Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

1

Nov

¿A dónde fueron las palabras?

“¿A dónde se me habrán ido las palabras?” Me pregunté cuando por décima octava vez me paré frente a la hoja blanca de mentirita, esa que te pinta la pantalla de la computadora y que te invita a plasmar en ella pensamientos, sentimientos, frustraciones, todo. Escribir ha sido, desde que recuerdo, mi mecanismo de enfrentarme al mundo, de ordenarlo, de saber cómo está compuesto.

Así que, en medio de mi desesperación por sacar algo de mi organismo, me fui a la hoja de papel; porque esa siempre me inspira más. Porque el trazo cuidadoso de cada palabra sobre la piel del cuaderno con la fina punta del lápiz, le da un toque de realidad mágica a aquello que se traduce. Tampoco lo logré, no tenía palabras. O mejor dicho, sí tenía pero temía sacarlas de mi organismo.

Y es que un día me pasó eso, dejé de escribir. Dejé de traducir en palabras la indignación diaria de la realidad del país, dejé de poner en papel la mezcla de sentimientos raros que tengo desde antes de volver, paré de contar historias que tuviesen valor para mí o para alguien más. Dejé la poesía de media noche, esa trasnochada que se escribe entre sorbos restantes de una botella que era para dos. Mis palabras se fueron de vacaciones y aún no consiguen el camino de vuelta, el retorno seguro a mi cabeza o a mis manos.

Mi incapacidad de escribir se transforma en una angustia insoportable al descubrirme en medio de una nada sin sentido. Miedo, puede ser. Rabia, también. Pero sea lo que sea, hizo que mis palabras por ahora no volvieran.

¿A dónde fueron las palabras? Si alguien la ve por ahí, díganles que las estoy esperando porque aún queda mucho por escribir.