Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

24

Mar

Estar molesto

Cuando estás molesto todo suena más fuerte. No importan con cuanto cuidado cierres la puerta, siempre parecerá que la tiraste como forma de desahogo. La cartera cuyo broche no suena, hará todo lo posible por hacer un estruendo. El chicle se percibe desde la entrada del apartamento porque ese silencio de la molestia, de la rabia, potencia hasta el paso de las hormigas.

Pero también pasa que, cuando se está molesto, puede haber un gran silencio en la ciudad. Ninguna de las personas implicadas en la molestia habla y es como si aquel espacio urbano entendiera que es mejor no decir nada, no respirar fuerte, no pensar siquiera.

Además, el simple hecho estar molesto hace que, de a ratos, no te provoque ni hablar; o hablar demasiado. Siempre dependerá, como todo, desde el lado del río que veas la piedra.

Estar molesto siempre nubla la vista, debe ser parte de ese silencio auto-impuesto. Ese que genera que la cabeza se llene de pensamientos que no puedes sacar porque algo –que no sabes qué coño es- te impide sacarlos.

Cuando yo estoy molesta intento no hacer ruido y grito. Intento que nada suene, pero es imposible. Intento no golpearme con nada, pero la malcriadez del cuerpo puede más que la supuesta serenidad de la mente.

En fin, estar molesto está bien, hacer silencio también.

21

Mar

Amigos #DiaMundialDeLaPoesia

Un balsa en medio del naufragio

Un respiro en la asfixia

Una calma en medio del terremoto

Una Patria para el recuerdo

Un antídoto para el olvido

Una risa segura en el llanto

Una palabra inapropiada de cuando en cuando

Esos son para mí,

mis amigos.

8

Mar

Me gusto siendo mujer.

“Me gusta ser mujer y odio a las histéricas”

Así comienza Leila Guerriero una de sus crónica en la que narra la forma en que su papá le explicó “de dónde vienen los bebés”.

A mí también me gusta ser mujer.

También odio a las histéricas.

 

Me gusta saber que tenemos historia, más que histeria.

Que este día se celebra en medio de la discriminación positiva que se necesita para que ser reconocidas, ante sociedades en las que los hombres marcan el tono de la ley.

 

Me gusta ser mujer.

Pienso en el resto del mundo, y sufro.

Veo que en China detienen activistas que pelean por más derechos.

A ellas también les gusta ser mujer.

En Rusia no tienen capacidad de decidir demasiado,

y en Medio Oriente sigue siendo, apenas, un objeto para la reproducción.

 

Ellas son mujeres y les gusta serlo.

Me gusta ser mujer.

Pelear por lo justo, con la pasión de una fémina.

Tener el mismo puesto que

puede tener un hombre

porque importa mi eficiencia,

más que mi “sexo”.

 

Me gusta ser mujer porque se hace.

Se nace.

Se construye.

Se destruye.

Porque Simone.

Y Hannah.

Y Krizteva.

Y la Calcaño.

Me gusta ser mujer porque

me planto ante lo que siento.

Y no mido palabra.

Y sano heridas.

Me gusta ser mujer porque sentir es vivir.

Me duele ser mujer por el abuso.

El reproche.

El celo.

La mano que golpea.

El ojo que responde.

La costilla que se rompe.

La niña abusada.

El maltrato y el deseo frustrado.

Me duele ser mujer.

Porque hoy.

Todavía

No todas

Tienen derechos.

Me gusto siendo mujer.

 

24

Feb

Todos los muertos duelen por igual

No sé cómo murieron esos cinco, ni los otros quince cuerpos sin vida que entraron a la morgue. No sé si estos eran estudiantes, tampoco lo sé de aquellos. No sé si habían sido detenidos o si solo tienen una voz que hace ruido en Twitter. No sé, pero sé que ya no quiero separarlos.

Sé que no habrá una investigación seria, pero debo pedirla. Sé que no habrá responsables, pero debo buscarlos. Sé que seguirá pasando y no por un tema político, o tal vez sí; sé que pasa, por los 25.000 cuerpos que ya no caminan por el país. Por las armas y balas baratas.

Porque la impunidad reina aquí.

No sé si los sinombres no indignen, no sé si crean que un muerto más tumbará a este gobierno. A ellos, los indolentes, los 50.000 de los últimos dos años no les importan, no hacen la diferencia en votos, no son cercanos, no duelen.

Todos los muertos duelen por igual, porque mueren en manos de la misma puta: La violencia.

 

 

6

Jan

Frágiles

La vida dura un ratico, como dice la canción. Dejar de estar es cuestión de segundos. El corazón se detiene, el cerebro falla, los pulmones dejan de trabajar. Frágiles.

Somos frágiles ante la vida, ante la gente, ante lo que se debe hacer, ante lo que se quiere hacer. Nos rompemos fácilmente. Olvidamos rápido que la vida se acaba pronto, que una sonrisa dura más, y que estar bien es mejor que estar con drama. Nos desviamos del camino, perdemos el foco. Nos rompemos.

Emilio vivía en Uruguay, en la capital del paisito junto a otros venezolanos: Mariangel, Daniel, Greily y Ángelo. A Mariángel la conocí cuando fui con Tefa (uruguaya) y Caro (venezolana) a comer en “Hoy te quiero”. Le reconocí el gentilicio en el tumbao, el color y el acento. A Emilio y a todos los demás, los conocí un día que agarré un taxi y me fui a su casa. Ese día reímos tanto que terminamos pensando en que un stand-up sería buena idea.

Ellos eran como un mito, eran el cuento de “los venezolanos locos que viven todos juntos”, esa fue la primera referencia que tuve de ellos y me la dio Martina, otra venezolana.

En su casa, un espacio chiquito como dentro de una pensión hay mucho color, comida sabrosa, ritmo a Venezuela y calor de trópico aun en invierno. Ellos fueron, para mí, una Bendición.

Con Emilio me reí mucho, un día hicimos una “apuesta” a ver si nos adivinábamos la edad. Otro día nos dimos cuenta de que él (y ellos) trabajaban en el mismo lugar en el que yo pasaba mis vacaciones, en el Lagunamar.

Emilio se enfermó. La última publicación en su Facebook se refería al talento que se va de Venezuela. Emilio amaba la Patria. Soñaba con regresar.

Los pulmones de Emilio colapsaron. Colapsaron mucho y él entró en terapia intensiva. Desde la distancia hicimos todo lo que pudimos. La embajada ayudó. Su mamá también llegó. Pero Emilio no aguantó. Somos frágiles. Nos rompemos.

Emilio bailó todos los días de su vida, se rió a carcajadas de todas las cosas buenas y también las malas. Emilio se durmió con máquinas conectadas a su cuerpo y ya no despertó.

Somos frágiles. Nos rompemos.

Nos rompemos. Somos frágiles.

2

Apr

Los dueños de la verdad

Sentirse dueño de la verdad puede ser algo inmaduro. Son, según lo veo, los niños, adolescentes quienes con ganas de creer que se comen al mundo, deciden ser dueños de la verdad. Con el tiempo crecen y descubren que hay más posiciones, más posturas, más opiniones y entienden que no hay UNA verdad, sino que hay distintas verdades y que cada una de ellas dependerá del lente con el que sea mirado. Hay quienes tienen la capacidad, sin dudas, de ver y comprender más verdades que otras, estas son afortunadas pues han madurado.

Hay frases que quedan grabadas en la mente de quienes leemos mucho. Recuerdo la primera vez que escuché “la historia la escriben los vencedores”, me dio un poco de miedo, pues en mi cabeza solo pasaba: ¿qué pasa si ese “vencedor” estaba equivocado? La historia es una parte importante de la humanidad, ¿qué pasa si todo lo que he estudiado es mentira? ¿Cómo voy a saber si es verdad que en tal año pasó tal cosa? ¿Por qué pasó de esa manera y no de otra? ¿Qué influyó en eso? Obvio, son preocupación de alguien que se dio cuenta que está siendo parte de la historia, de una historia importante.

Es evidente, por lo menos para mí, que la frase “estamos del lado correcto de la historia” genera un poco de alergia y les diré por qué. En las elecciones de abril votó el 79.69 % de la población. Fue una de las elecciones con mayor participación electoral; en la elección anterior participó el 80.56 %, no es mucho más, pero es más. De ese 79.6 %, el 50.61 % votó por Nicolás Maduro y el 49.12% por Henrique Capriles. Sí, hubo irregularidades en esta elección, muchas más que en otras, es verdad. Sí, las instituciones están más secuestradas que antes y no cumplieron con los procesos correctos de auditoria. Suponiendo que a ese 49.12 % le sumamos dos puntos más, nos da 51.12 %, sí la mayoría para ganar; pero la minoría para gobernar, ¿Cuál es el lado correcto de la historia?

La Venezuela de Chávez generó increíbles divisiones entre la población, heridas que parecen de guerra, terminó de destruir las instituciones que ya venían viciadas, porque seamos sinceros, las instituciones ya estaban lejos de ser “modelos” para el mundo. Todos los poderes estaban del lado del chavismo. No, esto no es una resignación, para nada, es un “vamos a comprender qué pasa en la historia de Venezuela”.

Decir que somos “mayoría” por tener un par de puntos más, es sencillamente negar la existencia de la mitad de la población, del que piensa distinto, es hacer lo mismo que por años hemos criticado. Decir que somos “mayoría” y que “estamos del lado correcto de la historia” es anular al otro, anular 15 años importantes para esa mitad. Repetir, de manera soberbia “estamos del lado correcto de la historia” es, según lo veo yo, negar que en 15 años hubo cambios importantes y pretender borrar una historia, tal como hacen del otro lado. Yo no me anoto a hacer lo mismo para esperar resultados distintos.

Jim Butch decía “La historia demuestra que cuando la gente no quiere creer en algo, tienen enormes habilidades de ignorarlo por completo”, sencillo: durante 15 años un gran sector decidió ignorar por completo que Chávez tenía a la mayoría de los venezolanos, esto generó gritos de fraude sin pruebas, mitos respecto a las elecciones, y todo esto generó que hoy en día, habiendo ganado elecciones importantes, todavía muchos desconfíen del CNE (en el cual no confío 100%) e ignoren, por gusto, que solo cuando nos organizamos muy bien ganamos, porque como decía Martha: A algo organizado, solo le gana algo más organizado.

En conclusión, la frase “estamos del lado correcto de la historia” junto a la bandera del decreto de Guerra a Muerte de Bolívar, no son más que una forma de negar una parte importante de la historia. Obvio, toda historia tiene partes que nos gustan más o menos, pero eso no significa que porque “no nos gusten” sean mentira. Me gusta más la idea de trabajar juntos por una Venezuela donde se gobierne para todos, sin discriminación de ningún tipo, donde el diálogo sea un posibilidad real y sin amenazas, donde la oposición sea seria y el gobierno mucho más, donde quienes piensen distintos sean capaces de sentarse en la misma mesa. Me gusta más la idea de una Venezuela cuya historia sea cambiada de manera diferente y no con sangre de su gente.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/

Fuente: http://sociedad.elpais.com

19

Jan

Odiar a Caracas

El sonido de cornetas, entre los carros, autobuses y motos, forma un soundtrack de cualquier metrópolis, pero las de ella tienen un tono particular.

Algún tajo de desespero mezclado con anarquía.

El azul, que casi nunca falta en su cielo, junto al odioso verde del la montaña, pretenden engañarte cual canto de sirenas.

Ahí está, calmada y violenta, egoísta y amiga. Caracas. Un con leche, un con todo, un sonido, una mirada. En ella te pierdes, y a veces te encuentras. Un día la tienes. Otro la pierdes.

Inmensa sabana llena de concreto, realidades que no se tocan, misterios irresolutos. Caracas, la bella. Caracas, la odiada.

Parece imposible odiarla. Más imposible quererla.

En medio de los disparos, aun cuando el pecho toca el frío suelo, huyendo de una muerte inesperada, ella sonríe, luego te abraza.

En otro lugar de Caracas, dos cuerpos se mueven al ritmo de la salsa, el calor de sus almas, el sudor de la piel.

No basta quererla. No basta dejarla.

Caracas, ella posible en medio del realismo. Mágica en medio de caos.

Todo caos representa una forma extraña de belleza.

Una tarde cualquiera, en la que me despediré de tus caminos, lloraré por alejarme y por los momentos vividos.

10

Dec

A la MUD, a Capriles, a todos.

En 2004 me decepcioné, pero seguí adelante. En 2005, en mi casa, fuimos a votar porque entendemos que la solución es la participación. Después de esa elección, me prometí a mi misma trabajar activamente en elecciones. En 2006, fui miembro de mesa y testigo de los abusos. En 2007 también, pero esta vez ya habíamos aprendido. En 2008 el país ya estaba cambiando. Y 2009, 2010 fueron reflejo de ello. En 2012, un Chávez enfermo nos ganó, pero nosotros seguíamos creciendo. En 2013 la división del país es obvia.

Lo ocurrido el 8D en las elecciones es un reflejo de un país picado en dos. En esas dos mitades hay radicales, esos hacen daño. Los fanáticos parten del principio de tener la razón y de ser los únicos que tienen la razón, que más nadie la puede tener, que todo lo demás está mal y no debe existir. Los radicales no construyen equipos, ciudades y menos países.

La MUD, Capriles y demás líderes de la oposición; y sus electores y simpatizantes, deben reflexionar y entender dos cosas:

1. Yo no queremos política vieja, o vieja política. Nos gusta lo nuevo, los que de verdad prometen progreso y que lo reflejen en sus acciones, con su actitud. Su experiencia nos ha servido muchísimo, tal vez puedan cumplir otro rol, pero ya no estar al frente. Voluntad Popular, por ejemplo, ganó 19 alcaldías (creo que más); la mayoría de su gente refleja futuro, futuro que es presente. Los Rómulo Herrera, Los Ismael García e incluso las Eveling Rosales, nos dan alergia. El tiempo de ellos ya pasó. Muchos de ellos, además, permitieron que Chávez llegara y se mantuviera en el poder. Es hora de entender que ya no deben seguir en la alineación de este partido. Hay que mandarlos a la banca y cambiar la alineación, necesitamos una defensa fuerte, joven, astuta y sin pasado de goles sospechosamente anotados. Queremos futuro, ya dejemos quieto el pasado.

2. En este gobierno, no todos quieren negociar. Nicolás aprobó el Plan de la Patria. Ahí está, nuevamente, lo próximo que nos viene. Tenemos una guía paso a paso de las nuevas acciones de Nicolás, ya nada debería tomarnos por sorpresa. Nosotros podemos frenarlo, con inteligencia, calle, día a día, con la gente. Pero para eso, necesitamos estar seguros que ustedes lo entienden y que le hablarán al país con honestidad y sinceridad. Ayer comenzó una nueva Venezuela, una más radical. Pero será necesario dejar las pasiones de lado, la razón siempre por delante.

Por otro lado,  los políticos de teclado y radicales de pantalla deben entender que Venezuela no va a cambiar con guerra, mucho menos con TT en Twitter. Venezuela cambiará cuando cada uno de nosotros cambie, cuando dejen el teclado y decidan salir a patear calle. Cuando entiendan que lo importante es sentarse a escuchar al otro, comprender al otro, no anularlo. Esa Venezuela, la que querían construir en 2002, no existe ni existirá JAMÁS.

El cambio llegará en la medida que más personas sepamos entender que, en definitiva, tenemos un problema y es tarea de todos mostrárselo al otro, sin odio y en paz. Cuando comprendamos que en 9 meses no se logra revertir lo que Chávez hizo en 15 años, mucho menos si no se hace el trabajo de calle que es necesario, el trabajo de abrirse al otro, de entender que somos un mismo país. El cambio es lento,  pero se puede lograr. Las soluciones mágicas no existen. Quienes esperan a Melquíades deben entender que él nunca fue la solución, el trabajo, la comprensión, la comprehensión, la paz sí lo son.

11

Nov

Venezuela y el borracho impertinente

Nos gusta estar de fiesta, celebrar, el ron, bailar; es el Caribe y no lo podemos negar. Estamos genéticamente compuestos para ser los que joden en las fiestas, los que gozan, los que tienen un chiste en cualquier tragedia. Venezuela, siempre, está de fiesta. Hace días, muchísimos, que nuestra realidad cambió. Los niveles morales se fueron al nivel del Titanic y lo que parecía gustarnos de ser venezolanos ahora lo odiamos. Estamos a punto de pedirnos el divorcio, solo que recordamos que es imposible hacerlo.

Después de lo ocurrido el sábado en Daka, el domingo en varios lugares, el lunes y que es probable ocurra nuevamente mañana, solo queda demostrado que somos dos venezolanos distintos. La mayoría de nosotros somos los que vamos a la fiesta y gozamos, disfrutamos, nos reímos, hacemos amigos. Colaboramos con el asunto llevando algo para picar, ayudamos a recoger los corotos si nos quedamos hasta tarde y ponemos en orden las sillas si llegamos demasiado temprano. Echamos broma sanamente porque somos jodedores, nunca faltarán los caraquistas y los magallaneros que se rían después de sacar hasta la última estadística. Somos más los que queremos llevar la fiesta en paz. Bebemos, pero no hasta perder la conciencia porque queremos recordar cada minuto de la fiesta.

Pero hay otro grupo conformado por ese que no quieres invitar, aunque tienes que hacerlo porque es tu primo lejano. Ese cuyo vacío emocional se llena gastando los reales que no tiene, solo porque cree que con la pinta se gana el respeto. Ese que se beberá hasta el agua de la poceta, romperá el retrato familiar e insultará a la mujer que no le prestó atención por borracho. Este es el que te vomita la casa, el que no lleva nada y se come todo. El borracho imperinente que destruye todo a su paso y luego de la resaca no queda más que un vacío más grande, la sensación de haber roto de nuevo la única posibilidad de tener una relación duradera, la familiar, la que no se debe romper.

La tensión en la fiesta está por romperse, parece que el fiestero más tranquilo por fin de está cansando de los espectáculos perpetrados por el segundo. En cualquier momento de la fiesta, justo antes de la hora loca, la música se detendrá, correrán al borracho impertinente, habrá un poco de crisis, se romperán algunas copas. Algunos se irán con él porque se proyectan, quisieran ser un borracho más pero la falsa moral no se los permite. En ese momento, un ratico después, comenzarán a vivir la mejor fiesta de sus vidas.

Venezuela está cambiando, pero el proceso es lento porque la música en esa fiesta es alta y la comunicación es poca; pero las conversaciones de barra y baño permitirán que todo se acelere. Solo debemos esperar, con el ron en la mano, a que alguien se harte del borracho impertinente.

14

Sep

La patria como una droga para olvidar los problemas

Genio, Chávez era un genio, ¿No? Su última campaña electoral debería pasar a la historia como una campaña ideal para megalómanos que están a punto de morir y cómo diosificarlos. El símbolo de los ojos fue genial, qué buena manera de quitarle el trono al Ché y su rostro. Dejen que se expanda por el planeta la nueva ola de “nuevo revolucionarios de la nueva-nueva-nuevísima izquierda”. Eso viene porque tiene que ver con el Marketing y tiene pegada.

Otra cosa genial de Chávez y su última campaña fue decir la famosa frase: Lo importante es tener Patria. Qué buena frase. Ok, sí, sé que no es buena para quienes los adversamos, pero ¿Se han dado cuenta del efecto? Es increíble, pero todo lo resolvemos con la Patria. La Patria es el alambre de los problemas sociales.

Sino no me creen, vean cómo desde dirigentes políticos hasta la señora que me vende el café gritan: Pero tenemos Patria… Como si fuese un logro. Ustedes también lo gritan. La frase “tenemos Patria” parece servir para drogarnos cuando se nos va la luz, cuando nos roban, cuando nos quedamos sin agua, cuando caemos en un hueco… Cuando recordamos que estamos dejando de ser un  “país del tercer mundo” para convertirnos en uno del inframundo.

Además, ¿Saben por qué es tan genial la frasecita esa? Porque Chávez sabía que tarde o temprano la frase se iba a transformar en un chiste; estoy segura que pronto sale una changa tuki con el “pero tenemos Patria” o tal vez ya salió y yo no me enteré. La frasecita nos duerme porque drenamos la arrechera por Twitter diciéndola, ¡Chávez era un genio!

Fidel dopó a los cubanos a su manera, al final del día la teoría de “cómo matar a una rana” es efectiva. Digo, si la rana se aclimata con el agua cuya temperatura sube poco a poco todo sabemos que terminaremos comiendo sopa de rana. Qué loco, ¿No? Todos pensábamos que Chávez lo tendría difícil porque “estamos hiperconectados” y todo ese cuento lindo de la globalización, pero ¿Ustedes tienen internet rápido? ¿Les sirve la conexión de sus celulares? No sé.

La Patria de palabra no basta para tener dignidad porque la dignidad no viene solo con lindas frases y flores después de una golpiza. La patria, junto a la dignidad, tienen que ver con la simple posibilidad de cepillarte los dientes al despertarte, tener atención médica decente,  tener escuelas de calidad, la patria viene con seguridad, progreso, un sueldo que alcance. La posibilidad de un futuro digno en la Patria te lo da quién la gobierna y en este país, que en realidad es una guillotina, nosotros no estamos muy seguros de sobrevivir y mucho menos de morir con “dignidad”.

Vaya, qué genio era el Chávez… Sigan gritando como locos “Pero tenemos Patria” mientras que las focas de la Asamblea repiten que Capriles es culpable de todo… Lo estamos haciendo bien, pronto seremos la “Patria grande que Bolívar sonó”.

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