Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

13

Mar

Sobre número 11

«Escríbeme una carta» le dijo él en medio de aquel café; «No puedo, no tengo ningún tipo de sentimiento hacia ti. No me malinterpretes, somos buenos amigos, solo que hasta ahora le he escrito a los hombres que me tocan algo más que el pensamiento». Así comenzaba aquel cambio de peticiones en el café de la esquina 1122.

«Es absurdo que no puedas escribirme una carta. Tú tampoco me atraes de esa manera, no me malinterpretes, solo quiero que me escribas una carta. Sería mucho más sencillo si pudieses escribirle a esos que te quieren de verdad» continuaba diciéndole él mientras ella recogía su cabello y miraba el reloj.

«Ya van a ser las 11:30 y me tengo que ir, tal vez, algún día te llegue a tu oficina un sobre número 11». Se levantó de la mesa, dejó 50 bolívares para pagar el café, se despidieron con un beso  y ella se fue.

Caminó hasta la oficina, pero en el camino se le ocurrían las palabras perfectas para ser combinadas con el papel que más tarde estaría dentro del sobre número 11.

Pasaron 3 años antes de enviar aquella carta. Ellos seguían siendo amigos, vivían en polos opuestos en el continente y un 11 de enero a las 11:11am llegó a la oficina de él la carta que decía:

«T,

¿Cómo estás?

Tanto tiempo sin hablar, bueno, sin hablar de frente porque desde que nos conocemos hablamos casi a diario por todas las vías tecnológicas que se nos atraviesan en el camino. Y pues sí, no estamos hablando de frente, pero de alguna manera tenía que comenzar esta carta. Creo que hemos tenido una linda amistad, pero hay temas que nunca hemos conversado.

Hace años me pediste que te escribiera una carta. Ese mismo día escribí esta que te estoy mandando, pero como me gusta el misterio decidí esperar tres años para mandártela. Tal vez porque pienso que de aquí a que la leas ya habremos pasado ciertas barreras que aún nos separan. Tal vez hoy podamos hablar de esos amores del pasado que nos atormentan, más a mí que a ti, y de cuándo nos vamos a visitar sin que nadie piense mal. Aunque esa última parte no es preocupante porque no nos importa mucho lo que piensen los demás.

Tal vez, de aquí a tres años, ya habremos tomado más que un café y nos habremos reído de otras cosas que no fuesen las incoherencias que pongo en Twitter. Creo que, para este momento, ya habremos tenido bastantes cuentos como para tener nuestros propios chistes internos. Y bueno, la verdad es que después de esta carta, el número 11 será un chiste interno.

Creo que, lo que intento decir T, es que en estos 3 años decidimos seguir siendo amigos a pensar de la distancia y las extrañas circunstancias que nos rodean, eso es raro. No me gusta hacer amigos, me fastidia conocer a la gente, pero me divierte la gente que no se conoce con preguntas normales, me encanta la gente que sencillamente se conoce en el camino porque intercambian música, porque se cuentan cosas. Creo que por eso es que, hoy, seguimos siendo amigos.

Y bueno, T, aquí está tu carta. Ese día dejé de (des)escribir, tanto, a los hombres que me tocan más que el pensamiento y comencé a escribirme, todo esto ha hecho que, aunque no lo creas, ya tengo un libro casi por publicar. Te avisaré cuando visite tu ciudad para promocionarlo. Espero que, esta vez, nos tomemos algo más que un café.

Un abrazo,                       

C.»

«Debo esperar hasta mañana porque el correo cerró» eso fue lo último que pensó ese día sobre la carta que acaba de escribir, sin saber que la metería en un libro que no conseguiría sino 3 años después.  A pesar de haber escrito la carta para esa fecha, no tenía intensión esperar tanto tiempo. Ella la enviaría y luego le mandaría un mensaje para reírse por haberle mandado una carta “del futuro”. Pero eso no ocurrió.

A veces, en el universo, ocurren eventos cuya explicación no tiene sentido. En esos casos, siempre, es mejor sonreír y dejar fluir.