Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

3

Jul

El tonto lápiz, el chamo de la patineta y la rotura

Tiene 7 años, está en la escuela y le aburre porque las maestras no lo dejan hacer historietas. Tal vez porque son raras, porque dan miedo. Porque no las entienden, porque no quieren entenderlo. Le gustan los dinosaurios y, aunque con la crisis ha aprendido un poco a hacerse sus propios juguetes, él quiere muchos dinosaurios en su cuarto: grandes, chicos, de plástico, de peluche… Los que sean.

Hace unas semanas, en un “parque de diversiones” de esos que tienen maquinitas que te dan tickets para cambiarlos por “juguetes”, entendió qué es la inflación. Tenía 150 tickets guardados y ganó 143 más. Emocionado, sin esperar a sus adultos, corrió a la “tienda” a ver qué podía comprar. “Esto cuesta un lápiz”, era mucho dinero en bolívares, una cantidad ridícula para un lápiz y su respuesta fue, corriendo a donde una de sus adultas: “tía, eso no es justo, solo me puedo comprar un tonto lápiz, aquí gastaron más dinero que un lápiz”, y lloró. Salió del “parque” y lloró. En ese momento, además, entendió que existía una cosa llamada inflación, aunque él no supiese que se llamaba así. No importa, porque no pudo llevarse las bombas de agua porque costaban 526 tickets. Un tonto lápiz no vale casi 10 dólares.

Tres pisos más abajo, en el mismo centro comercial, en una tienda de juguetes que miraría sorprendida la escena en la juguetería de Toy Story 3, entendió que la escasez existían porque “tía, son los mismos juguetes de hace un año, ¿Siempre tenemos los mismos juguetes?”.

Tiene 7 años, sabe que existe algo llamado inflación que destruye el sueldo de su mamá no alcanza, que la inseguridad existe… Y que en su salón no todos los niños comen todos los días.

Siete años. El país se rompió.

***

Él tenía 25, una patineta y la pañoleta de los Scouts. Era de los que saludaba y siempre sonreía. A veces, solo a veces, estaba demasiado metido en su mundo, especialmente cuando bajaba las escaleras del metro con la patineta en la mano. Estudiaba algo, parece. Trabajaba en algo, también parece. Era sobrino, hijo, primo, hermano, amigo, scout… Usaba la patineta.

El domingo por tarde estaba en un skate park, haciendo lo suyo, con sus amigos. Unos tipos se acercaron, dispararon. Tres balas entraron a su cuerpo y terminó sin vida. Tres balas. Veinticinco años. El país se rompió.

***

El país se rompió un día porque no aguantó más. Había abusado de él, de su dinero, de su bondad. Un día no pudo más, todo fue más fuerte y cayó en forma de pedacitos: pequeños, grandes, medianos. Se podrá pegar con cinta adhesiva, probablemente, pero tardará porque las piezas están dispersas. Hay otras chiquitas, muy chiquitas, que no consigue la forma de unirse, otra grandes que podrán pegarse rápido. Pero no importa, porque ahora se rompió. El niño de siete, el joven de veinticinco, la patria de doscientos y tantos años. En distintas maneras pasó eso: se rompió.

 

14

Dec

Y que por favor no olviden a Venezuela

Hace poco más de un mes hice una de las compras más impulsivas y hermosas que he hecho en 2014. Desde diciembre del 2011 había querido escuchar la magia de Rock & MAU. No sé por qué nunca había ido, entre una cosa y otra lo había dejado pasar. Pero como el universo conspira a favor de las cosas lindas, haber ido anoche fue hermoso. Por el lugar, por la fecha, por la situación, por la compañía.

Este año murió Simón Díaz, me fui por seis meses y descubrí que aún no podía vivir afuera porque aún hay mucho para hacer en casa, lloré por nombres en listas eternas de estudiantes detenidos y torturados, conocí gente increíble, respeté más aún el trabajo de los fotoperiodistas, hice cosas de las que estoy orgullosa, otras que no tanto. Este año fue particularmente duro para quienes, como yo, hemos decidido seguir buscando los pedacitos de rayos de sol. No es fácil, obviamente, hay días en los que quiero llorar y quedarme en mi cuarto, pero son muy, muy pocos. La mayoría de los días algo me motiva a seguir: Una persona, un gesto, un cuento, un amigo que quiero que vuelva.

Cuestión que regresar a Venezuela fue fácil, mantenerme probablemente no lo sea tanto. Entonces, busco pedacitos de alegría para recordar por qué soy feliz con el gentilicio. Y eso fue el Rock & MAU en el Aula Magna de la UCV. Fue reconciliarme con lo sabroso del país, fue bailar con canciones que ya conocía, pero con ritmos venezolanos, con gente dándolo todo en un escenario. Gente que siente a este país tanto como yo, como ustedes. Como todos.

Entonces, en este poquitico de letras que decidí escribir, solo quiero pedirle algo a todos los que se van, y miren que sé lo difícil que puede ser esto: Váyanse, fórmense, todo bien, pero no dejen de creer en los venezolanos. No en las montañas, ni en los mares, no. En los venezolanos. En esa gente que sigue aquí echándole pichón para que lo bueno haga más ruido que lo malo, para que recordemos que todos los países tienen cosas buenas y malas, pero que no hay un lugar como casa. Y que sí, que tenemos un mal gobierno, que no nos hace sentir nada orgulloso, pero recuerden que negar el gentilicio es negar que ustedes también son parte de ese talento que anda por ahí recordándole a la gente que tan malos no somos.

La patria no es el espacio físico, es la gente que llena esos espacios. Así que estemos donde estamos, no dejemos de creer en Venezuela, por favor. No somos el mejor país del mundo, pero creo que podemos acercarnos a serlo si miramos más la parte positiva y conseguimos las oportunidades en medio del desastre. Sé que se puede, sino: https://www.youtube.com/watch?v=WRose-VgSNM

Ah, y que por favor no olviden a Venezuela.

23

Aug

Sofía.

No te conozco, pero estoy segura que eres hermosa. Tienes un nombre hermoso y debes tener una mirada tierna, inocente. Naciste en un lindo país, en un momento pésimo. No tienes la culpa, tampoco tus papás. Nunca te vi, no sé si lo haré. De hecho, tu nombre lo supe mucho después de saber el nombre del fármaco que necesitabas, dónde y cómo lo vendían y si se podía conseguir en Uruguay sin récipe.

Sofía, sabiduría; eso significa tu nombre, sé que algún día lo sabrás. Debes ser chiquita, tierna, calentita. Aun no lo sabes, pero algún día te contarán que te enfermaste. Tuviste hipertensión pulmonar en una Venezuela carente de medicinas, tus papás y sus amigos pusieron en Twitter que necesitabas una, iloprost. Muchos decidimos tomar la iniciativa, que iba desde colocar un tuit hasta recorrer farmacias y consultar a médicos, solo para poder salvarte. Casi ninguno de nosotros te conoce.

Tampoco conozco a tus papás. No sé qué hacen, dónde viven, nunca escuché de ellos. No sé sus nombres. Sé que ellos, como miles de padres en Venezuela, se sintieron desesperados ante la imposibilidad de conseguir una medicina que necesitabas para vivir. Tus papás te aman, y un montón de gente que no te conoce, se preocupa por ti, Sofía.

No te quiero prometer un mejor futuro, sé que somos muchos los que seguimos peleando porque lo tengas. No te quiero decir, tampoco, que el futuro es oscuro y que cada vez estará todo peor. Sé que lo vamos a lograr, Sofía. Sé que tendrás un mejor futuro.

Tú no me conoces, y probablemente nunca lo hagas. Yo a ti tampoco, pero hoy te quise escribir, Sofía.

 

(Sofía es una bebé recién nacida que necesitaba una medicina en ampollas para que le hicieran un examen o neubulizaran. Me hicieron una mención en Twitter y luego me enteré que un amigo conoce al papá. Hoy estuve buscando la manera de conseguirle la ampolla en Montevideo o Uruguay en general, hasta que me avisaron que ya la habían conseguido. Es la historia de muchos, pero esta vez con un nombre).

31

Jul

Recuerdos del himno nacional.

Era un poco más de la 1 am cuando nos montamos de vuelta en el carro. Afuera la temperatura era de 4 grados, veníamos de una peña llena de canciones tradicionales uruguayas. Mi cabeza comenzó a recordar nuestras canciones, esas que cuando estás fuera suenan más bonito. No recuerdo bien por qué comenzó toda la historia, pero mi amigo cantaba el himno de Paraguay, donde vivió muchos años. Me hicieron una petición sencilla: Cántanos tu himno.

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19

Mar

El 12 de febrero me dolió el himno nacional.

El 12 de febrero yo no quería marchar. No estaba de acuerdo y así lo había escrito. Un noséqué en la barriga me decía que algo pasaría, pero tal vez era exageración mía. Veía Twitter, hablaba con mis amigos que marchaban. Dos días antes me había peleado con unos amigos de Voluntad Popular por la marcha. Pero la curiosidad pudo más, las ganas de estar, de vivirlo, de verlo con mis propios ojos. Me paré de la silla en la oficina, agarré un mototaxi y me fui a Plaza Venezuela. Me encontré a Willy, marchamos juntos, conocí a Emi. El destino une puntos, la clave es leerlos a tiempo.

Cuando llegamos al Ministerio Público, había mucha tensión. Los discursos fueron fuertes, incendiarios. Los chamos se subían a los árboles. Veía a mis amigos de lejos. No me gustan las multitudes, me dan miedo, me generan ansiedad, por eso casi no marcho, ni voy a conciertos, ni a discotecas. No me gustan. No puedo evitarlo. Hablé con Héctor, le dije que no me esperar. Hablé con Andrés, le dije que no lo esperaría. Hablé con Miguel, no recuerdo si le dije que iría.

En el momento que Willy y Emi decidieron que era hora de irnos, sonaba el himno nacional. Unas lágrimas me corrieron por el rostro, ahorita las puedo sentir, calientes, en medio del calor. Yo tenía la camisa del Caracas o la de la Vinotinto, no recuerdo. Son camisas neutrales. El himno me dolió ese día. Caminamos, vimos el metro cerrado, eso siempre lo hacen. Agarramos un taxi. Mi celular volvió a tener señal. Héctor me escribió: Lau, aquí va a haber peo. Yo me reí, le dije que acababa de salir, que todo estaba bien, que se fuera a su casa.

En el taxi abrí Twitter. Vi Valencia, Táchira, Mérida. Había candela en todos lados, heridos, represión. “Lau, todo está más tenso” eso o algo parecido me dijo Héctor, le pedí que me contara. Me contó. Llegué a mi oficina. No le dije a mi hermano que estaba marchando. Comí. Abrí Twitter. Un muerto. Me escribió Héctor: un muerto, un muerto, mataron a un chamo. Le escribí a Andrés para que supiese que me había ido. Le escribí a Miguel para saber dónde estaba. Yo no me creía lo del muerto. Se lo escribí. Lo volví a confirmar.

Otro muerto. Un colectivo. Me tenía que ir. No sabía cómo. Cerré todo. Caminé. El metro estaba colapsado. Salí. Volví a entrar al metro. Volví a salir. Agarré moto. Qué carajo. “Autopista pana, hay peos en el centro”. Digo groserías, pero ese no es el punto. Llegué a mi casa. Todo normal. A mi mamá la habían robado. Me llamó Héctor: Metieron preso a Ángel. Le escribí a Ana para que me diera en número de un abogado. Llamé a Gonzalo. Le escribí a Miguel lo que pasaba. Tuité sobre mi mamá. Le dije a una periodista que no podía ponerlo en una nota. Llamé a cuatro abogados. Le escribí a Melanio por Twitter. Me dio su número. Hablamos. Pedí nombres, muchos nombres por Twitter. Los anoté en mi cuaderno.

Detuvieron a Jesús. Me escribió Moisés. Lo tuitié. Miguel fue. Lo llamé.

No recuerdo haber dormido esa noche. Ni la noche siguiente, ni la siguiente. No recuerdo en qué momento comenzó esta locura. No recuerdo por qué usé ese cuaderno y no otro. Por qué llamé a un abogado y no a otro. No entiendo por qué estaba preso Ángel y no el que robó a mi mamá. Fueron dos cosas, mías, que me tocaron. Mi mamá. Mi amigo. Mi país.

Ahora solo recuerdo que el himno, cantado por la gente, ese día me dolió.

30

Nov

Hay que votar por la unidad #QueNadaTeDetenga

Esta es la situación. Se murió Chávez hace unos meses. El 10 de marzo Capriles anunció que sería nuevamente candidato para las elecciones del 14 de abril. Muchos, muchísimos pensaban que esa decisión era absurda porque él igual perdería y además dejaría de ser líder del país. A él, al parecer, eso no le importó. Asumió una campaña donde tenía todo en contra, más que la vez anterior. Maduro ganó gracias a la trampa. La trampa fue sencilla: a punta de armas nos sacaron a los testigos y a punta de amenazas compraron1464703_646823822047041_829880945_n votos. Sin embargo, Capriles sacó un millón de votos más que el octubre. Votó la misma cantidad de gente, es decir, ese millón no fue un millón que se sumó porque no había votado.

Luego, Maduro sintió que no era legítimo. Dentro del PSUV hay divisiones, esto no lo digo yo, y mucho menos un profeta balurdo, esto lo dice lo obvio. En la campaña regional de 2008 la unidad del PSUV era obvia. Todos los candidatos tenían los mismos colores, las mismas canciones, todos tenían la foto con Chávez. El Partido Socialista Unido de Venezuela, por lo menos en la imagen, dejaba claro que eran “unidos”. Ganaron muchísimas alcaldías, con eso han destruido el país. Así que técnicamente la destrucción del país no fue 100 % responsabilidad de Chávez sino de los alcaldes y obvio, de quienes votaron por ellos, pero ese es tema de otro texto. En los lugares donde no ganaron la alcaldía, como en el municipio Sucre de Caracas, por ejemplo, ganaron el consejo legislativo.

Verán, en Venezuela tenemos un gobierno Federal. Aunque no parezca, cada estado es independiente (claro, dependen del gobierno central para que les dé el situado constitucional, entonces la independencia es más bien como la del hijo de 27 años que trabaja, se paga su “vida” pero vive con los papás). Cada municipio tiene un consejo legislativo en aras de vigilar por el cumplimiento y ejecución correcta de los proyectos de las alcaldías. El problema está en que el consejo legislativo puede bloquear todos los proyectos que tenga un alcalde.

En los lugares donde el alcalde es opositor y el consejo legislativo es del PSUV, los proyectos se bloquearon. El caso de Ocariz en Sucre es el más emblemático. En cualquier país en el que se respeten las instituciones, eso sería genial, ¿Por qué? Porque el check and balance se daría, claro, tendría que ser el PSUV un partido serio y que buscara, realmente, el desarrollo del su municipio, aquí es una desgracia.

En estos meses, el lado de la oposición cercano a otros dirigentes nacionales ha criticado fuertemente a Capriles. Hay gente que no ve la imagen completa, eso es lo que pasa. Por otro lado, mientras más municipios recorre él, más gente se suma al proyecto de la unidad. En febrero del año pasado tuvimos un proceso de primarias, ganaron unos candidatos a alcaldes y gobernadores. En diciembre la gente estaba deprimida y no salió a votar, por lo que algunos de nuestros candidatos perdieron. Por ahí muchos se han agarrado de esas derrotas para decir que: las primarias no sirven para nada porque en un año y medio todos los que votaron por el candidato que ganó decidieron que ya no les gustaba ese candidato porque mercurio estaba retrógrado. Esos son los mismos que decían: las encuestas no sirven para escoger candidatos porque las pagan y entonces salen los resultados que les da la gana. Esos son los eternos inconformes que no quieren mover un dedo para cambiar el país, los árbitros de tribuna.

El próximo domingo, vamos a un proceso importante. Sí, no es el “más” importante, pero es un proceso importante… Como todos los procesos electorales. Probablemente eres de los que piensan que las elecciones realmente no son importantes porque los políticos no se preocupan por el país, pero ¿Nunca pensaste que los políticos que son así ganan porque la gente que debería votar y votar inteligentemente no sale a hacerlo? Ah bueno, entonces ahí tenemos un problema. El país necesita un cambio, pero un buen cambio, no un rapidito como los que hemos tenido a lo largo de nuestra historia contemporánea.

Las elecciones del domingo son importantes porque vamos a escoger a esa persona que está más cerca de nosotros. El alcalde. Municipios como Chacao, Baruta, El Hatillo, Naguanagua, San Diego y todos los demás que se le parezcan en todos los estados (y me perdonan porque solo hablo de lo que conozco y esos son los que conozco), no son “buenos municipios” porque la gente que vive ahí tenga una configuración genética diferente, son así porque tienen buenos alcaldes que hacen que el entorno sea más agradable para sus ciudadanos. El entorno nos define. De cierta manera, nos condiciona. Esta semana les contaré mi historia con los semáforos, para explicarme mejor.

1467388_649359695126787_1038549440_nEntonces, hay que votar por la unidad. En muchos municipios es probable que no les gusta el candidato. A mí no me gusta mi candidato, yo no voté por él en las primarias, pero mi candidato perdió y yo juego para el equipo. El candidato por el que me toca votar es Ismael García. El domingo, no importan qué pienses de tu candidato, ten un acto de fe con todo nuestro proceso de cambio hacía el progreso, confía en quienes trabajan para tener un mejor país. Los que creen que con una marcha sacarán a Maduro y se arreglará el país, les pido que por favor entiendan que los cambios, los buenos cambios, los que duran para siempre, los que cambian el rumbo de un país, no se hacen desde un teclado convocando marchas anónimas. Se hacen desde la calle, con la gente, con el otro, sobre todo con el que piensa distinto.

Los invito a reflexionar al respecto. El cambio del país debe darse en nuestras mentes, en nuestras instituciones y la única manera de hacerlo es recuperándolas. El 8 de diciembre tenemos que votar por la unidad, y que nada nos detenga.

17

Nov

Carta a los optimistas venezolanos

Hace años viajé a Cuba. He intentado escribir en vano sobre aquel viaje porque me duele, no por el pueblo cubano, sino por este. Tengo la necia manía de querer vivir lo que se defiende o se rechaza. Yo necesitaba ver La Habana, meterme en callejones, hablar con la gente, saber que el régimen cubano estaba mal, pero saberlo por mi experiencia. Manipular y ser manipulado es fácil, la única manera de evitarlo es atreviéndose a cuestionarlo todo y a vivir la historia.

En Cuba la gente es increíblemente simpática, es el Caribe. Beben ron, bailan salsa, caminan y se ríen de todo, siempre hay un chiste. También hay el cubano que quiere hacer plata a cuesta de engañar al turista, no lo juzgo; en más de 60 años no han visto otra cosa. En el malecón intentaron venderme un peso cubano con la cara del Ché en 5 dólares. El taxista, cuentapropista, nos cobró muy caro por llevarnos unas calles adelante. El cubano es vivo, se aprovecha, se ríe, joden. El cubano se parece tanto, pero tanto al venezolano. Por lo menos el cubano de La Habana, ese se parece al venezolano de Caracas.

Los cubanos jóvenes son víctima de las creencias de sus abuelos, una generación que creyó en las propuestas de un líder que venía a salvarlos, porque al final del día ellos querían ser salvados sin esfuerzo o sacrificio, querían un superhéroe que presionara un botón para arreglarlo todo. Fidel entendió eso. Los hijos de esos abuelos creyeron que alguien más los salvaría, los gringos, los europeos, alguien. Tenían la esperanza de que todo mejoraría, porque al final del día, el cubano es optimista, no se preocupa mucho por nada. Ahí tienen todo, la playa, el ron, la salsa. Todo lo demás es efímero porque la vida pasa y se acaba. Las sociedades se constituyen según su manera de concebir la vida. Para los cubanos la vida es la suya, la individual, no la de los demás. Cuando su vida se acabe, se acabó la de los demás. La trascendencia no es importante, porque igual todo cambia.

Venezuela es un país del Caribe. De toda América del Sur somos los mas caribeños. Tenemos cerveza en lugar de ron, pero la salsa sí la tenemos. Somos histéricos, esa fue la conclusión a la que llegaron unos amigos uruguayos en un programa de radio y concuerdo con ellos. En 2002 muchas cosas se dañaron, comenzó la histeria de una oposición que sin tener mucho conocimiento o análisis histórico se adelantó a lo que pasa hoy. Todo lo hicieron al revés. Sí, advertían lo que pasaría, pero la forma nunca fue la correcta. Muchos ignoraban la realidad de un país en crisis moral y social. Decían que ya estábamos en Cuba por el día y en la noche gastaban millones en una rumba. Para mi la coherencia es fundamental, sobre todo si se habla de política.

Aquí se hicieron las cosas mal y me da rabia que aún muchos no lo reconozcan, todavía hay mucho optimista allá afuera. El sol del caribe les llena la cabeza de falso optimismo, de no preocupación, de risita estúpida, de relajo. Hoy hay quienes están tratando de hacer las cosas bien, Capriles no es un santo, pero yo tampoco soy una santa… Pero para mi Capriles, hasta ahora, ha sido coherente en sus acciones y eso a mi me gusta.  Tenemos el líder que en Cuba no tuvieron. Fidel mató a quienes le podían hacer oposición, Camilo y el Ché fueron los primeros, o por lo menos esos creo. Aquí no está tan fácil. El venezolano es echador de broma, es vivo, es divertido, es “relajado”. Es que para el venezolano la vida dura solo un ratico y nadie entiende por qué hemos de estresarnos pensando en el mañana.

Maduro hace un poco más de una semana dio a entender que la manera de solucionar la inflación era decretando que así fuera. Los comerciantes tuvieron que bajar los precios, muchos ya dijeron que no abrirán más su negocio, muchas santamarías están abajo y así se quedarán. La Venezuela “tecnológica” que conocemos se acabará en enero. La Venezuela llena de marcas y ropa de moda, carros último modelo quedará en el pasado. La empresa privada terminará de quebrar en unos meses, eso creo, eso veo. La inversión se irá. Nadie quiere montar un negocio para que otro te lo quiebre. La Habana se instaló en Caracas.

En enero ese venezolano “común” que tiene un iPhone 5 sin saldo, que se viste de marca, que no lee ni media hoja de un libro sabrá qué se siente vivir más cerca de La Habana cuando se entere que ya hay un nuevo celular, pero que a Venezuela no llegará. Ese mismo que se endeuda para comprarse una pinta, que no se estresa porque la vida es un ratico, sentirá lo que se siente caminar por calles desiertas, sentirá lo que es quedarse sin trabajo porque el gobierno no se dará abasto. En enero, también, ese venezolano que gritaba desde hace años que estamos en una gran crisis económica, pero que luego gastaba millones en un restaurante, entenderá que ahora sí estamos mal. La crisis real aún no ha llegado. La historia de Pedrito y el Lobo se cumple, pero aún falta.

Los venezolanos, igual que los cubanos, son optimistas, chéveres, echadores de broma, siempre tienen un chiste… Pero ese chiste no es más que la máscara que se ponen para ocultar la falta de amor propio. Ese ego gigantesco que tienen ambos, los cubanos y los venezolanos, de creer que son los mejores del mundo, no es más que una manera de gritarle al mundo que necesitan cariño. No hay identidad propia, ni tampoco la habrá. No hay cariño propio, y tampoco lo habrá.

A los optimistas que creen que todavía se puede vivir normal en un país anormal solo les quiero decir que el gobierno y la política definen la vida de los ciudadanos, que la primera tarea es cambiar el sistema, que encerrarse en una burbuja los aisla un ratico de la realidad, pero no la cambia. Venezuela necesita más realismo y menos optimismo.

Todavía me duele escribir sobre mi viaje a Cuba, los cubanos son divinos, simpatiquísimos, amables. Los venezolanos también. Tal vez tengamos muchos más parecidos de los que creemos. Entre viveza y viveza siempre habrá alguien con exceso de optimismo que los engañe, es fácil engañar a quién no tiene criterio o pensamiento propio y no se tienen ninguno de esos cuando se vive a diario, cuando el “como vaya viniendo, vamos viendo” es la filosofía de vida.

Queda, entonces, la opción de aceptar que así somos y convivir con eso, trabajar en función a eso y no a función de otro ser. Creo que el problema es que siempre se trabaja pensando que la idiosincrasia se cambia por decreto.  Bastará reconocernos como somos para poder cambiar, pero mientras tengamos optimistas en exceso, aquella labor será complicada.

6

Aug

A mi no me gusta Ismael, pero el pueblo votó por él.

Febrero 12, 2012: Primarias de la oposición. Ismael García quedó electo como candidato para la alcaldía libertador, ¿fue dedo? Probablemente el que Capriles lo haya apoyado ayudó a su victoria (esta es de las pocas cosas que jamás le perdonaré a Capriles), pero ya va ¿No se supone que ese pueblo democratísimo de la oposición -que además se siente superior moralmente porque “saben más”- tiene criterio suficiente como para entender que podían votar por un candidato a alcalde distinto al que apoyaba Capriles? Ah, no sé.

Esta misma gente que hace un año votó por Ismael, esperando -supongo- que Capriles ganara el 7 de octubre y mágicamente el país se arreglara e Ismael desapareciera del mapa, hoy pide a gritos que el candidato sea otro. Peor aún, gente que no votó en las primarias se da golpes de pecho, ¡normal! Yo voté por Ecarri, pero el pueblo eligió a Isamel ¿me gusta? No, ¿voy a votar por él? No lo sé, la unidad es algo más grande y que nos ha costado conseguir… Soy de las que juega para el equipo; ¿Estoy de acuerdo con que Ecarri se lance fuera de la unidad? NO.

Para salir de este noséqué de régimen político que tenemos en Venezuela se debe tener disciplina y se debe cumplir con una estrategia. No basta armar una pataleta (como las de William Ojeda) o decir “soy demócrata, me lanzo por mi lado”. En caso de hacerlo caen en una contradicción. No voy a defender a nadie, pero les diré que el pueblo votó por Ismael y si ese pueblo es tan ignorante como para haber votado por un tipo que colaboró con la Lista de Tascón, entonces queridos lectores ¡Nos merecemos a Ismale! Y hasta a Maduro porque tenemos el criterio en el cu…erpo que pisamos cuando nos sentamos. Basta de culpar a los candidatos y políticos sin asumir responsabilidades como votantes cada vez que presionan el botón.

No me vengan con cuentos baratos de “la dictadura de la MUD” porque hasta que no haya unidad en nosotros no saldremos de esto. Al MAS y demás partidos mínimos que quieran ir por fuera de la tarjeta única les quiero recordar que el 14A esa tarjeta sacó -por primera vez- más votos que la del PSUV, entonces ¿Jugamos a un juego estratégico o a un juego de protagonismo? Ah, no sé, díganme ustedes.

Las malcriadeces del 2002 ya quedaron y dañaron bastante, este pueblo decidió y parte del juego democrático es entender eso. No me gusta Ismael, pero menos me gustan las malcriadeces de los “extremistas demócratas”. Les recomiendo, a todos, tomarse un tecito y entender que la democracia va más allá de elecciones y gritos en la TV.

Para que sea cuestión de democracia, antes debe ser cuestión de estrategia.

24

Jul

Fernando podría ser mi amigo.

Fernando Bello es un joven caraqueño, tiene 27 años, es internacionalista. Fernando es fanático del Caracas Fútbol Club, es creativo, le gusta Superman. Fernando tiene amigos, se ríe, escribe bien en Twitter, le gusta el fútbol, tiene mamá, papá, probablemente hermanos. Estoy segura de que Fernando tiene miedo cuando está en la calle porque lo pueden robar. Fernando creen en Capriles, en una Venezuela diferente y por eso aquel día hizo lo que hizo.

Fernando hizo algo que yo misma hubiese hecho, sacó su celular para grabar a su jefe, el Ministro Ricardo Molina, mientras le decía a los trabajadores del ministerio de vivienda que a él no me importaban las leyes laborales y que botaría a todos los “activistas y militantes” de los “partidos fascistas como Voluntad Popular”. Fernando cree en el poder de las redes sociales y por eso subió el video a YouTube para que todos lo pudiésemos ver. El video fue noticia, Fernando no. Eso está bien, así debe ser.

Ayer le tocaron la puerta a Fernando, se lo llevaron preso por un delito absurdo, el “delito informático”. Para mi que lo que cometió fue la tontería de ponerle su nombre al video en YouTube sabiendo lo que nos venía, pero tal vez era necesario que pasar algo así, no lo sé. Fernando podría ser mi amigo, podría ser ese compañero de universidad con el que luché mano a mano en la calle cuando la policía nos atacaba. Fernando podría ser mi amigo, pero peor aún, Fernando podría ser yo después de escribir este post.

20

Jul

El país que se desangra.

Es sábado por la noche, yo no debería estar en mi casa escribiendo esto, debería estar en la boda de una muy buena amiga. Sin embargo, el miedo que me da estar en la calle ha hecho que mi cuerpo somatice y que casi no me pueda mover por el dolor que –mientras analizaba los peligros de Caracas- paraliza mis piernas. Como no tengo mucho más que hacer, abro una cervecita y me pongo a leer artículos pendientes, doy con el último de Padrón, me gusta como escribe, es rudo, poético y real. Termino mezclando cerveza con lágrimas y luego decido abrir una página en blanco.

En este artículo de Padrón se leen los horrores vividos por ciudadanos cuyo único pecado es haber nacido donde nacieron y pensar de manera distinta a la impuesta. Ciudadanos que, como yo, no les tiembla el pulso para salir a la calle y reclamar derechos. De toda la lectura de Padrón solo algo me retumbaba en la cabeza, ¿En qué momento nos odiamos tanto? ¿Cuándo pasamos de ser un país amable a un país lleno de gente dispuesta a matar sin escrúpulos? ¿Por qué dejamos que el odio nos borrara colores y sonrisas para teñirlo todo de sangre y llanto?

Decidí comenzar y terminar mi tesis nuevamente, estoy en proceso de madurez y cambios en mi vida, así que me puse seria con el asunto. Mi tesis es sobre la banalidad del mal planteada por Hannah Arendt, quiero entender qué movía a los alemanes a hacer lo que hacía, por qué unos odiaban a los judíos y otros sencillamente cumplían con un trabajo. Ahí, en eso que pasó el 15 y 16 de abril en este país, hay gente así; gente que odia sin motivos a todos los que piensen distinto (por lo visto política y sexualmente) y gente que está ahí solo para ganar un sueldo porque “la vaina está jodida”. Qué rudo comenzar a entender ciertos paralelismos, ¿En qué paquete me metí?

Sin embargo, y ahora siendo más una ciudadana, ¿Entienden los líderes políticos la magnitud de esos relatos? Son unos pocos “cuentos” de lo ocurrido, pero ¿Sienten de verdad la lucha por Venezuela? Soy una intensa, de esas intensas que entiende lo importante de hacer bien las cosas, tal vez si notase que hay más gente así en la sociedad y en la política no fuese tan intensa, pero la experiencia me ha enseñado que no se puede creer en todo aquel que dice “amar” a Venezuela. El nacionalismo es un arma poderosa en las manos equivocadas; y muy valiosa en las correctas. No quisiera pensar que aquí la lucha es solo por un cargo y no por un proyecto, porque de ser así todo lo ocurrido en Barquisimeto y en muchos lugares del país habrá sido en vano… como en efecto ya creo que lo fue.

La Patria, la puta de la Patria, está llena de gente que finge quererla, la usan una o dos noches, mientras le sirve para calmar el frío de una noche de soledad y luego la dejan tirada y usada. Sucia. Indigna. La Patria, la puta de la Patria, necesita ser querida y por eso siente que cualquier militarucho o pichón de civil está dispuesta a tratarla como se merece. La Patria podría ser una dama, pero por ahora no es más que una puta barata. Y ahí está el odio, en algún lugar de esa Patria, entre las piernas maltratadas y sexo poco orgásmico de la Patria, está el resentimiento que mina a sus “hijos”. Es una lástima porque esa Patria pudo ser hermosa, pero ahora no es más que una pobre idiota.

 

El odio y el dolor se podrán marchar finalmente, el día que veamos a la Patria como una persona que no necesita más que amor sincero para andar y no como la puta de turno.

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