Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

29

Jan

Cuentos sin nombre I.

Domingo. 11:34 am. Mercado de Los Palos Grandes.

El queso criollo, ese blanco en todas sus presentaciones, lo venden los señores que están en el quinto puesto del lado izquierdo si se sube desde la Francisco de Miranda. Siempre tienen cola. La gente que generalmente compra ahí prueba el queso antes, quienes lo venden, muy cordialmente, dan a probar. El queso blanco duro, guayanés, de trenza, telita, todos ayudan a meditar y cuestionar la falta de importación de queso venezolano. Un poco más adelante, justo a mitad de los puestos en esa calle, más cerca del Wendy’s que de la Francisco, está el puestico de las cachapas. Ahí también hay cola. Una cola que se disfruta porque el olor del maíz cocinándose en la plancha alborota la salivación. En ese puesto también venden queso, pero de ese lado no hay cola. El pote de “arroz chino” con queso telita adentro salta a la mirada. El chamo que atiende el puesto está picando queso trenza. Una arepa con esos quesos puede ser el mejor resuelve del día.

– Buenos días, ¿Cómo estás? ¿Cuánto cuesta el telita?

– 75, flaca.

– ¿Y el trenza? – dice un señor que acompaña a la joven que hace la primera pregunta-.

– 50, mi don.

– ¿A CUÁNTO EL TELITA? – Grita una señora que al parecer, por sus gestos, está apurada.

– 75 -contesta el joven con algo de seriedad.

– Me das uno telita y uno trenza, porfa. – dice la muchacha.

– Yo pongo el telita -dice el señor.

– ¿Y quién pone el aguacate? – Pregunta el muchacho.

Se ríen.

Acto seguido, como si aquellos minutos de amabilidad, como si el orden de llegada no importase, la señora que parece apurada enseña un billete de 50, uno de 20 y uno de 5, pasa la mano por encima del hombro de la muchacha y grita que quiere uno telita.

– ¿Te vas a llevar solo eso, flaca? – Dice el muchacho, un gesto de amabilidad para que la señora entienda que, en efecto, existe un orden de llegada.

Ella, la señora que parece apurada, decide ignorar la situación y vuelve a gritar. La flaca hace un gesto amable y el muchacho guarda en una bolsa el queso de la señora. Agarra el dinero y lo guarda en la gaveta. El señor decide mirar a la flaca para que esta no pelee con nadie. El muchacho guarda el queso, recibe el dinero, da el vuelto y contesta: ¡Que tengan lindo día!.

La señora que parece apurada seguirá su camino de atropellos quejándose de la situación del país. El muchacho seguirá con su sonrisa diciendo que, solo cierta gente, está amargada. El diálogo y la amabilidad deberán ser recuperadas, pero para eso aún no se crean superhéroes de fantasía. El trabajo diario y conciente de cada venezolana hará posible la comprensión.

5

Oct

Historia de un crimen pasional que bañó el techo de malta.

A Victoria.
Porque en medio de una noche le confesé el crimen que les cuento a aquí.

Supongo que lo que me dijo una bruja a los 16 era verdad: siempre estarás entre dos aguas. La primera señal fue cuando tenía siete años, claro que no lo entendí sino hasta los 16 cuando la señora con su manojo de cartas me lo dijo y yo comencé a recordar todas mis historias de a dos. Tenía siete años y estaba en primer grado. Yo era la niña que no sabía cómo se hacían las sopas de letras, que ponía “dos espacios” al escribir y que se saltaba tres letras del abecedario porque no le gustan. L y R eran dos de mis compañeros de clases, no sé de dónde salieron, supongo que de sus casas. Y no, esas no eran las letras que me saltaba, esas letras me gustan porque están en mi nombre, es que siempre he estado con este ego al lado.

Tengo pocos recuerdos de cuando era pequeña, pero parece que mi vida comenzara a rodarse desde el día que tuve mi primer examen de matemáticas, le tenía miedo porque no sabía de qué se trataba hacer un examen. Pero L estaba ahí, porque se sentaba delante de mí porque su apellido es “Silva”. R no, él se sentaba de primero porque su apellido es “Astor”. No sé tampoco cuando se acercaron. Ni cuando me pidieron el empate, pero parece que en medio de mi descuido por ser independiente desde pequeña, le dije que sí a los dos. Me empaté con dos niñitos, creo que tampoco sabía qué era eso, así que no debía lealtad a ninguno de los dos.

En el receso siempre nos íbamos al patio, pero a mí me fastidiaba que quisieran agarrarme la mano, yo prefería estar haciendo otras cosas como leer, hacer garabatos en un cuaderno o jugar con otra gente, porque L y R quería ver debajo de mi falda y yo no los dejaba. Pero hubo un día trágico en la escuela. Ese día que llovió.

Como era de esperarse, cuando llueve no puedes ir al patio, así que tocaba jugar en el salón. Tenía a dos amigas con las que siempre intercambiaba comics de la Barbie, en verdad yo les prestaba mis comics porque a ellas no les compraban de eso.  Con esos folletitos aprendí que no era tan importante combinarse exactamente todo, pero esos temas de moda corresponden a otro momento. Me senté en mi pupitre a comerme mi merienda: algo con una malta. Me molestaba el exceso de ruido que se hacía en el salón cuando nos tocaba quedarnos adentro. Fue tranquilo hasta que L y R se me pararon delante del pupitre. No recuerdo cuál, pero uno de ellos me dijo –cual novela mejicana- ¿Con cuál te quedas? Me puse muy nerviosa, porque no se le puede preguntar eso a una niña de siete años que se salta letras del abecedario porque no le gustan.

Mi respuesta fue, como siempre, un escándalo. Batí la malta de tal manera que llené todo el techo de aquel líquido marrón, empegosté a L y a R porque les cayó encima aquel desastre, dañé el comic en el que Barbie se va a la playa con el traje de baño descombinado e impone una moda. Les dije que no me quedaría con ninguno de los dos porque me habían aburrido.

R me regaló al tiempo un cassette con la canción de Juan Luis Guerra que estaba de moda: quisiera ser un pez, para tocar mi nariz en tu pecera… Supongo que se enteró que me gustaban los peces y que tenía varios. L, por su parte, me regaló un cuaderno de la Barbie porque siempre me veía con un cuaderno en la mano. Ese cuaderno nunca lo usé.

Siempre he estado entre dos aguas, la bruja no se peló. Creo que les rompí el corazón, después crecimos y perdimos el contacto. Cuando llegó Facebook los agregué y los volví a sacar cuando intentaron invitarme a salir. Bueno, L intentó invitarme a salir y yo lo saqué de Facebook. A R lo saqué de Facebook porque somos políticamente opuestos y en medio de un ataque electoral lo borré. Estas historias ocurren solo para que luego las puedas contar.

18

Aug

A él nadie lo quiere

Nació hace poco más de ocho años, fue producto de una noche de alcohol y sexo despechado. Ella es de esas mujeres que nacen despechadas y llenan vacíos del alma con visitantes sin protección entre sus piernas. Él, el padre, es de los que nacen borrachos y a los que nadie abraza cuando es pequeño; creció en un ambiente violento y está condenado a repetirlo porque así de injusta es la vida.

Ellos se conocieron una noche en algún sucio y oscuro callejón en Los Magallanes de Catia. Ese mismo lugar que ha sido testigo de otros amores de calle. Ella tiene muchas sangrías encima. Él, el padre, han mezclado cervezas con ron barato porque según él, ese es el psicólogo del barrio. Ellos terminaron en alguna cama cutre en aquel barrio caraqueño. Él se le montó encima, acabó rápido y adentro mientras ella fingió un orgasmo. Él se quedó dormido, mientras ella lloraba la vida de despechos que carga encima. La vida juega rudo con aquellos que no comprenden la audacia del destino.

Nueve meses después, en un hospital de la capital nació él, el hijo; fruto de una noche de alcohol y sexo de despecho, porque ella nació despechada y él nació borracho.

Hoy, casi ocho años después, lo baten de un lado a otro reclamando una falsa paternidad que ninguno quiere -realmente-reconocer. Él, el hijo, llora y grita que no le hagan daño. Pero es tarde. A él ya le han hecho daño muchas veces y eso parece que nadie lo ve.

A él nadie lo quiere porque ellos tampoco se quieren. Él repetirá el modelo y el ciclo probablemente termine cuando nazca uno más capaz de superar el trauma. La vida es injusta con los que nacen con el único pecado de haber sobrevivido al parto.

 

13

Mar

Sobre número 11

«Escríbeme una carta» le dijo él en medio de aquel café; «No puedo, no tengo ningún tipo de sentimiento hacia ti. No me malinterpretes, somos buenos amigos, solo que hasta ahora le he escrito a los hombres que me tocan algo más que el pensamiento». Así comenzaba aquel cambio de peticiones en el café de la esquina 1122.

«Es absurdo que no puedas escribirme una carta. Tú tampoco me atraes de esa manera, no me malinterpretes, solo quiero que me escribas una carta. Sería mucho más sencillo si pudieses escribirle a esos que te quieren de verdad» continuaba diciéndole él mientras ella recogía su cabello y miraba el reloj.

«Ya van a ser las 11:30 y me tengo que ir, tal vez, algún día te llegue a tu oficina un sobre número 11». Se levantó de la mesa, dejó 50 bolívares para pagar el café, se despidieron con un beso  y ella se fue.

Caminó hasta la oficina, pero en el camino se le ocurrían las palabras perfectas para ser combinadas con el papel que más tarde estaría dentro del sobre número 11.

Pasaron 3 años antes de enviar aquella carta. Ellos seguían siendo amigos, vivían en polos opuestos en el continente y un 11 de enero a las 11:11am llegó a la oficina de él la carta que decía:

«T,

¿Cómo estás?

Tanto tiempo sin hablar, bueno, sin hablar de frente porque desde que nos conocemos hablamos casi a diario por todas las vías tecnológicas que se nos atraviesan en el camino. Y pues sí, no estamos hablando de frente, pero de alguna manera tenía que comenzar esta carta. Creo que hemos tenido una linda amistad, pero hay temas que nunca hemos conversado.

Hace años me pediste que te escribiera una carta. Ese mismo día escribí esta que te estoy mandando, pero como me gusta el misterio decidí esperar tres años para mandártela. Tal vez porque pienso que de aquí a que la leas ya habremos pasado ciertas barreras que aún nos separan. Tal vez hoy podamos hablar de esos amores del pasado que nos atormentan, más a mí que a ti, y de cuándo nos vamos a visitar sin que nadie piense mal. Aunque esa última parte no es preocupante porque no nos importa mucho lo que piensen los demás.

Tal vez, de aquí a tres años, ya habremos tomado más que un café y nos habremos reído de otras cosas que no fuesen las incoherencias que pongo en Twitter. Creo que, para este momento, ya habremos tenido bastantes cuentos como para tener nuestros propios chistes internos. Y bueno, la verdad es que después de esta carta, el número 11 será un chiste interno.

Creo que, lo que intento decir T, es que en estos 3 años decidimos seguir siendo amigos a pensar de la distancia y las extrañas circunstancias que nos rodean, eso es raro. No me gusta hacer amigos, me fastidia conocer a la gente, pero me divierte la gente que no se conoce con preguntas normales, me encanta la gente que sencillamente se conoce en el camino porque intercambian música, porque se cuentan cosas. Creo que por eso es que, hoy, seguimos siendo amigos.

Y bueno, T, aquí está tu carta. Ese día dejé de (des)escribir, tanto, a los hombres que me tocan más que el pensamiento y comencé a escribirme, todo esto ha hecho que, aunque no lo creas, ya tengo un libro casi por publicar. Te avisaré cuando visite tu ciudad para promocionarlo. Espero que, esta vez, nos tomemos algo más que un café.

Un abrazo,                       

C.»

«Debo esperar hasta mañana porque el correo cerró» eso fue lo último que pensó ese día sobre la carta que acaba de escribir, sin saber que la metería en un libro que no conseguiría sino 3 años después.  A pesar de haber escrito la carta para esa fecha, no tenía intensión esperar tanto tiempo. Ella la enviaría y luego le mandaría un mensaje para reírse por haberle mandado una carta “del futuro”. Pero eso no ocurrió.

A veces, en el universo, ocurren eventos cuya explicación no tiene sentido. En esos casos, siempre, es mejor sonreír y dejar fluir.

6

Mar

Se (les) fue el líder, #MuereChávez

Caracas, 05 de marzo del 2013.

Aquel parecía un día normal. El clima cambió radicalmente respecto a los días anteriores, pero eso es normal en Caracas. Los 05 de marzo siempre me gustan, son días alegres y recibo noticias interesantes.

Las redes sociales estaban más alborotadas que nunca, rumores iban y venían, pero esto también es normal en Caracas. Me escribió una persona importante en mi vida para preguntarme por una reunión del alto mando militar, le dije que se venían anuncios importantes, pero como no tenía señal en el lugar al que iba, que mejor lo viera por internet. No tener señal, también es normal en Caracas.

Llegamos a un restaurante a celebrar el cumple de mi amigo Guille, todo estaba tenso, pero acordamos no hablar del tema porque queríamos celebrar. Vino una primera cadena, a la 1:15 pm en la que Maduro presentó a todo el alto mando militar y todas las “fuerzas especiales” del gobierno. Ya sabíamos que ese día dirían algo. Además, en esa misma cadena nos dijeron que a Chávez le habían inoculado el cáncer, ja, la misma estrategia que le funcionó a Fidel en un país sin tecnología durante años para “justificar” su odio a los estadounidenses. Él sabía que necesitaría a un enemigo externo porque ya la mentira estaba terminando, no podía arriesgarse a que su propia gente fuese en su contra, o eso pienso yo. En fin, acá esas cosas siempre pasan, siempre nos quieren ver la cara de pendejos y a veces lo logran. Eso, otra vez, es lo normal en Caracas.

Llegamos a la oficina y ya sabíamos que se venía un nuevo anuncio. Le escribí a uno de mis amigos periodistas que sabía estaba informado y era bastante prudente, su respuesta: «me dicen que se murió, pero no sé. Mejor vete a tu casa temprano». En ese momento le escribí a mi amiga con la que me vería en la noche para decir que canceláramos la reunión. Le escribí a mi papá que estaba celebrando en La Guaira (porque también era su cumpleaños), para el momento en que intenté escribirles a mi mamá y mi hermano, ya todo estaba colapsado. Salí a mandar un voicenote para explicar la situación, escuché la voz de Maduro, entré.

La imagen que tengo es la de una familia cuando espera una noticia de un médico, todos en mi oficina estaban parados frente al TV escuchando a Maduro, alguno grababa la pantalla, yo me paré frente a mi computadora y comencé a recoger. Maduro, entre lágrimas dijo «Nos anunciaron la terrible noticia de que hoy, a las 4:25 pm, el presidente Chávez ha muerto». Suelo mantener la cordura, pero solo me sirvió para decir «Cancelen todo el contenido de las cuentas». Luego, comencé a temblar, eso no es normal en mí.

Recogí mis cosas, intenté nuevamente hablar con mis papás y mi hermano para decirles que estaba bien y que iba camino a la casa, pero temblaba tanto que solo alcancé a medio recoger algunas cosas y salir corriendo de la oficina. Temblaba como jamás en mi vida había temblado, ni cuando mis abuelos murieron, ni cuando hubo turbulencia en un avión, ni siquiera cuando me robaron con arma de fuego. Perdí la cordura por primera vez. Eso tampoco es normal en mí.

Caminé hacía Chacaíto, la calle estaba increíblemente sola. Las cornetas de los carros acompañaban mis pensamientos de “tengo que definir lo que siento para poder escribir sobre esto”. Los rostros de la gente en los carros era de incertidumbre, alegría, tristeza. Pasé por el banco a sacar plata, había muy poca gente, la alcaldía ya estaba cerrada. Recuerdo que, mientras caminaba, me pasó al lado un señor con audífonos en los oídos y los ojos llenos de lágrimas, creo que jamás olvidaré eso. Pensé que, con la poca pila que me quedaba, tenía que hacer algunas fotos. Caracas estaba hermosa, y eso en ella es normal.

Al llegar a la avenida Francisco de Miranda, caminé un poco más lento, necesitaba calmarme así que comencé a ver alrededor. Todas las conversaciones eran sobre Chávez, había rostros increíblemente tristes, algunas mirandas “contentas”, pero sobretodo mucha incertidumbre. Por primera vez, en Caracas, la gente no tuvo miedo a ser robada y todos tenían el celular en la mano, «tumbaron la señal para no comunicarnos» gritaba una señora de camisa roja, «eso se colapsa como el 31, mija, relájate que ya se murió» le contestaba otra, ¡Qué impresionante era la calle!

No sé cómo se ven las calles los días de semana a las 5:30 porque nunca salgo a esa hora, pero todo estaba colapsado, los cajeros repletos de gente, los rumores de saqueo en media cuidad, la información de los chavistas quemando las carpas de los estudiantes, todo el mundo caminaba rápido. Esto no es normal en Caracas.

Los rostros de la gente me sorprendían, todos queríamos llegar a un lugar seguro para saber qué era lo que iba a pasar ahora, no con el país, sino con la ciudad y el caos. Al entrar al metro escuché un anuncio que por un momento me asustó «Se le recuerda a los señores usuarios que deben mantener la calma en el andén, el servicio se presta con total normalidad». Los operadores del metro ese día fueron “panas”. Un señor gritaba «este es el último tren». No cabía una persona más en los andenes, pero ahí todo estaba normal.

Por primera vez, en muchísimo tiempo, vi una Caracas unida, esa Caracas del metro que a diario se insulta, hoy -sin importar el color de la camisa- se ayudan. Abrían paso, empujaban para que entrara uno que tenía medio pie afuera, se sentaban de a tres en los asientos. Luego comenzó la conversación colectiva.

Era impresionante, pero todos hacían el mismo chiste «nos han podido decir esta vaina a las 3 o en la noche, total, ya se murió». Una señora, en tacones, decía «a mí no me quitan el glamour, yo estos tacones no me los quito ni loca. Si me toca correr, corro con ellos». Otra señora decía «a mí no me preocupa Chávez, me preocupa la reacción de sus locos». También había mucho silencio en medio de estas conversaciones.

Recuerdo que en Bellas Artes alguien dijo un chiste y todos reímos. Yo comenté «nunca dejaré de sorprenderme con  nuestra capacidad de hacer chiste», la señora de los tacones me dijo «eso es lo que nos hace chéveres como pueblo, preciosa, que nos reímos de las desgracias». Le contesté «me parece que nos reímos para no afrontar, en el fondo no nos gusta afrontar nada. El presidente se murió después de 87 días desaparecido y aquí todo está normal, esto es el metro un día normal a las 6 de la tarde. Mañana, probablemente, todo esté normal, algunos llorarán al muerto, otros nos quedaremos en casa. Nosotros no afrontamos nada, todo lo convertimos en chiste y terminamos sintiéndonos orgullosos de nuestras desgracias». Hubo un silencio que rompió esta señora «tienes razón, preciosa». Alrededor las miradas fueron con la misma expresión. Las conversaciones colectivas y sin insultos, en el metro, no son normales.

Poco a poco fueron pasando las estaciones y la normalidad reinaba a la Caracas del metro. Llegué a Catia y me crucé con el rostro lleno de lágrimas de mi vecina más chavista, la abracé (porque la quiero) y le dije que todo estaría bien. Subí a mi casa y comencé a ver que todo estaba cerrado. Eso, en Catia, no es normal.

En medio de la normalidad y la no-normalidad, así viví el 05 de marzo del 2013, el día que Chávez murió. Este no era un buen día para nacer, pero sí un buen día para morir. Nosotros, los venezolanos, seguiremos en la normalidad. Algunos iremos a ver a Chávez, otros se quejarán de los que lo haremos. Pero para mí aquel día –cuyas cifras suman 2021- me quedará grabado en la memoria como el día en que nos vieron la mayor cara de pendejos.

 

5

Feb

No te quiero mentir.

No puedo. Sería falso intentarlo, sé que me descubrirías. Pero, no te quiero mentir. No sé si todo marchará bien, creo que ese es mi mood general, pero ¿Qué más le puedo hacer?

En medio de mi tranquilidad mental, te me cruzaste, ¿qué hago con eso? Ocupado, ocupadísimo, lo normal. Pero hoy, no te quiero mentir, me gustas. No sé ni cómo es posible eso, pero lo es. Debe ser la compatibilidad de la posibilidad que, en medio de la madrugada, llega sin preguntar.

No (nos) me quiero mentir. No pasa el tiempo cuando espero. Es, increíblemente innecesaria, la espera. Pero, vamos ¿Cuánto más nos podemos tardar? Tal vez, una eternidad.

Ya nos volveremos a encontrar, en alguna calle de otra ciudad. En medio de un café, el día que menos los esperemos, nos vamos a encontrar. No nos reconoceremos, lo sé, pero ahí estaremos. Tú, yo y nuestro pasado (separados). El tiempo no cambiará más que nuestros rostros, pero seguiremos siendo los mismos.

No quiero. No espero. No sé mentir(te).

29

Dec

Entonces terminó otro año más

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero para mi este año se picó en dos. Sí, obviamente es “antes del 7” y “después del 7”. Y es que recién hace una semana entendí que había pasado otro año más. Pero, mientras mis vecinos cantan en un karaoke y no me dejan concentrarme en otra les narraré mi año.

Antes del 7

Enero comenzó lleno de esperanzas porque este era EL año, entre mensajes y mensajes todos sabíamos que teníamos que trabajar duro y #ElAutor así nos lo dijo.
ChavezOfficial EneroMientras el mes pasaba, yo comenzaba con mal pie el año, pero la intensidad por una historia mal concluida dio pie a una de mis primeras carcajadas cuando pedí por Twitter a “alguien que me hiciera reír” y El Caps me mandó cosquillas virtuales Cosquillas virtuales.

Como era de esperarse, mi poeta favorito (Hamid) puso uno de esos mensajes que me gustan y me dan ganas de seguir escribiendo como si no hubiese mañana, ¡Qué bonito es tener gente que te inspira! Intensiones desnudas

Mientras pasaban los días y medio de una broma por un viaje a Australia, tuve una de las mejores conversaciones del año con Guille donde la conclusión fue la que les dejo a continuación.

Crecer

Con mis planes de libros y títulos e historias llegaban estos para recordarlo, pero el tiempo apremiaba y mi cabeza estaba en otro lugar.

Porque cuando llegó febrero yo cumplía mi primer año de trabajo en DosPuntoUno, el tiempo pasó volando, pero es lo que ocurre cuando te diviertes y no te quieres ir. Comenzaba un nuevo año de logros con frutos que llegarían cuando el tiempo así lo dispusiera. Un año en DosPuntoUno

 

El 04 de febrero, después de un juego del Caracas FC, pasé uno de los mayores sustos del año con un gran amigo (ChavezOfficial) y todo el team que estuvo en peligro de ser descubierto. Mi mensaje para ellos fue claro.

Y justo entonces cuando crees que todo está mal, que la lucha está cada vez peor y que la ciudad es hostil sale –otra vez- el Caps con este video

Ya para mediados de febrero era oficial que la familia crecía, ahora en DosPuntoUno teníamos más miembros, ellos sería parte de la parte genial del año y así comenzaba el amor.

Amor DPU

Mientras tanto, entre escribidera y escribidera decidí que los paréntesis serían parte de la historia (porque el amor se vive mejor cuando se hace entre ello(a)s) 

Y “calma” fue la palabra de este mes, por mi tranquilidad al caminar, por los zombies que volvían, por la historia que escribía y porque solo ella (Bea) sabía cuál era la el “él” que me ponía las piernas a temblar cuando nos encontrábamos a este en cualquier lugar .

Y definitivamente, después de unos meses entendí, lo que Eléazar quería decir, porque “amor sin humor no dura”.

Ella, aunque aún no la nombro, fue parte de mi compañía durante todo el año, y mi Pichi me llevó a un lugar en el que entendí que las historias se escriben para recordar con ellas quién eres y que el vacío no existe cuando tienes amigas. Anita y Hannah

En marzo cambié, me tatué, se lo dije a mis papás, perdí el miedo, asumí un reto y soñé. Y un micro cuento dio pie a un post completo, por si el fin del mundo llegaba mañana.

Abril fue un mes de completos enredos, pero tuve buenos momentos cuando Ricardo y yo le pedimos permiso al tiempo para encontrarnos en una plaza, entre multitudes de gentes, para poder tomarnos unas cervezas y escribir un texto -de esos que no se publican, aún-. 

tiempo

Un día, cuando el corazón se me partió en pedacitos en medio de una mentira, conseguí mi mejor capacidad de escribir gracias a los consejos de Bea. Y en medio de la tasca comenzamos a escribir historias con amigos de esos que siempre quieres disfrutar. Y así comenzaban los cuentos de tascas.

Cuentos de tasca

Y fuiste ese mes que me hizo creer que escribir era mejor medicina, sobre todo si se acompaña con unas buenas birras.

Mayo, mi Mayo, mi mejor mes del año, y fuiste tan el mejor que de ti no quiero –ni puedo- escribir.

Junio siempre es el mes que me acerca más a Andrés y Mafe, no sé por qué, pero entre juegos, rulos, pizzas y el “Soy licenciada” de Goyito, fuiste un mes que recuerdo lleno de sonrisas, pero también lleno de café porque las clases de guión con el Bond eso no podía falta. Y gracias a él porque me hizo recordar que con Woody al lado, siempre estás mejor.

También me despedí de mi Jess y me fui a ver Los Miserables, uno de los mejores regalos del año, ¡Gracias, Antuan! 

Y en Junio, comencé a entender que era el momento de  acelerar la construcción del camino.  Así que llamé a mi cómplice, nos pusimos la capa y nos fuimos de reuniones. La esperanza se montaba en un camión lleno de ilusiones. 

Julio, mi mes de cumpleaños y el de Caracas donde el loco de Ele me hizo una imagen Hermosa para mandársela a todos y cumplieran con mi petición de cumpleaños “dejarle un mensaje a Caracas porque #ConLauEscribimosCaracas”. Quisiera colocarles todos los mensajes, pero son muchos y esto está largo. Lo mejor de ese día fue descubrir que somos más los que la queremos y la cuidamos. (el día de mi cumpleaños también fui a un foro de Capriles por Facebook y le hice una pregunta)

Julio también fue un momento de orgullos en la familia DPU, cada día éramos más y los logros no tardaban en llegar.

Agosto y septiembre fueron un solo mes de “ponte las pilas que queda poco”, inscribimos candidato, marchamos, grabamos videos, hicimos post y mi vida se tornó en un momento para dedicarle a la política. Hicimos campañas, cuadramos estrategias, conocí gente increíble y fui afortunada. Aunque esto pasó después, mi aprendizaje de esos meses fue, definitivamente, cuando Andreína dijo: #HayUnEquipo.

 Un equipo

 

 

 

 

Durante el 7: Léelo aquí.

 Después de 7.

Estos meses han sido uno solo. Me fui a Aruba a la boda de unos grandes amigos, que para mi son mi familia, y me divertí como nunca, tuve una de las mejores peas de mi historia y aunque me costó un iPhone, no me arrepiento. Me hicieron socia en DosPuntoUno (aplausos para mi, palma y puñito), conocí amigos nuevos, bajé unos cuantos kilos, lloré como loca en el metro, y descubrí que me enamoro de mentes, aunque “le hago el amor” a los cuerpos.

Después del 7 no hay mucho que decir, las ganas siguen aunque en menos cantidad, la “vaina” está igual solo que más cara porque el dólar ya ni se ve. Y yo estoy aquí, en mi silla, en mi máquina, con mis cuentos y por fin escribiendo “la que no debe ser nombrada”.

Hay gente de la que no hablé aquí, no porque no los recuerde, sino porque ustedes marcaron mi año de maneras tan especiales que sencillamente necesito un Nuevo post para ello (Amanda, Andrés, Nanda, mis papas, mi hermano, Anabel, Johann, Leo, Erick,  Ernesto, Leydi, Mariana, Ele –a ti te nombré y ya te hice post-, mis mujeres del siglo 21, Antonio, Robert, Hugo, Guille, Angie, Héctor, Ángel, The Official Team, Laura, Isaac B, Armando, Mora, Isa S… A todos, los quiero)

Y mi lema para el 2013 es que será un año diferente, ni bueno ni malo, simplemente diferente.

PD: Nani, Pati, las extraño.

19

Dec

Instrucciones para sobrevivir al fin del mundo

Es sabido ya que este viernes 21 de diciembre debería acabarse el mundo, pero como está tan jodido probablemente tarde un poco más. Si pensaba comenzar por España, pues la gente en paro no ayudará a acabar con nada. Si pensaron en acabarlo por Estados Unidos, ellos solitos se matan en escuelas y hospitales. Por China sería complicado por la cantidad de gente y energía a invertir y ni hablar de América Latina o África, estos ya están casi acabados. Sin embargo, es mejor tener claras las instrucciones para sobrevivir en caso de que los Mayas hayan previsto también este desastre.

Consideraciones previas:

No odie usted a los Mayas por no entender sobre marketing moderno, todo sabemos que un mejor día para “destruir” el mundo hubiese sido el 12/12/12, pero ya pasó y sobrevivimos a ese. Tampoco los odie por poner el fin del mundo un VIERNES. Sí, todos nos preguntamos lo mismo, ¿Por qué si todos odiamos los lunes, ustedes odiaban los viernes? A no se, claro, que tengan planeado acabar el mundo con una buena rumba. En todo caso, lea las siguientes instrucciones con una buena taza de café y azúcar de su preferencia -si encuentra en el supermercado-:

  1. Haga una lista de todas las cosas estúpidas por las que gritaba cuando veía una película de suspenso o terror y téngala siempre a mano. Esto con la finalidad de no cometer esos errores. Haga lo mismo con TODAS las películas en las que Will Smith salvaba a los Estados Unidos… Y bueno al mundo. Hollywood intenta decirnos algo.
  2. Póngase zapatos cómodos. No sabemos si el fin del mundo es desolado, con regueton o con bolas de fuegos desde el cielo, pero usted querrá estar cómodo en caso de necesitar correr.
  3. Cargue su celular y tenga una pila de repuesto, si y solo si tiene un smartphone. Sabemos que no habrá red de comunicaciones pero en caso de que usted sobreviva deberá tener vídeos y fotos de cómo fue “el fin” para poder mostrarlo a sus nuevos amigos: los alienígenas.
  4. Lleve lentes de sol. No, no es una instrucción tonta si toma en cuenta que el fin del mundo puede llegar con una luz cegadora. Pero sobre todo porque el fin del mundo puede durar días y pues… Nadie quiere verles esas ojeras horribles. *Si sus lentes son de la óptima nime, olvídelos para la primera opción. (óptica nime = óptica anime = buhoneros de cualquier país).
  5. Tenga al lado a un amigo gordo. En caso de que la destrucción del mundo sea el principio de la apocalípsis Zombie, usted necesitará un amigo gordo para mantenerlos ocupados mientras usted -con sus zapatos cómodos (ver 2)- corre.
  6. Deje en casa todos los objetos religiosos. No sabemos si Dios, molesto con los Mayas, decidió terminar con esto y no quiere que nadie le recuerde los desastres que hicimos en este planeta que nos prestó.
  7. Tenga siempre capsulitas de buen humor. Se ha determinado que muchas risas pueden frenar la destrucción del mundo, seguimos trabajando en confirmar esta hipótesis.
  8. En caso de que usted haya llenado alguna planilla para la reencarnación, llévela consigo. No sabemos qué documentos le pedirán en el fin. (Las carpetas de CADIVI puede dejarlas, esas solo eran un adelanto del fin).
  9. Si usted tiene una parcela en la luna, también lleve consigo su certificado de propiedad. Si aún no tiene, cómprela aquí. Si el mundo se acaba, pues la Luna es una buena opción para establecerse.

Advertencia: Seguir estas instrucciones no garantiza la sobrevivencia completa y menos si nunca vio ningún programa de Discovery Chanel. Algunos efectos secundarios pueden derivarse de algunas de las instrucciones.

 

16

Sep

Encuentros pospuestos

«En dos, mi vida se picó en dos –sí, así como ocurre en la historia de la sociedad, en el mundo- Una vida picada en un antes y un después, ridículamente contada como si fuese una cursilería generada por un guionista de Hollywood en sus películas para chicas»

Así comenzaba la conversación que tendrían Estela y Matías en el café de Marcela, lugar en el que solían encontrarse secretamente para recordar el pasado. Aquella tarde había sido diferente. Habían tenido una discusión antes de verse.

«No, no podemos volver al pasado» decía ella, «es un pasado convertido en constante presente. Tu para mi sigues siendo un antes y un después, una necesidad inconclusa, una historia a medio escribir» contestaba él mientras encendía un cigarrillo.

E: Esto M, es así porque tú lo quisiste, no tengo por qué explicártelo. Tu tomaste la decisión por los dos ¡Maldita sea la hora en que decidí mudarme a esta ciudad!

M: Nosotros teníamos que encontrarnos otra vez, nos debíamos una historia, un nosotros, una conversación.

E:  Una que no llegará. Hoy estamos aquí, tu y yo, sentados con “nosotros”. Mañana tú estarás con otra y yo igual, con otro. No nos interesa sentarnos a entablar  una relación, no ahora. Tenemos un ego lo suficientemente complejo como para luchar con otro.

M: Siempre tienes diálogos de película.

E: Es mi trabajo M, siempre te dije que la facultad de los que escribimos era adelantarnos a los eventos.

Estela se puso de pie, canceló la cuenta y volteó simplemente para decir «M, esta va por mi»

2

Sep

De falt(d)as de ellas

1

“Comienza por explicarme cuál fue tu motivo para subirme la falda”

Mejor “dime cuál fue tu estrategia para abrirme las piernas”.

– No, nada queda bien, todo mal. Nosotros quedábamos bien, pero solo faltaba eso, el “nosotros” y sobraba algo, sobraba mi falda.

Saldo del día: 3 carros chocados, una falda menos, mis pantaletas en tu gaveta.

7

Virginia no creía en el amor más allá de la cama. Estaba convencida de que nunca pasaría más allá de una intensidad marcada por el tequila (o la tequila, como sea). Justo ahora estaba con ‘A’. A él no le gustaban las explicaciones, decía que eso  “dañaba la magia del instante y el misterio del momento”. Ella prefería llamarnos por la primera letra de su segundo nombre o su segundo apellido. Era mucho más sencillo no perder la cabeza cuando la necesitaba para recordar al de turno, después de alguna borrachera.

Saldo: 1 litro de café en la sangres, tres pastillas para la cabeza, zapatos escondidos en el desorden. Una hoja blanca para trazar algunas líneas.

3

Camila soñaba con sus días de faldas. No tenía faldas desde hace 5 meses. Para ella “las faldas son sensuales y siempre sugieren, nunca sabes qué habrá debajo. Sin fáciles de subir, y el tunel de mis piernas puede ser atravesado solo por el que yo escoja”. Sus días se iban en buscar la fal(d)a perfecta para escaparse cuando menos lo esperaba.

Saldo: tres faldas nuevas, cuatro perdidas en cuartos de la ciudad, dos tequilas, un vodka.

6

Todas pensaban que eventualmente se cruzarían con alguien que hubiese atravesado todos aquelllos túneles. De casualidades, de eso vivían, aquellas mujeres.

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