Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

15

Apr

Venezuela

Después de dormir, pensar, bañarme, tomarme un té y hablar con mi almohada puedo decirles algunas cosas puntuales:

  • Venezuela está cambiando, en menos de 6 meses la oposición ha crecido, pero esto ustedes ya lo saben, ¿Qué pasa con esto? La tarea no es solo electoral. Hacer de este el mejor país del mundo es hacer las cosas bien, es cumplir con lo prometido, es no insultar al otro, es no dividir, es sentarse en una plaza y tratar de entender al que piensa distinto, al que tiene una realidad distinta a la mia. Venezuela está cambiando porque estamos saliendo de una borrachera electoral que nos ha dominado por 14 años. 
  • No jugamos el mismo juego. Nosotros jugamos fútbol, ellos lucha libre. Para nosotros existe unidad, un equipo posible, unas reglas, creemos en que el otro debe tener igualdad de oportunidades. Ellos juegan sin normas, de manera individual, sin importarles a quién deban atropellar para llegar a su “objetivo”. El fútbol es el deporte más hermosos del mundo, la lucha libre es uno de los más crueles. El fútbol tienen más creyentes, a la lucha libre la siguen unos pocos.
  • No sé si el chavismo sin Chávez existe, pero sé que un país sin buena economía, seguridad social y derechos se hunde… Tengo fe en que Venezuela es un país tan, pero tan raro que nosotros triunfaremos cuando menos lo esperemos.

Para mi la lucha sigue, sigue cuando me despierto tempranito a trabajar, sigue cuando le doy la mano a alguien que lo necesita, sigue cuando doy lo mejor de mi, cuando no le hago daño a nadie, cuando decido ser mejor persona. La lucha sigue porque creo que Capriles es la mejor opción para la Venezuela que yo quiero.

No sé qué será de Venezuela en los próximos meses, no sé si yo estaré acá en los próximos meses, pero sé que la lucha porque Venezuela sea el mejor país del mundo solo dejaré de darla el día que ya no respire más y por los momentos eso no está en mis planes.

 

15

Apr

Si ustedes no quieren luchar…

… Entonces yo tampoco.

Es triste, mi Venezuela bonita, pero otros decidieron que a ti todavía tenemos que darte un poco más de palo, que aun te falta sufrir más, que todavía tienes que perder más libertades… Que la vulgaridad y la basura mental pueden mas que la gente que quiere hacer las bosas bien… Es solo cuestión de conceptos, no manejamos el mismo diccionario.

Tú y yo ya hemos hablado, mi Venezuela hermosa, pero yo no puedo estar al lado de quien no me quiere porque me quiero más a mi. Mi antes que la Patria, mi Venezuela chiquita, estoy yo… Yo quise defenderte, pero ellos pudieron más.

Tranquila, sé que pronto nos veremos de nuevo, Venezuela pequeña, pero por ahora tú y yo no podemos seguir en el mismo código de área.

Te amo,

Lau.

10

Apr

Carta a Pedrito Carvajalino (@carvajalinop)

Buenos días Pedrito:

¿Cómo me le va? Pues a mi bastante bien. Le escribo porque esta mañana me desperté con una gran sorpresa al ver que en su cuenta de Twitter promovía un HT bastante homofóbico. Déjeme decirle, querido, que me sorprendió bastante viniendo de usted; siempre pensé que, dentro de su rebeldía, contaba con argumentos sólidos para defender a sus candidatos. Claro, recordemos que Maduro no es Chávez y esa es una verdad fáctica e irrefutable, ¿o no?

Pero hablemos de una cosa, Pedrito. Cuénteme algo ¿Dónde está la aprobación del matrimonio igualitario? Mejor, adornemos el vocabulario, ¿Por qué cuando toda la Asamblea Nacional fue de ustedes no aprobaron la unión libre entre personas del mismo sexo? ¿Tan amiguitos somos de Ahmadinejad que ponemos por encima de los principios socialistas la “ideología” retrógrada de un amigo de tu gobierno?

Cuéntame otra cosa, Pedrito querido, ¿Por qué las autopistas venezolanas están llenas de huecos y sin iluminación? Te recuerdo, gordo, que hace más de 4 años eso es competencia del ministerio. Yo, Pedrito, no vengo a hablarte de ideología que en libros  suenan hermosas y enamoran cual cuentos de hadas. Yo a ti, chico, te vengo a hablar de hechos fácticos e innegables, ¿O me vas a decir que el tema de la electricidad no es un problema grave en el país?

Claro bello, pero es que tú no lo sufres a diario porque eres tan caraqueño como yo y no sufres de eso, pero ¿CORPOELEC no es del Estado? ¿No se nacionalizó hace años porque “robaban al pueblo”? ¿Hay saboteadores? ¿Por qué no están presos? Si hay saboteadores, ¿Por qué sabotean solamente el interior del país? ¿Por qué en Caracas siempre tenemos luz? Porque no hay nada, gordito. Entiende una cosa Pedrito, el sabotaje, como ustedes lo llaman, es que los trabajadores construyan esa cosa etérea que ustedes llaman “Patria” y no que puedan hacer su trabajo.

Ahora que hablamos de eso llamado “Patria” que es tan efímero como un tejemanil (esto es una palabra que usábamos en la clase de metafísica para hablar de cosas que no existen, porque acuérdate que estudié filosofía), cuéntame algo ¿Qué es para ti Hacer Patria? En serio quiero saber porque para mi Hacer Patria es tener servicios públicos que funcionen: agua, luz, transporte público, internet, salud. Hacer Patria, Pedrito es no tener miedo de caminar por la calle. Hacer Patria, chico, es que mis amigos LGBTI tengan los mismos derechos constitucionales que yo porque te recuerdo, querido, que no los tienen ¿O me vas a negar esto? Hacer Patria es fomentar la empresa porque eso genera más empleo y el empleo, gordo, hace que la gente se sienta útil y sentirse útil es sentirse feliz y sentirse feliz es pasar por alto el resentimiento.

Yo, Pedrito, no vine a hablar de ideología, pero te recomiendo, de pana, dejar de lado a tus teóricos viejos y comiences leer a los nuevos, esos que por fin entendieron que en este ecosistema llamado País todos somos necesarios. La izquierda y la derecha, querido, se le quedaron pequeñas al siglo 21. En este ecosistema, se triunfa cuando se entiende que el Estado debe enfocarse en generar oportunidades justas para todos, abrir terreno pues y que la empresa privada es fundamental. No se trata, Pedrito, de canibalizarse, se trata de entender que debe existir ese equilibrio. Y, otra vez, esto no es una ideología idealista, te invito a que veas ejemplos en países cerquita: Brasil, Uruguay, Chile, Colombia, Perú.

Y hasta acá se lo dejo, Pedrito porque podría extenderme mucho y seguro se cansa de leerme, porque ¿Sabes qué es desagradable para quienes tenemos vergüenza que nos lean una cartilla llena de verdades irrefutables?

Espero su respuesta,

Se despide, su pana:

Laura Solórzano.

8

Apr

Ya el flaco cumplió #CaracasHeroica

Para el flaco, aunque no lo lea.

Hoy marché, lloré, grité, salté, sonreí, abracé, me emocioné y yo no soy así. Hoy fui una más, poco racional y llena de emociones inexplicables e incontrolables. No me gusta perder el control sobre mí y eso pasó hoy. Pero eso pasó porque hoy, por segunda vez en 26 años, sentí que de verdad está aclarando la mañana en Venezuela. Porque tú me llenas de esperanza, porque me llenas de emociones irracionales, porque me devuelves la fé. Hoy me desperté sabiendo que queda echar el resto y que esto ya lo hice una vez.

Te voy a contar lo que viví hoy. Tengo años marchando. Marché, desde 2006 con mi UCAB -nuestra UCAB- y desde entonces no he dejado de hacerlo. He ido a casi todas las marchas, pero solo en dos de ellas me he emocionado de verdad. Me cuesta emocionarme porque casi siempre trato de ser muy objetiva en esas cosas, pero hay momentos en los que es imposible no hacerlo.

Verás, en 2007 siempre trabajé en las marchas, ayudaba a organizar lalogística, coordinaba gente, casi nunca fui solo espectadora. Pero ese año nos pusimos como reto llenar la Bolívar, sería la primera vez que lo intentaríamos y no podíamos quedar mal. Esa vez marché con un grupo de la UCAB y cuando llegamos al tunel de la Bolívar nos detuvimos, nos agachamos y segundos después salimos corriendo gritando alguna consigna que no recuerdo. Ese ha sido, hasta ahora, uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Esa noche llegué a mi casa y lloré. Ese día supe que el 03 de diciembre ganaríamos.

Hoy cuando pasé ese túnel estaba acompañada de mi papá, justo en ese momento escuché “está aclarando la mañana en Venezuela” y acto seguido llegó un grupo con una samba y se detuvo en el túnel. No se agacharon ni corrieron, transmitieron una energía distinta, de alegría, de felicidad. Entonces lloré nuevamente. Lloré porque, chamo, yo ya me cansé de pelear con el otro, me cansé de sentirme insegura, me cansé de no tener esperanza.

En medio de aquel escándalo, sequé mis lágrimas y me aislé mentalmente un poco. Comencé a observar rostros de gente #caracasheoricaque, como yo, quiere sentirse segura en la calle, quiere recuperar espacios, gente que está cansada de tenerle miedo a otro venezolano. Y nuevamente se me aguaron los ojos.

Yo tengo un compromiso con mi país, con mis sobrinos, conmigo y ese compromiso está a tu lado, luchando para que ganes. Tú tienes un compromiso con el país, conmigo, con todos; yo creo en tu compromiso porque quieres a mi Venezuela y la quieres bonito, y a las mujeres hay que quererlas bonito.

Nos falta poco, flaco.

[Fotos de Saúl Solórzano]

6

Apr

Esto ya lo hice una vez

Supongo que la lengua siempre será el castigo del cuerpo. Basta decir que no harás algo, jurarlo y rejurarlo para que -en menos de lo que esperas- tengas que volver a hacerlo. El 8 de octubre dije: «No trabajo más en ninguna campaña, estoy cansada de que la gente quiera vivir mal». Esto en mi equivale al «No bebo más» de mis amigos. Vamos, todos sabemos que me apasionan las campañas Políticas. Es interesante ver cómo tu trabajo a nivel de “mercadear a una persona” influye o no en el voto de alguien.

Volviendo al tema, en efecto dije que no volvería más a estos temas políticos, pero se murió Chávez y todo cambió. Una semana después ya estaba mandando el mensajito de «Estoy pa’ lo que salga», me monté en el barco y no me bajé. Supongo que en realidad nunca me bajé, solo me encerré en mi camarote a reflexionar algunas cosas. Lo que quiero decir es que esto ya lo hice una vez.

Ya una vez dejé el alma en una campaña donde la lucha era clara “la verdad” vs “la mentira”. Clara para mí y para muchos, pero no para la mayoría. Ya una vez me puse mis zapatos cómodos, mi jean y mi franela y emprendí la caminata por la ciudad para convencer gente. Ya una vez fui testigo. Ya fui miembro de mesa. Ya coordiné planes nacionales de defensa del voto. Ya fui ciudadana. Ya fui oposición. Ya fui. Ya hice.

No sé qué pasará el 14 y de ese día dependen nuevas decisiones, decisiones que tomé ya en octubre pero que terminarán de concretarse después del próximo domingo. No sé si Tibi anuncie el nombre que quiero escuchar, no sé si haya violencia, no sé si tengamos internet, no sé si lleguemos a TT, no sé si la gente salga a votar masivamente. Yo solo sé que ese día volveré a dejar mi alma en el trabajo más rudo y bonito que tengo: ser venezolana. Sé que ese día me despertaré tempranito, con el susto en la barriga, que registraré todo para poder hacer una crónica al respecto, que responderé preguntas de cómo vamos, que mi mamá se pondrá nerviosa, que beberé más café que nunca. Sé que mis amigos trabajarán en la elección, sé que los ojos del mundo estarán nuevamente en casa.

También sé que aprendí que la pelea se gana o se pierde peleando, pero jamás por no estar. Soy terca, muy terca y me gusta dar la guerra cuando sé que tengo la razón. Sé que estoy dispuesta a hacer esto una y mil veces más porque ya lo he hecho miles de veces antes. Yo te amo, Venezuela y aunque me pelee contigo no dejaré que te sigan maltratando porque sé que podemos estar mejor.

Esto ya lo hice una vez y lo volvería a hacer.

23

Mar

Con izquierdas y derecha no se paga en el presente.

Irse a caminar por el centro de la ciudad, esta u otra de Latinoamérica, siempre dará material para quien pretende dedicarse al oficio de escritor o cronista de los tiempos que vive. En cualquier esquina te cruzas una pelea bizantina que se torna hasta divertida después de un rato. Puedes, eso te recomiendo, sentarte con un té y disfrutar de aquel gratuito espectáculo.

Siempre me parecerá increíble ver cómo algunos se pelean por historias pasadas escrita por gentes de otros tiempos y, sobre todo, lejanas a nuestra realidad, ¿No les parece interesante? Seguramente Hayek y Marx hubiesen podido llegar a un acuerdo en esta época si disfrutarán de un buen trago en algún bar de un rascacielos de alguna ciudad de “izquierda” o “derecha”, daría igual si tuviese un buen paisaje y un divino ron.

Aquellos dos se encuentran en una fogosa discusión, no porque hayan decidido comenzar a quitarse la ropa, sino porque el calor aquella mañana los hace sudar. Qué fácil es crear imágenes cuando se escribe cualquier cosa en un papel, pero vayamos al grano y al punto importante. La discusión está basada –como es de esperarse en Caracas- en las próximas elecciones. Está planteada en los mismos términos que siempre se plantea: el socialismo del siglo 21 y el capitalismo salvaje. Aquellos no han pasado a ser más que dos títulos de folletines políticos que se entregarán a los jóvenes “revolucionarios”. Vaya, la palabra “revolucionario” pasó a ser otra puta del diccionario, le queda bien a cualquiera que sepa usarla y darle un discurso bonito.

Mientras escucho aquella discusión pienso si yo realmente tengo una ideología. Me han dicho, muchas veces, que tengo moral flexible. A esto he contestado que ciertos “aspectos morales” cambian cuando se viven ciertas situaciones. Sigo creyendo (y eso será incambiable) que robar está mal, mentir no es una gracia y que la ineficiencia es el peor cáncer de la sociedad. Pero, ¿Qué es, hoy, la izquierda y la derecha? No lo sé, son dos libritos que tengo en mi biblioteca. Irónicamente tengo el de Hayek justo al lado de Marx.

Para mí, la izquierda es una ideología nostálgica que ha decidido vivir en el pasado, no superar daños de otros tiempos y abusos de otras personas. Unos que buscan vengar un pasado que no tenemos siquiera confirmado. Todo lo que tenemos de ese pasado son las palabras de cada bando que han sido “recuperadas”, las versiones que queremos creer de los chismes históricos. Cuánto le hace daño esta izquierda a nuestra Latinoamérica. Aquellos que la viven al pie de la letra no entiende que no dejar el pasado puede hacernos muchísimo daño en el presente. A menor escala, es exactamente igual que no superar a tu primer novio, ese que te quitó la virginidad y se fue con la más buenota del colegio.

La derecha, en cambio, vive de un futuro incierto. Pretende decirnos que si todo marcha bien económicamente, entonces y solo entonces, podremos vivir bien y despreocuparnos por pequeñeces. Para ellos todo depende del capital, no importa cuántos seres humanos se tengan que sacrificar. Lo importante es saber que, si sacrificamos el tiempo y los buenos momentos, podremos estar bien –económicamente- en el futuro. Estos que “disfrutan” de esta ideología y solo trabajan, terminan con suicidios a principio de los 50 porque recién se enteran que hay cosas más importantes y que no disfrutaron a tiempo. Comparando como la anterior, ellos llegaron vírgenes al postgrado y odiaron a todas las mujeres que no entendieron el poco tiempo que tenían.

En fin, ambas ideologías están demasiado ocupadas de vivir en sus libros de textos aburridos, resentidos y frígidos como para sentarse en un parque, una tarde de un jueves cualquiera, y analizar que el presente no se paga con ideologías poco adaptadas a la realidad. No entienden que la eficiencia y la felicidad serán la mezcla del éxito en todas las escalas posibles de la sociedad. No entienden que será solo cuando se sienten y se tomen un café y comprenda con las buenas cosas de ambas  todo comenzará a marchar mejor. Ambas reclaman y vengan cuentos de fantasías no comprobados mientras que, a diario, pierden a más jóvenes. Esos jóvenes que ya saben que ser “revolucionario” dejó de ser un estilo de vida para ser la puta del diccionario porque “Libertad” ya se ha cansado de ese papel.

No será la primera ni la última en hablar de las ideologías, pero mientras paseo en el centro (de esta u otra ciudad latinoamericana) sé que podré tener estas reflexiones del día.

Ya Cantinflas habló una vez de esto en una de sus películas. Ustedes vean.

 

11

Mar

Yo hoy me despido de ti.

Anoche estuve pensando, y es que, todavía, tengo mucho que escribir sobre ti. Parece mentira, pero aún no me despido de ti, no porque no haya visto tu urna, sino porque yo me despido de los hombres de mi vida cuando les escribo un texto. Me gusta el drama, así que es una manera de cerrar capítulos.

Sí, ya escribí sobre cómo recibí la noticia de tu muerte, le escribí a uno de tus seguidores en el que sembraste el odio y también describí lo que sentí cuando fui a ver a esos miles que querían despedirse de ti. Sin embargo, aún no lograba comprender que ya no estarás. No porque te vaya a extrañar, sino porque como me hizo recordar una amiga tú has sido parte de toda mi vida. Yo también recuerdo el día que te conocí. Te “vi” por primera vez cuando metías un tanque en Miraflores, yo tenía 6 años y me desperté como siempre a poner comiquitas en Radio Caracas Televisión, en cambio encontré un sinsentido. Sí, tenía solo 6 años pero me pareció un sinsentido meter un tanque por una puerta ¿No era más fácil estacionarlo y tocar el timbre? Así de inocente era.

Aquel día me pareció muy raro tener a mis papás en la casa, pero mi mamá me dijo: «Hoy no vas a la escuela». Solo eso recuerdo, yo no vi tu «Por Ahora», sino muchísimos años después. Un día, en el 98, 6 años después tuvimos elecciones. No me parecía lógico que una Barbie (Irene Saez) se midiera en tu contra, pero tampoco escuché tus discursos, no me importaba como no le debe importar a una niña de 12 años que está pendiente de su primer beso . Pero recuerdo cuando ganaste, otra vez, sentada con mi mamá vi tu triunfo y le pregunté «¿Cómo es que posible que alguien que estuvo preso sea presidente?» Ella me me contestó que lo realmente importante era que habías matado a mucha gente en el 92, cuando el tanque y que seguramente le harías daño al país.

Vino el 99, yo ya tenía suficiente criterio  como para pensar por mí, recuerdo que dijiste aquella famosa frase de Bolívar cuando mis ojos veían a Vargas bajo el lodo y las piedras, cuánta miseria llegaría a ese pueblo. Cuanta soberbia mostraste aquella vez, qué increíble lo que nos venía. Recuerdo, desde ese año, las discusiones en mi colegio con los chamos que apoyaban tu proyecto desde temprano, yo nunca creí en ti, pero muchos en mi colegio sí.

Ya en la universidad, me tocó votar, mi promer voto fue en tu contra y aquella madrugada, cuando anunciaron tu triunfo lloré, pero supe que tenía que hacer algo más, que necesitaba involucrarme de verdad. Desde ese momento te convertí en mi razón de vida, ganarte una elección, eso era lo que más quería. Me metí en el centro de estudiantes, movimiento estudiantil y demás actividades tal como muchos de mis amigos.

Así pasaron 6 años más de correr, vivir por ganarte, pensando cómo hacer una mejor campaña, peleándome con amigos por los mensajes que se enviaban, subiendo a los barrios, caminando pueblos, dejé de lado todos mis planes para luchar por un mejor país porque el que me dabas no me gustaba. En 2007, finalmente, te ganamos una elección. Jamás olvidaré ese día y tu cara de odio, tu soberbia se había visto alterada por uno muchachitos que había salido a defender principios, una “victoria de mierda” como dijiste, pero victoria al fin. Podré decir, siempre, que yo participé en esa campaña y en ese movimiento que me llena de orgullo.

Te agradezco, como lo hizo este otro amigo, que hayas puesto de moda ser venezolano . Pero no te perdono los muertos, ni la destrucción de la economía, ni la transformación institucional de mi país No te perdono el odio y el resentimiento que sembraste, el poner a otros países primero que el nuestro y mucho menos te perdono habernos dejado en mano de estos delincuentes cuando tú sabías que no debías medirte en las elecciones de Octubre. Tú hiciste tu propia tumba, tú mismo te mataste cuando te obligaste a ir a una campaña porque tu soberbia es mucho más grande que cualquier otra cosa.

Pero tengo un consuelo porque creo que el alma no descansa si no se cumplen los últimos deseos del difunto y es claro que estos delincuentes no respetaron tu voluntad en vida y que menos lo harán una vez muerto. Estarás en el Museo o en el Panteón y así como nosotros no descansaremos, tú tampoco lo harás. Estos últimos 6 días han sido fuertes, parece que contigo la cosa iba de 6 en 6.

El 14 tengo otra oportunidad para ganar unas elecciones, solo que tú no serás el candidato y es una lástima porque a pesar de todo, fuiste un buen adversario.

¡Qué tengas, algún día, descanso!

7

Mar

Con la esperanza de despedirse del líder.

Muerte de ChávezSuele suceder que, por las mañanas, el metro está congestionado. Algunas estaciones están más llenas que otras y unas cuantas son el “desahogo” del vagón porque son estaciones que sirven de transferencia, bien sea por vía subterránea o terrestre, para otros lugares de la ciudad.

Plaza Venezuela es una de esas estaciones. Sin embargo, esta mañana, al vaciarse el tren en esta estación, estaba claro que las personas que caminaban a esa transferencia quería ir a despedirse de su comandante presidente líder revolucionario.  Tenían la esperanza de desperdirse de su líder. Yo solo quería tomar fotos y vivir el momento. Solo eso.

Quise entender ese sentimiento, fanatismo o lo que sea que se vivía, pero no lo logré. No sé qué se siente llorar desgaradoramente por una persona y, sinceramente, espero no saberlo jamás. No sé lo que es hacer horas y horas de cola para ver a alguien por última vez. No me parece que tenga sentido, pero el hecho de que para mi no tenga sentido, no quiere decir que para ellos –las miles de personas que estaban ahí- no lo tenga.

Llegué a las 7:10 am a la estación El Valle, me encontré con mis dos amigas y caminamos hasta Los Próceres. No dejaba de sorprenderme la cantidad de gente que caminaba a mi lado. La mayoría con los ojos hinchados como quien lleva días llorando un despecho. Camisas rojas, tricolor en los brazos y consignas.

Al llegar a Los Próceres, noté cómo los puestos de comida estaban full de gente que tenía ahí, probablemente, más de 18 horas. Basura por todos lados, niños, ancianos, jóvenes, motos, sillas de ruedas.Muerte de Chávez Muchísimas de esas personas venían de interior del país, otras –como me decía un amigo- eran ese barrio que bajó a despedirse de Chávez, ese que no conocemos porque está demasiado arriba como para “ensuciarse” los pies.

“Aquí está el fraude del que habla mucha gente”, esa fue una de las primeras cosas que mencionó una de mis amigas. Yo no salía de mi asombro, el sentimiento y la energía que se vivían era impresionante. Sin embargo, había muchísima desorganización.

No se sabía dónde terminaba la cola. Muchísima gente, bajo el sol, esperaba pacientemente ver al comandante. De fondo, la música ponía los pelos de punta a cualquiera que tuviese un poquito de sentido común como para entender la importancia de lo que estaba sucediendo en aquel lugar.

“Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro”, “Estoy aquí desde las 8pm, llegué por el Hospital que está allá atrás, me falta poco”, “A las 3am llegué a hacer la cola, vengo de Anaco”, “son 11 horas que estamos en la cola”, “no peleen que Chávez quiere vernos unidos y la oposición dividida”. Estas eran algunas de las cosas que se escuchaban y que me ponían la piel de gallina. No me gusta no enteder las cosas. Esas cosas yo no las entiendo, no las comprendo porque no las vivo. Es evidente que esta es la deformación del deber ser, pero ¿No es así como se trata a los líderes? ¿No pasaba lo mismo con Martin Luther King, Hitler, Lenin, el Ché, Lady Di? Existe gente que despierta pasiones incomprensibles en las masas y pues hay gente que, como yo, jamás lo entiende.

Hugo Chávez FríasMe fui antes que mis amigas, caminé sola de vuelta a El Valle y para ese momento, las 8:30 am, continuaba el show de convertir a Chávez en un ídolo (que ya lo es, nos guste o no), vendían fotos de él a 50 bsf, bandanas con su nombre (esas que no se vendieron para el 07/10), banderas a 100. Aquello era el capitalismo en pleno, pero ¿No le pasó eso el Ché?

Pueden decirme farandulera, loca, oportunista, pero nada de eso me importa porque yo sé que necesitaba estar ahí para verlo con mis propios ojos. Fueron muchos años de lucha contra su gobierno y necesitaba saber si estaba equivocada. No me equivoqué, solo debo decirles que me conseguí a un chavismo sin Chávez bastante fuerte. Tal vez sea la euforia de la muerte, la borrachera de la tristeza, el tiempo nos dirá.

Pretender tapar esta realidad o hacer análisis transochados desde alguna oficina es absurdo y en eso llevamos 14 años. Ahí, con Chávez, llorándolo está un gentío al que no le llegamos porque no los entendemos, porque tampoco intentamos hacerlo y él sí supo hacerlo. Y, me parece, que mientras nos empeñemos en negar esta realidad, seguiremos comentiendo los errores que hemos cometido hasta ahora.

No me sirve la justificación de “ellos también lo hacen” porque, en teoría, somos nosotros quienes tenemos un discurso diferente, de unidad, de comprensión, de unión.

Por lo que sentí hoy, entre la gente, con las miradas, las peleas entre ellos por quienes no respetaban las colas, puedo deducir que lo peor está por venir y eso, a mí, me da terror.

6

Mar

Carta a mi no-amigo chavista.

Hola,

¿Cómo estás? Qué mal, tú líder ya no está. Tal vez, ahora, podamos hablar. Siempre quise preguntarte algunas cosas, pero tranquilo, respetaré tu dolor a pesar de saber que si mi “líder” Capriles hubiese muerto, tú tendrías fiestas en la calle y me dirías: bien hecho, maldita yankee. Porque sí, a mí ya me dijiste una vez “maldita yankee”, “hija de inmigrantes”, ya una vez tú me deseaste la muerte, pero ¿Sabes? Nosotros no somos iguales y eso se agradece.

¿Recuerdas cuando yo te decía que Chávez estaba enfermo y tú me decías que no? Claro, pero cómo lo vas a recordar si tú solo recuerdas lo que te conviene. Mi papá tuvo cáncer, gracias a Dios lo logró porque es un tipo que no le hace daño a nadie y que vive relajado, pero sé que es una enfermedad dura. Tres primos murieron de cáncer, no se lo deseo a nadie, pero recuerdo cuando me dijiste en TV: Ojalá les de cáncer a todos los escuálidos de mierda. Yo no olvido, solo finjo demencia.

¿Recuerdas las colas que hiciste para comprar un pollo, la escasez de productos, las muertes en el barrio? ¿Recuerdas que esta noche, cuando la euforia pase y te toque regresar a tu casa, vas a tener que encerrarte porque así lo deciden los malandros? O si vives en un refigio, ¿Recuerdas que tienes un “líder” que todo lo tiene que autorizar allá adentro? Probablemente no porque a ti lo que te importa hoy es decirme, otra vez, maldita Yankee, no volverás. Qué irónico.

Yo nunca me fui, me iré, pero hasta ahora nunca me fui. Nunca le he jalado al gobierno americano, debe ser porque yo sí me leí los libros de historia, porque conozco su sistema y porque me parece interesante estudiar lo ocurrido con ojo crítico. Yo nací aquí y me crié en un barrio, pero yo quiero salir pa’ lante, progresar, yo no quiero ser de esas que dice “ser pobre está bien” porque NO ESTÁ BIEN. Eres tú quién se siente orgulloso de la bandera cubana, yo me siento feliz de la venezolana.

¿Recuerdas cuando, hace pocos minutos, en TV nacional, en cadena, me dijiste que no querías que saliera a la calle porque ustedes nos iban a matar porque “si Chávez defendió la patria con su vida, tú también lo harías?” Ok, entonces recuerda que la gasolina se la compramos a “los gringos”, que ya no producimos casi nada en el país y que estamos hipotecados. Que no es normal que hoy te esté escribiendo esto desde mi cama con lágrimas en los ojos porque mi mayor pecado ha sido “existir y no pensar como tú”.

Te escribo desde mi cama y pienso que es absurdo que no haya podido ir a mi oficina, que me da miedo salir porque sé que hoy, más que nunca, la ley parece estar como las tumbas, debajo de la tierra.

Yo te pido, no-amigo chavista, que reflexiones y me digas de verdad si una persona opositora al régimen de Chávez, así como yo, con mis kilitos de más, con mis rulos, con mis cuentos, con mis textos, con mis risas es capaz de hacerte año. Porque tú a mí sí me das miedo y eso no es justo.

Saludos,

Nos vemos pronto, cuando el tiempo haya pasado y tu comendante haya sido olvidado.

 

6

Mar

Se (les) fue el líder, #MuereChávez

Caracas, 05 de marzo del 2013.

Aquel parecía un día normal. El clima cambió radicalmente respecto a los días anteriores, pero eso es normal en Caracas. Los 05 de marzo siempre me gustan, son días alegres y recibo noticias interesantes.

Las redes sociales estaban más alborotadas que nunca, rumores iban y venían, pero esto también es normal en Caracas. Me escribió una persona importante en mi vida para preguntarme por una reunión del alto mando militar, le dije que se venían anuncios importantes, pero como no tenía señal en el lugar al que iba, que mejor lo viera por internet. No tener señal, también es normal en Caracas.

Llegamos a un restaurante a celebrar el cumple de mi amigo Guille, todo estaba tenso, pero acordamos no hablar del tema porque queríamos celebrar. Vino una primera cadena, a la 1:15 pm en la que Maduro presentó a todo el alto mando militar y todas las “fuerzas especiales” del gobierno. Ya sabíamos que ese día dirían algo. Además, en esa misma cadena nos dijeron que a Chávez le habían inoculado el cáncer, ja, la misma estrategia que le funcionó a Fidel en un país sin tecnología durante años para “justificar” su odio a los estadounidenses. Él sabía que necesitaría a un enemigo externo porque ya la mentira estaba terminando, no podía arriesgarse a que su propia gente fuese en su contra, o eso pienso yo. En fin, acá esas cosas siempre pasan, siempre nos quieren ver la cara de pendejos y a veces lo logran. Eso, otra vez, es lo normal en Caracas.

Llegamos a la oficina y ya sabíamos que se venía un nuevo anuncio. Le escribí a uno de mis amigos periodistas que sabía estaba informado y era bastante prudente, su respuesta: «me dicen que se murió, pero no sé. Mejor vete a tu casa temprano». En ese momento le escribí a mi amiga con la que me vería en la noche para decir que canceláramos la reunión. Le escribí a mi papá que estaba celebrando en La Guaira (porque también era su cumpleaños), para el momento en que intenté escribirles a mi mamá y mi hermano, ya todo estaba colapsado. Salí a mandar un voicenote para explicar la situación, escuché la voz de Maduro, entré.

La imagen que tengo es la de una familia cuando espera una noticia de un médico, todos en mi oficina estaban parados frente al TV escuchando a Maduro, alguno grababa la pantalla, yo me paré frente a mi computadora y comencé a recoger. Maduro, entre lágrimas dijo «Nos anunciaron la terrible noticia de que hoy, a las 4:25 pm, el presidente Chávez ha muerto». Suelo mantener la cordura, pero solo me sirvió para decir «Cancelen todo el contenido de las cuentas». Luego, comencé a temblar, eso no es normal en mí.

Recogí mis cosas, intenté nuevamente hablar con mis papás y mi hermano para decirles que estaba bien y que iba camino a la casa, pero temblaba tanto que solo alcancé a medio recoger algunas cosas y salir corriendo de la oficina. Temblaba como jamás en mi vida había temblado, ni cuando mis abuelos murieron, ni cuando hubo turbulencia en un avión, ni siquiera cuando me robaron con arma de fuego. Perdí la cordura por primera vez. Eso tampoco es normal en mí.

Caminé hacía Chacaíto, la calle estaba increíblemente sola. Las cornetas de los carros acompañaban mis pensamientos de “tengo que definir lo que siento para poder escribir sobre esto”. Los rostros de la gente en los carros era de incertidumbre, alegría, tristeza. Pasé por el banco a sacar plata, había muy poca gente, la alcaldía ya estaba cerrada. Recuerdo que, mientras caminaba, me pasó al lado un señor con audífonos en los oídos y los ojos llenos de lágrimas, creo que jamás olvidaré eso. Pensé que, con la poca pila que me quedaba, tenía que hacer algunas fotos. Caracas estaba hermosa, y eso en ella es normal.

Al llegar a la avenida Francisco de Miranda, caminé un poco más lento, necesitaba calmarme así que comencé a ver alrededor. Todas las conversaciones eran sobre Chávez, había rostros increíblemente tristes, algunas mirandas “contentas”, pero sobretodo mucha incertidumbre. Por primera vez, en Caracas, la gente no tuvo miedo a ser robada y todos tenían el celular en la mano, «tumbaron la señal para no comunicarnos» gritaba una señora de camisa roja, «eso se colapsa como el 31, mija, relájate que ya se murió» le contestaba otra, ¡Qué impresionante era la calle!

No sé cómo se ven las calles los días de semana a las 5:30 porque nunca salgo a esa hora, pero todo estaba colapsado, los cajeros repletos de gente, los rumores de saqueo en media cuidad, la información de los chavistas quemando las carpas de los estudiantes, todo el mundo caminaba rápido. Esto no es normal en Caracas.

Los rostros de la gente me sorprendían, todos queríamos llegar a un lugar seguro para saber qué era lo que iba a pasar ahora, no con el país, sino con la ciudad y el caos. Al entrar al metro escuché un anuncio que por un momento me asustó «Se le recuerda a los señores usuarios que deben mantener la calma en el andén, el servicio se presta con total normalidad». Los operadores del metro ese día fueron “panas”. Un señor gritaba «este es el último tren». No cabía una persona más en los andenes, pero ahí todo estaba normal.

Por primera vez, en muchísimo tiempo, vi una Caracas unida, esa Caracas del metro que a diario se insulta, hoy -sin importar el color de la camisa- se ayudan. Abrían paso, empujaban para que entrara uno que tenía medio pie afuera, se sentaban de a tres en los asientos. Luego comenzó la conversación colectiva.

Era impresionante, pero todos hacían el mismo chiste «nos han podido decir esta vaina a las 3 o en la noche, total, ya se murió». Una señora, en tacones, decía «a mí no me quitan el glamour, yo estos tacones no me los quito ni loca. Si me toca correr, corro con ellos». Otra señora decía «a mí no me preocupa Chávez, me preocupa la reacción de sus locos». También había mucho silencio en medio de estas conversaciones.

Recuerdo que en Bellas Artes alguien dijo un chiste y todos reímos. Yo comenté «nunca dejaré de sorprenderme con  nuestra capacidad de hacer chiste», la señora de los tacones me dijo «eso es lo que nos hace chéveres como pueblo, preciosa, que nos reímos de las desgracias». Le contesté «me parece que nos reímos para no afrontar, en el fondo no nos gusta afrontar nada. El presidente se murió después de 87 días desaparecido y aquí todo está normal, esto es el metro un día normal a las 6 de la tarde. Mañana, probablemente, todo esté normal, algunos llorarán al muerto, otros nos quedaremos en casa. Nosotros no afrontamos nada, todo lo convertimos en chiste y terminamos sintiéndonos orgullosos de nuestras desgracias». Hubo un silencio que rompió esta señora «tienes razón, preciosa». Alrededor las miradas fueron con la misma expresión. Las conversaciones colectivas y sin insultos, en el metro, no son normales.

Poco a poco fueron pasando las estaciones y la normalidad reinaba a la Caracas del metro. Llegué a Catia y me crucé con el rostro lleno de lágrimas de mi vecina más chavista, la abracé (porque la quiero) y le dije que todo estaría bien. Subí a mi casa y comencé a ver que todo estaba cerrado. Eso, en Catia, no es normal.

En medio de la normalidad y la no-normalidad, así viví el 05 de marzo del 2013, el día que Chávez murió. Este no era un buen día para nacer, pero sí un buen día para morir. Nosotros, los venezolanos, seguiremos en la normalidad. Algunos iremos a ver a Chávez, otros se quejarán de los que lo haremos. Pero para mí aquel día –cuyas cifras suman 2021- me quedará grabado en la memoria como el día en que nos vieron la mayor cara de pendejos.

 

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