Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

6

Jan

Sonrisas -Varias- de #366Sonrisas

Sigo de vacaciones, así que sentarme en la computadora es un tanto complicado. Podría hacerlo desde el iphone, pero me niego a hacerlo sin dedicación, porque al fin y al cabo, son 366 sonrisas.

Aquí van:

Sonrisa #3: Andrés y Mafer.

Esta es la historia de un niño que conoce una niña. Esa niña le gusta al niño, pero tiene novio. Se conocen, hablan, pasa el tiempo. Dos años después, la niña ya no tiene novio; el niño está soltero. Comienzan a hablar ottra vez. La niña conoce a los amigos del niño y todos se enamoran de ella -incluída la mejor amiga, que suele ser complicada-. Los niños se hacen novios. Meses después son: Andrés y Mafer. Tenía rato sin ver a dos personas tan enamoradas, de ellos y de la vida. Ellos me devuelven la fe en el amor, con dosis de realidad. El niño y la niña van por ahí sacando sonrisas.

Sonrisa #4: Santa tuvo muchos juguetes

Anoche, en un bar por esos lares del Hatillo, logré escuchar cuando Leo comentaba que este año, ese hermosos proyecto de “Santa va a las cácerles” no sólo recaudó juguetes con éxito, sino que también tuvieron juguetes de más. Pensar que en el país todavía somos muchos los que creemos que es posible el cambio, y que luchando grano a grano comenzaremos a lograr grandes cosas.  Para conocer más sobre esto: www.dmtupar.com.

Sonrisa #5: Reencontrarse con los amigos

No sé exactamente la razón, yo tengo una en mi cabeza, pero me encanta que así haya sido. Este diciembre muchos amigos se reencontraron con amigos. Muchos de esos brillantes venezolanos que están pasando un rato afuera están de visita aquí en Venezuela. Yo vi a muchísimos de mis amigos que extrañé (y que sigo extrañando). Por las miles de sonrisas que me sacaron, y aunque ya esta semana me tocó despedirlos de nuevo; ustedes están en mi sonrisa 5.

El día 6 corre hoy, sé que en el camino encontraré otro motivo para sonreír.

Feliz primer viernes del 2012, interesante y divertido.

3

Jan

Sonrisa 2 de 366: Diana, la emprendedora

Ahora debo bloglear a diario, algunos días será más difícil que otros, pero lo intentaré.

Esta es mi sonrisa del 02/01/12: Diana, la emprendedora.

Diana Montero es una chama que conozco desde que estoy en la universidad. Sin embargo, nuestros caminos siempre estuvieron cruzados de una manera u otra. Desde junio del año pasado, hago Yoga en la Plaza de los Palos Grandes y me la encuentro en muchísimos lugares de lo que llamamos “nuestro municipio Wanabe”.

Anoche, después de la clase de Yoga fuimos a casa de Bernardo a “ver” el juego de Fútbol Americano de Standford, la univ donde Berns está estudiando. En el camino comenzamos a hablar de nuestros proyectos para este y el próximo año. Entre conversa y conversa, Diana me comentó que ella quería seguir siendo emprendedora, que ama el riesgo que se debe tomar, que está haciendo un montón de cosas porque sino “me aburro”.

Diana, es de esas mujeres que, poco a poco, está cambiando la realidad del país porque se despierta bien temprano, trabaja, crea empleos para otros y además se dedica a hacer que Venezuela sea un país más amigable con el tráfico y los ciudadanos. Todo esto sin dejar de lado su parte personal, hace yoga, baila, sube al Ávila, corre.

Ella es un motivo para sonreír e inspirarnos. Espero que ahora sí podamos ser mucho más cercanas.

 

Esta noche, pues culgo mi sonrisa 2 de 366.

 

20

Jul

#1

Si vas en el metro y me ves sentada con audífonos, mi cuaderno y mi portaminas y además ves que el portaminas se mueve al ritmo de mi cabeza dibujando palabras en las hojas del cuaderno, por favor: NO me interrumpas. Probablemente me hagas perder la inspiración.

Gracias.

Lau 🙂

15

Jul

Caracas, volvamos a hablar

Definitivamente, estar peleada contigo a veces es difícil. Reconciliarme no es tan fácil pero es maravilloso. Tus calles están llenas, como muchas otras, de problemas, sueños, esperanzas, pero sobre todo de una gente que no deja de sonreír a pesar de lo mal que te trata.

Se me ocurrió salir de tus fronteras, buscando aquella ciudad soñada, capaz de recibirme con los brazos abiertos sin ninguna objeción y me encontré una ciudad ajena, llena de gente extraña, con problemas como tú. Te extrañé más de lo que pensé y cuando me senté en una de tus plazas recordé lo mucho que me encantaba vivirte y caminarte.

Últimamente ningún gobernante te quiere, prefieren pelearse entre ellos antes de mirar y ver lo deteriorada que estás. No ayudan a modernizarte, sigues con esas ropas sucias y viejas quedadas en el tiempo. Pensarte sin miedo parece más una fantasía a una posibilidad.

Tu mejor parque acaba de cumplir años, unos cuantos más y se ve muy viejo para su edad, efecto de aquellos que no cuidan sus cuerpos porque creen que el efecto no se observará. Pasé por él el otro día y noté con tristeza como el verde se quedó en una foto, en el pasado, en mis recuerdos de la infancia.

Ni hablar de aquellas bellezas que muchos artistas hicieron para ti, quedaron manchadas en grafitis y en abstracciones absurdas. Sin embargo, ahí tienes ese bello cerro que te bordea, El Ávila que nos saluda, que nos sonríe, que nos pertenece. Tienes un cielo azul que nos bendice cada día, incluso cuando llueve.

Esos sonidos particularmente tuyos: el heladero, el camionetero, la moto, la gente. Las arepas y las caraqueñas. Las salsas y los viejitos bailando. Caracas, mi bella Caracas, olvidarte no puedo.

Volver no ha sido fácil, pero compartir contigo me ha recordado lo importante que es tener un lugar en el mundo.

Hace unos meses te dije que teníamos que hablar que nos debíamos separar y muchas cosas buenas saqué de esa idea. Conocí lugares y viví cosas que debo vivir contigo; para ello necesito fuerza y tú me la das.

No te niego que quiero recorrer muchas otras ciudades, pero jamás te traicionaré. Como yo hay cientos de personas que te quieren, te esperan y te extrañan. Ahora más que nunca es el momento de salir, conocer otro lugares, para enamorarnos más y sobre todo para traerte regalos, para copiarnos y mejorar modelos de ciudadanía para conservarte hermosa.

Como dicen mis amigos de Masseratti 2lts. Caracas te Quiero, Vivirte sin Miedo.

16

Jun

Hospital Vargas: Sólo un recuerdo lejano

Un día cualquiera de la semana, Caracas lluviosa, una caraqueña acompañada de dos médicos valencianos. Un destino: Hospital Vargas. Objetivo: Ellos averiguar sobre los post-grados, yo simplemente observar.

A las 4.20 p.m. aproximadamente nos montamos en el carrito (autobus) tomado en la estación capitolio, por ahí por donde está el Mc Donalds dirección Panteón Nacional: “Chama te dejo a media cuadra” me dijo el conductor al preguntarle por los que llegaban al Vargas. Luego de montarnos en la camionetica en plena hora pico, comencé a explicarles dónde estábamos y por qué los autobuses colapsaban tanto la Baralt.

4:30 p.m., a penas 10 minutos de habernos montado, ellos experimentaron uno de los momentos más típicos, la sensación de que los carritos chocarán entre ellos por lo pegados que frenan unos de otros. El regueton me hacía alzar la voz para que ambos me pudieran escuchar. Justo cuando estábamos hablando sobre los frenos se monta un señor de mediana edad, moreno y con la camisa llena de sangre, alegando que su compañero estaba herido y no tenía dinero. Procedí, entonces, a darle apenas 2 bsf que era todo lo que tenía. Uno de los muchachos me observó como diciendo: “no es parte de la solución” a lo que mi mirada respondió: “Es eso, o nos roban”.

Aún no habíamos llegado al hospital y ya era traumático el camino. La hostilidad de una bella ciudad nos indicaba que el camino aún es largo. Todo esto nos daba la bienvenida, a ellos por primera vez y a mi por haber olvidado todo aquello.

4:45 p.m., nos bajamos del carrito sólo para notar que al cruzar la calle –sin semáforo- toreando carros nos recibía un gran módulo de Barrio Adentro, cerrado  con candado y con ropa guindada en las ventanas del segundo piso.  Comenzamos nuestra caminata barrio arriba en pleno San José, bajo la lluvia y con algo de prisa preguntándo por “la emergencia del lugar”.

4:51 p.m., al ver aquel hospital sufrí un gran impacto, en mis recuerdos había un gigante, un señor hospital; en ese instante sólo veía un chicuelo indefenso entre tanta ineficiencia. Al entrar, luego de atravesar las grietas del suelo que no permiten el paso de las ambulancias, nos dieron la bienvenida al lugar 6 perritos moribundos en la puerta.

Un señor portero que parece sacado de las páginas de Pedro Páramo, casi muerto en vida nos contesta entre dientes: “Buenas Tardes”. Al ingresar al hospital me sorprende ver cómo aquella gran estructura gótica con gárgolas es ahora una pequeña casita triste e indefensa, casi sin pintura, con andamios y pasillos largos, fríos por la lluvia. Tenebroso. No podía dejar de sorprenderme en cada paso que daba. Observar aquel edificio y escuchar las conversaciones de los médicos a los que acompañaban me daban otro gran baño de agua fría y realidad.

Aquellos muchachos con esperanzas preguntando sobre sus post-grados: Medicina interna, psiquiatría; hablando con los estudiantes residentes del hospital mientras yo grababa cada detalle en mi mente para poder así traducir esas imágenes en palabras y me preguntaba: ¿Cuál es la razón de quedarnos aquí, en este país? Justo en aquel instante escuché a uno de los doctores decir: “En ese momento, por ejemplo, ese paciente –un enfermo de diábetes, edad apróximada 60 años en una camilla con expresión triste, al lado su familia resignada (fue como una escena de terror)- no tiene el médicamento (No recuerdo el nombre), una cosa tan sencilla como esa la tenemos que comprar”.

Ellos no lo notaron, pero en ese momento mis ojos se aguaron, se formó un nudo en mi garganta y la indignación caló: ¡Por eso es! Puede sonar a cliché, esperanza tonta –que se me va de vez en cuando-, e ingenuidad de muchacha es la que hace que me levante a diario a trabajar,  a seguir,  a soñar, a pensar que un poquito de algo puede cambiar.

Hoy no sé que pueda hacer, sé que no mucho más que plasmar en palabras lo que leo y siento. Aquel día, en la hospital Vargas, uno de los más tranquilos –capaz por su ubicación, hora y día de la semana que fuimos- me hizo entrar en contacto nuevamente con la realidad de muchos que –como yo- no cuentan con la posibilidad de pagar una clínica privada. Madres desesperadas, enfermas que con el tiempo y por los problemas se amargan y estudiantes –muy pocos- resignados a que la mayoría de sus amigos están fuera, pasando trabajo y a que no sienten un cambio pronto en su realidad hospitalaria.

Mi granito de arena está, entre otros, en estas palabras. Espero poder visitar pronto más hospitales de manera voluntaria.

Page 3 of 612345...Last »