije a mis papás, perdí el miedo, asumí un reto y soñé. Y un micro cuento dio pie a un post completo, por si el fin del mundo llegaba mañana.

Abril fue un mes de completos enredos, pero tuve buenos momentos cuando Ricardo y yo le pedimos permiso al tiempo para encontrarnos en una plaza, entre multitudes de gentes, para poder tomarnos unas cervezas y escribir un texto -de esos que no se publican, aún-. 

tiempo

Un día, cuando el corazón se me partió en pedacitos en medio de una mentira, conseguí mi mejor capacidad de escribir gracias a los consejos de Bea. Y en medio de la tasca comenzamos a escribir historias con amigos de esos que siempre quieres disfrutar. Y así comenzaban los cuentos de tascas.

Cuentos de tasca

Y fuiste ese mes que me hizo creer que escribir era mejor medicina, sobre todo si se acompaña con unas buenas birras.

Mayo, mi Mayo, mi mejor mes del año, y fuiste tan el mejor que de ti no quiero –ni puedo- escribir.

Junio siempre es el mes que me acerca más a Andrés y Mafe, no sé por qué, pero entre juegos, rulos, pizzas y el “Soy licenciada” de Goyito, fuiste un mes que recuerdo lleno de sonrisas, pero también lleno de café porque las clases de guión con el Bond eso no podía falta. Y gracias a él porque me hizo recordar que con Woody al lado, siempre estás mejor.

También me despedí de mi Jess y me fui a ver Los Miserables, uno de los mejores regalos del año, ¡Gracias, Antuan! 

Y en Junio, comencé a entender que era el momento de  acelerar la construcción del camino.  Así que llamé a mi cómplice, nos pusimos la capa y nos fuimos de reuniones. La esperanza se montaba en un camión lleno de ilusiones. 

Julio, mi mes de cumpleaños y el de Caracas donde el loco de Ele me hizo una imagen Hermosa para mandársela a todos y cumplieran con mi petición de cumpleaños “dejarle un mensaje a Caracas porque #ConLauEscribimosCaracas”. Quisiera colocarles todos los mensajes, pero son muchos y esto está largo. Lo mejor de ese día fue descubrir que somos más los que la queremos y la cuidamos. (el día de mi cumpleaños también fui a un foro de Capriles por Facebook y le hice una pregunta)

Julio también fue un momento de orgullos en la familia DPU, cada día éramos más y los logros no tardaban en llegar.

Agosto y septiembre fueron un solo mes de “ponte las pilas que queda poco”, inscribimos candidato, marchamos, grabamos videos, hicimos post y mi vida se tornó en un momento para dedicarle a la política. Hicimos campañas, cuadramos estrategias, conocí gente increíble y fui afortunada. Aunque esto pasó después, mi aprendizaje de esos meses fue, definitivamente, cuando Andreína dijo: #HayUnEquipo.

 Un equipo

 

 

 

 

Durante el 7: Léelo aquí.

 Después de 7.

Estos meses han sido uno solo. Me fui a Aruba a la boda de unos grandes amigos, que para mi son mi familia, y me divertí como nunca, tuve una de las mejores peas de mi historia y aunque me costó un iPhone, no me arrepiento. Me hicieron socia en DosPuntoUno (aplausos para mi, palma y puñito), conocí amigos nuevos, bajé unos cuantos kilos, lloré como loca en el metro, y descubrí que me enamoro de mentes, aunque “le hago el amor” a los cuerpos.

Después del 7 no hay mucho que decir, las ganas siguen aunque en menos cantidad, la “vaina” está igual solo que más cara porque el dólar ya ni se ve. Y yo estoy aquí, en mi silla, en mi máquina, con mis cuentos y por fin escribiendo “la que no debe ser nombrada”.

Hay gente de la que no hablé aquí, no porque no los recuerde, sino porque ustedes marcaron mi año de maneras tan especiales que sencillamente necesito un Nuevo post para ello (Amanda, Andrés, Nanda, mis papas, mi hermano, Anabel, Johann, Leo, Erick,  Ernesto, Leydi, Mariana, Ele –a ti te nombré y ya te hice post-, mis mujeres del siglo 21, Antonio, Robert, Hugo, Guille, Angie, Héctor, Ángel, The Official Team, Laura, Isaac B, Armando, Mora, Isa S… A todos, los quiero)

Y mi lema para el 2013 es que será un año diferente, ni bueno ni malo, simplemente diferente.

PD: Nani, Pati, las extraño.

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