Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

3

May

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo

Caracas, Venezuela. Mi ciudad, mi país.

Crisis, pobreza. Viajes a Europa, carros del año, iPhones en todos lados. Playas, violencia. Caracas, Venezuela. Contrastres por doquier.

Hoy corre por la web un “documental” donde un grupo de jóvenes caraqueños dan su opinión sobre la situación de la ciudad, Caracas. En él denunciaban la violencia, la inseguridad, un país en la mierda, sí. Eso por un lado, tienen razón. Por otro lado, los chamos en una casa increíbles, hermosas y logradas por el trabajo de sus padres en este país que tanto les dio. Un mal contraste para un vídeo que denuncia la crisis.

Tiene un problema de forma, sí, Led ahí tiene razón en su comentario. Pero también de fondo y profundidad y eso no lo mencionó. Cuando comencé con mis comentarios no se hicieron esperar los que me dicen que no respeto la libertad de expresión y la tolerancia, sin entender que pues me estoy expresando.

Todo el tema de la “Tolerancia” me hizo recordar una charla del Padre Ugalde donde hablaba de la famosa “Tolerancia”. Siempre he pensado que es como esa tipa que uno no quiere aguantarse porque tiene mal olor, porque está sucia, porque te agrede, pero aún así tiene que “aguantarla”. Él ponía cómo ejemplo a los Judíos y decía algo así como “pídanle a un judío tolerancia para Hitler porque tenemos que entender que él tiene libertad de expresión”. No son palabras textuales del padre, pero por ahí iba el asunto.

Hoy, en Venezuela, vivimos en una crisis de libertad de expresión. Particularmente creo que podríamos estar peor. Y es que mi mayor problema, con Chávez -por ejemplo-, no es la libertad de expresión sino la de tránsito y la de paz. Porque yo pana no camino tranquila por las calles, es verdad. Debo reconocer que he dejado de ser una romántica de las que cree que salvará al país con una elección y he aprendido a entender que si yo, Laura Solórzano no mejoro a diario como ciudadana seguiremos en la mierda. El cambio no está en Chávez, no. El cambio está en nosotros, en los que hacemos patria, en los que queremos tener familias y hacerlo aquí. Aunque yo hoy en día no tendría un hijo en Venezuela porque el costo es alto.

¿Me contradigo? Sí, sí lo hago, porque Caracas también lo hace, porque Venezuela lo hace, porque (y lamento informarles esto) somos seres humanos -igual que en todos los países del mundo- y lo que hace que otros funciones, o por lo menos eso he aprendido cuando he ido a estudiar Políticas Públicas afuera- es un sistema de leyes que se basan en la moral de sus ciudadanos. Porque aprendí que la institución no es el edificio bonito, sino la gente decente que está adentro. Porque comprendí que si todos los valiosos se iban, aquí querdarían los indecentes. Y sí, si me quiero ir un tiempo pero porque creo que independientemente del país, nosotros los jóvenes debemos recorrer y conocer cosas nuevas para traerlas a casa.

Sin embargo, y esto se los digo en serio, mi preocupación es que muchos de esos “jóvenes del este del este” que estudiaron en los mejores colegios y universidades sigue sin entender el verdadero problema en Venezuela, o por lo menos eso me transmitieron en el vídeo. No quiero decir que yo tenga la respuesta ¡Ojalá así fuese! Pero creo que tengo un poco más de sentido común, del que se aprende pateando calle y no en las universidades. Que esos chamos de “me iría demasiado” son los hijos de esos venezolanos que hicieron plata, trabajando honestamente, en un país de oportunidades, pero que se olvidaron que existía un país y que algún día les tenían que responder. Karma, que le llaman.

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo hay mucho por decir. Particularmente creo que todas las acciones tienen consecuencias buenas y malas y que así como aceptas las cosas postivas también debes aceptar las críticas. Porque en las críticas crecemos, porque la tolerancia y la libertad de expresión no pueden ser dos tarjetas de comodines que sacamos cuando nos “peleamos” entre nosotros, pero que cuando Mario Silva nos insulta ni de chiste la asomamos. Porque pedir Tolerancia y respeto para ese vídeo es burlarte en la sangre de los venezolanos. Porque si no entendieron el asunto, es mejor que se vayan sin CADIVI y prontito. Porque yo a este país lo quiero, y a esta ciudad LA AMO.

Nadie está obligado a amar al país en el que nace, pues es cuestión de azar, pero sí les pido que respeten al país en el que ahora están.

11

Apr

Venezuela, Saramago y la mierda

Supongo que desde El Coronel no Tiene quién le escriba usar la palabra “mierda” no debería estar penalizada por intelectuales y académicos. Aunque debo confesar que poco me importa, no suelo usar groserías en mis textos, pero aquí no cabe otra palabra.

Recuerdo cuando hace años decidí leer a Saramago y comencé con ‘Ensayossobre la ceguera’. En aquel momento no lo entendí, no en su totalidad. Sin embargo, con el paso de los años esa ceguera se hacía cada vez más real en nuestro país, bueno en Él país porque el ‘nuestro’ suena más bien a una mea culpa para no sentir que tiramos la toalla hace tiempo.

Saramago decía: “…es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.” y ahora lo entiendo. “Nosotros” los venezolanos preferimos siempre el ‘afuera’, la ropa, el teléfono, el petroleo, las armas antes de asumir: estamos en la mierda como país.

Solemos sentirnos orgullosos porque “maldonado está en la F1”, por ejemplo, pero somos incapaces de sernos sinceros y decir: no pana, es una mierda. Y quien se atreva a decirlo será tildado de “apatrida”, y “antinacional”. Ja! Ese pseudonacionalismo sobreestimulado que no sabemos manejar y que juramos “me la estoy comiendo, en el mundo nadie ve que estoy en la mierda porque por fuera estoy BUENOTA”.

Y esto lo empato con otra cosa que dijo también Saramago en el ensayo “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.” Hoy en el metro me sentí mal, tengo días con problemas estomacales y puede que sea gracias al agua contaminada, el punto es que me sentí mal, vomité y ni un solo ser “humano” se acercó a preguntarme “¿Estás bien?” no, era mucho más sencillo hacerse el loco, total, ese no es mi problema. Hace años eso no hubiese pasado. Nosotros olvidamos eso que somos para convertirnos en eso que queremos ser para que otros no noten que estamos en la mierda. Y el drama no es porque no me hayan ayudado, el drama es porque también nos hacemos los locos con los hospitales, la violencia, y demás porque “eso no me está pasando a mi”. Somos ese galpon que describe Saramago en el que meten a todos los cieos para que “no contaminen a otros”. Pobres de nosotros. Estamos ciegos y no lo sabemos.

“No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca” .
Eso no lo hemos entendido. Absurdamente creemos que todos nos pertenece, pero al mismo tiempo lo despreciamos. Ese “deseo de poder” que tiene algunos, que creen que son dueños de la verdad, que pelean por cargos, son tan despreciables como el motorizado que cree que la calle le pertenece, como el señor que te empuja en el metro para sentarse, el Chavista que dice “esta es mi casa (refiriendose al país) y si no me da la gana de hacer nada, no lo hago, que trabajen los extranjeros” o el opositor que se llena de negocios con el gobierno y además reparte ministerios, de esoa que aun no tiene. Somos un país despreciable, pero otra vez, es preferible contestar ‘bien’ a decir ‘estamos mal’.

Esto que sigue no necesita explicación: “La muerte anda por las calles, pero en los corrales la vida no se ha acabado”. Y no solo hablo de la muerte física, sino de esa muerte espiritual que tenemos todos. No tiene nada que ver con la “misa”, tiene que ver con el alma de cada uno de nosotros. El otro ya no existe y por ende no importa. Lo realmente importante soy yo y mi “mundo de poder para joder”. Que mierda.

Yo, como Saramago, me pregunto:

“Cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera”, ¿Cuántos muertos (exiliados) serán precisos para entender que estamos en guerra?

Y por último les digo “[…] cómo vamos a vivir este presente, sin futuro”.

Y sí voy a votar, y sí seguiré llamando al voto. Pero por el único motivo de negarme a vivir en una ceguera autoimpuesta. Porque la capacidad de indignación puede que sea una virtud y una desgracia, y pues deberé apreder a vivir con ella.

Yo les digo, dejemos de decir: “estamos bien” y comencemos a reconocer que estamos EN LA MIERDA, y probablemente ese día comencemos a salir de la ceguera y a cambiar lo que antes no veíamos.

Como dice @ChavezOfficial: todos tenemos un poquito se Chávez adentro. Y completo yo: y eso es lo que tanto nos molesta.

11

Apr

Caracas, aquí ya no cabemos más

En ti, 07 de abril de 2012.

Hola,

Espero que lo sepas, pero tenemos que hablar. Sí, sé que últimamente nos la estamos pasando genial, yo salgo, te veo, te beso, te admiro, te siento, te respiro. Tu me ves, me abrazas y me golpeas, me besas y me muerdes, me lastimas y me conscientes. Nosotras nos queremos y nos hacemos daño. Nos vivimos y nos cambiamos los rostros para ponerle nombre de Ellos y que todo sea más sencillo.

Sé también que te dije, cuando regresé, que intentaría tener algo contigo y que fuese por siempre, pero es que entiéndeme, quiero seguir contigo pero para eso necesito alejarme, tener mi espacio, mi tiempo.

Caracas, bella, sabes que he cometido grandes errores poniéndote rostro de hombre. Eso nos ha jodido a las dos. Hoy ya no camino tan tranquila por tus calles, allá afuera están Ellas. Esas Ellas que hacen daño y a las que les hice daño. Esas Ellas que no quiero cruzarme porque me recuerdan que fueron las que “ganaron” en esa pequeña batalla (que nunca se dio).

Tampoco estoy tranquila Caracas porque siento que en cualquier momento puedo estar tirada en tu suelo, sin mi celular o sin algún otro amigo. No llores hermosa, tu sabes de lo que te hablo, la inseguridad nos está comiendo las ganas como las termitas a una cama. El Fito se lo cantó a Baires cuando le dijo “Te falta el mambo y te sobran muertos”. Esto es un tengo con un no quiero.

Eres una loca y como todas las locas, seduces y enamoras con ese noséqué que me hace quedarme y quererte, pero al mismo tiempo me asusta perderte y sé que si intento quedarme para tenerte, me perderé en ti y tu en mi.

No, tranquila, no eres tú, tampoco yo. No estoy segura de que sean Ellos y mucho menos Ellas, pero lo que sé es que me tengo que ir. Volveré Caracas, sé que volveré.

Pasaré un rato en Baires o Madrid, y sé que de ti siempre lograré escribir. Oh Caracas, mi Caracas.

Te llevaré conmigo a donde vaya, en mi lienzo, en mi pie y en mi tobillo también. Tu nombre tatuado, mi único y gran amor, jamás olvidado: CARACAS.

No sé qué más puedo decir, ahora que las lágrimas y mis ojos se encontraron, sólo quiero dormir. De ti no me puedo despedir.

Aún no me voy y ya comienzo a extrañarte.

Siempre. Presente.

 

L.

28

Feb

El macabro juego de la muerte (En Venezuela)

OneChotRepública Bolivariana de la Marihuna, martes 28 de febrero. Te despiertas, abres twitter y lees #FuerzaOneChot, entras en la etiqueta y te enteras que OneChot recibió un disparo en la cabeza para ser robado, piensas: MALDITA CIUDAD PODRIDA. 

No es tu amigo, sencillamente un cantante que admiras, escuchas y que seguro pudiese ser tu amigo, pero eso ahora no importa: ÉL NO ES UN NÚMERO MAS. Lees comentarios como “bueno, dejen el show, esto pasa todos los días en Venezuela, sobre todo en Caracas (Caracas, tu ciudad, tu vida, tu)“. Te indignas y piensas: “Coño no, decir eso no es darle importancia a los que están en la morgue, es restarle importancia a todos, es entrar definitivamente en el macabro juego de la muerte.

En ese juego TODOS perdemos, todos somos números que van y vienen sin tener más dolientes que los que te conocen. La impunidad es cada día más obvia, pero la indignación se nos agota. Eso, perder eso nos hace formar parte de esa Rotten City que OneChot denunció y por la que tanto lo criticaron.

Te preocupas, sientes miedo, pero al mismo tiempo te gritas a ti misma que no puedes ser parte del juego, no puedes ocultarte en tu casa. Las lágrimas corren mientras escuchas a One Chot, mientras escribes y no entiendes qué carajo tiene en la cabeza aquel que te de dice: “No hay tantos problemas en el país”.

La Guerra aquí está clara, la guerra civil comenzó el día que armaron a los malandros. Ellos, los malos, contra nosotros, los que nos negamos a salir de aquí.

HOY fuerza para OneChot, para las mamás en la morgue, para los niños sin hermanos. Y mierda para las autoridades TODAS, en TODOS los niveles, porque nosotros seguimos siendo números en estadísticas para ellos, pero para nosotros deberíamos ser seres humanos luchando por la vida.

Aquí: Rotten Town

21

Feb

A ellos, los que fueron defraudados

Laura SolórzanoAhí están, cada día son más, y más y más… Tienen amiguitos de ¿Aventuras? Ahí, antes tenían 10 años, ahora probablemente ya ni siquiera estén. Muertos, puede que estén muertos, y ahora sólo sean corazones rotos en alguna fosa común en el Cementerio del Sur. Aquel que está entre la ropa y las casas, abandonado en el tiempo, sin sentido, sin ganas.

Ahora son más, cada día son más. Ya no sé contar.

La noche la sufren. La lluvia la padecen. Los golpes los reciben de aquel que, sin quererlo (saberlo), desahoga su frustración en él. Ahí va, marcado, lleno de cicatrices, por fuera, por dentro. Cicatrices de la vida.

Ellos, los que fueron defraudados, esperando un cambio de nombre de aquel que lo prometió cuando juró sacarlos de la calle. Son ellos, aquellos niños, hoy adultos, los que más han sido defraudados por las promesas incumplidas de este presidente.

Tranquilo, nosotros, los que nunca hemos sido defraudados, los que tenemos el poder del voto, los que nunca creímos en él, los que te decimos: El 07  nos contamos.

15

Feb

Caminando hacia la historia

Laura SolorzanoTe montas en el metro con cara de tranquilidad. Fuiste temprano a votar, el olor a tinta todavía está fresco.

Pasaron los días. Sabes que hoy algo bueno pasará. Decides no tener miedo. Ya no es necesario.

Te armas con tu mejor cara y sonrisa de esperanza, recuerdas momentos de años anteriores, canciones momentos: “La Bolívar, 2007, el tunel, los estudiantes: ‘Somos, VENEZOLANOS y luchamos por la LIBERTAD'”. Sabes que ahora sí se están haciendo las cosas bien. No tienes miedo. Decides confiar, otra vez.

En el metro todos te ven, no ocultas el dedo y tienes una camisa donde se lee “Votar está de moda”. Tienes una sonrisa pícara, de esas que dicen “Sé que piensas como yo, también quieres montarte en el autobus”.

Tienes un nervio sabroso en el estómago, ese que sentiste aquel 03 de diciembre de 2007 cuando los ‘otros’ se retiraron del centro y supiste que había ganado el ‘NO’.

La historia no se repite, la historia se está haciendo, se está escribiendo. Hemos aprendido de nuestros errores. Hemos madurado. Hemos entendido que juntos podemos más.

Entiendes, mientras escribes estas palabras que vas a un acto histórico. Hoy, en la metro, a Henrique Capriles lo proclaman y lo vas a presenciar.

14

Feb

No te lo perdono (Sobre el 12F)

Hay muchísimas cosas imperdonables. Yo suelo ser bastante relajada con el asunto y tiendo a perdonar (y olvidar) con cierta facilidad. No me gusta estar molesta con la gente, me parece una pérdida de tiempo. Sin embargo, hay ciertas cosas que entran en esas “categoria” de los imperdonables. La incoherencia (incongruencia) es una de esas.

El domingo fue 12 de febrero, vivimos un proceso electoral único en el mundo e importante para nuestro futuro como jóvenes, sobretodo como jóvenes. Escuché comentarios como: “Es absurdo hacer esas elecciones, pero igual votaré”, “ningún candidato me gusta, pero votaré”. Admirables, ellos saben que más allá de su opinión personal, existe un proceso más grande y que se debe respetar ¡Bravo!

Sin embargo, y esto va a todos aquellos que el domingo no votaron (por flojera o lo que sea). No les perdono que no hayan dejado de lado el “esteno es mi peo” o “que ladilla la cola”. Ese voto era importante.

No te perdono que vivas de CADIVI, cómodo y te hayan pesado los pies para llegar al consulado (Mucho menos si lo tenías en la misma ciudad).

No te erdono que digas que amas la música, los paisajes y hasta la gente y hayas sido incapaz de “sacrificar” un par de horas oara votar.

No te perdono que te molestes cuando otros te reclaman esa falta de “nacionalismo”.

No te perdono que me hables de inseguridad, de ganas de mudarte, de conseguir un buen trabajo, de crecer aquí, si crees que nada te afecta.

No te perdono que creas que un voto no hace la diferencia. El domingo de voto en voto llegamos a 3.040.449 votos.

No te perdono, y jamás lo haré, que el 07 me digas “me da ladilla defender”.

¿Sabes por qué no te perdono? Porque yo también me quiero quedar aquí. Porque quiero crecer en Venezuela, porque eres joven y a los dos nos afecta esta situación, aunque no lo quieras reconocer porque “si no trabajo, no como”.

Piénsalo. Aunque, puede que mi “no te lo perdono” no te importe, pero ¿Te lo perdonarán tus hijos? ¿Te lo perdonarás cuando tu o tus amigos ya no estén aquí? ¿Te lo perdonarás cuando veas a Venezuela hundirse mucho más?

No lo sé, por las noches yo duermo tranquila ¿Y tú?

 

7

Feb

Presentes continuos

Míralos, mejor obsérvalos. Sentados, cansados, indignados.

Mira su carnaval, no tiene pinta de Nueva York, Praga, ni siquiera Panamá.

Escúchalos, ya nada de l que digas les contenta, les conecta. Siéntelos, están poco satisfechos, solo quieren algo de amor con toques de realidad.

Vívelos, como una vez dijiste que lo harías. Amálos, porque… Amor con amor se paga. Ellos te han dado mucho ¿Y tú?

Miénteles, es más fácil. Su sueño de costumbre no los deja despertar.

Piérdelos, porque ellos el 07 de octubre… (Por ti) No votarán…

 

6

Feb

#YoVotoEl12

No, ya va, un momentico. Párate ahí.

Ajá ¿No vas a votar? ¿Estás loco? ¿El monte estaba malo, cierto

Verás, soy una fánatica del voto, la política (es uno de mis vicios), pero me aburren los términos como “democracia”, “libertad de expresión”, “derechos humanos”. De verdad me aburren, los estudié en mi carrera y sé que son términos difíciles de entender y además tan amplios que ahí cabe cualquier cosa. Así que te diré por qué es que #YoVotoEl12, anota ahí:

#YoVotoEl12 porque:

  1. Quiero caminar con mi iphone tranquila, tomar fotos, cambiar la música, contestar mensajes. SIN MIEDO.
  2. Quiero una Caracas (y un país) que no dependa de carros, sino de bicicletas y trenes.
  3. Quiero poder decirle a mis papás: Me mudo, porque ya estoy grande y quiero ser independiente.
  4. Salir a las 10.30 pm de mi casa SIN MIEDO.
  5. Comer en el lugar que me de la gana porque el sueldo me alcanza porque no hay control de cambio.
  6. Tener los dólares que me de la gana en mi cuarto o en una cuenta.
  7. Tener libertad de hacer actividades en la calle: conciertos, exposiciones.
  8. Quiero que mis amigos VIVAN en Venezuela y no sufran afuera porque no están en casa.
  9. No quiero tener que irme del país si Chávez gana otra vez.
  10. Quiero TENER A MIS HIJOS EN VENEZUELA.
  11. Quiero salir y comer helado a las 3am en el Silencio (Robado a Adri -Nana)
  12. Quiero que mi hermano pueda salir con su cámara a tomar fotos cuando quiera.
  13. Ir a la playa en tren y no depender de un odioso carro.
  14. Sentirme segura al montar una empresa.
  15. Escoger lo que quiero ver en televisión.

Ahí te doy 15, solo 15 razones por las cuales #YoVotoEl12. No sé, pero escoge tu las mías si quieres o piensa cuáles son las tuyas, pero las tuyas de verdad… Piénsalo.

30

Jan

Sonidos de una (mi) ciudad

¡Levántate! Ya se escucha el sol saliendo, pintando de amarillo el Ávila. El azul ya está listo para salir y pintarnos sonrisas, llenarnos de una inspiración tremenda. Increíble.

Escucha, ya salió el vecino a caminar, y la de al lado se metió a bañar. Los de arriba, parece que se van a reconciliar. El de la panadería ya terminó de hornear el pan. El café no puede esperar.

Oye los pajaritos. Los carritos ya están en la vía, la moto conducida por aquel que poco durmió. El metro, a lo lejos se escucha, despertó en busca de quien lo quiera. Las calles, llenas de pasos acelerados, con juegos y empanadas en la mano. El caraqueño, va camino al trabajo.

Siente, sí, siente, la respiración de aquel árbol, que sonríe en aquel cerro montado. En un rato, se pintará, como toda la ciudad de otro tono.

Vamos, caminemos. Ya van a dar las 6 de la tarde. La Caracas presente, espera a que la respeten. Mira otra vez el Ávila, mira sus rojos y naranjas, el morado que aparece a ratos, le combina. Ese cielo ahora multicolor, temprano fue dorado.

Escucha de nuevo esos pasos, ahora vienen realmente agotados. Los carros, las cornetas, alejados. Escucha. De fondo. Simple, sencilla, coqueta. La hermosa ciudad, presente está.

La Caracas, de tonos rojos espera, entre sus problemas más historias para contar.

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