Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

6

Mar

Carta a mi no-amigo chavista.

Hola,

¿Cómo estás? Qué mal, tú líder ya no está. Tal vez, ahora, podamos hablar. Siempre quise preguntarte algunas cosas, pero tranquilo, respetaré tu dolor a pesar de saber que si mi “líder” Capriles hubiese muerto, tú tendrías fiestas en la calle y me dirías: bien hecho, maldita yankee. Porque sí, a mí ya me dijiste una vez “maldita yankee”, “hija de inmigrantes”, ya una vez tú me deseaste la muerte, pero ¿Sabes? Nosotros no somos iguales y eso se agradece.

¿Recuerdas cuando yo te decía que Chávez estaba enfermo y tú me decías que no? Claro, pero cómo lo vas a recordar si tú solo recuerdas lo que te conviene. Mi papá tuvo cáncer, gracias a Dios lo logró porque es un tipo que no le hace daño a nadie y que vive relajado, pero sé que es una enfermedad dura. Tres primos murieron de cáncer, no se lo deseo a nadie, pero recuerdo cuando me dijiste en TV: Ojalá les de cáncer a todos los escuálidos de mierda. Yo no olvido, solo finjo demencia.

¿Recuerdas las colas que hiciste para comprar un pollo, la escasez de productos, las muertes en el barrio? ¿Recuerdas que esta noche, cuando la euforia pase y te toque regresar a tu casa, vas a tener que encerrarte porque así lo deciden los malandros? O si vives en un refigio, ¿Recuerdas que tienes un “líder” que todo lo tiene que autorizar allá adentro? Probablemente no porque a ti lo que te importa hoy es decirme, otra vez, maldita Yankee, no volverás. Qué irónico.

Yo nunca me fui, me iré, pero hasta ahora nunca me fui. Nunca le he jalado al gobierno americano, debe ser porque yo sí me leí los libros de historia, porque conozco su sistema y porque me parece interesante estudiar lo ocurrido con ojo crítico. Yo nací aquí y me crié en un barrio, pero yo quiero salir pa’ lante, progresar, yo no quiero ser de esas que dice “ser pobre está bien” porque NO ESTÁ BIEN. Eres tú quién se siente orgulloso de la bandera cubana, yo me siento feliz de la venezolana.

¿Recuerdas cuando, hace pocos minutos, en TV nacional, en cadena, me dijiste que no querías que saliera a la calle porque ustedes nos iban a matar porque “si Chávez defendió la patria con su vida, tú también lo harías?” Ok, entonces recuerda que la gasolina se la compramos a “los gringos”, que ya no producimos casi nada en el país y que estamos hipotecados. Que no es normal que hoy te esté escribiendo esto desde mi cama con lágrimas en los ojos porque mi mayor pecado ha sido “existir y no pensar como tú”.

Te escribo desde mi cama y pienso que es absurdo que no haya podido ir a mi oficina, que me da miedo salir porque sé que hoy, más que nunca, la ley parece estar como las tumbas, debajo de la tierra.

Yo te pido, no-amigo chavista, que reflexiones y me digas de verdad si una persona opositora al régimen de Chávez, así como yo, con mis kilitos de más, con mis rulos, con mis cuentos, con mis textos, con mis risas es capaz de hacerte año. Porque tú a mí sí me das miedo y eso no es justo.

Saludos,

Nos vemos pronto, cuando el tiempo haya pasado y tu comendante haya sido olvidado.

 

6

Mar

Se (les) fue el líder, #MuereChávez

Caracas, 05 de marzo del 2013.

Aquel parecía un día normal. El clima cambió radicalmente respecto a los días anteriores, pero eso es normal en Caracas. Los 05 de marzo siempre me gustan, son días alegres y recibo noticias interesantes.

Las redes sociales estaban más alborotadas que nunca, rumores iban y venían, pero esto también es normal en Caracas. Me escribió una persona importante en mi vida para preguntarme por una reunión del alto mando militar, le dije que se venían anuncios importantes, pero como no tenía señal en el lugar al que iba, que mejor lo viera por internet. No tener señal, también es normal en Caracas.

Llegamos a un restaurante a celebrar el cumple de mi amigo Guille, todo estaba tenso, pero acordamos no hablar del tema porque queríamos celebrar. Vino una primera cadena, a la 1:15 pm en la que Maduro presentó a todo el alto mando militar y todas las “fuerzas especiales” del gobierno. Ya sabíamos que ese día dirían algo. Además, en esa misma cadena nos dijeron que a Chávez le habían inoculado el cáncer, ja, la misma estrategia que le funcionó a Fidel en un país sin tecnología durante años para “justificar” su odio a los estadounidenses. Él sabía que necesitaría a un enemigo externo porque ya la mentira estaba terminando, no podía arriesgarse a que su propia gente fuese en su contra, o eso pienso yo. En fin, acá esas cosas siempre pasan, siempre nos quieren ver la cara de pendejos y a veces lo logran. Eso, otra vez, es lo normal en Caracas.

Llegamos a la oficina y ya sabíamos que se venía un nuevo anuncio. Le escribí a uno de mis amigos periodistas que sabía estaba informado y era bastante prudente, su respuesta: «me dicen que se murió, pero no sé. Mejor vete a tu casa temprano». En ese momento le escribí a mi amiga con la que me vería en la noche para decir que canceláramos la reunión. Le escribí a mi papá que estaba celebrando en La Guaira (porque también era su cumpleaños), para el momento en que intenté escribirles a mi mamá y mi hermano, ya todo estaba colapsado. Salí a mandar un voicenote para explicar la situación, escuché la voz de Maduro, entré.

La imagen que tengo es la de una familia cuando espera una noticia de un médico, todos en mi oficina estaban parados frente al TV escuchando a Maduro, alguno grababa la pantalla, yo me paré frente a mi computadora y comencé a recoger. Maduro, entre lágrimas dijo «Nos anunciaron la terrible noticia de que hoy, a las 4:25 pm, el presidente Chávez ha muerto». Suelo mantener la cordura, pero solo me sirvió para decir «Cancelen todo el contenido de las cuentas». Luego, comencé a temblar, eso no es normal en mí.

Recogí mis cosas, intenté nuevamente hablar con mis papás y mi hermano para decirles que estaba bien y que iba camino a la casa, pero temblaba tanto que solo alcancé a medio recoger algunas cosas y salir corriendo de la oficina. Temblaba como jamás en mi vida había temblado, ni cuando mis abuelos murieron, ni cuando hubo turbulencia en un avión, ni siquiera cuando me robaron con arma de fuego. Perdí la cordura por primera vez. Eso tampoco es normal en mí.

Caminé hacía Chacaíto, la calle estaba increíblemente sola. Las cornetas de los carros acompañaban mis pensamientos de “tengo que definir lo que siento para poder escribir sobre esto”. Los rostros de la gente en los carros era de incertidumbre, alegría, tristeza. Pasé por el banco a sacar plata, había muy poca gente, la alcaldía ya estaba cerrada. Recuerdo que, mientras caminaba, me pasó al lado un señor con audífonos en los oídos y los ojos llenos de lágrimas, creo que jamás olvidaré eso. Pensé que, con la poca pila que me quedaba, tenía que hacer algunas fotos. Caracas estaba hermosa, y eso en ella es normal.

Al llegar a la avenida Francisco de Miranda, caminé un poco más lento, necesitaba calmarme así que comencé a ver alrededor. Todas las conversaciones eran sobre Chávez, había rostros increíblemente tristes, algunas mirandas “contentas”, pero sobretodo mucha incertidumbre. Por primera vez, en Caracas, la gente no tuvo miedo a ser robada y todos tenían el celular en la mano, «tumbaron la señal para no comunicarnos» gritaba una señora de camisa roja, «eso se colapsa como el 31, mija, relájate que ya se murió» le contestaba otra, ¡Qué impresionante era la calle!

No sé cómo se ven las calles los días de semana a las 5:30 porque nunca salgo a esa hora, pero todo estaba colapsado, los cajeros repletos de gente, los rumores de saqueo en media cuidad, la información de los chavistas quemando las carpas de los estudiantes, todo el mundo caminaba rápido. Esto no es normal en Caracas.

Los rostros de la gente me sorprendían, todos queríamos llegar a un lugar seguro para saber qué era lo que iba a pasar ahora, no con el país, sino con la ciudad y el caos. Al entrar al metro escuché un anuncio que por un momento me asustó «Se le recuerda a los señores usuarios que deben mantener la calma en el andén, el servicio se presta con total normalidad». Los operadores del metro ese día fueron “panas”. Un señor gritaba «este es el último tren». No cabía una persona más en los andenes, pero ahí todo estaba normal.

Por primera vez, en muchísimo tiempo, vi una Caracas unida, esa Caracas del metro que a diario se insulta, hoy -sin importar el color de la camisa- se ayudan. Abrían paso, empujaban para que entrara uno que tenía medio pie afuera, se sentaban de a tres en los asientos. Luego comenzó la conversación colectiva.

Era impresionante, pero todos hacían el mismo chiste «nos han podido decir esta vaina a las 3 o en la noche, total, ya se murió». Una señora, en tacones, decía «a mí no me quitan el glamour, yo estos tacones no me los quito ni loca. Si me toca correr, corro con ellos». Otra señora decía «a mí no me preocupa Chávez, me preocupa la reacción de sus locos». También había mucho silencio en medio de estas conversaciones.

Recuerdo que en Bellas Artes alguien dijo un chiste y todos reímos. Yo comenté «nunca dejaré de sorprenderme con  nuestra capacidad de hacer chiste», la señora de los tacones me dijo «eso es lo que nos hace chéveres como pueblo, preciosa, que nos reímos de las desgracias». Le contesté «me parece que nos reímos para no afrontar, en el fondo no nos gusta afrontar nada. El presidente se murió después de 87 días desaparecido y aquí todo está normal, esto es el metro un día normal a las 6 de la tarde. Mañana, probablemente, todo esté normal, algunos llorarán al muerto, otros nos quedaremos en casa. Nosotros no afrontamos nada, todo lo convertimos en chiste y terminamos sintiéndonos orgullosos de nuestras desgracias». Hubo un silencio que rompió esta señora «tienes razón, preciosa». Alrededor las miradas fueron con la misma expresión. Las conversaciones colectivas y sin insultos, en el metro, no son normales.

Poco a poco fueron pasando las estaciones y la normalidad reinaba a la Caracas del metro. Llegué a Catia y me crucé con el rostro lleno de lágrimas de mi vecina más chavista, la abracé (porque la quiero) y le dije que todo estaría bien. Subí a mi casa y comencé a ver que todo estaba cerrado. Eso, en Catia, no es normal.

En medio de la normalidad y la no-normalidad, así viví el 05 de marzo del 2013, el día que Chávez murió. Este no era un buen día para nacer, pero sí un buen día para morir. Nosotros, los venezolanos, seguiremos en la normalidad. Algunos iremos a ver a Chávez, otros se quejarán de los que lo haremos. Pero para mí aquel día –cuyas cifras suman 2021- me quedará grabado en la memoria como el día en que nos vieron la mayor cara de pendejos.

 

26

Feb

La semana pasada nos mentimos y fue hermoso.

Fue una de esas mentiras hermosas que parecían ser pre-acordadas en algún contrato o “términos y condiciones” que vienen en las promociones. Nos mentimos como quién miente para poder continuar de una fantasía. Nos mentimos para aferrarnos a un recuerdo de eso que nopudoser porque estamosdemasiadoocupados. Tú me dijiste que estabas full con el trabajo, yo te dije que entendía prefectamente porque también lo estaba. Los dos supimos, desde que leímos el mensaje, que sería el comienzo de esas mentiras acordadas que terminan en mensajes olvidados.

Qué hermoso es mentirse cuando ambos están conscientes de aquello.

Nos mentimos al decirnos que reprogramaríamos el almuerzo tan deseado. Que ese lugar, el del almuerzo, sería nuestro lugar para siempre. Justo en ese momento quise mentirte y decirte que ese día, el de la comida, te daría un libro parecido a mi <<Una chica cualquiera>> de Arthur Miller, porque eso soy yo, una chica cualquiera que se mete en la vida ajena. Porque eso eres, un chico cualquiera que me recordó que vale la pena.

Nos mentimos al decirnos que extrañábamos las largas conversaciones. Esa mentira cómplice que se traducirá en miradas silentes si algún día nos cruzamos en la calle delante de la gente. No habrá reclamos de ninguna parte porque ambos sabremos que mentir, de a ratos, también es hermoso.

Antes no quise mentirte, pero hoy disfruto hacerlo. Nos vemos más tarde, cuando entre mensajes sueltos, nos captemos unas mentiras.

Besos,

Nathalia.

20

Feb

Chávez

(Escrito el lunes 18 de enero de 2013)

Hoy caminé, como siempre, vestida de miedo, ese que no me abandona ni un segundo. Rodeada de la misma maldita cola de todos los días. Caminé por calles llenas de basura, indigentes y rostros conformes con aquella realidad. Entonces, mientras cruzaba la calle, pendiente de no ser atropellada por algún motorizado dueño de la misma, escuché unos fuegos artificiales. No supe si era tu falsa juramentación o alguna celebración tardía que no entendía.Tal vez era fuegos artificiales por Santo Tomás o quizá era el año nuevo chino.

Pasé el día pensando en ti durante mis pequeños breaks en el trabajo. Leí comentarios, hice análisis trasnochados  y no encontré justificación alguna a los actos, no te entiendo, no te creo. Claro, a mi nunca me convenciste, pero intenté que así fuese pensando ser yo la errada. Reconozco que, en algunos momentos, tienes razón en algunas cosas, solo que no me gusta nada a la fuerza y ese es -siempre- tu método.

Hoy, viendo los saltos de talanquera, comprendí finalmente que parte de tu trabajo era demostrar que todos teníamos un precio, pero ¿A cuántos más piensas comprar? ¿Cuántos más vas a comprar? Luego, me pregunto si por casualidad viste los números de cuerpos que ingresan a la morgue semanalmente y recuerdo que no, que no te importan, que primero vienes tú y tu barata ideología ¿Por qué carajo nos odias tanto?

Creo, después de mucho pensarlo, que tu problema está en tu cabeza. Es cuestión de entender las realidad paralelas en las que vives, la deformada realidad que te rodea. Tú ves algo que yo no, pero yo sé que estoy en lo correcto, Chávez. No me vas a hacer dudar de aquello que creo y por lo que he luchado toda mi vida. Yo estoy bien y tú estás mal.

No perderé mi tiempo exigiéndote nada porque sé que esto no lo leerás, pero estas líneas me sirven para desahogarme y saber que en tu consciencia quedará que llegaste a una Venezuela de ciudadanos trabajadores y nos dejarás una de animales dependientes de su amo y la comida que les da.

Y me disculpan lo fuerte de mis palabras y las ofensas a los animalitos, pero basta leer el Leviatán de Hobbes para comprender que estamos a punto de llegar al estado natural que describe en el que el <<hombre es lobo del hombre>>.

 

17

Feb

C.

Hoy te volví a ver. Teníamos tiempo sin encontrarnos, creo que hasta nos extrañábamos. Estaba nerviosa. Habían pasado 3 o 4 meses antes de esta noche. Anoté en mi agenda aquel encuentro, el corazón se me aceleró cuando la odiosa alarma sonó para recordármelo. Iba tan contenta que entonaba nuestras canciones y todas las miradas se volteaban a ver quién iba tan feliz en este lugar hostil. Sabía que sería un día especial, me vestí para ti.

Pero, cuando menos me lo esperaba, un terrible miedo se apoderó de mi. Seguro fue cuando crucé el torniquete del metro y comencé a imaginar todo lo que podía pasar. Supose que podría cruzarme con V y eso me aterraba. La última vez que nos cruzamos los tres pasé un mal rato, me pusiste en esa incómoda situación de meterme en una relación. Ustedes parecían verse bien juntos, felices, a punto de cambiar el relationship status  de Facebook. No me gustan las emboscadas, así que seguí caminando a nuestro encuentro, ya no tan feliz. Tenía demasiadas ganas de verte, así que ignoré ese miedo.

No suelo exigir nada, me gusta que las cosas se den porque fluyen y cuando no, mejor que el agua corra. Pero entiende C, quiero que esto sea solo nuestro. Es ella o yo. Quería exigírtelo, tenía un discurso preparado, practicado. Hablaba bajito en el metro mientras pensaba qué te iba a decir, pero cuando llegué, comosiemprequequierollegar, 15 minutos antes, vi que ella había llegado mucho antes y mucho más sensualmente seductora que yo.

C, tus colores, tus cantos, tus demonios, mi Caracas. Teníamos un espacio y esta noche lo ganó V. Esa V de Violencia que tomó tu cancha. Ella es, hoy, la perra que siempre me gana.

[Al CaracasFC y la violencia en el estadio, 13/02/13]

15

Feb

Domingos.

Pasear por CaracasCaminan a diario en busca de motivos para no olvidarla. La viden y les duele cuando la saben (más) maltratada. Suspiran con recuerdos, disfrutando de esos momentos porque saben que pronto pueden ser separadas. Así van estas tres amigas por Caracas.

Un domingo cualquiera, a una hora cualquiera, cuando la rutina se aligera, deciden que es momento de volver a su pasatiempo de ser turistas en aquella ciudad, aunque las muerda. Sin saber cómo irá el día, cada una se prepara. Sonríen al despertar. Caracas no quiere esperar.

En medio de aquel caos, que hasta el domingo pobla la ciudad, aquellas amigas toman rumbo a algún lugar, sin saber que se encontrarán. Ahí donde todo es calma, ellas deciden parar, tomarse un café con poca azúcar y sobre Caracas charlar.Pasear por Caracas

Las conversaciones, solo por hoy, no tendrán política como sazón. Suben al carro de una, cogen rumbo sin dirección. Cuando menos se lo esperan, ven a Caracas desde su corazón.

Luego de un rato, ya en la vía y en el carro, recuerdan aquellos motivos para la ciudad disfrutar. Con música y cantos, siguen el viaje sin parar. Ahí están tres chicas guapas. Laura, Leydi y Ana, que hoy decidieron dibujar, en el medio de aquel caos, una Caracas para Enamorar.

(A Ley y Anita, 03.02.13)

14

Feb

15 minutos

15 minutos de silencio nos separan del beso perfecto y la historia que querré narrar. La distancia es medida por el tráfico que hay para cruzar el parquero del estacionamiento y mi lenta caminata para llegarme a tu ventana.

15 minutos de aquella cama que será testigo de pecados cometidos y deseos desinhibidos. 15 minutos nos separan de la delgada línea que divide el ser increíblemente romáticos o ridículamente cursis. Eso, hoy, mañana, minutos. Tiempos.

Probablemente, 15 minutos nos separaron de aquel primer encuentro, en medio de la multitud de alguna ciudad enmascarada en caos. Puede que, al mismo tiempo, esos 15 minutos hagan la diferencia entre quedarnos para siempre o salir a caminar, para olvidar.

En 15 minutos se puede amar y odiar. Perdonar y olvidar. Besar y abrazar. Llorar y gritar. 15 minutos.

Hoy no es la distancia medida en metros sino en tiempos la que nos separará.

13

Feb

Sexo

Supongo que podrían sentirse incómodos si de la nada yo decidiera comenzar a hablarles de sexo un miércoles de cenizas por la mañana, lo entiendo. Hablarles de sexo heterosexual, homosexual, orgías y una que otra cosa que salga de lo común. A mi me incomoda leer que en enero tuvimos, nuevamente el mes más violento del país en los últimos 14 años. Cada mes se supera, la competencia la gana la muerte. Pareciera ser cuestión de horas para algunos de nosotros.

Tal vez, no lo sé, me de por describirles cuál es la ropa que llevo debajo de mi ropa o cómo me los imagino de a ratos cuando los veo pasar por la calle. Prefiero incomodarlos diciéndoles que hoy entra en vigencia la devaluación de 47% y que este fin de semana los refugios fueron verdaderos infiernos: muertes, violaciones, incendios, asesinatos. A mí, esto, me pone mucho más incómoda que hablar de sexo.

Quisiera decirles cuál de todas las penetraciones es mejor o en qué posición pueden alcanzar el deseado orgasmo. En cambio, prefiero decirles que este jueves cierra el registro electoral y que ni aquí ni afuera se volvió a cumplir con la meta de nuevos inscritos. Todo indica que ahora, como antes, los jóvenes solo hacen política cuando tienen elecciones cerca, nadie piensa siquiera que pronto podamos tener alguna importante. Pensar en esto es igual a pensar que el sexo con protección es cosa de la época del año y que en esta época los condones sobran.

Si les hablara de sexo oral, seguramente me denunciarían como un blog de vulgar pornografía, pero a nadie le importa -o eso parece- que el promedio de edad de mujeres embarazadas cada año es menor. Esto trae como consecuencia que más niñas “críen” niños que terminaran, muy probablemente, siendo delincuentes y repitiendo ese modelo.

Sé que ya están incómodos, no por el país, sino por los comentarios sobre sexo que he intentado hacer en estas cortas lineas. Todo indica que seguimos siendo una sociedad de apariencias engañosas y no una de realidades escalofriantes. Tranquilos, sigan incomodándose al hablar de sexo, yo seguiré incomodándome al leer noticias.

12

Feb

Felicidad.

Parece, de adulto, tarea difícil esa de ser feliz, ¿Recuerdan la infancia? Ser feliz era tan sencillo en aquella época. La felicidad se encontraba al descifrar el misterio de la cucharilla en el

Hacer fotos en Caracas

fregadero, la muñeca nueva a la cuál le podías “cortar” el cabello, la pista de carritos que hacías con material de desecho o el desastres que la abue te dejaba hacer en la casa cuando querías pintar con témperas o acuarelas. Era sencilla la labor de ser feliz a diario.

No sé qué pasa cuando crecemos, parece que ser feliz no está en lo que vivimos sino en lo que tenemos, el mejor empleo, el mejor novio, el mejor carro, vivir en la

mejor zona, tener el mejor (nosano) cuerpo y ser el alma de la fiesta. Para mi, puede ser más en sencillo, un buen libro, un buen café, un mensajito divertido, una ironía, un beso bien dado, las palabras indicadas en un texto o la fotografía tomada. Pero nadie cree que para ser feliz pueda con solo eso. Pobres, no me importa lo que piensen, solo me preocupo porque para algunos la felicidad va de algo tan material que termina siendo abstracto.

Caminar por Caracas y hacer fotos

Ayer fui feliz. En medio del caos caraqueño salimos a hacer fotos, eso me hizo feliz. Mejoré mis fotos con el iPhone porque sigo sin cámara, pero no importó porque fui feliz. Conocí gente genial, me reí, comí sabroso, abracé, fui millonariamente feliz. Reconocí parte de mi ciudad, me encontré con amigos, me hicieron fotos. Sonreí, fui feliz. Para mi es sencillo. La felicidad, en mi definición, va la acumulación de pequeños momentos que me hagan sonreír, llorar, aprender, gozar. Depende de mi y de lo que yo sienta respecto al resto. Supongo que por esa razón no sufro “como se debe” por los amores inconclusos. Y por “como se debe” me refiero a lo que todos creen que se debe hacer cuando un amor no es correspondido.

Para mi, ser feliz está en sentarme -después de un día de fotos- en algunas mesitas al aire libre a disfrutar de un buen mojito y una conversa interesante con mis amigos. O, tal vez, terminar sentados en la plaza de los museos tomándonos fotos en un escalón y viendo una película en la cinemateca. Yo fui feliz y eso fue lo que importó. Un nuevo recuerdo. Una sonrisa. Una bebida. Una foto. Un texto. Un ticket de metro.

Yo les digo, mejor ser feliz ahora que cuando no se pueda. Yo hoy, también, voy a ser feliz.

8

Feb

(D)Evaluación

El viernes debe ser, siempre e indiscutiblemente, el mejor día de la semana. Sonríes aunque llega, porque es viernes. Es el primer día del fin de semana, el día donde todo termina más temprano y donde se tejen historias interesantes en medio de un bar lleno de copas de vino. Los viernes me gustan.

Este viernes, me desperté quejona como siempre, desayuné con dos amigas, hablamos. Caminé a mi oficina, después de haber leído las noticias, sabíamos que este viernes sería diferente. Entre otras cosas, aquí son especialistas en lanzar sorpresas los días menos esperados. Supongo que, con el paso del tiempo, se han vuelto predecibles. Las medidas y leyes siempre se dirán esos días “festivos” or soon to be, ¿Por qué sería diferente hoy?

Llega la tarde, la ciudad está revuelta, mucha gente sale de viaje, las vías comienzan a colapsar, ¡Llegó el carnaval!

La hora se ha vuelto pesada. Comienza la transmisión. Ellos, ahí (d)evalúan la gestión. Me hacen sentir ignoranda al ser incapaces de hilar dos frases coherentes en la misma (d)evaluación. Creo que, por los momentos, todo estará peor. Espero que termine con un resultado  mejor.

Salir del trabajo un viernes de carnaval puede resultar interesante. Por lo general, en un país normal, te encontrarás a personas increíblemente felices. Se van de viajes por cuatro días o descansarán de los jefes y compañeros insoportables. Pero, ¿Qué pasa cuando te cambian el libreto?

Entras al metro, esperando que -en medio del caos- un rostro aparezca para hacerte sonreír con su sonrisa contagiosa de esas que aún creen en un cambio. No lo ves. No la ves. No los notas. Miras alrededor y observas, evalúas y estudias los rostros, las miradas, los gestos. Ves las bolsas que carga. Es obvio que eso salió de su presupuesto, pero ¿Cómo se hace cuando toca hacer (d)evaluaciones “inesperadas”?

Caminas a casa un poco desconsolada. Asumes, en contra de todo, que pronto vendrás tiempo mejores. Luchas contigo misma para saber que, aunque no te lo creas, pronto todo estará mejor.

Me gustan los viernes cuando se pintan multicolor, no cuando me obligan a ponerlos de un solo color.

Page 11 of 36« First...910111213...2030...Last »