Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

22

Oct

(No) Pertenecer

Suele suceder, supongo, que después de una gran (decepción) alegría tu sentido de (no) pertenecer aumenta “haciéndote” ver cosas que antes no veías. Un día te despiertas con una sensación increíble de (no) saber dónde estás parada o a dónde perteneces. La vida transcurre como antes, solo que hoy hay algo diferente, (no) perteneces.

Nosotras crecimos juntas, conociéndonos, celebrando cumpleaños el mismo día, ella mi Caracas. Era mucho más sencillo antes, cuando este sentimiento no era algo más que una cuestión pasajera de esas que te dan después de una “tonta” pelea. Antes había una responsabilidad con otros, pero llega el punto claro en el que la reponsabilidad poco (o nada) importa porque está en juego tu ser.

Eso me pasó aquel día en el metro cuando con una sonrisa (irónica) quise gritar: “ya (no) pertenezco aquí”. (No)Era cuestión del Ávila, el clima o la música. Era cuestión de la gente que (no) me hacía sentir ya como en casa. Duro es darse cuenta que ya (no) perteneces a un lugar.

 

(Lee primer el texto sin tomar en cuenta los paréntesis, ahora hazlo con lo que está dentro)

12

Oct

De esto va aquello de “querer a un país”

Domingo 7 de octubre de 2012, Caracas – Venezuela, 4:30 am.

“Hoy es el día más importante de vida, no el de mi boda papá ni el de mi graduación, es este. Este día es el día en el que se define mi futuro, el tuyo, el de mi sobrino”, eso le dije a mi papá mientras me tomaba el primer café de la mañana y veía cómo comenzaba a aclarar la mañana en Venezuela.

“Es primera vez, mami, que nos despertamos a votar y suena una de nuestras canciones, escucha y canta conmigo ‘cada vez son miles y miles y miles’, esto es señal que algo bueno está pasando”. Esto le comenté a mi mamá mientras esperábamos que mi hermano terminara de arreglarse.

“:) Buenooos díaas, que desgracia tener que esperar hasta las 6 am para ir a votar, pero que brutal que acá se escucha una de las canciones de Capriles, de nosotros. Te pegaré un grito en cualquier momento, te aviso cuando llegué a donde me toca trabajar” Algo así le dije a Johann, mi amigo inseparable de elecciones y luchas universitarias desde el 2009.

Caracas, 12 de octubre 2012, Caracas-Venezuela, 10.15pm.

Estas eran mis emociones en la madrugada del 7 de octubre. Me levanté, con una sonrisa, con olor a esperanza. Me puse mi camisa “Venezuela, votar está de moda”, la tenía en la gaveta desde noviembre del 2011, me la hiceron para usarla ese día. Agarré mi acreditación y bajé a votar con la mejor de mis sonrisas. Estaba confiada, teníamos todo lo que necesitábamos -o eso pensé-. Al llegar al centro vi una cola inmesa, solo la había visto en 2003  y ahora, confirmé que aquí la gente vota cuando la presidencia está en juego.

Llegué con una sonrisa a mi mesa, no tenía ganas de pelear con nadie, solo quería poner mi dedo en la cara de Capriles, pedirle a Dios y a mis abuelos e irme a trabajar. Eso hice. Voté con mi canción en la cabeza, revisé emocionada la papeleta y por primera vez no tuve miedo delante de la máquina.

Ese día hablé durante casi todo el día con esas personas que me dan fuerza. Sabía en qué sala y en qué lugar estaban todos esos amigos y compañeros que durante años han estado a mi lado en elecciones. Son 7 años trabajando, son 6 elecciones, son muchos amigos encontrados. Sumar a esta gente a mi vida es de las mejores ganancias de estos años.

Tempranito nos pasamos mails, nos escribimos por Facebook, nos enviamos bendiciones, abrazos y buenas energías. Vi al Rafa al llegar al teatro Chacao, me sentí tranquila al saber que él estaría ahí. Vi a Bernardo a lo lejos, a David, gente con la que he trabajado y en la que confío, amigos que sé que como yo están aquí para cambiar el país y no para pelearse por un cargo.

El día pasó, los reportes iban y venían, las denuncias, los mensajes. Mi comunicación constante con mis jefes y amigos (gracias a los 3) me daba confianza a seguir paso a paso mi trabajo, ellos confiaban en mi, ellos sabía que mi trabajo de años tenía que rendir frutos, ellos fueron parte de mi apoyo durante el día.

Mi hermano, quién le hizo fotos a Capriles, se fue con Pedro y Caps a entregar unas fotos y hablé con ellos, les sonreí, les dije que sería un día histórico que íbamos bien. En sus miradas había esperanza, tranquilidad, confianza de que esta vez sí estábamos bien.

Por unos minutos sentimos la felicidad, la esperanza, el amanecer, la mañana que aclara, las ganas de seguir aquí. Por unos minutos sentimos a una Venezuela despertar y decir “quiero progreso”. En mi sala me tocó trabajar con chamos de 21-23 años, chamos que -como mi hermano- estaban a punto de vivir su primera gran decepción en una elección nacional para la que trabajaron. Yo ya llevo 3, creo que he aprendido, como leí por ahí “uno llega a saber a manejar esas cosas.”

En media hora dejé de hablar con todos los que me escribían, solo hablaba con Johann, no contestaba llamadas y a mi mamá solo le decía “mami, tranquila”. Los rostros y las órdenes cambiaron. Opté por ponerme mis audífonos, escuchar Masseratti y jugar uno de esos juegos de mi iPhone.

Hablé con Isaac B y le dije que -como le había dicho semanas atrás- no estaba lista para una decepción, que no tenía idea de lo que pasaba pero que me lo imaginaba. Dejé de contestarle, necesitaba fingir demencia, distraerme con cuentos de elecciones pasadas y para eso estaba mi amigo J.

A las 8.15 pm la coordinadora de mi sala me puso la mano en el hombro, en ese momento supe lo que estaba pasando y escribí un mensaje en la compu que pegué en todos los chats que tenía abiertos y mandé los DM’s correspondientes: “perdimos, es oficial”. Tragué profundo, no podía ni quería derrumbarme delante de gente que en un solo día se habían convertido en mis amigos, mis nenés de lucha, los chamos a los que se les tiene que dar fuerzas.

Cuando escuchamos a Tibisay solo podía pensar en qué decirle a mi mamá que creía en Capriles y en un cambio, cómo explicarle a mi sobrino que no lo hicimos todo, cómo le decía a Santiago que probablemente tendría que irse a jugar fútbol en otro país, cómo le explicaba a mis amigos que Venezuela acaba de decirnos “tenemos que hablar”.

Subí al teatro a escuchar a Capriles, las lágrimas corrían por los rostros agotados de personas que durante meses habían dormido poco porque la campaña era la prioridad. Era impresionante. Salió el flaco con ese temple que lo caracteriza a decirnos a más de 6 millones de personas “aquí quien perdió fui yo, no ustedes”. Al terminar sonó “está aclarando la mañana en Venezuela”. Los camarógrafos y periodistas al terminar la rueda de prensa comenzaron a llorar, todos los rostros tenían la misma dirección “ninguna, por los momentos”.

Llegué a la casa de mi amiga donde dormiría esa noche, su hija -mi casi hermana- me recibió con una cerveza y los ojos hinchados, le escribí a mi mamá que estaba tranquila, seguía hablando con Johann y mantenía mi temple. Minutos después me escribió Isaac “Ay Laurita, perdimos. Perdimos Laura Carolina”, no recuerdo qué le dije, pero recuerdo que intercambiamos análisis de lo sucedido y eso hicimos días después. Esa noche hablamos un rato,  me dio fuerza saber que  esta elección algo bueno me había dejado, un nuevo amigo.

A las 3 de la mañana me fui a dormir, con alcohol y cansancio en la cabeza, tranquila porque mis amigos estabas todos en sus casa o en sus lugares de hospedaje. Aquel día fue el día más importante de mi vida, descubrí que he madurado y entendí que a pesar del “Tenemos que hablar” de Venezuela, sí hay un camino, no es posible que la gente valiosa en Venezuela sea menos. Sé que problamemente muchos tengan(amos) códigos postales diferente en unos años, pero sé que cuando tengamos que volver a luchar estaremos al pie del cañon, de primeros como siempre.

Querer a un país va de muchas cosas, va de lo que todos creen que es, para mi de esto va eso de “querer a un país”.

2

Oct

Hay una esperanza

Hay un camino con Capriles

Foto: Eleazar “Caps” Briceño

“Hoy será un día importante”, eso pensaba el domingo mientras terminaba de vestirme, ajustaba mi gorra y esperaba respuesta de mis dos amigos de marcha sobre el punto de encuentro. No sabía qué me encontraría al salir de mi edificio, en Catia.

Eran ya las 10am cuando bajé. A diferencia de años anteriores -2007 incluido- decidí ponerme la gorra y no ocultar que estoy a favor de una propuesta diferente a la que gobierna. En el punto de “información” del otro candidato aún no llegaban los “voluntarios” a hacer su trabajo. Aquel boulevard solo tenía viejos que no dudaron en hacer comentarios babosos sobre mi atuendo.

El sol maquillaba las calles que estaban llenas de personas que iban y venían de los mercados. En sus rostros podías leer el agotamiento mental de hacer magia para ver cómo rendir el dinero, y cómo conseguir los productos. Esos son los rostros de Catia después de 14 años.

Hay un Camino al progreso

Foto: Saúl Solórzano

Al entrar al metro recordé que no tenía ticket, al acercarme a la caseta la muchacha que atendía me vio la gorra y sonrío, sentí que esa era la manera de decirme “yo creo en ese camino”. Bajé al andén pensando que sería la única lista para seguir dibujando aquel camino, gracias a Dios me equivoqué. Al mirar a mi alrededor encontré gorras, rostros tranquilos, “ropa de marcha” y sobre todo rostros llenos de esperanza. Desde el 2007 no sentía algo parecido.

El metro siguió avanzando, para mi asombro, estaba bastante rápido. En Agua Salud, tal como lo conté el otro día, la estación “del 23 de Enero”, se montó gente con camisas de Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, camisas de Hay un Camino. El asombro fue el mismo para todos.

Desde aquí no hay más nada qué contar y mucho menos el “durante la marcha”. Les contaré lo que el motorizado de la oficina nos contó el lunes:

“Laura me la comí chama, estoy llegando ahoritica por la rumba que se armó ayer en el 23 después de la marcha. Nosotros nos fuimos, un grupo caleta y cuando llegamos a la Av. Sucre nos encontramos con ese gentío al que no los dejaban montarse en las camioneticas porque estaban amenazados -los conductores de varias líneas fueron amenazados por grupos armados y les prohibieron montar a “gente de Capriles”-. Bueno chama nos pusimos esas gorras y comenzamos a cantar y a gritar. Nos montábamos en los carritos y decíamos “mi gente tranquila, hay un camino, hay una esperanza”.

Cuando llegamos de la marchar, que fue impresionante chama yo jamás había

Henrique Capriles Radonski

Foto: Saúl Solórzano

visto tanta gente, bueno nada llegamos caminando al 23, de la emoción se nos olvidó que andábamos identificados y cuando llegamos al bloque nos encontramos fue a un gentío gritando “hay un camino”, un bicho ahí puso en el carro la música del flaco y se armó esa rumba. Hablábamos con la gente, les decíamos que el voto es secreto. Los otros bichos -refiriéndose a los Tupamaro- no nos decían nada porque saben que lo que están es perdidos. La gente en el 23 perdió el miedo chama, estamos cansado.”

Hace tres semanas le regalé al motoman una gorra tricolor, fue una de las personas más felices ese día, no la quería “para pavear o para la colección”, la quería porque cree en este proyecto. Hoy sé que valió la pena dejar a alguien sin gorra para dársela a él.

Capriles ha devuelto, en lugares como Catia, el 23 y La Pastora la fé y la esperanza de que hay un camino hacia el progreso, citándolo “nadie quiere vivir peor, todos queremos vivir mejor”.

Ese flaco nos devolvió la esperanza. Por eso sé que hay una esperanza y que sí hay un camino.

14

Sep

De cómo en Catia perdimos el miedo

Como todos saben uso el metro todos los días, hoy no fue la excepción.

Justo donde estaba parada estaba un señor que parecía haitiano (o barloventeño, quién sabe), el metro estaba extrañamente full -aunque eso tiene sentido porque es viernes y quincena-. En Capitolio se monta un chavista claramente identificado (camisa roja, cuerda de llaves de Chávez, gorra de Chávez) y ve a este señor al que llamaremos señor H. Comienza a hablarle en idioma borracho diciéndole que “sé que llegó una gente de Haití, ¿Tienes papeles? Aquí todos amanmos a Chávez, los otros son tres gatos, unos majunches -inserte aquí más discursos de Chávez-“. El señor H no hacía nada pero su rostro iba cambiando y decía “este señor me ladilla”.

Yo comentó: Señor, aquí a Chávez solo lo quiere usted, aquí hay un camino. Él me ignora y sigue diciendo *inserte aquí más discuros de Chávez*. La chama dice: Señor, deje de molestar, está molestando al señor y nos está molestando a nosotros. Señor borracho: Yo no molesto a nadie loca, majunche. Yo: Señor, no insulte, respete para que lo respeten y sí nos está molestando, quédese tranquilo.

La chama, cansada del señor le dice: Mira a mi nadie me insulta, tocaré la alarma para que lo bajen (ya estábamos en Agua Salud estación en la que se llega al 23 de Enero). La chama toca la alarma *beeeeee*. El señor borracho persigue a la chama y lo agarra un joven (me cansé de la palabra con ch) y le dice: Señor, a las mujeres no se les insulta. Señor borracho: yo insulto a quién yo quiera, aquí están todos pelados. El joven lo agarra y el señor borracho se le cuadrar para pegarle y le lanza un golpe.

En ese momento, todos nos paramos y la gente comenzó a gritar -prometo que no fui yo-: hay un camino majunche, cállate majunche, majunche Chávez, nosotros nos cansamos (para este momento ya eran 4 personas contra el señor que le lanzaba golpes a todo el mundo). Yo grité: Este es el país que tenemos que cambiar.

Al llegar lo operadores -porque la alarma seguía sonando- una operadora le dijo: Señor quédese tranquilo (porque el señor se sentó y no se quería parar). Todos la vimos con cara de “bicht please” y comenzamos a gritar: bájenlo, ese señor es un peligro para el vagón, está borrachó.  Llegó la policia nacional, otros operadores y lograron sacarlo.

Cuando se cerraron las puertas, yo me senté igual que la mayoría de las personas y los comentarios eran: Es que se creen sabrosotes nojoda, por eso no notan los retraso, siempre están borrachos; debe ser que vive borracho porque esto está en la mierda; es que el 7 hay un camino porque este no es el país que queremos.

he tenido días locos en el metro, he vivido peleas, he sido protagonista de discusiones pero JAMAS había tenido apoyo. Increíble, pero aquí señor presidente perdimos el miedo y el 7 nos medimos en CATIA.

25

Aug

Occidente explota, Oriente se hunde.

Viernes en la madrugada. Duermo poco, me despierto y doy vueltas en la cama. Abro Twitter. Leo tuis sobre explosiones, Falcón, refinerías. Pienso, “ojalá no sea aquí”. Leo “Amuay” y digo “coño, explotó”.

No es fácil vivir en Venezuela, son trece años de no hacer nada, de decir discursos bonitos que pretenden devolverle la dignidad al “pueblo”, este –deseoso de ser atendido por papá estado porque creen que así debe ser- escucha con atención mientras las casa se les derrumban, pasan días sin luz y ahora también sienten temblores provocados por la ineficiencia de un gobierno que invierte más en agua para que el presidente no tengo sed en las cadenas que en el país.

Falsas cifras llenas de esperanza de aquellos que no han conocido más que este gobierno. Intensidad en las ganas de una generación que, a pesar de no conocer otra cosa en Venezuela, sabe que puede ser diferente, que todo puede ser mejor.

El país te quedó grande Chávez, ten dignidad y acepta que el 07 perderás. Muertos por tu ineficiencia, muertos por tus discursos vacíos de los rancios políticos de los sesenta, muertos porque tus ganas de ser protagonista de una historia falsa son más grandes que las de servirle a la gente. Es momento de darle paso a otra generación que sí encontrará lo necesario para gobernar este país.

Y sí, sí me da la gana de mezclar la política con los derrumbes de Oriente, de Caracas y la explosión de Amuay. Sí me da la gana porque el trabajo del Estado es gobernar, es trabajar por un país eficiente, no dar discursos para “reivindicarnos del pasado”, que al final del día nunca lo tendremos claro pues protagonistas fueron otros. Sí me da la gana porque si seguimos “separando la política de los problemas del país” mañana no tendremos ni país ni política. Y sí me da la gana de decir que la solución es votar por Capriles en apenas cinco semanas.

21

Aug

Hoy me encontré un señor sin esperanza

–          ¿Ves las estrellas?

–          ¿Dónde?

–          Allá arriba.

–          No, veo solo un cielo negro.

–          Concéntrate, si lo haces verás como comienzan a aparecer delante de ti esos puntitos blancos, lindos, que te hacen pensar en muchas cosas. Que, aunque lo niegues, te hacen desear que una estrella fugaz decida pasar apuradita en el firmamento.

–          Inventas mucho.

–          No, en serio, hazlo. Es como el país.

–          Siempre mezclas todo con política.

–          No, bueno sí, pero esta vez no. Mira, cuando uno va en el metro necesita concentrarse para comenzar a ver esas estrellitas que brillan en la oscuridad y que te hacen decir: es posible el camino. Te voy a contar algo:

Hoy me encontré a un señor sin esperanza en el metro. No es fácil vivir acá, lo entiendo. A veces yo también pierdo la fe. El metro es como el clima de Caracas, a veces está azul y soleado y sientes que la quieres. Otros días, está gris y fría y te deprime. Hay días en los que las estrellas del metro brillan más, otras en las que sencillamente me imagino poniendo una bomba como James Bond y caminando mientras escucho la explosión. Sí, sé que no debería pensar de esa manera, pero no es fácil. Entiéndeme.

Hace tiempo me había alejado de todo, había decidido “vivir mi vida” hasta que entendí que tal cosa era absurda y que mi vida se estaba limitando a cuatro paredes, entonces volví. Bueno, eso y que uno de mis amigos me empujó a seguir en el tema. Pero ajá, el señor. Ese señor me decía que no había futuro y yo le decía “la esperanza no se pierde”. “Todo va a estar siempre peor” me decía, “debe ser mi juventud, pero veo un camino diferente” le respondía. No sabía cómo sentirme, creo que jamás me había encontrado a alguien sin esperanza. Creo que sé por qué.

–          A ver, ¿Por qué?

–          Porque ese señor no lograba concentrarse y ver el cielo. No era capaz de ver las estrellitas que luchaban contra la contaminación y la iluminación para ser vistas por nosotros. Así que concéntrate, mira el cielo y ve los puntos blancos. Yo creo que hay un cambio y eso es lo que tenemos que transmitir.

15

Jul

Románticos de los 60′ o políticos de izquierda

Laura Solórzano

“El problema chamo es, que si le metes románticismo a la política la jodes”… “Creo que la batalla de izquierda o derecha es una pelea romántica de los 60′, y aunque me digas loca te diré que lo único que me importa es que las cosas funcionen”…

Saliendo de la noche de los museos en Bellas Artes, me encontré con un chamo que quiso darme lecciones de “revolución”, “imperialismo” y esas cosas que se ven muy lindas al lado del mundo de las ideas platónico o de las materias en potencia aristotélicas, pero que cuando caminas asustado por la calle, o no encuentras el tetero del chamo y tal vez el metro se retrasa más de lo normal comienzas a descubrir que no se ven tan bonitos.

“Chamo, yo vivo en Catia man, esta película la vivo. Yo fui a Estados Unidos, fui a Cuba y esa historia no me la contaron, yo la vi con mis ojos. Y aquí panita estamos claros que las cosas no funcionen. Para mi, que soy bien intensa, lo importante es que funcione, no si se hizo con la mano izquierda o con la derecha”.

Después de semejante conversación, cuando el chamo se bajó, no pude evitar pensar ¿De verdad no hemos superado esa discusión? Yo juraría que sí, pero todo indica que esta pelea -que apenas comienza en América Latina, en comparación con otros países- va para rato. Yo no diré “soy una experta en ideologías”, pero soy una experta en la calle y en lo que veo día a día y sé que con teorías puestas en libros las cosas no se resuelven.

Si no se bajan los reales, si no tienes gente honesta trabajando y que quiera hacerlo, si no funcionan las cosas… Entonces no hay ideología que podamos discutir, porque he aprendido que con el estómago sonando, la cabeza retumbando y la angustía hecha estilo de vida no hay manera de discutir si Marx o Smith tenían razón.

Yo les digo, de románticos de los 60′ o políticos de izquiera; y de pragmáticos de los 80′ o políticos de la derecha, ya he tenido bastantes. Lo mejor, por ahora, será pensar ¿Esto de verdad funciona?

 

6

Jul

Caracas, en tu noche

Caracas de nocheSe hace intransitable aquella ciudad de antiguos techos rojos. Se siente tenebrosa cuando el sol, por miedo, decide marcharse temprano a otro lado del mundo. Caminar, tranquila, dejó de ser una opción desde que las estadísticas dejaron de ser números y sensación para convertirse en el amigo, el vecino o él mismo.

Cuando llega la luna y las pocas luches que alumbran son las de las estrellas, el miedo sale a caminar de la mano de la violencia. El día se acaba cuando sales de la oficina y correr a tu casa. Ser joven se transformó en una actividad extrema donde, incluso, los planes en una casa pueden ser increíblemente peligrosos. Caminar en el metro genera sensación de película de acción. Caracas no es la ciudad de la furia de Cerati, la Caracas que muerde de Héctor Torres o la del retrovisor que retrata Ángel Zambrano. Caracas, la de antes, ya no es la misma.

La vives, la respires, la sientes. No queda de otra cuando irte no es parte del plan y tampoco es una opción, no por falta de dinero sino por amor. Aunque, como todo, ese amor también tiene un límite y llega el instante en el que la relación se hace insostenible y que el quiebre se hizo y no hay retorno al punto de inicio. Es ese momento, justo ese instante, en el que descubres que seguir peleando contra algo irreparable no tiene sentido. Tu y yo ya no somos compatibles y pelearme contigo no es una opción, es mejor retirarme antes de que algo peor ocurra. Es que no se puede seguir con el juego del miedo.

Las balas esta noche saldrán a buscar refugio en nuevos cueros de inocentes o culpables. Todo se iguala cuando, sin ropa, los difuntos en la calle se cruzan sin reproches, sus sangres corriendo los unen y los hacen parte de un número macabro que ahora se llama muerte. Sabes que la vaina está grave cuando te imaginas destruyendo. Pero sabes que oculta, entre sombras, la Caracas que quieres se esconde y por ahora no saldrá. El trabajo será descubrir su escondite y sacarla de ahí.

30

Jun

Tiene que haber un camino

Hay un caminoHoy quería postear sobre otra cosa. Quería escribir sobre “La casa del ritmo” el documental de Los Amigos Invisibles o tal vez postear una nueva de mis hist(e)orias. Sin embargo, algo pasó en la madrugada que me hizo cambiarlo.

Mi primo casi pierde la vida en un intento de robo en la madrugada del que se salvó porque se estrelló contra el tipo que lo quiso robar. Luego, cuando la policía nacional lo “rescató” lo quitaron su celular y el reloj justo antes de dejarlo tirado en la calle frente a la casa de un amigo porque “no podían tocar el timbre”. Mi primo está vivo, pero tuvimos que esperar casi 3 horas para la clave del seguro, luego 3 horas más porque en la clínica no tenía la placa de metal que necesitaba y cuando lo pasaron a la habitación noté que aún tenía sangre en las manos. Calidad de servicio, pero ese no es el punto.

Mientras esperaba en la clínica pensaba muchas cosas, hablaba con la gente (casi todos estaban ahí por la inseguridad). Pensaba: hacer volanteos en los hospitales, clínicas, morgues con el plan de Seguridad de Capriles, comandos que se instalen a registrar a la gente, trabajo de hormigas. Pensaba también que tenía que haber un camino.

Vivo en Catia y eso ya lo saben. El “accidente” de mi primo fue a tres cuadras de mi casa, lo llevaron a una clínica que está a una cuadra. Aquí la mayoría de la gente se arrastra por el presidente. Viven en condiciones absurdas, dignas de un país en miseria, hace horas de cola bajo el sol para comprar con “dos lochas”, tiene más dinero pero compran menos cosas y a las 7 de la noche se encierran porque “la calle está caliente”. Son de las personas que dicen sentirse más dignas desde que Chávez llegó porque “les habla”, pero tiene vecinos -como yo- que les decimos: “Pero ¿No te das cuenta que no se puede ni salir?”  a lo que nos responden: “Pero ¿Qué tienes que estar buscando tu en la calle?”.

La mayoría de esas personas tienen mi edad y como yo crecieron con Chávez. Catia ha sido insegura toda la vida, pero ahora es peor. Sin embargo, para esta gente parece que no es así, parece que sencillamente nosotros nacimos para estar encerrados. Yo quiero que ellos entiendan que sí hay un camino, coño que tiene que haber un camino porque sino, nos materemos todos un día en la calle, por la inseguridad y no por la ideología.

Sé que no lo hago por aquí, sé que lo hago día a día cuando salgo a trabajar tempranito, cuando hablo con la señora del café, cuando le explico al del metro que no me puede empujar porque hay una cola.

Tiene que haber un camino, pero ese camino se hace con todos, contigo, conmigo. Tiene que haber un camino, pero todos debemos aportar más allá de tuitear. Tiene que haber un camino coño, porque somos muchos y no nos queremos ir por siempre de este país. Tiene que haber un camino porque nosotros debemos ser capaces de ser críticos y exigir lo imposible -como dice un buen amigo-. Tiene que haber un camino porque ya estamos cansando y necesitamos un cambio.

Hoy escribo sobre esto, puedo decir “feliz” que mi primo está recuperándose y mientras él se culpaba por irresponsable yo no dejaba de pensar “pana, este no es el deber ser, tu, yo, todos deberíamos poder salir de noche tranquilos, pero no… Por eso Tiene que haber un camino”.

28

Jun

No soy de Venezuela, soy de Chávez

GlobovisiónCaracas, ciudad de violencia, 28 de junio de 2012

¡Hola!

Sé que no me conoces, no tienes por qué hacerlo. Te cuento un poco de mi. Soy una joven de 25 años, estudié en una universidad privada y la pagué con mi esfuerzo porque me dieron la oportunidad de trabajar dentro en un centro de investigaciones. Estaré eternamente agradecida porque aprendí muchísimo y viví la universidad de manera diferente.Cuando tenía 16 pensaba: A los 25 ya tendré mi casa. Debe ser porque a los 16 tenía un país un poco diferente y no entendía mucho de la “situación”.

Tengo un buen trabajo y un buen sueldo y aún así sé que no podré tener mi propia casa, por ahora. Podría sentarme y decirte que crearé mi propia empresa, pero hoy me comentó mi papá preocupado: “Ahora sí se nos van a los ir los jóvenes del país, leí que montar una empresa es carísimo”. No tengo ganas de montar una empresa, pero si las tuviese ya se me hubiesen quitado.

No puedo salir con mis amigos, no porque no quiera, sino porque me da miedo llegar tarde a mi casa y no me gusta dormi lejos de mi cama. A mi edad, casi todo eso es casi imperdonable, vivir es parte de la vida pero ¿Sabes qué es vivir? Creo que no y me preocupa.

Hace unos días el presidente de mi país, tu país dijo en cadena nacional “Si no es chavista, no es venezolano” y no vengo a preguntarme lo que Toto ya se preguntó y que puedes leer aquí. Solo vengo a decirte algunas cosas que, sumadas al embargo de Globovisión, me dan más motivos de preocupación.

No sé si lo notas, tal vez no, pero ya no somos hermanos. Ahora somos un país divido, tristemente divido. Tu me odias y no sé por qué, yo no te odio solo quiero hacerte entender qué pasa con nosotros. Tu quieres que me vaya del país y que no progrese, yo quiero que ambos tengamos las mismas oportunidades de crecimiento. Tu quieres las cosas fáciles, yo quiero ganármelas con el sudor de mi frente. Tu esperas que te den las cosas, yo me siento orgullosa cuando las logro. Tu quieres vivir de gratis en la vida, yo quiero trabajar para recorrer el mundo. Tu no piensas más allá de tu odio absurdo, yo te pido que me abraces y me escuches. Tu probablemente me matarias si tuvieses la oportunidad porque hablo mal de tu presidente, yo te daría la mano y te montaría en el autobus para que vieras cómo es el asunto. Tu eres de Chávez, yo soy de Venezuela.

No, no tengo idea de cómo hacer que veas un poco más allá, que entiendas que no eres de Chávez y que eres de ti, de tu país. No, no tengo idea de cómo se juega este juego, pero yo soy una tipa inteligente y lograré descifrarlo.

Nos vemos el 07, cuando el miedo sea dejado atrás y cuando la ganas de cambiar se transformen en votos.

A ti, querido chavista que tanto me odias, aquí me presento y me despido.

Laura.

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