Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

24

Jun

Josefa y la lógica del pueblo

“El pueblo es sabio”, ya no sé cuantas veces he escuchado esta frase.

Josefa es una señora de 65 años, trabaja desde los 15 años y no terminó bachillerato. No ha tenido una vida particularmente difícil. Ella es, como muchos, de esas personas que entendió que solo trabajando podía tener su casa y llevar a sus hijos a la universidad. Es una mujer feliz de haber nacido donde nació y de haber tenido lo que tuvo y tiene.

Josefa nunca se creyó el cuento del presidente. En los años 90 cuando entraban a su oficina sus clientes estudiados en universidades americanas y le pedían firmas para sacar a Chávez de la cárcel, ella era de las que decía: Yo no confío en ese hombre, él será la desgracia de Venezuela. Hoy ve como muchos de ellos ya no viven en Venezuela o huyen los días de elecciones como si no fuesen responsables de este desastre.

Es de las que se pelea con la gente en la calle y no entiende cómo la gente estudiada no ha sacado a Chávez “Esos son los que saben ¿No?” suele decir cuando se pelea. Hace un año, cuando anunciaron la enfermedad del presidente, ella fue de las que dijo “Ese hombre no tiene nada. Ya vas a ver, dirá un día de estos “yo provoqué mi enfermedad como lo hice con la crisis petrolera”, es muy astuto y tu no lo ves”. Eso le decía a su hija cada vez que ella llegaba con algún reporte nuevo sobre el estado del presidente.

El día que este se inscribió dijo: “Es que coño, si los tipos que son los “expertos” no escuchan y no ven al pueblo no van a entender cuál es la verdad. Chávez no está y nunca estuvo enfermo.” Josefa confía en el candidato, en Capriles, busca votos para él, pelea con chavistas para que entiendan que las cosas están mal. Tiene un poder que nosotros no tenemos.

Los libros nos dan las teorías, pero solo la calle nos comprueba que son verdad o mentira. He dejado de creer hace rato en periodistas y he comenzado a escuchar más a gente en la calle. La lógica del pueblo tiene cierto sentido, no subestimemos más al presidente y comencemos a trabajar conscientes de quién es y cómo es. Este 7 de octubre nos veremos, pero antes nos toca levantar votos y voluntarios.

19

Jun

El bizarro mundo de Izarra [#BizarroMundodeIzarra]

Tweets de IzarraPara continuar con mi intención de descifrar el verdadero trasfondo de las políticas de Estado de este gobierno, ahora les traigo a Andrés Izarra, nuestro sifrino ministro de comunicaciones e información. Él, igual que el Ministro Tarek, tiene una visión del trabajo de un ministro de un país distinta a la que tenemos todos nosotros.

Pensando en qué entendían ellos por “ser ministros de un PAIS” llegué a la siguiente conclusión: Se dieron cuenta que Venezuela es un país bastante grande, ya no tenemos la zona en reclamación así que por un lado tenemos menos territorio para trabajar; por otro lado, en lugar de tener cada día más trabajo ellos “decidieron descentralizar” ciertas cosas como la inseguridad. Léase bien, la INSEGURIDAD. No quiero decir con ello que desde ahora los cuerpos policiales de estados como Miranda, Carabobo, Zulia o Táchira tienen competencia completa en el desarrollo de sus medidas de seguridad ¡No! Lo que quiero decir con esto es que ellos pretenden justificar su ineficiencia con el típico “eso no me tocaba a mi” que usábamos en las exposiciones del colegio.

Veamos. Hace unos días en la entrada del Hotel Eurobuilding robaron al cantante Luis Enrique (¡Qué pena que vengan a tu casa y los roben!). Vale acotar que este hotel tiene, todavía, muchísimos damnificados –no los estoy juzgando, solo digo-. Cuando el ministro –supongo- se metió en los TT de Twitter y leyó “RT @FulanitaDeTal: Marik Robaron a Luis Enrique en el Eurobuilding, que bochorno”, procedió a escribir en su cuenta de Twitter @IzarraDeVerdad: “El hotel Eurobuilding queda en el mcpio Baruta del Edo. Miranda. Bastiones de la oposición”. Sí, un mundo bizarro de Izarra.

Evidentemente, cuando leí ese Tweet comencé a preguntarme desesperadamente: ¡Coño! ¿Será que necesitaré visa para ir a Chacao ahora?, ¿Dónde haré el trámite de la nacionalidad libertadoreña?, ¿Ahora diré que tengo amigos en el país Miranda?, ¿Capriles ya es presidente, digo porque si Miranda es un país aparte entonces él ya es presidente? ¡Me mudo!, ¿Este infeliz tendrá idea del trabajo de un ministro o simplemente hace propaganda barata?, ¿De verdad lo comparan con Goebbles? ¡Pobre Goebbles en su tumba! Es evidente que la respuesta es: Este hombre no tiene idea de lo que hace y peor aún cree que somos estúpidos.

Y es que la burla del bizarro mundo de Izarra no es para mí sino para el pobre chavista que, engañado con cuentos de hadas, no tiene idea de que la función de un ministro es sentarse a trabajar por todo un país, descentralizar competencias porque vamos, nadie puede encargarse SOLO un de un país, sin equipo, sin descentralización. No sé, me parece a mí y no soy experta en políticas públicas, pero gracias al Dios Descarte, tengo sentido común.

En fin, señor [B]Izarra, nos vemos el 07 oct, su nueva política de Estado de picar el país en pedacitos “opositores” le servirá para que mucha más gente despierte y recuerde que en este país o luchamos todos o nos jodemos todos ¡Buenas noches!

26

May

De los condones, combos 2×1 y otras políticas de Estado en seguridad

Laura SolórzanoO de cómo el Ministro decide repetir las leyes.

“Pásale doble seguro”, “Hazle un doble nudo que así se suelta”, “Mejor píntate la boca dos veces”, “pague uno y lleve dos, porque es mejor tener de más que de menos”. Se presume que frases como esas fueron escuchadas en el despacho del ministro antes de redactar las nuevas políticas de Estado en materia de seguridad en el país de Chino y Nacho.

Bien es sabido que, en algunos casos, asegurar “doblemente” algo puede resultar positivo: cerrar puertas, un color de uñas, un nudo del traje de baños. Sin embargo, hay otras en las que no funciona también: los condones, algunos combos 2×1 y sobre todo las leyes. Me parece que le ministro esto no lo sabe. Tal vez sea de los que usa doble condón para “asegurar” que todo salga bien. La pregunta “¿Qué tienen que ver los condones con la seguridad?” En mi cabeza, mucho.

Pensemos y analicemos medidas como “No usar armas en las camioneticas, metros, lugares públicos, etc”, “No se puede usar armas ilegales” (recientes medidas tomadas por el ministro, yo pensaba que eso ya estaba prohibido). Esas frases no les suenan a “Mejor usamos doble condón, eso da más sensación de seguridad”. Sigo creyendo que esta fue la lógica utilizada por el gobierno.

Todo esto derivará en una confirmación de que la institución en Venezuela es un edificio lleno de gente incómpetente que cobra sueldos. Porque en muchos casos ni bonitos son. Pueden, los malandros y ciudadanos, reírse de las políticas del ministro tanto como lo haría un grupo de adolescentes en el que uno de los integrantes llega emocionado contando que perdió la virginidad, pero usó doble condón y se le rompió. No sé si la metáfora queda clara.

Esto, según mi opinión, generará mucha más violencia, más impunidad. Pensar que una campaña en el metro y esos combos 2×1 que se lanza el ministro y la AN ayudarán a reducir los índices de inseguridad y violencia, es pensar que los ciudadanos nos creemos la historia del ratón de los dientes y del presidente eficiente.

En todo caso, Ministro: Nos vemos el 07, lleve sus condones que probablemente los necesite.

 

18

May

El mundo según Iris

Érase una vez una niña muy tremenda que jugaba con juegos artificales. Iris era piromaníaca. Un día, sin querer un fosforito le estalló en la cabeza y mágicamente sobrevivió. En su pueblo sabían que Iris sería una niña peleona, con un cabello incontrolable y unas ganas de salvar al mundo. Su pueblo nunca comprendió que ella tenía su propia visión del mundo y es lo que ahora les vengo a narrar.

Iris se había trasladado a la capital para realizar estudios y todas esas cosas que en los pueblos no se pueden realizar. Ella no consumía ningún tipo de sustancias psicotrópicas, simplemente tenía una manera particular de ver el mundo: todo estaba siempre bien. Un día, a Iris se le presentó un pequeño problema en su trabajo. Ella era la responsable de solucionar los problemas en las cárceles del país en el que vivía. Le habían dado esa responsabilidad porque la creían capaz de solucionarlos por su espíritu rebelde, su cabello alocado y su tono de voz único. Solo que sus jefes tampoco habían comprendido que Iris tenía su propia visión del mundo. Para ella todo estaba siempre bien.

Ese día del problema de su trabajo se le salió de las manos. Las personas que vivían en ese país, por lo menos en la ciudad donde estalló el problema tenían una percepción real de la realidad. Sí, real de la realidad. Ellos escuchaban disparos, gritos, veían humo salir de los pabellones de las cárceles y además tenía -en algunos casos- unas cuantas balas en sus apartamentos. Ese día, aquella gente no logró hacer nada más que esperar la solución de un “no sé”.

Sin embargo, Iris -que tenía su visión del mundo donde todo estaba siempre bien- dio unas declaraciones y aclaró lo que todos creíamos inaclarable. Iris dijo:

“La comunidad está feliz y contenta” así comenzaron las declaraciones. Los muchachos ayer estaban celebrando el triunfo de Pastor, el piloto ¿Saben? Bueno, resulta que nosotros les organizamos una parrilla para que pudiesen celebrar tranquilos, esa es la explicación del humo que salía de los pabellones. Verán, las parrillas salen con humo negro por el carbon ¿Nunca han hecho una parrilla? Luego, lo que ustedes pensaban que eran disparos y ráfagas de ametralladoras no eran eso; estamos practicando para la celebración del año nuevo. Como saben somos el primer país del mundo en absolutamente todo lo bueno y no podemos quedarnos fuera de una celebración increíble para recibir el año. No, no había luces porque era de día ¿Están locos ustedes? En fin, todo está siempre bien, aquí no pasa nada de nada y todo está bello ¿No vieron el atardecer de hoy? – Así terminaban sus declaraciones mientras se miraba en el espejo y veía que su cabello seguía tan desordenado-

Los días pasaron y la fosforito Iris seguía viendo el mundo según su conveniencia, según le gustaba, según ella pues.

[Aclaratoria: Solo la primera parte es una declaración real de la Ministra, el resto es “El mundo según Iris” // Esto forma parte de la otra de las nuevas políticas del gobierno, hacer que alguien de declaraciones oficiales para que en la noche nos riamos de todo lo que pasa y olvidemos la realidad de la calle]

12

May

Humanicemos lo malo, banalicemos lo bueno

Caracas, Venezuela, años 90.

Vagos son los recuerdos que tengo de aquella novela “por estas calles”. Recuerdo que fue la primera vez que escuché y entendí que existía la voz en off (yo creía que siempre era Dios hablando), también recuerdo que fue la primera vez que escuché la palabra “excusado” en esas frases que habían al final de cada capítulo. Las imágenes reales y cercanas de la tragedia de las lluvias del 92 y por supuesto las frases típicas de Eudomar Santos.

Tengo un cuento interesante sobre esa novela. Un día, después de ver la novela con mis papás, montada en un carrito comencé a gritar “saqueo, saqueo”. La mirada de mi mamá me hizo entender que eso no estaba bien, pero aún así cuando me dijo algo yo grité: “Pero mamá, el presidente no sirve, es un incompetente, tenemos que tumbarlo”. Aquel día jamás lo olvidaré.

Sí, puede que haya sido rebelde desde siempre, de esas personas que está en contra del sistema, pero lo que mi papá me explicó ese mismo día fue: “Tranquila, solo son escenas de la novela, cuando seas grande lo entenderás”. Y lo hice.

Caracas, Venezuela, década del 2000.

Unos años después me encontraba analizando el daño que aquella novela le había hecho a la sociedad, uno de mis amigos no coincidía conmigo y sostenía que “la televisión y el cine no tienen influenciar en la sociedad, es tonto pensar que algo así puede influencia a la gente”. Unos días después me pregunté: Y si nos medios masivos no influencia a la sociedad, ¿Quién lo hace? Yo tengo mi respuesta y cada día puedo analizarlo más y más.

Caracas, Venezuela, segunda década del 2000.

Hoy comencé un taller de guión cinematográfico con Luis Bond y fue inevitable pasar por el cine venezolano, en mi cuaderno escribí: “El cine es reflejo de la sociedad y esta refuerza conductas a través del mismo”, “somos una sociedad de clichés representados en la pantalla y pantallas que reflejan realidad que tapamos con risas y groserías”. En la tarde recordé “El Propio” [Este es el nuevo periódico de El Nacional, creen que haciendo esta caricatura de los malandros aumentarán las ventas]. En mi opinión, El Propio y las películas venezolanas sobre “la realidad del barrio”, y tomando una frase del profesor, puede afirmar que no hacen más que “humanizar a los malandros, banalizar el bien”.

Es inevitable pensar cuánto daño le hacen ese tipo cosas a la realidad del país. Me hace pensar que la intelectualidad de muchos, sobre todo de los redactores de “El Propio” tiene un precio más barato que realidad nacional. Y, antes de que lloren porque “debemos respetar la libertad de expresión y cada quién hace con su periódico lo que quiere”, me gustaría que pensaran: ¿Está la gente de El Nacional ayudando a generar consciencia ciudadana? ¿Nos beneficia, como sociedad, que exista un periódico que resalte que es ser cool ser malandro? ¿Estamos tan mal socialmente que no distinguimos el bien del mal? En este último caso ¿Reconocemos que existe una banalización del mal tal que si tuviésemos la oportunidad de tener pistola la tendríamos?

Mi preocupación es la manera vacía en la que estamos abordando muchísimos de los problemas reales del país, la poca profundidad, las ganas de hacer de todo un chiste para ocultar la realidad y creernos el cuento de que todo está bien. Estamos atomizándonos cada día más al punto de llegar a la resignación y ese, señores, es el peor mal que puede tener una sociedad en un año electoral tan importante como el nuestro.

10

May

Los venezolanos aprendimos la cartilla presidencial por Héctor González

[Héctor González, @Papelon, escribió esto y lo quiero compartir con ustedes]
Por Héctor González.
Decía el maestro Quiroga en su decálogo “No escribas o cuentes bajo el imperio de la emoción…” así que unos días después del revuelo ¿nacional? Causado por el documental “Caracas: ciudad de despedidas” creo un poco más pertinente dar mi opinión (aunque a nadie le importe la misma).
Comenzare por señalar algo que es muy nuestro, más nuestro que la harina pan, que una “reina pepeada” o que un gobierno ineficiente: los venezolanos para bien o para mal somos un pueblo de “opinadores” de oficio. Esto no es un secreto para nadie (aunque cualquier venezolano tenga una opinión al respecto), sin embargo las reacciones públicas derivadas del documental nos muestran algo que estamos descubriendo de nosotros mismos: además de opinar ahora aprendimos a despellejar colectivamente.
Pasamos de ser una sociedad opinadora a ser una sociedad de “cayaperos” (googleese de no entenderse el “juvenil” termino) que ante un intento audiovisual no muy bien logrado, no nos detenemos a pensar en el mensaje que viene detrás y que tanto nos dice de nuestra sociedad sino que desde la seguridad y “responsabilidad” de la masa 2.0 nos deleitamos agrediendo, en muchos casos con humor o ironía, no solo al producto final como pieza audiovisual sino a sus jóvenes protagonistas.
Ser joven en Venezuela en estos momentos es un desafío que no cualquiera quisiera aceptar, el día a día para una persona entre 15 y 27 años llega a ser una lucha por sobrevivir en medio de un mercado laboral que frustra sueños a diario, de una situación de inseguridad que arrebata almas por minuto, de unas condiciones políticas que no presentan un panorama a futuro, de un mundo globalizado que toca la puerta pero que no se atreve a pasar porque se topa con el aviso que reza “cuidado, perro bravo”. Y en el centro de esta cantidad de calamidades y desafíos, entonces además estamos situados en una sociedad que apuesta todas sus fichas en la juventud sin hacer mas nada que “pintarse la cara colora esperanza”.
Lo que estos panas destaparon fue la olla que todos sabían que hervía pero que nadie siquiera volteaba a mirar: la realidad de una ciudad que ha perdido su conciencia colectiva y que centra su dinámica social en responder (a favor o en contra) a caprichos del comandante o en comentar situaciones particulares (que por supuesto duran lo que dura la memoria venezolana). Estos chamos versionaron el “paren el mundo que me quiero bajar” y lo convirtieron en el pegajoso “Yo me iría demasiado”.
Al contexto anterior debemos sumarle entonces un nuevo personaje que constituye “el tipo ideal” de autoridad moral convertida en humano y mito a la vez, si, ese mismo que no pretendo nombrar por aquella vieja costumbre heredada de la película Beetlejuice. Ese que nos ha enseñado al pie de la letra la cartilla de insultos e intolerancia desmedida, que nos ha ayudado a convertirnos en dos bandos separados por un rio que a su vez está lleno de “náufragos” ideológicos que flotan para dejarse llevar por una corriente que NI va al mar NI va a la montaña.
Al final del cuento, como dice Eduardo Sánchez Rugeles en su texto al respecto del documental “De alguna forma, el discurso político triunfó: aprendimos el odio.”, ahora toca “aprender a desaprender” ese odio que está instalado cual garrapata en las zonas mas externas y a su vez profundas de nuestra piel, y trabajar por transformar nuestra cotidianidad, porque así como se aprende se olvida y en eso si que tenemos nosotros bastante experiencia.
Seguro vendrán más “me iría demasiado”, mas caprichos gubernamentales y mas lucha…toca aguantar y seguir siendo sobrevivientes en medio de un rio social que se desborda porque “en caracas llueve demasiado”.

8

May

Balas, lluvia, Twitter y Caracas

Despiertas sabiendo que vives en una real crisis. Que el problema no es simplemente salir a las 3am de alguna discoteca, sino salir a cualquier hora de tu casa. Te despiertas, como todos los días, tranquila, planificas tu día para que rinda el tiempo y mientras hablas con una amiga comienzas a escuchar disparos y ráfagas de disparos. Tu día comienza a cambiar.

Tienes una lucha constante entre irte y quedarte en el país. Entre salir o quedarte en casa. Entre llegar temprano en la noche o temprano en al mañana. La vida de los jóvenes mide en decisiones de vida o muerte.

Caracas, valle de Balas. Caracas ciudad de cárceles y presos, ciudad de gobiernos que la ignoran igual que al país.

Hoy Caracas está convertida en un valle de balas. Los privados de libertad de La Planta y los policías se encuentran en pleno tiroteo, mientras tengo una amiga atrapada en su casa. Es difícil no querer tirar la toalla, es difícil lo sé. Sin embargo, ha de ser más difícil dejar hundir el barco.

Es triste ver la situación del país. La verdad es que ya no sé ni qué escribir. Un presidente que gobierna por Twitter, una ciudad (un país) que es ignorado por gobernantes y ciudadanos. Un pueblo que decidió perder su estatus de ciudadanos a la espera de un salvador que venga a arreglar los problemas sin siquiera mover un dedo o intentarlo. Una triste realidad, pero ¿Una solución?

Hoy, mañana, pasado, siempre seremos los mismos si no caminamos distinto, siempre tendremos un mal presidente si esperamos que todo nos llueva del cielo. Caracas, tus balas, tu Twitter, tus ganas y tu lluvia.

 

 

3

May

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo

Caracas, Venezuela. Mi ciudad, mi país.

Crisis, pobreza. Viajes a Europa, carros del año, iPhones en todos lados. Playas, violencia. Caracas, Venezuela. Contrastres por doquier.

Hoy corre por la web un “documental” donde un grupo de jóvenes caraqueños dan su opinión sobre la situación de la ciudad, Caracas. En él denunciaban la violencia, la inseguridad, un país en la mierda, sí. Eso por un lado, tienen razón. Por otro lado, los chamos en una casa increíbles, hermosas y logradas por el trabajo de sus padres en este país que tanto les dio. Un mal contraste para un vídeo que denuncia la crisis.

Tiene un problema de forma, sí, Led ahí tiene razón en su comentario. Pero también de fondo y profundidad y eso no lo mencionó. Cuando comencé con mis comentarios no se hicieron esperar los que me dicen que no respeto la libertad de expresión y la tolerancia, sin entender que pues me estoy expresando.

Todo el tema de la “Tolerancia” me hizo recordar una charla del Padre Ugalde donde hablaba de la famosa “Tolerancia”. Siempre he pensado que es como esa tipa que uno no quiere aguantarse porque tiene mal olor, porque está sucia, porque te agrede, pero aún así tiene que “aguantarla”. Él ponía cómo ejemplo a los Judíos y decía algo así como “pídanle a un judío tolerancia para Hitler porque tenemos que entender que él tiene libertad de expresión”. No son palabras textuales del padre, pero por ahí iba el asunto.

Hoy, en Venezuela, vivimos en una crisis de libertad de expresión. Particularmente creo que podríamos estar peor. Y es que mi mayor problema, con Chávez -por ejemplo-, no es la libertad de expresión sino la de tránsito y la de paz. Porque yo pana no camino tranquila por las calles, es verdad. Debo reconocer que he dejado de ser una romántica de las que cree que salvará al país con una elección y he aprendido a entender que si yo, Laura Solórzano no mejoro a diario como ciudadana seguiremos en la mierda. El cambio no está en Chávez, no. El cambio está en nosotros, en los que hacemos patria, en los que queremos tener familias y hacerlo aquí. Aunque yo hoy en día no tendría un hijo en Venezuela porque el costo es alto.

¿Me contradigo? Sí, sí lo hago, porque Caracas también lo hace, porque Venezuela lo hace, porque (y lamento informarles esto) somos seres humanos -igual que en todos los países del mundo- y lo que hace que otros funciones, o por lo menos eso he aprendido cuando he ido a estudiar Políticas Públicas afuera- es un sistema de leyes que se basan en la moral de sus ciudadanos. Porque aprendí que la institución no es el edificio bonito, sino la gente decente que está adentro. Porque comprendí que si todos los valiosos se iban, aquí querdarían los indecentes. Y sí, si me quiero ir un tiempo pero porque creo que independientemente del país, nosotros los jóvenes debemos recorrer y conocer cosas nuevas para traerlas a casa.

Sin embargo, y esto se los digo en serio, mi preocupación es que muchos de esos “jóvenes del este del este” que estudiaron en los mejores colegios y universidades sigue sin entender el verdadero problema en Venezuela, o por lo menos eso me transmitieron en el vídeo. No quiero decir que yo tenga la respuesta ¡Ojalá así fuese! Pero creo que tengo un poco más de sentido común, del que se aprende pateando calle y no en las universidades. Que esos chamos de “me iría demasiado” son los hijos de esos venezolanos que hicieron plata, trabajando honestamente, en un país de oportunidades, pero que se olvidaron que existía un país y que algún día les tenían que responder. Karma, que le llaman.

Sobre la libertad de expresión, la tolerancia y otros males del fin del mundo hay mucho por decir. Particularmente creo que todas las acciones tienen consecuencias buenas y malas y que así como aceptas las cosas postivas también debes aceptar las críticas. Porque en las críticas crecemos, porque la tolerancia y la libertad de expresión no pueden ser dos tarjetas de comodines que sacamos cuando nos “peleamos” entre nosotros, pero que cuando Mario Silva nos insulta ni de chiste la asomamos. Porque pedir Tolerancia y respeto para ese vídeo es burlarte en la sangre de los venezolanos. Porque si no entendieron el asunto, es mejor que se vayan sin CADIVI y prontito. Porque yo a este país lo quiero, y a esta ciudad LA AMO.

Nadie está obligado a amar al país en el que nace, pues es cuestión de azar, pero sí les pido que respeten al país en el que ahora están.

30

Apr

De la ley del trabajo y otras políticas para mejorar el tráfico

Laura SolórzanoEsta mañana camino a la oficina venía pensando en la nueva Ley Orgánica del Trabajo y llegué a ciertas conclusiones. Hace un mes, en Semana Santa escribí sobre las borracheras y otras políticas de Estado, en ese post hacía una analogía en cómo el verdadero plan de gobierno era hacernos ciudadanos más planificados. Así que no pude evitar pensar que detrás de la LOT existía también un transfondo, pero ¿Cuál era?

En ese instante vino a mi cabeza el artículo sobre la jornada laboral que indica algo así como que se limitará a 5-6 horas diarias de trabajo y pensé ¿CINCO HORAS? Yo necesito por lo menos 8 para hacer mi trabajo eficientemente. Sin embargo, al mismo tiempo dije  “Claro, ahora todo tiene sentido, esta es la solución al tráfico y al congestionamiento en el metro”. Veamos.

Supongamos que una empresa decide que sus trabajadores trabajarán de 7:00 am a 12:00 p.m. para ahorrarse el almuerzo; otra empresa decide que trabajará de 9:00 am a 2:00 pm porque necesita personal en la tarde; otra coloca un horario de 1:00 pm a 5:00 pm porque le da flojera trabajar en la mañana ¿No comenzarían a solucionarse los problemas de tráfico? Por supuesto, ahora todo tiene sentido.

Es mucho más sencillo pensar –para aquellos que tenemos la virtud y dicha de hacerlo- que el gobierno solo tienen un plan populista para ganarse el corazón de los trabajadores haciéndoles creer en una ilusión absurda en la que por menos trabajo ganarán más dinero y que serán los “burgueses” dueños de empresas quienes deberán trabajar muchísimo más para poder cubrir todos los gastos de los caprichos del presidente en una ley. Podríamos pensar también que es una manera absurda de destruir la economía, pues menos producimos y más regalamos. Obviamente algunos estarán pensando ¿De dónde saldrá ese dinero que tenemos que darle a los nuevos pensionados que vienen del sector informal? E incluso, algunos un poco más formados estarán pensando ¿No es mejor generar una política pública que permita desarrollar nuevas fuentes de empleo en Venezuela y así reducir la cantidad de personas en el sector informal?

Lo que ustedes no están viendo, no entienden, no analizan, no procesan es que estás políticas “locas” del estado no son más que una manera diferente de crear el tal  Socialismo del Siglo 21 que no conocemos ¿No lo creen ustedes?

11

Apr

Venezuela, Saramago y la mierda

Supongo que desde El Coronel no Tiene quién le escriba usar la palabra “mierda” no debería estar penalizada por intelectuales y académicos. Aunque debo confesar que poco me importa, no suelo usar groserías en mis textos, pero aquí no cabe otra palabra.

Recuerdo cuando hace años decidí leer a Saramago y comencé con ‘Ensayossobre la ceguera’. En aquel momento no lo entendí, no en su totalidad. Sin embargo, con el paso de los años esa ceguera se hacía cada vez más real en nuestro país, bueno en Él país porque el ‘nuestro’ suena más bien a una mea culpa para no sentir que tiramos la toalla hace tiempo.

Saramago decía: “…es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.” y ahora lo entiendo. “Nosotros” los venezolanos preferimos siempre el ‘afuera’, la ropa, el teléfono, el petroleo, las armas antes de asumir: estamos en la mierda como país.

Solemos sentirnos orgullosos porque “maldonado está en la F1”, por ejemplo, pero somos incapaces de sernos sinceros y decir: no pana, es una mierda. Y quien se atreva a decirlo será tildado de “apatrida”, y “antinacional”. Ja! Ese pseudonacionalismo sobreestimulado que no sabemos manejar y que juramos “me la estoy comiendo, en el mundo nadie ve que estoy en la mierda porque por fuera estoy BUENOTA”.

Y esto lo empato con otra cosa que dijo también Saramago en el ensayo “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.” Hoy en el metro me sentí mal, tengo días con problemas estomacales y puede que sea gracias al agua contaminada, el punto es que me sentí mal, vomité y ni un solo ser “humano” se acercó a preguntarme “¿Estás bien?” no, era mucho más sencillo hacerse el loco, total, ese no es mi problema. Hace años eso no hubiese pasado. Nosotros olvidamos eso que somos para convertirnos en eso que queremos ser para que otros no noten que estamos en la mierda. Y el drama no es porque no me hayan ayudado, el drama es porque también nos hacemos los locos con los hospitales, la violencia, y demás porque “eso no me está pasando a mi”. Somos ese galpon que describe Saramago en el que meten a todos los cieos para que “no contaminen a otros”. Pobres de nosotros. Estamos ciegos y no lo sabemos.

“No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca” .
Eso no lo hemos entendido. Absurdamente creemos que todos nos pertenece, pero al mismo tiempo lo despreciamos. Ese “deseo de poder” que tiene algunos, que creen que son dueños de la verdad, que pelean por cargos, son tan despreciables como el motorizado que cree que la calle le pertenece, como el señor que te empuja en el metro para sentarse, el Chavista que dice “esta es mi casa (refiriendose al país) y si no me da la gana de hacer nada, no lo hago, que trabajen los extranjeros” o el opositor que se llena de negocios con el gobierno y además reparte ministerios, de esoa que aun no tiene. Somos un país despreciable, pero otra vez, es preferible contestar ‘bien’ a decir ‘estamos mal’.

Esto que sigue no necesita explicación: “La muerte anda por las calles, pero en los corrales la vida no se ha acabado”. Y no solo hablo de la muerte física, sino de esa muerte espiritual que tenemos todos. No tiene nada que ver con la “misa”, tiene que ver con el alma de cada uno de nosotros. El otro ya no existe y por ende no importa. Lo realmente importante soy yo y mi “mundo de poder para joder”. Que mierda.

Yo, como Saramago, me pregunto:

“Cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera”, ¿Cuántos muertos (exiliados) serán precisos para entender que estamos en guerra?

Y por último les digo “[…] cómo vamos a vivir este presente, sin futuro”.

Y sí voy a votar, y sí seguiré llamando al voto. Pero por el único motivo de negarme a vivir en una ceguera autoimpuesta. Porque la capacidad de indignación puede que sea una virtud y una desgracia, y pues deberé apreder a vivir con ella.

Yo les digo, dejemos de decir: “estamos bien” y comencemos a reconocer que estamos EN LA MIERDA, y probablemente ese día comencemos a salir de la ceguera y a cambiar lo que antes no veíamos.

Como dice @ChavezOfficial: todos tenemos un poquito se Chávez adentro. Y completo yo: y eso es lo que tanto nos molesta.

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