Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

8

Feb

(D)Evaluación

El viernes debe ser, siempre e indiscutiblemente, el mejor día de la semana. Sonríes aunque llega, porque es viernes. Es el primer día del fin de semana, el día donde todo termina más temprano y donde se tejen historias interesantes en medio de un bar lleno de copas de vino. Los viernes me gustan.

Este viernes, me desperté quejona como siempre, desayuné con dos amigas, hablamos. Caminé a mi oficina, después de haber leído las noticias, sabíamos que este viernes sería diferente. Entre otras cosas, aquí son especialistas en lanzar sorpresas los días menos esperados. Supongo que, con el paso del tiempo, se han vuelto predecibles. Las medidas y leyes siempre se dirán esos días “festivos” or soon to be, ¿Por qué sería diferente hoy?

Llega la tarde, la ciudad está revuelta, mucha gente sale de viaje, las vías comienzan a colapsar, ¡Llegó el carnaval!

La hora se ha vuelto pesada. Comienza la transmisión. Ellos, ahí (d)evalúan la gestión. Me hacen sentir ignoranda al ser incapaces de hilar dos frases coherentes en la misma (d)evaluación. Creo que, por los momentos, todo estará peor. Espero que termine con un resultado  mejor.

Salir del trabajo un viernes de carnaval puede resultar interesante. Por lo general, en un país normal, te encontrarás a personas increíblemente felices. Se van de viajes por cuatro días o descansarán de los jefes y compañeros insoportables. Pero, ¿Qué pasa cuando te cambian el libreto?

Entras al metro, esperando que -en medio del caos- un rostro aparezca para hacerte sonreír con su sonrisa contagiosa de esas que aún creen en un cambio. No lo ves. No la ves. No los notas. Miras alrededor y observas, evalúas y estudias los rostros, las miradas, los gestos. Ves las bolsas que carga. Es obvio que eso salió de su presupuesto, pero ¿Cómo se hace cuando toca hacer (d)evaluaciones “inesperadas”?

Caminas a casa un poco desconsolada. Asumes, en contra de todo, que pronto vendrás tiempo mejores. Luchas contigo misma para saber que, aunque no te lo creas, pronto todo estará mejor.

Me gustan los viernes cuando se pintan multicolor, no cuando me obligan a ponerlos de un solo color.

22

Jan

Poema N°3 (Déjame vivirte sin miedos) por Jefferson Díaz

Déjame vivirte sin miedos. Para despertar con brisas de acacias, que transportas todas las mañanas a mi cama. No me lleves al exilio, huyendo del polvorín de tus calles o las decepciones que trepan por las nubes. Puedo odiarte tanto para comprender cómo las sombras han robado vida a la luz, lo que me ha vuelto uno de tus hijos más escépticos. Ahí, donde hace tantos años me regalaste sin prejuicios mi acento, yacen las esperanzas del éxito esperando a ser recogidas por un Ávila sin defectos.

Déjame vivirte sin miedos. Para que los posibles se conviertan en realidades y las promesas dejen de ser cuentos sin puntos finales. Llena mis pulmones con la sal de tus corrientes y que mi sabor sea el cacao de las esperanzas que se liberaron hace tantos años. Dios hizo miles de mujeres, pero sólo a tu descendencia le dio la capacidad de amarte por encima de la ingratitud sin reglas. Oculto entre tu piel, está el deseo de tenerte calada hasta los huesos porque eres la única capaz de entender nuestros aprecios.

Déjame vivirte sin miedos. ¿Por qué la insistencia en exiliarme? En hacer de mí un extranjero, cuando mis pies llevan las marcas de tus susurros. Prefieres seguir incubando la placenta de la división, que busca como felicidad la sangre y descomposición de una sociedad asustada. Somos la isla de lo desconocido con una utopía que brinda poco por descubrir. Nos desgarran los colmillos de la ignorancia sin reconocernos como semejantes, mientras tus pliegues son el escenario de una obra que se pinta diversa con cuotas de exhalación y rabia.

Déjame vivirte sin miedos. Porqué los próceres no son la personalidad, sólo el molde de tu nacimiento. Prefiero creer que te define el mar, bordeando tus curvas con la espuma sedosa que traen los atardeceres. O las montañas, desafiantes apuntando hacia la lucha como el más coqueto de los escotes. Pasando por las arenas y selvas de una ilusión que fue perdiendo la lucha ante el resentimiento. Por eso, voy a buscarte a las islas, para recuperar el sabor de los besos sin ofrecer o los abrazos que no olvido.

Déjame vivirte sin miedos. Con la plenitud de tu clima y el aliento que empapa mi rostro cuando te da por llorar o demostrarme entre neblinas que eres la mujer que siempre soñé. No me mientas, y dame la realidad de tus energías, para que yo pueda sortear lo agridulce de nuestra relación. Que la tristeza no de paso al abandono o que la decepción llene mis labios con palabras dañinas. Eres inmerecida de desprecios. Y menos cuando unas cuantas ovejas se descarriaron para convertirte en el banco de las ambiciones disfrazadas de ideologías.

Déjame vivirte sin miedos. Para que en el planeta te reconozcan como la dama de los progresos y los dulces sentimientos. Una morena que roba miradas con el azabache que brota de tu melena y destrona corazones al pasar por el contoneo de caderas. Eres ritmo de cuatro, arpa y candela. Entre tú y yo no hay secretos, permíteme criticarte para evolucionar como se debe sin que la exclusión forme parte de los instintos. Así nos odiaremos sin parar y nos amaremos como par de locos capaces de salir adelante ante cualquier adversidad. El patriotismo fundado a los pies de tus encantos y no de políticas forradas por los bancos.

Déjame vivirte sin miedos. Para que las noches al dormir, nos abracemos al compromiso y que entre sueños no aparezcan esos espectros que se burlan de los símbolos que nos hacen infinitos. Más allá de las fronteras, ahí estás tú, recorriendo mis fantasías y éxitos. Por eso, déjame vivirte sin miedos Venezuela, para que nuestro amor nunca deje de ser verdadero.

Jefferson Díaz.

9

Jan

No somos el mejor país del mundo

Hace poco estaba viendo el primer capítulo de The newsroom y sorprendentemente conseguí algo que pienso, pero sobre Venezuela. No me atrevía a escribirlo por miedo, pero hoy puedo confirmarlo. No somos el mejor país del mundo y ahí está nuestro primer error, de opositores, chavistas y ninis, ¡Ja! Somos un país picado en tres. Ya tenemos que comenzar a reconocer todas nuestras fallas.

Si fuésemos el mejor país del mundo, no tendríamos la tasa de asesinatos que tenemos, ni las peores universidades de la región, ni el mayor número de empresas fracasadas, tendríamos -al menos- un presidente. Si estuviésemos cerca de ser uno de los mejores países del mundo, entonces no habría tantos indigentes en la calle, la gente no lanzaría la basura en el piso esperando que Dios la desaparezca. La educación sería prioridad y no la guerra, no tendría tantos amigos viviendo fuera y mis ganas de irme ya se hubiesen calmado porque, ¿Quién quiere irse del mejor país del mundo?

Si este país tuviese a los mejores ciudadanos que son quienes hacen el mejor país del mundo, el trabajo fuese el principal valor y no hacer dinero por hacerlo sin importar la ética. No tendríamos retrasos en el metro, autopistas con huecos o pueblos en el subdesarrollo. No habría hambre y no tendría miedo de ir a comer helados en El Silencio a las 3 de la mañana.

Para ser el mejor país del mundo necesitamos reconocer que no lo somos porque, si ya lo somos ¿Para qué seguimos luchando? ¿Para mantener un status quo sin sentido que nos une a diario en la miseria? No somos el mejor país del mundo y seguir afirmándolo simplemente nos hará parecer a la mamá que dice tener el mejor hijo del mundo a pesar de que este sea un drogradicto y asesino. Venezuela es, hoy, un país adicto al sufrimiento y asesino de su gente.

No somos el mejor país del mundo y mientras no lo aceptemos seguiremos creyendo que todo se solucionará. Claro que tenemos cosas increíbles, claro que Dios nos dio una naturaleza impresionante, pero todavía nos falta muchísimo para ser el mejor país del mundo y me niego, rotundamente, a creer que somos el mejor país, me niego a escuchar a mis amigos que vienen de visita y dicen “este es el mejor país” porque no lo es. En ese caso, el mejor país es donde están tus amigos y tu familia, es este VENEZUELA, pero eso no lo hace el mejor país del mundo.

Y sí, creo que podemos ser el mejor país del mundo, pero mientras no estemos conscientes de que no lo somos, JAMÁS llegaremos a serlo porque nuestro ego siempre será más grande que nuestras ganas de ser realmente los mejores.

16

Dec

Tal vez no retrocedimos

Hace minutos salió Tibisay Lucena a dar los resultados de las elecciones regionales. La verdad es que fueron mejor de los que tenía en mente esta mañana. Sabía, desde hace días, qué estados perderíamos por la dictadura que tienen algunos gobernantes en esos estados y el egoísmo de otros.

Mi primera reacción fue decir: “Ganamos”. No sé por qué. Debe ser porque escuché que Capriles había ganado y eso me hizo recordar que sí hay un camino todavía aunque haya ganado por el pelo de una cucaracha. Pero, un rato después, mi amigo electoral JB, me escribió “Ganamos??? Really??”, ya tenía minutos pensando que tal  vez no habíamos perdido, así que me hizo click y pensé que tal vez no hemos retrocedido tanto.

Saliéndonos de ese cliché de “a veces ganamos más pediendo” puedo decirles que hoy creo entenderlo. El pasado 07 de octubre fue una demostración clara de lo que el país quería. Salió a votar más del 80% de la población y ganamos en aquellos lugares en los que la política se hacía de manera diferente.

Hace una semana, el presidente salió hablando nuevamente de su cáncer, no le creí y pensé que sería una estrategia de manipulación que obviamente le funcionaría al pelo pues hoy ellos tienen el mapa rojo, nuevamente. Pero, ¿Perdimos?

No sé. Creo que este es un excelente momento para que los partidos como AD, COPEI, UNT y sectores de PJ se den cuenta que la Política en Venezuela tiene una cara muy distinta a la que se hacía antes de Chávez. Que la cosa ya no es besar viejitas sino demostrar con el trabajo realizado. Que las dictaduras no nos gustan a los demócratas y que sencillamente hay que darle paso a las nuevas generaciones.

Hoy entendemos que la forma de hacer las cosas en Venezuela está cambiando. Aquellos que nos declaramos demócratas esperamos un poco más de lo que esperábamos en pasado y por ende exigimos mas. Nosotros también somos los que decimos que somos responsables de nuestro destino y que las cosas pueden cambiar si comenzamos por nosotros mismos.

No creo que hayamos retrocedido de la manera en que lo hicimos en 2005. Creo, sencillamente, que este es el último mensaje para nuestros dirigentes de oposición que aún no entienden cómo se baila este guaguancó.

Y a la gente que sencillamente no votó, aquí les dejo otra reflexión: http://lausolorzano.com/?p=1205

16

Dec

Cómo te decepcionas de un país

Estoy acostumbrada a escuchar “hago esto por Venezuela”, “Venezuela se merece un mejor país” y demás barbaridades como esas. Yo misma lo he dicho muchísimas veces, sin darme cuenta que Venezuela no es más que un pedazo de tierra llena de belleza y gente que, en su mayoría, suele ser bastante destestable. Sí, lo siento.

Creo que parte de nuestros problemas se basan en la absurda necesidad de no querer entender la definición de las palabras, por eso aquel párrafo. Pero vamos, no quiero dar aquí mi opinión sobre ese tema, sino dejar claro que Venezuela es lo que son sus ciudadanos.

Hoy estamos por terminar un nuevo proceso electoral, no tenemos muy claro cómo está el panorama pero sabemos que la abstención ganó, ¿ven? Nos encanta agarrar entes metafísicos para culparlos de nuestros problemas.

Yo hoy estoy decepcionada de este país. En 07 de octubre dimos la pelea, no nos dejamos vencer ni siquiera después de los resultados. Hoy sencillamente lo entregamos todo porque “Venezuela” no se merece nuestro esfuerzo, supongo. Qué manera de decepcionarse justo antes de navidad.

El castigo no es para Chávez o para Capriles, el castigo es para ustedes mismos a quienes no les importó, ni un poquito perder gobernaciones y rendirse ante Chávez, qué pena me dan.

Yo por hoy no tengo más que decir.

10

Dec

Por qué no creo en la operación de Chávez

Verán, no me he vuelto una incrédula de este gobierno propagandístico de gratis. Tengo mis razones. Podría comenzar por las razones zodiacales, pero como no termino de entender algunas cosas de “nuestro” signo, prefiero irme a la historia.

En otras ocaciones me he atrevido a comparar a Chávez con el nazismo en cuando a su nivel propagandístico. Creo, en el fondo, que es lo único realmente eficiente de este gobierno pues, si hay algo en lo que jamás he comparado el régimen venezolano con el alemán, es en la eficiencia. Los alemanes lo daban todo por hacer las cosas bien y hacerlas rápido, con procesos eficientes. Por eso el cyclon-b (el gas con el que mataban a los judíos) iba directamente a los trenes al final de la guerra. Precisamente por eso desarrollaron este gas, las balas eran muy costosas y poco eficiencientes porque, apesar de que con una bala podrías matar a 10 judíos en fila, el proceso se retrasaba. Sin embargo, el tema de este post no es (des)escribir sobre los alemanes netamente, se trata, más bien, de Chávez.

El sábado por la noche estaba en el paseo de Los Palos Grandes –donde hoy en la madrugada hubo un tiroteo como los de Petare o Los Magallanes-, cientos de personas caminaban por las calles del único municipio “caminable” de Caracas, había música, gente de todas las edades, “tranquilidad”. Justo a las 10.34, cuando me iba, un amigo me agarró:

– ¿Te enteraste?

– ¿De qué?

– Chávez está en cadena y acaba de decir que tiene cáncer de nuevo y que voten por Maduro.

Justo en ese momento mi mente se detuvo e hizo un repaso por todos los candidatos del oficialismo que se estaban postulando para las elecciones que, dentro de una semana, estarían llevándose a cabo en Venezuela. Evidentemente llegué a la conclusión de que se trataba de otra cosa.

– Chamo, no le creas, todo es propaganda, falta una semana para las elecciones.

– No importa, voy a celebrar.

En ese momento recordé el libro que me estaba leyendo, “Los Hornos de Hitler” y al mismo tiempo pasaron por mi cabeza todos los testimoniales, películas, libros y ensayos que he leído desde que tengo 16 años, (este tema me interesa tanto que lo convertí en mi tema de investigación en la universidad, y me sigue aspasionado). Mucho he leído sobre las brutalidades del régimen nazi, pero poco había leído sobre los asuntos de la propaganda hasta los últimos 6 meses, en los que lo me he tomado a pecho el estudio de la propaganda nazi.

Verán, según la mujer que narra “Los Hornos de Hitler” o el que escribió “Escape del último tren a Auschwitz” o cualquier testimonial que leí en el museo del holocausto de Buenos Aires, al principio de la guerra los alemanes no obligaban a los judíos a ir a los campos. Era llevados bajo alguna trampa “eufemística” del lenguaje de la que se encargaba la propaganda planificada por Goebbles. Genio. Una vez que los hombres -engañados, pero voluntariamente- se presentaban a las estaciones de trenes, corrían detrás las esposas, madres, hermanas, hijos y amigos. Estos, también engañados, subían a los trenes pues les hablaban de mejores condiciones. Nadie obligó a nadie. (Antes de que me mal interprete no, no estoy defendiendo a los alemanes, simplemente quiero dejar un punto claro en cuando a la propaganda de un regimen).

Una vez dentro de los campos, las personas ahí recluídas no creían que serían posible que existiera tan cosa como un “crematorio”. Entiéndase que todos juzgamos en base a nuestras creencias, o en otras palabras, cada ladrón juzga por su condición y si usted no tiene “condición de ladrón” jamás pensará que otro tenga esa misma condición. Vaya, qué inocentes somos los seres humanos en cuando a la maldad de algunos.

No digo, evidentemente, que nos llevarán a campos de concentración como los judió, gitanos, gays, prisioneros de guerra, entre otros, pero en cierta manera ya estamos dentro de un gran campo de concentración llamado Venezuela.

Chávez, a una semana de las elecciones, nos hace el mismo juego emocional de todos los años. Sale en cadena y cambia un poco su estrategia, nos dice “tengo un sucesor” porque sabe que ese cuento de “estoy enfermo y me tengo que ir y seguir siendo presidente” ya muchos sectores han dejado de creérselo. Así que, como buen contador de cuentos, decide cambiar la versión un poco e irse de Venezuela dejando, obviamente, un teatro muy bien armado. Un teatro del que solo conocen muy pocas personas, sino ¿Cómo llorarían las diputadas con tanto dolor como lo han hecho? Hitler, Fidel, Stalin hacían lo mismo. Jugar con los sentimiento de la gente es algo tan estúpidamente sencillo que cualquier patán en la calle podría hacerlo, ¿O no? Somos seres inseguros emocionalmente por naturaleza.

Deja a Maduro, el “más tranquilo” y “menos ambicioso de los suyos”. Pasan los días y salen las cadenas, se hacen oraciones, se adueña de los TT de Twitter y comienza la celebración. El que estaba dudando en quedarse para votar dirá: “Me voy, igual este se muere antes del 24 y es mejor que pierda Capriles, así agarra el coroto”. El que estaba pensando en venir a votar dice: “Mejor me ahorro este pasaje así voy y celebro cuando Capriles sea presidente”. Por otro lado, los oficialistas que no pensaban votar -pues las elecciones importantes para ellos son las de Chávez- se verán manipulados por los voceros del gobierno –como ya comenzaron a hacerlo– para decir que el presidente se mejorará y llegará sano y salvo. Las calles se llenarán de personas poco deseadas y el país se pintará de rojo, como ya lo son sus calles.

El 09 de enero aparecerá Chávez (o antes) para decir que ha vencido al cáncer, a la oposición y que se consolida un nuevo periódo. Los que rezaron para que no se salvara, los que celebraron el 31/12 porque “el tipo se va a morir” volverán a caer en una depresión profunda como el 07, pensando que definitivamente no hay salida. La muerte de la rana estará completa, Chávez terminará de asfixiar a la oposición y terminaremos todos siendo víctima de las maquinarias propagandísticas que solo se ven en los regímenes comunistas o de extrema derecha.

Nada importa, ni la salud, ni la economía, ni la seguridad. Importará la sensación que tengamos en la cabeza, la propaganda -positiva o negativa- que tengamos en la en nuestra mente. La “resistencia” será cada vez menor porque entendrán menos este asunto y será mejor “no meterse en ese asunto”.

Yo no soy experta en análisis políticos, no he -siquiera- podido terminar mi tesis de pregrado. Simplemente he leído lo suficiente y he visto muchas veces este show, como para creerme que “el tipo” está grave. No sé qué quieran pensar ustedes, para mi esto no es más que un capítulo más de “la matanza de las ranas en Venezuela”.

(Cuando hablo de “la matanza de las ranas” me refiero a la forma eficiente de matar a una de ellas. Si hierves agua y lanzas la rana es seguro que esta saltará al sentir el calor, pero si por el contrario, dejarás a la rana dentro del agua y fueses aumentando poco a poco la temperatura, esta moriría sin que lo notase. El mismo experimento lo vivimos en Venezuela).

Al final del día, igual que en muchos campos de concentración, saldrán vencedores aquellos que comprendan que la lucha más que física es psicológica, que la manera de vencer no es buscando un pedacito de poder sino entendiendo que el todo es necesario. Y sobre todo, aquellos cuya moral sea tan inquebrantable, que sean capaces de difundir un mensaje claro y arrastras más voces con el ejemplo.

22

Oct

(No) Pertenecer

Suele suceder, supongo, que después de una gran (decepción) alegría tu sentido de (no) pertenecer aumenta “haciéndote” ver cosas que antes no veías. Un día te despiertas con una sensación increíble de (no) saber dónde estás parada o a dónde perteneces. La vida transcurre como antes, solo que hoy hay algo diferente, (no) perteneces.

Nosotras crecimos juntas, conociéndonos, celebrando cumpleaños el mismo día, ella mi Caracas. Era mucho más sencillo antes, cuando este sentimiento no era algo más que una cuestión pasajera de esas que te dan después de una “tonta” pelea. Antes había una responsabilidad con otros, pero llega el punto claro en el que la reponsabilidad poco (o nada) importa porque está en juego tu ser.

Eso me pasó aquel día en el metro cuando con una sonrisa (irónica) quise gritar: “ya (no) pertenezco aquí”. (No)Era cuestión del Ávila, el clima o la música. Era cuestión de la gente que (no) me hacía sentir ya como en casa. Duro es darse cuenta que ya (no) perteneces a un lugar.

 

(Lee primer el texto sin tomar en cuenta los paréntesis, ahora hazlo con lo que está dentro)

12

Oct

De esto va aquello de “querer a un país”

Domingo 7 de octubre de 2012, Caracas – Venezuela, 4:30 am.

“Hoy es el día más importante de vida, no el de mi boda papá ni el de mi graduación, es este. Este día es el día en el que se define mi futuro, el tuyo, el de mi sobrino”, eso le dije a mi papá mientras me tomaba el primer café de la mañana y veía cómo comenzaba a aclarar la mañana en Venezuela.

“Es primera vez, mami, que nos despertamos a votar y suena una de nuestras canciones, escucha y canta conmigo ‘cada vez son miles y miles y miles’, esto es señal que algo bueno está pasando”. Esto le comenté a mi mamá mientras esperábamos que mi hermano terminara de arreglarse.

“:) Buenooos díaas, que desgracia tener que esperar hasta las 6 am para ir a votar, pero que brutal que acá se escucha una de las canciones de Capriles, de nosotros. Te pegaré un grito en cualquier momento, te aviso cuando llegué a donde me toca trabajar” Algo así le dije a Johann, mi amigo inseparable de elecciones y luchas universitarias desde el 2009.

Caracas, 12 de octubre 2012, Caracas-Venezuela, 10.15pm.

Estas eran mis emociones en la madrugada del 7 de octubre. Me levanté, con una sonrisa, con olor a esperanza. Me puse mi camisa “Venezuela, votar está de moda”, la tenía en la gaveta desde noviembre del 2011, me la hiceron para usarla ese día. Agarré mi acreditación y bajé a votar con la mejor de mis sonrisas. Estaba confiada, teníamos todo lo que necesitábamos -o eso pensé-. Al llegar al centro vi una cola inmesa, solo la había visto en 2003  y ahora, confirmé que aquí la gente vota cuando la presidencia está en juego.

Llegué con una sonrisa a mi mesa, no tenía ganas de pelear con nadie, solo quería poner mi dedo en la cara de Capriles, pedirle a Dios y a mis abuelos e irme a trabajar. Eso hice. Voté con mi canción en la cabeza, revisé emocionada la papeleta y por primera vez no tuve miedo delante de la máquina.

Ese día hablé durante casi todo el día con esas personas que me dan fuerza. Sabía en qué sala y en qué lugar estaban todos esos amigos y compañeros que durante años han estado a mi lado en elecciones. Son 7 años trabajando, son 6 elecciones, son muchos amigos encontrados. Sumar a esta gente a mi vida es de las mejores ganancias de estos años.

Tempranito nos pasamos mails, nos escribimos por Facebook, nos enviamos bendiciones, abrazos y buenas energías. Vi al Rafa al llegar al teatro Chacao, me sentí tranquila al saber que él estaría ahí. Vi a Bernardo a lo lejos, a David, gente con la que he trabajado y en la que confío, amigos que sé que como yo están aquí para cambiar el país y no para pelearse por un cargo.

El día pasó, los reportes iban y venían, las denuncias, los mensajes. Mi comunicación constante con mis jefes y amigos (gracias a los 3) me daba confianza a seguir paso a paso mi trabajo, ellos confiaban en mi, ellos sabía que mi trabajo de años tenía que rendir frutos, ellos fueron parte de mi apoyo durante el día.

Mi hermano, quién le hizo fotos a Capriles, se fue con Pedro y Caps a entregar unas fotos y hablé con ellos, les sonreí, les dije que sería un día histórico que íbamos bien. En sus miradas había esperanza, tranquilidad, confianza de que esta vez sí estábamos bien.

Por unos minutos sentimos la felicidad, la esperanza, el amanecer, la mañana que aclara, las ganas de seguir aquí. Por unos minutos sentimos a una Venezuela despertar y decir “quiero progreso”. En mi sala me tocó trabajar con chamos de 21-23 años, chamos que -como mi hermano- estaban a punto de vivir su primera gran decepción en una elección nacional para la que trabajaron. Yo ya llevo 3, creo que he aprendido, como leí por ahí “uno llega a saber a manejar esas cosas.”

En media hora dejé de hablar con todos los que me escribían, solo hablaba con Johann, no contestaba llamadas y a mi mamá solo le decía “mami, tranquila”. Los rostros y las órdenes cambiaron. Opté por ponerme mis audífonos, escuchar Masseratti y jugar uno de esos juegos de mi iPhone.

Hablé con Isaac B y le dije que -como le había dicho semanas atrás- no estaba lista para una decepción, que no tenía idea de lo que pasaba pero que me lo imaginaba. Dejé de contestarle, necesitaba fingir demencia, distraerme con cuentos de elecciones pasadas y para eso estaba mi amigo J.

A las 8.15 pm la coordinadora de mi sala me puso la mano en el hombro, en ese momento supe lo que estaba pasando y escribí un mensaje en la compu que pegué en todos los chats que tenía abiertos y mandé los DM’s correspondientes: “perdimos, es oficial”. Tragué profundo, no podía ni quería derrumbarme delante de gente que en un solo día se habían convertido en mis amigos, mis nenés de lucha, los chamos a los que se les tiene que dar fuerzas.

Cuando escuchamos a Tibisay solo podía pensar en qué decirle a mi mamá que creía en Capriles y en un cambio, cómo explicarle a mi sobrino que no lo hicimos todo, cómo le decía a Santiago que probablemente tendría que irse a jugar fútbol en otro país, cómo le explicaba a mis amigos que Venezuela acaba de decirnos “tenemos que hablar”.

Subí al teatro a escuchar a Capriles, las lágrimas corrían por los rostros agotados de personas que durante meses habían dormido poco porque la campaña era la prioridad. Era impresionante. Salió el flaco con ese temple que lo caracteriza a decirnos a más de 6 millones de personas “aquí quien perdió fui yo, no ustedes”. Al terminar sonó “está aclarando la mañana en Venezuela”. Los camarógrafos y periodistas al terminar la rueda de prensa comenzaron a llorar, todos los rostros tenían la misma dirección “ninguna, por los momentos”.

Llegué a la casa de mi amiga donde dormiría esa noche, su hija -mi casi hermana- me recibió con una cerveza y los ojos hinchados, le escribí a mi mamá que estaba tranquila, seguía hablando con Johann y mantenía mi temple. Minutos después me escribió Isaac “Ay Laurita, perdimos. Perdimos Laura Carolina”, no recuerdo qué le dije, pero recuerdo que intercambiamos análisis de lo sucedido y eso hicimos días después. Esa noche hablamos un rato,  me dio fuerza saber que  esta elección algo bueno me había dejado, un nuevo amigo.

A las 3 de la mañana me fui a dormir, con alcohol y cansancio en la cabeza, tranquila porque mis amigos estabas todos en sus casa o en sus lugares de hospedaje. Aquel día fue el día más importante de mi vida, descubrí que he madurado y entendí que a pesar del “Tenemos que hablar” de Venezuela, sí hay un camino, no es posible que la gente valiosa en Venezuela sea menos. Sé que problamemente muchos tengan(amos) códigos postales diferente en unos años, pero sé que cuando tengamos que volver a luchar estaremos al pie del cañon, de primeros como siempre.

Querer a un país va de muchas cosas, va de lo que todos creen que es, para mi de esto va eso de “querer a un país”.

8

Oct

¿Fraude? El de los que no participan

Sí, somos cómodos, nos gustan las cosas papayas, nos buscamos un gestor para ir al baño, nos saltamos las leyes, nos hacemos millonarios a punta de trampas, sí. Mucho he escuchado en mi vida que los venezolanos somos un pueblo noble, trabajador, lucador… No, somos  muy pocos los que así pensamos, los que realmente creemos en la posibilidad de un cambio, hay otro montón de gente que sencillamente sabe mentir y creen en su mentira.

¿Participaron? ¿Participarían? No lo creo. La responsabilidad del cambio de un país va más allá de pararte un día y salir a votar. El país se cambia con tus acciones, con esas acciones con las que enseñas a otro que tu eres diferente porque no hay nada mejor que enseñar con elejemplo.

El día que entendamos como país que cambiar el país no depende de un hombre sino de millones, ese día saldrá Chávez del país porque habrá salido Chávez de sus cabezas. La participación va más allá de gritar en una ventana o tocar una olla, la participación va de saber que tienen que entender por qué 8 millones de Venezolanos siguen votando por Chávez, siguen creyendo en él. Punto.

Ya Diosdado habló “al que no le guste la inseguridad, que se vaya del país”, me iré diputado porque a mi  no me gusta la inseguridad, porque a mi mamá la robaron en mi edificio hoy, porque no quiero ser víctima de una bala, porque la medriocridad se lleva en las venas y ustedes se la están inyectando a todo el país. Pero volveré, volveré porque creo que este país puede ser mejor, solo que aún no está preparado.

Gracias por todo y por nada. Y a los que gritan fraude, ¿Cuándo fue la última vez que pelearon realmente en un centro de votación para contar los votos? ¿Cuándo fue la última vez que se metieron en un barrio a tratar de comprender la realidad del país? ¿Cuándo fue la última vez que se fueron a recorrer los pueblos para ver la miseria? ¿Cuándo fue la última vez que dejaron la comodidad de sus vidas para trabajar por un país diferente? Sí, sí los cuestiones porque ustedes hoy cuestionaron mi trabajo desde hace 7 años.

Disculpen la mezcla de temas en este post, pero así es como me siento, con una mezcla de “temas” en mi cabeza.

 

2

Oct

Hay una esperanza

Hay un camino con Capriles

Foto: Eleazar “Caps” Briceño

“Hoy será un día importante”, eso pensaba el domingo mientras terminaba de vestirme, ajustaba mi gorra y esperaba respuesta de mis dos amigos de marcha sobre el punto de encuentro. No sabía qué me encontraría al salir de mi edificio, en Catia.

Eran ya las 10am cuando bajé. A diferencia de años anteriores -2007 incluido- decidí ponerme la gorra y no ocultar que estoy a favor de una propuesta diferente a la que gobierna. En el punto de “información” del otro candidato aún no llegaban los “voluntarios” a hacer su trabajo. Aquel boulevard solo tenía viejos que no dudaron en hacer comentarios babosos sobre mi atuendo.

El sol maquillaba las calles que estaban llenas de personas que iban y venían de los mercados. En sus rostros podías leer el agotamiento mental de hacer magia para ver cómo rendir el dinero, y cómo conseguir los productos. Esos son los rostros de Catia después de 14 años.

Hay un Camino al progreso

Foto: Saúl Solórzano

Al entrar al metro recordé que no tenía ticket, al acercarme a la caseta la muchacha que atendía me vio la gorra y sonrío, sentí que esa era la manera de decirme “yo creo en ese camino”. Bajé al andén pensando que sería la única lista para seguir dibujando aquel camino, gracias a Dios me equivoqué. Al mirar a mi alrededor encontré gorras, rostros tranquilos, “ropa de marcha” y sobre todo rostros llenos de esperanza. Desde el 2007 no sentía algo parecido.

El metro siguió avanzando, para mi asombro, estaba bastante rápido. En Agua Salud, tal como lo conté el otro día, la estación “del 23 de Enero”, se montó gente con camisas de Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, camisas de Hay un Camino. El asombro fue el mismo para todos.

Desde aquí no hay más nada qué contar y mucho menos el “durante la marcha”. Les contaré lo que el motorizado de la oficina nos contó el lunes:

“Laura me la comí chama, estoy llegando ahoritica por la rumba que se armó ayer en el 23 después de la marcha. Nosotros nos fuimos, un grupo caleta y cuando llegamos a la Av. Sucre nos encontramos con ese gentío al que no los dejaban montarse en las camioneticas porque estaban amenazados -los conductores de varias líneas fueron amenazados por grupos armados y les prohibieron montar a “gente de Capriles”-. Bueno chama nos pusimos esas gorras y comenzamos a cantar y a gritar. Nos montábamos en los carritos y decíamos “mi gente tranquila, hay un camino, hay una esperanza”.

Cuando llegamos de la marchar, que fue impresionante chama yo jamás había

Henrique Capriles Radonski

Foto: Saúl Solórzano

visto tanta gente, bueno nada llegamos caminando al 23, de la emoción se nos olvidó que andábamos identificados y cuando llegamos al bloque nos encontramos fue a un gentío gritando “hay un camino”, un bicho ahí puso en el carro la música del flaco y se armó esa rumba. Hablábamos con la gente, les decíamos que el voto es secreto. Los otros bichos -refiriéndose a los Tupamaro- no nos decían nada porque saben que lo que están es perdidos. La gente en el 23 perdió el miedo chama, estamos cansado.”

Hace tres semanas le regalé al motoman una gorra tricolor, fue una de las personas más felices ese día, no la quería “para pavear o para la colección”, la quería porque cree en este proyecto. Hoy sé que valió la pena dejar a alguien sin gorra para dársela a él.

Capriles ha devuelto, en lugares como Catia, el 23 y La Pastora la fé y la esperanza de que hay un camino hacia el progreso, citándolo “nadie quiere vivir peor, todos queremos vivir mejor”.

Ese flaco nos devolvió la esperanza. Por eso sé que hay una esperanza y que sí hay un camino.

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