Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

18

Apr

No me defraudes

Hola,

He pensado muchas veces cómo escribirte esto. He tardado bastante en hacerlo, lo sé. También sé que no lo esperas. Tengo algo que confesarte.

Hace meses, en realidad años he sentido algo grande, a veces te lo demuestro. Otras no tanto. Pero después de verte el domingo no entiendo cómo no había tenido la musa real para escribirte. Tranquilo, sé que no me viste, tampoco quería que me vieras.

Estabas ahí, perfecto como siempre, como te recordaba, como te soñaba. Yo estaba también ahí, temblando, sudando, desearte verte, poder gritar de alegría. Celebrar. Siempre he sido apasionada y eso me ha roto el corazón tantas veces que decirlo solo haría que estas palabras se transformaran en un cliché sinsentido de esos que odio leer. Hoy te estoy apostando a ti. No me defraudes.

He dejado ya muchas cosas atrás, estás en mis planes a futuro y sé que yo estoy en los tuyos. Hemos cambiado, hemos crecido, hemos madurado. Ya no somos los mismos, no los de hace años, no los de hace meses. Cada día nos sentimos más, cada día te pienso más y deseo que llegue el día de ir a verte, sin que tu te enteres.

Este domingo nos veremos nuevamente, por noventa minutos. Esos noventa que me han hecho olvidar que afuera hay un mundo que gira, una Caracas que no espera, una vida que continúa. Noventa minutos que ya nadie me podrá quitar porque tu estás en mi vida como las cosas más importantes. Quiero que sea domingo para ponerme los colores de la vida y correr a alentarte.

Mi rojo querido, mi locura, mi pasión, nos vemos el domingo. No me defraudes.

L.

17

Apr

Monólogo de una histérica

Sofía era toda una histérica. Histérica en la calle, en la casa, en la cama. Histérica hasta en la playa. Pasaba el día histérica. No entendía por qué. Disfrutaba del buen sexo casual, de ese que te hace gritar y no precisamente de histeria. Ella sencillamente era así.

En la sala de su piso en Madrid siempre estaba la computadora, los libros, el kindle, el cenicero y los cigarrillos, de vez en cuando un porro y un copa de vino. Sus vecinos la veían cuando se paraba en la ventana con camisa larga, en pantaletas y medias a leer del periódico mientras se fumaba un cigarrillo.

Un día, sólo se escuchaba esto:

Es que claro, si yo todo lo estaba haciendo bien hasta que decidió que quería ser bueno en la cama. Yo no le contestaba los mensajitos, era él quién me buscaba, el que me hablaba por todos lados. Es que siempre es exactamente lo mismo. Coño. Si una les para entonces ellos se van. No entiendo. Debe ser la crisis de la cultura occidental. Yo soy parte de esa crisis, porque eso de saltar de cama en cama, pues solo  puede ser parte de esa “crisis” que le llaman. Es un coño de madre, se lo pregunté y me mintió. Y el otro, ni me contesta “No me escribas más” ¿Quién carajo se ha creído? Es que no los entiendo, ni a este, ni al otro. Y la cocina no me prende, necesito que prenda.

El sonido del yesquero, otro cigarro más, un trago de ron.

Pendeja, eso es lo que soy, pendeja. Debería dejar de saltar por las camas. Eso es, necesito un break de hombres. Comenzaré a estudiar algún otro idioma, pensaré cómo aprovechar mejor el tiempo, jugaré a no pararle bolas a la vida. Total, no sería primera vez que lo hiciera. También podría cambiarme de ciudad, me están cansando los españoles y su quejadera sobre la “crisis” económica, es que TODO ES UNA CRISIS y después dicen que soy una histérica. Que lo soy, lo sé, no lo niego, pero coño, el mundo también anda en eso de “crisis”, es que es moda. Todo es moda.

Una llamada de teléfono, Marcela, Aureliana, todas estaban en problemas.

Ah no, y estás después que me joden me llaman a decirme que necesitan de mi ayuda, quién las manda a venirse. Debieron quedarse en Caracas, total, allá estaban sus “ellos”. Es que no me da la gana de ayudarlas. Quiero seguir así. Aquí, sin nadie que me recuerde a Caracas. Bueno, la tinta en el pie, lo sé, ni modo, qué se le va a hacer.

Pasaron 45 minutos, se puso el pantalón, las botas, salió.

 No señor, no tengo ni un euro, mi país sí está en crisis y yo aquí no tengo dinero. NO, allá menos dinero tengo. Quién pensaría que yo terminaría sentada en este café. Aquí comenzaron algunas de las histerias que se han contado. Las historias que se cruzan, las amigas que pasan noches en la misma cama, las manos que se entrelazan y las lenguas que intercambian fluidos.

Una noche más en Madrid, el frío del invierno, las ganas de correr y la histeria que no la dejaría en paz. Pasó días con su locura, con sus gritos y sin ganas.

Yo mejor sigo en lo mío, los hombres que van y vienen se quedarán guardado en las huellas de mi cuerpo, en la experiencia que gano y en cuentos para ser narrados.

14

Apr

Cartas de Grecia

Grecia ese era su nombre. Nunca supo si le gustaba más ese nombre o el de su herman Antenas. Su papá había estudiado filosofía en los años 60 y conservaba ese espíritu de hippie que tanto caracterizaba a la gente de la época.

Tenía años viviendo en Barcelona. Al salir del bachillerato quiso irse un año de intercambio para “aprender catalán” y más nunca regreso. Aquella libertad, aquella independencia eran única, así que ella se las arregló, aplicó en la universidad, quedó y decidió mandar una carta a sus papás para informarles. Grecia amaba las cartas, las escribía desde pequeña, cuando no eran más que un cruce incoherentes de palabras que iban dirigidas a algún noviecito de la escuela.

Al crecer fue perfeccionando su técnica, sus palabras, la manera que tenía de escribir, y sobre todo la manera de dirigirse a las personas. Se había leído grandes cartas de la historia, las de Arendt a Heidegger, las de Manuelita a Bolívar, las de Hitler, las de Dalí, en fin, disfrutaba escribir cartas.

Un domingo por la mañana, Grecia se había sentido extraña, una sensación nunca vivida <>. Ese día ella decidió escribirle a sus últimos tormentos afectivos unas cortas palabras.

Fernando (cuidador de animales de zoo con el que ha pasado la mayor parte de su estadia compartiendo solo placeres de cama) querido, te extrañará saber de mi y mucho más por una carta. Nunca te gustó mucho leer, lo sé, pero sabes que siempre me gustó escribir. Solo quería agradecer los placeres de cama que me has brindado, las noches de cobijo en los largos inviernos, y las lecciones sexuales. Supongo que hoy soy mucho mejor en la cama gracias a ti. Que divino nos la pasabamos, pero ya es hora de saber que no hay vuelta atrás. Nuevamente, gracias.

Roberto (mecánico de carros y de cuerpos, come libros, y pues también cuerpos) amor, fuiste uno de mis mas intensos amores, no sé si llegué a amarte y supongo que el siemple hecho de tener la duda ya lo hace falso. Recuerdo el día que casi me atropellas como uno de los mejores días de mi vida, siempre estarás presente en mi mente. Tranquilo, no escribo para que lo intentemos nuevamente, escribo para agradecerte el entender que se puede leer, entender y disfrutar sin vivir lo leído, sin querer siquiera intentar estar conscientes de elloa. Es otro estado de consciencia que solo alcanzamos después de unos porros, unas caídas libres y entender que que la vida escrita en los libros y en las canciones muchas veces son fantasía, solo debemos aprender a jugar a Rayuela. Gracias por las musas.

Julian (artista bohemio, dedicado a pensar, sentir y adormecer sentimientos, comprometido con todas y con ninguna) divino Julian, que buenos recuerdos tengo contigo, ganas prohibidas, conversaciones intelectuales y divertidas. De ti aprendí que todo es más fugaz de lo que parece. Aprendí que la eternidad se disfruta más con una copa de vino, un buen traje de baño y en buena compañía. Me enseñaste a ser mejor compañera en la cama, que con la lluvia solo se folla cuando se está enamorado y alguien que te haga reír es mejor compañero al final del camino que cualquier cama que me encontrara en la vía. Por hacerme internalizar que lo simple es hermoso: gracias.

Marcelo (el chico del Starbucks que siempre tenía algo bonito que decir) de ti se poco Marcelo, la verdad es que me sorprendiste. Te escribo de último porque en ese orden llegaste. De ti aprendía probablemente una de las lecciones más importantes ‘no abrir, a un desconocido, algo más que mis piernas’. No confundir el calor de cama con el calor del alma, fue otra de tus lecciones dictadas. Decir la verdad, aunque duela porque de esa manera todos terminarán felices. Y también descubrí que a una cuadra tengo un nuevo Starbucks donde no tengo que verte a diario. Gracias por las caídas libres.

Grecia no quería entregarles estas cartas, simplemente quería poner en papel aquello que sintió en algún momento para estar tranquila y feliz de que su nueva página, su nuevo lápiz y su nueva historia no arrastrarían recuerdos de pasado. Pero lo más importante, escribió para saber que ella era lo más importante de esta nueva historia, que por primera vez no se encontraba en otros brazos huyendo de los brazos anteriores. Que ella sola se sentía mejor y que prefería por un tiempo, disfrutarlo de esa manera.

Pagó el sumo de naranja, el café y regresó a la cama. Era un día para leer, el nuevo libro se Cortázar la esperaba.

13

Apr

Confesiones

Hoy me desperté con ganas de confesar(me). No ante Dios o una iglesia, sino eso confesar(me). Saber(me) dueña de una realidad. Mi realidad. Mi mundo. Hoy desperté y sólo quise sentarme en la computadora, escribir(me).

Hoy supe que era el momento de confesar esas cosas que me gustaban, esas que son mías; así no las olvido. En caso de olvidarlas, podré correr y encontrarlas. Hoy quiero confesar.

Confesar(me) que me gusta el rojo y la palabra ‘pantaleta’. Confesar(te) que aún sueño de a ratos con amores del pasado y que juego a pensar qué hubiese pasado si todo hubiese sido diferente. Hoy quiero decirme a mí misma que no entiendo el tenis, pero me gusta verlo. Me encanta el fútbol, pero aún no entiendo las posiciones adelantadas. Hoy quiero confesar(te) que me gusta seducir(te), las películas de cine clásico y la música instrumental. Confesar que soy intensa, escribo sinsentidos y disfruto leerlos.

Confesar(nos) que aún paso noches enteras despierta leyendo algún libro o haciendo zapping en la televisión. En realidad el azul nunca fue mi color favorito, aunque mentí un par de veces. Hoy es un día para confesar que me gusta ser diferente. Que me gusta competir. Aunque solo hay algo por lo que no compito: hombres. Me gusta que les guste porque así fluyó, no porque gané una competencia.

Hoy… Hoy es un día para confesar(me) que son el café no puedo vivir, que si un buen pensamiento no puedo dormir. Que tengo debilidad por los tobillos, que quiero otros 4 tatuajes. Que pienso, que siento, que sufro, que río.

Hoy. Solo quería escribir eso. Hoy.

11

Apr

Venezuela, Saramago y la mierda

Supongo que desde El Coronel no Tiene quién le escriba usar la palabra “mierda” no debería estar penalizada por intelectuales y académicos. Aunque debo confesar que poco me importa, no suelo usar groserías en mis textos, pero aquí no cabe otra palabra.

Recuerdo cuando hace años decidí leer a Saramago y comencé con ‘Ensayossobre la ceguera’. En aquel momento no lo entendí, no en su totalidad. Sin embargo, con el paso de los años esa ceguera se hacía cada vez más real en nuestro país, bueno en Él país porque el ‘nuestro’ suena más bien a una mea culpa para no sentir que tiramos la toalla hace tiempo.

Saramago decía: “…es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.” y ahora lo entiendo. “Nosotros” los venezolanos preferimos siempre el ‘afuera’, la ropa, el teléfono, el petroleo, las armas antes de asumir: estamos en la mierda como país.

Solemos sentirnos orgullosos porque “maldonado está en la F1”, por ejemplo, pero somos incapaces de sernos sinceros y decir: no pana, es una mierda. Y quien se atreva a decirlo será tildado de “apatrida”, y “antinacional”. Ja! Ese pseudonacionalismo sobreestimulado que no sabemos manejar y que juramos “me la estoy comiendo, en el mundo nadie ve que estoy en la mierda porque por fuera estoy BUENOTA”.

Y esto lo empato con otra cosa que dijo también Saramago en el ensayo “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.” Hoy en el metro me sentí mal, tengo días con problemas estomacales y puede que sea gracias al agua contaminada, el punto es que me sentí mal, vomité y ni un solo ser “humano” se acercó a preguntarme “¿Estás bien?” no, era mucho más sencillo hacerse el loco, total, ese no es mi problema. Hace años eso no hubiese pasado. Nosotros olvidamos eso que somos para convertirnos en eso que queremos ser para que otros no noten que estamos en la mierda. Y el drama no es porque no me hayan ayudado, el drama es porque también nos hacemos los locos con los hospitales, la violencia, y demás porque “eso no me está pasando a mi”. Somos ese galpon que describe Saramago en el que meten a todos los cieos para que “no contaminen a otros”. Pobres de nosotros. Estamos ciegos y no lo sabemos.

“No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca” .
Eso no lo hemos entendido. Absurdamente creemos que todos nos pertenece, pero al mismo tiempo lo despreciamos. Ese “deseo de poder” que tiene algunos, que creen que son dueños de la verdad, que pelean por cargos, son tan despreciables como el motorizado que cree que la calle le pertenece, como el señor que te empuja en el metro para sentarse, el Chavista que dice “esta es mi casa (refiriendose al país) y si no me da la gana de hacer nada, no lo hago, que trabajen los extranjeros” o el opositor que se llena de negocios con el gobierno y además reparte ministerios, de esoa que aun no tiene. Somos un país despreciable, pero otra vez, es preferible contestar ‘bien’ a decir ‘estamos mal’.

Esto que sigue no necesita explicación: “La muerte anda por las calles, pero en los corrales la vida no se ha acabado”. Y no solo hablo de la muerte física, sino de esa muerte espiritual que tenemos todos. No tiene nada que ver con la “misa”, tiene que ver con el alma de cada uno de nosotros. El otro ya no existe y por ende no importa. Lo realmente importante soy yo y mi “mundo de poder para joder”. Que mierda.

Yo, como Saramago, me pregunto:

“Cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera”, ¿Cuántos muertos (exiliados) serán precisos para entender que estamos en guerra?

Y por último les digo “[…] cómo vamos a vivir este presente, sin futuro”.

Y sí voy a votar, y sí seguiré llamando al voto. Pero por el único motivo de negarme a vivir en una ceguera autoimpuesta. Porque la capacidad de indignación puede que sea una virtud y una desgracia, y pues deberé apreder a vivir con ella.

Yo les digo, dejemos de decir: “estamos bien” y comencemos a reconocer que estamos EN LA MIERDA, y probablemente ese día comencemos a salir de la ceguera y a cambiar lo que antes no veíamos.

Como dice @ChavezOfficial: todos tenemos un poquito se Chávez adentro. Y completo yo: y eso es lo que tanto nos molesta.

11

Apr

Caracas, aquí ya no cabemos más

En ti, 07 de abril de 2012.

Hola,

Espero que lo sepas, pero tenemos que hablar. Sí, sé que últimamente nos la estamos pasando genial, yo salgo, te veo, te beso, te admiro, te siento, te respiro. Tu me ves, me abrazas y me golpeas, me besas y me muerdes, me lastimas y me conscientes. Nosotras nos queremos y nos hacemos daño. Nos vivimos y nos cambiamos los rostros para ponerle nombre de Ellos y que todo sea más sencillo.

Sé también que te dije, cuando regresé, que intentaría tener algo contigo y que fuese por siempre, pero es que entiéndeme, quiero seguir contigo pero para eso necesito alejarme, tener mi espacio, mi tiempo.

Caracas, bella, sabes que he cometido grandes errores poniéndote rostro de hombre. Eso nos ha jodido a las dos. Hoy ya no camino tan tranquila por tus calles, allá afuera están Ellas. Esas Ellas que hacen daño y a las que les hice daño. Esas Ellas que no quiero cruzarme porque me recuerdan que fueron las que “ganaron” en esa pequeña batalla (que nunca se dio).

Tampoco estoy tranquila Caracas porque siento que en cualquier momento puedo estar tirada en tu suelo, sin mi celular o sin algún otro amigo. No llores hermosa, tu sabes de lo que te hablo, la inseguridad nos está comiendo las ganas como las termitas a una cama. El Fito se lo cantó a Baires cuando le dijo “Te falta el mambo y te sobran muertos”. Esto es un tengo con un no quiero.

Eres una loca y como todas las locas, seduces y enamoras con ese noséqué que me hace quedarme y quererte, pero al mismo tiempo me asusta perderte y sé que si intento quedarme para tenerte, me perderé en ti y tu en mi.

No, tranquila, no eres tú, tampoco yo. No estoy segura de que sean Ellos y mucho menos Ellas, pero lo que sé es que me tengo que ir. Volveré Caracas, sé que volveré.

Pasaré un rato en Baires o Madrid, y sé que de ti siempre lograré escribir. Oh Caracas, mi Caracas.

Te llevaré conmigo a donde vaya, en mi lienzo, en mi pie y en mi tobillo también. Tu nombre tatuado, mi único y gran amor, jamás olvidado: CARACAS.

No sé qué más puedo decir, ahora que las lágrimas y mis ojos se encontraron, sólo quiero dormir. De ti no me puedo despedir.

Aún no me voy y ya comienzo a extrañarte.

Siempre. Presente.

 

L.

10

Apr

Mi Credo

Creo en Woody Allen, escritor todo poderoso, creador de letras y sátiras.

Creo en Dalí, hijo surrealista y en sus mundos posibles.

Creo en el poder de la palabra porque es el primer paso para establecer cualquier relación humana.

Creo en Masseratti y sus dos litros de buena vibra porque con ellos la eternidad se hará llevadera.

Creo en San Jobs y su visión de cambiar el mundo con tecnología y simplicidad.

Creo en Sabina, Fito, Charlie y Spinetta porque con ellos vivo, lloro, sonrío e incluso, me enamoro.

Creo en los diseñadores y escritores porque con ellos el mundo es más hermoso y las penas más sabrosas.

Creo en Cortázar, Saramago y Sábato, porque sin ellos mi vida de cuentos no sería posible.

Creo en la celebración del No-Cumpleaños de Alicia en su País de  Maravillas, porque así agradezco todos los días que estoy viva, que sueño.

Creo en las golondrinas de Beckett y en las mujeres que vuelan de Girondo.

Creo en la poesía y en lo que transmiten los versos cuando salen del alma, aunque luego cambien.

Creo en Van Gohg, Heidegger y sus análisis sobre el arte en lo cotidiano y las orejas como pinturas.

Creo en Frida, por su poder mágico de sanar. Y en Hannah Arendt por recordarme que las penas valen, si sirven para ser contadas.

Creo, por sobre todas las cosas, en el poder de una sonrisa sincera, en las cuentas claras y en los amigos que se dicen verdades.

Creo en los lienzos y las telas blancas, porque ellas serán dibujadas historias de vida.

8

Apr

Cedeño

Daban las 9:53 pm cuando Cedeño entraba por el zaguán de la casa. Venía poseído por demonios, no creía todo lo que le había ocurrido. Él no estaba seguro de cómo había llegado a aquel lugar, la situación. Nada estaba planificado, pensó que todo estaba controlado. Cedeño tomó tres pastillas, dos sorbos de Whiskey. Durmió.

Viernes, 3 de enero de 1954. Los recuerdos comenzaban a recorrer la mente de aquel joven. Veinticinco años, saldo: dos líneas, un porro, algo de ron. Ella volvía, su olor, sus ganas, su piel, sus tatuajes, su ser. Cedeño necesitaba olvidar. Se cree en ese punto había comenzado aquella historia de destrucción. Un cigarrillo, un Cubalibre, medio porro. Durmió.

Era el año 1992. Domingo por la mañana. Todos pensaban que había muerto. Hace días que nadie le veía la cara, no se escuchaba ni un ruido en aquella inmensa casa, desolada, abandonada, destruida como Cedeño. Despertó, no quería recordar todas las historias. La número uno, dos, tres, siempre ella, presente. Un café, una línea. Durmió.

Aquel domingo, Cedeño nunca más despertó.

7

Apr

De las borracheras planificadas y otras políticas de Estado

Laura SolórzanoVenezuela, país ubicado al norte del sur, con cucarachas voladoras y un ego capaz de situarnos en el centro del mundo, en el ombliglo que llaman.

País de mujeres bellas, petróleo, beisból y ahora Fútbol. Y también malandros y regueton (Triste, lo sé). País de políticas de Estado ocurrentes y “creativas”.

Gallineros verticales para no pasar hambre. Invasiones de hoteles como solución al problema habitacional (total, ¿Quién viene a turistear en Venezuela?). Calcomanías en los autobuses como parte del plan de “desarme”, <<Señor malandro, No se puede montar en este bus porque tiene arma. Perdón señor chófer>> -diálogo digno de algún mal guión clicheroso-. Y mi favorita: Ley seca (o ley de borracheras planificadas).

Yo no lo había visto así, pero hace unos días un Tweet de Rayma me hizo pensar ¿Qué pasa si me sale una borrachera no planificada? Porque esas cosas pasan y no avisan.

Ya sabemos que la planificación en los países del trópico no es nuestro fuerte, por aquello de no tener cambios climáticos. Así que imagino que el gobierno está planteando la posibilidad de hacernos ciudadanos un poco más planificados y ya que nos gusta la caña pues ¿Por qué no comenzamos por ese lado?

Deberá usted, entonces, suponer que le saldrá algún plan inesperado. Puede que le toquen el alma llanera en la rumbita del amor, se entere de alguna noticia que merezca una celebración o cualquier otro de esos motivos que ameriten una borrachera, de las buenas.

Porque no se trata de esa gente que en febrero te dice: “No chica, yo en Semana Santa (ajá) me voy a la Isla, y claro todas las semanas compro una de ron porque seguro hay ley seca” ¡NO! Esas sí son borracheras planificadas, pero no hablo de esas.

Entonces me pregunto ¿Tenemos que correr como locos a las licorerías un día antes de la ley seca y comprar hasta caña clara? ¿Tal vez debo llenar mi camelback de ron y cargarlo conmigo todos los días “santos” en caso de necesitarlo por “borrachera no planificada”? ¿Será que debo sentirme como una drogadicta ansiosa y recorrer el último rincón de Caracas buscando una piche cerveza que me quite el calor?

En fin, llegué a la conclusión de que comenzaré a prestarle atención a esta nueva política de Estado y me prepararé en caso de que en la próxima ley seca me salga una borrachera no planificada y le diré a mi mamá: Mami, ahora cuando vayamos al mercado tenemos que comprar café y harina (por aquello de la escasez) y RON, CERVEZA y VINO en caso de que me salga una borrachera no planificada.

Ahora brindemos, con agua (sucia), por un país de BORRACHERAS NO PLANIFICADAS.

4

Apr

Conversaciones

El mundo habla. Nos comunicamos a diario. Tenemos conversaciones en las que día a día se conoce, se siente, se piensa, se comunica. Somos seres humanos y tenemos, a diferencia de los animales, una gran capacidad de entendimiento que nos permite saber y estar conscientes de que la otra persona (con la que solemos sostener una conversación) tiene sentimientos, pensamientos, confía en las palabras que salen de nuestro boca. Nadie espera ser defraudado de buenas a primeras.

Esas mismas conversaciones las evitamos cuando no tenemos nada que decir, cuando no sabemos qué es exactamente lo que se tiene que decir para no dañar más a la otra persona. Hay otros, que por el contrario, sencillamente evitan las conversaciones incómodas porque tienen algo relacionado a esa no-culpa moderna que nos llena de deseos adolescentes de querer hacer las cosas sin que nada nos importe. Yo he estado en ambos puntos.

Hay conversaciones que se postergan tanto que cuando llegan ya no vale la pena si quiera gastar dinero en un café para tenerlas.

Yo esperé una conversación que nunca llegó y un día, sin más ni menos, me desperté sin ganas de tenerla. Yo, te (dis)culpo. Todo estará bien al final del día. Yo haré lo propio para que la fiesta sea llevada en paz. Sé que a ti no te importa, pero está bien. La paz la encuentro yo conmigo, en mí.

Por esas conversaciones que nunca se tendrán ¡Salud!

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