Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

31

Dec

Y así fue mi 2016

Ha sido el año de muchas primeras veces, de revivir otras, reencontrarme… conocerme:

Me mude sola.

Defendí mi tesis.

Apliqué a un taller de Caparrós en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez… Y quedé.

Conocí a Martín Caparrós, y con él a otros periodistas con los que concluimos que “relaja el papo” era la mejor frase del mundo.

Escribí el momento más bonito del taller: cuando los dos Martín celebraron, en silencio, un gol del Boca. 

Fui a El Salvador y aprendí que la elefanta Manyula fue más llorada que los miles de muertos por la violencia.

Viví con mi hermano. A veces nos divertimos, otra casi nos matamos.

Mi tía me mandó flores a mi oficina en mi cumpleaños, y ahora compro flores. 

Usé Tinder.

Me hice mi primer (y espero único) cover de un tatuaje.

Conocí a Mariana y Javiera, las amigas de mi hermano que ahora también son mis amigas. 

Marché con Javiera, su primera vez.

Aprendí que el jabón líquido es mejor para lavar, y así muchas cosas más de vivir sola. 

Un chileno (gallo, sexy y divertido) me dijo paranoica y que mis masajes son buenos.

Compartí con ese chileno mi pasión por los libros, las películas, las series, no hacer nada, la palta (aguacate) y el alcohol (y espero que siga siendo así por mucho, mucho rato más).

Trabajé (y aún lo hago) en una agencia de publicidad grande, con un equipo grande. 

Perdí la paciencia una jefa (ahora le tengo mucho cariño y nos reimos a diario). Ha sido un gran apoyo. Y seguro es tremenda compañera de caña. 

Me hice muy amiga de una chilena con la que a veces hablo mucho, y otras simplemente compartimos en silencio.

Quise renunciar, pero me encerré un fin de semana y comprendí que todo comienzo es díficil. 

Salí en dos documentales de Rodrigo Vásquez, uno para Al Jazeera y otro para Vice.

Comencé una relación con ese chileno y su perro, Rucio. Y también sus otros dos compañeros perrunos: Nata y Pelao. 

Hice todos los trámites legales requeridos en un país, sin traumas.

Comí erizo, y descubrí que sabe a Higuerote.

No lloré en Navidad, y hasta ahora tampoco en año nuevo.

En unos momento supe cómo reaccionar, en otros lo hice muy mal.

Extrañé a mis papás y todos los días del mundo lo hago.

Recibiré el año en otro país.

Me tomé una foto con Capriles y le agarré más cofianza cuando le mandé una crónica que hice… y la leyó (le gustó).

Escribí sobre boxeo, Petare, El Salvador, la Asamblea, el Estadio Nacional de Chile y los voluntarios del revocatorio (que muchos, como yo, todavía tienen el corazón roto).

Seleccioné mis libros venezolanos favoritos para traérmelos a Chile.

Conocí a Thomas, un francés con una startup en la que trabajé. Tuve reuniones en inglés, escribí mucho en inglés. 

Lloré cuando le conté a Richard que me iba del país. 

Nunca me despedí realmente de Bárbara.

Lloré en silencio con Mariví en el carro.

Lloré con Amanda en una esquina de Altamira cuando nos dimos cuenta que pasaría mucho tiempo antes de vernos.

Marinell fue mi confidente.

Vi a Andrés sin emborracharnos.

Fui feliz conmigo misma. 

Viví un temblor.

Y aquí estoy, escribiendo desde Viña; deseando que 2017 sea el año de romper la liga y ganar.

¡Gracias, 2016! Conmigo fuiste bueno, aunque con el mundo fuiste una mierda.
2017: ven a mí que tengo flor.