Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

15

Jul

Vivo Caracas: Tambores de San Juan

Para Andrés y Luisfer…

Caracas, ciudad mágina en la que -por cuestiones del destino- me tocó nacer. En ella he vivido muchísimas cosas, de hecho esta ciudad podría contar nuestras historias mejor que nadie. Sin embargo, cuando se trata de vivir cultura urbana, cosa que he hecho en grandes ciudades lejos de casa, la cuestión no es tan sencilla. Ver gente en la calle cantando, bailando, vendiendo artesanía es lo que caracteriza los fines de semana de ciudades como Madrid, Barcelona, La Habana o Buenos Aires, pero no Caracas.

Como todo, las cosas han cambiado un poco; la nostálgica ciudad que antes era de techos rojos vuelve a ser una ciudad para ser vivida. Nuevamente, gracias a mi amigo Andrés y ahora también a Luisfer me fui un sábado (18/06/2011) al “callejón de la puñalada” en Sabana Grande, a los repiques de tambor del Grupo Herencia. Podría sonar un poco “tenebroso” al principio, digamos que con la inseguridad de la ciudad un lugar con ese nombre no debe ser nada agradable. Pero, como era de día accedí, sabía que sería tremenda experiencia.

La tarde comenzaba en un callejón bohemio de Caracas, con artesanos caraqueños, pero también unos cuantos importados. Nos recibieron con las ropas típicas que suelen usar aquellos que por la vida van sin mayores complicaciones. Al llegar a la mitad del callejón, me encuentro con mis amigos, con Hilda -una gringa que está de intercambio en Venezuela haciendo su postgrado y enamorada de esta ciudad-, y luego Mafe -quién desde ese día sería mi aliada en varias cosas-.

Todo indicaba que sería una tarde diferente, unos minutos después comenzaron a llegar rostros familiares como Sasha, Clau, Mancerita y uno nuevo, pero con la que también hice Click: Ale. Con sabor venezolano y característico caraqueño, minutos después ya éramos amigas, hacíamos bromas y nos disponíamos a disfrutar de los tambores y enseñarle algo a Hilda.

Gente de todo tipo acompañaba a San Juan. Jóvenes que se acercaban en busca de buena vibra, creyentes del santo que venían a pasearlo y cantarle y hasta uno de aquellos personajes bohemios que con incienso nos hizo reír al ofrecérselo al santo.

Estando ahí, no podía evitar pensar en la inseguridad y de a ratos el miedo se hacía presente llevándome a sentir lo injusto de vivir en una ciudad tan bella y con tanto para dar, pero sometida inevitablemente a los estragos ocasionados por quienes, desde el poder, olvidan que su labor debe basarse en cumplir con una población que confió en ellos más allá de ideologías quedadas en el tiepo.

Y como todo, las palabras que hoy comienzan con un reconocimiento a lo divino de vivir en Caracas de una manera diferente, terminan siendo un llamado a la reflexión de que las cosas no estarán bien mientras la palabra “miedo”  se apodere de nosotros.

Dejando eso de lado, reconozco que viví un sábado diferente y que le doy las gracias a ambos (Andrés y Luisfer), mis buenos amigos de la vida por regalarme, entre sangueos, tambores y ofrendas, un sábado diferente en medio de mi ciudad. Gracias también a mi Mancerita por impulsarme a ir y bailar al son de los tambores de mi grupo Herencia en pleno corazón de Caracas.

15

Jul

Los tambores de Nuestra Herencia

El pasado 04 de noviembre tuve el placer de ser invitada por un gran amigo al bautizo del disco de un grupo de tambores de la UCV llamado “Herencia”. Dicho evento se realizó en el CELARG y contó con una sala llena de espectadores que, como yo, no sabían exactamente qué encontrarían.

Ya los había visto tocar anteriormente en fiestas y otras presentaciones pequeñas, sabía que eran buenos, pero jamás había asistido al bautizo de un disco de un grupo de tambores. Lo que más me sorprendió fue ver que no sólo había tambores de todo tipo en la sala, sino que además de eso contaban con guitarra eléctrica, trompetas y un teclado. Todo esto con la finalidad de hacer un gran show para los espectadores.

Este excelente grupo ya ha tocado en festivales internacionales y es una lástima que acá en Venezuela –como muchos de nuestros artistas- no tengan la oportunidad de ser reconocidos. Ver ese espectáculo de gente feliz, con salsa, tambores, cantos a San Juan y una canción que en particular me marcó “Y dime” (un bolero sobre la muerte), me hizo reflexionar sobre lo importante de ser reconocidos en el mundo como una potencia, no solo en turismo, sino también en música.

La pasión que el profesor Manuel Moreno, director del grupo, le pone a su música te hace sentir que estás nuevamente en el mejor país del mundo, con sus problemas, con sus crisis, con sus cosas buenas y sobre todo con sus tradiciones. El profe Manuel hizo algo importantísimo al final de la noche, nos dejó una reflexión importante sobre la música y la cultura de nuestro pueblo Venezuela.

Hizo un llamado de atención sobre lo importante de apoyar a lo nuestro y puso el ejemplo de los geniales Amigos Invisibles o Carlos Baute, quienes para triunfar han tenido que ser reconocidos primero en casa ajenas para que nosotros en casa los tomemos en cuenta, y aún así compramos los discos quemados o nos descargamos su música de internet de manera ilegal. Y ni contarles lo que me pasó por la cabeza cuando recordé que el opening del Miss Venezuela se había hecho con una canción de Lady Gaga, pero en español como para que nos identificásemos más con la música. Qué ganas de despreciar el talento nacional.

Lo que “Herencia” me hizo sentir esa noche, y la noche siguiente cuando los vi en una fiesta, no tiene ni nombre ni precio, sencillamente me hizo reconciliarme con mi tierra, con mi sangre, con mi color, con mi país, con mi tradición. Me hizo pensar que todavía tenemos mucho que dar en Venezuela y que la política es sólo un pequeño eslabón de esa cadena llamada Sociedad donde todos debemos poner ese grano de arena que nos hace sentir más venezolanos que cualquiera.

Les recomiendo a todos que asistan al auditorio naranja de la UCV este 19 de noviembre y deleiten sus oídos con un sonido de tambores que suena como música celestial, que no es ruido, que es melodía. Que no es cualquier cosa vacía, que es poesía. Que te hace sentir que la herencia de tus raíces sigue estando en Venezuela

15

Jul

El placer de… Escuchar y bailar tambores en la costa. San Juan 2010

Espero vestida y feliz que pasen por mi casa, hoy será un gran día porque después de mucho tiempo podré ir por primera vez a unos repiques de San Juan Bautista en las costas de Vargas. Naiguatá será mi destino el día de hoy.

De rojo, como el santo, se pinta completo el Estado Vargas a la espera de los tambores se celebra una gran misa donde el cura nos da un sermón de alegría y hace –como siempre- un llamado a la paz y a la unión de los Venezolanos. La fiesta de San Juan está por continuar.

Esta fiesta, llena de repiques de tambores, de sangueos, se celebra religiosamente todos los 24 de junio con la finalidad de conmemorar y recordar a todos los esclavos que teníamos en Venezuela, sobre todo en las costas. Este día era el único día libre que tenían los esclavos y casualmente coincidía con la celebración de San Juan Bautista.

Naiguatá

Al llegar ahí, con el calor, el color rojo, las empanadas y la música comienzo a sentir una mística bastante extraña, pero agradable. Una magia. El pueblo completo está alegre, entre aguardiente y guarapita se suman cada vez más tambores hechos en casa, con tobos viejos y cueros secos, con adornos e inscripciones referentes a peticiones a San Juan. La mística une a un pueblo que probablemente el resto del año está divido.

Al son del tambor y con un calor insoportable –refrescándome con una cervecita- comienza el recorrido al pueblo después de la misa celebrada en la pequeña e histórica iglesia de Naiguatá. Es un espectáculo.

A donde voltees tendrás gente bailando, contenta, regalando comida para honrar a San Juan, fotógrafos de todas partes de mundo hacen su trabajo; seguramente con la intensión de hacer un reportaje sobre lo importante de estas celebraciones. Este día, Vargas completo está de celebración.

El Culto

Parece mentira, pero muchas veces hablamos en nombre de este país lleno de realismo mágico, lleno de todo, sin darnos cuenta que en la esquina se celebran las tradiciones más importantes. Me propuse algo: Recorrer Venezuela y vivir sus tradiciones. Algún día lo llevaré a cabo. Sin embargo, mi consejo para todos aquellos que el día de mañana (u hoy) hablan en nombre de este país es que conozcan y vivan sus tradiciones, nuestras creencias, entendamos a nuestra gente, tal vez, el día de mañana hasta sean mejores gobernantes, mejores venezolanos.

Gracias al pueblo de Naiguatá por abrir las puertas y ser tan amables con caraqueñas como yo, que sólo queríamos vivir un día diferente entre el estrés de la ciudad.

15

Jul

Caracas, volvamos a hablar

Definitivamente, estar peleada contigo a veces es difícil. Reconciliarme no es tan fácil pero es maravilloso. Tus calles están llenas, como muchas otras, de problemas, sueños, esperanzas, pero sobre todo de una gente que no deja de sonreír a pesar de lo mal que te trata.

Se me ocurrió salir de tus fronteras, buscando aquella ciudad soñada, capaz de recibirme con los brazos abiertos sin ninguna objeción y me encontré una ciudad ajena, llena de gente extraña, con problemas como tú. Te extrañé más de lo que pensé y cuando me senté en una de tus plazas recordé lo mucho que me encantaba vivirte y caminarte.

Últimamente ningún gobernante te quiere, prefieren pelearse entre ellos antes de mirar y ver lo deteriorada que estás. No ayudan a modernizarte, sigues con esas ropas sucias y viejas quedadas en el tiempo. Pensarte sin miedo parece más una fantasía a una posibilidad.

Tu mejor parque acaba de cumplir años, unos cuantos más y se ve muy viejo para su edad, efecto de aquellos que no cuidan sus cuerpos porque creen que el efecto no se observará. Pasé por él el otro día y noté con tristeza como el verde se quedó en una foto, en el pasado, en mis recuerdos de la infancia.

Ni hablar de aquellas bellezas que muchos artistas hicieron para ti, quedaron manchadas en grafitis y en abstracciones absurdas. Sin embargo, ahí tienes ese bello cerro que te bordea, El Ávila que nos saluda, que nos sonríe, que nos pertenece. Tienes un cielo azul que nos bendice cada día, incluso cuando llueve.

Esos sonidos particularmente tuyos: el heladero, el camionetero, la moto, la gente. Las arepas y las caraqueñas. Las salsas y los viejitos bailando. Caracas, mi bella Caracas, olvidarte no puedo.

Volver no ha sido fácil, pero compartir contigo me ha recordado lo importante que es tener un lugar en el mundo.

Hace unos meses te dije que teníamos que hablar que nos debíamos separar y muchas cosas buenas saqué de esa idea. Conocí lugares y viví cosas que debo vivir contigo; para ello necesito fuerza y tú me la das.

No te niego que quiero recorrer muchas otras ciudades, pero jamás te traicionaré. Como yo hay cientos de personas que te quieren, te esperan y te extrañan. Ahora más que nunca es el momento de salir, conocer otro lugares, para enamorarnos más y sobre todo para traerte regalos, para copiarnos y mejorar modelos de ciudadanía para conservarte hermosa.

Como dicen mis amigos de Masseratti 2lts. Caracas te Quiero, Vivirte sin Miedo.

15

Jul

Pensé que no existías

 Caracas, 19 de Febrero de 2011

Pequeño,

Aquí me encuentro, sentada otra vez frente a la computadora, con el BlackBerry a un lado y pesando con qué palabras llenar esta hoja, imaginando momentos mágicos que guardaré en mi recuerdo y que algún día, cuando tenga 64 años –como la canción de los Beatles-, podran hacerme feliz ¡Sólo estoy un poco loca!

No sé si ya te lo dije, no sé si quiero que te enteres ahora; pero después de este fin de semana quedó claro lo que ambos sentimos. Debo decírtelo porque tú eres quién me inspira a escribir. Así que agarra la sillita y lee con calma que lo que viene es todito para ti.

Pensé que no existías. Daba por sentado que en este mundo donde todas mis amigas ya encontraron su otra mitad, yo me quedaría sola y con los crespos hechos. Sin agua, sin luz, sin CADIVI y sin mi media naranja. Bueno, todos lo hemos pensado en algún momento, inclusó tú, aunque te hagas el loco.

Después pensé que si en algún caso existías, entonces llegarías cuando ya estuviese tan viejita que ni un helado podríamos comernos, por eso de la plancha dental y el frío ¿Sabes? Pensé que te podría encontrar en otras personas, menos mal que lo noté a tiempo, antes de terminar como la canción pavosísima de Arjona “sin daños a terceros”. Y como siempre, teniéndote en frente de mí, bastó que me escribieras “bonita” para comprender que por el resto de los días no me alejaría de ti.

Cuando me enteré que sí existías y que eras para mí, me encontré llorando en conciertos pensando en ti, imaginándote en cada letra de canciones sobre todo en una –super cursi por cierto- que dice algo así como “yo nací para amarte”. Y es que no me cabe la menor duda, pensar en ti me hace simplemente feliz.

Me enamoré de ti con una mirada, me enamoré de tu sonrisa, de tu cabello, de tu ser, de ti. No podría más que pedirte que nunca te alejaras de mí. En mal momento llegamos, nos cruzamos y nos encontramos, pero como yo sí creo en eso de “el tiempo de Dios es perfecto” ¿Tu no. Estoy segura de que fue perfecto el momento en que nos miramos a los ojos y sentímos estar solos en el mundo.

Parece que nacimos para estar juntos, aunque nuestros rumbos ahora estén por caminos distintos, sé que pronto se encontrarán. Siempre tuve miedo de estar sola el resto de mis días, y ese miedo sin fundamento dejó de estar conmigo después del primer abrazo, el primer pensamiento, la primera sonrisa y sobretodo, la primera carta.

El tiempo pasará, ahora sé que sí existes y que estás aquí, no tengo preocupaciones en mi cabeza, o sea sigo sin luz, sin agua, sin CADIVI, pero contigo. Seguiremos nuestros caminos separados, terminaremos con nuestros destinos unidos, encontraremos la paz necesaria el día que nos demos el primer beso, ese beso mágico que ambos hemos esperado durante todos los días de nuestra vida.

Nuestra historia está comenzando y será de las que ya no se hacen en las películas de cine, no es una historia llena de Regueton, sino de Tango y sabor. Tranquilo, no hay prisa, tengo toda la vida para esperarte sin cansarme, porque llevo bastante rato en eso. Y por favor, no corras después de leer estas letras. Pronto estaremos en Buenos Aires como lo planificamos en sueños.

Siempre y solamente tuya.

Laura.

16

Jun

Hospital Vargas: Sólo un recuerdo lejano

Un día cualquiera de la semana, Caracas lluviosa, una caraqueña acompañada de dos médicos valencianos. Un destino: Hospital Vargas. Objetivo: Ellos averiguar sobre los post-grados, yo simplemente observar.

A las 4.20 p.m. aproximadamente nos montamos en el carrito (autobus) tomado en la estación capitolio, por ahí por donde está el Mc Donalds dirección Panteón Nacional: “Chama te dejo a media cuadra” me dijo el conductor al preguntarle por los que llegaban al Vargas. Luego de montarnos en la camionetica en plena hora pico, comencé a explicarles dónde estábamos y por qué los autobuses colapsaban tanto la Baralt.

4:30 p.m., a penas 10 minutos de habernos montado, ellos experimentaron uno de los momentos más típicos, la sensación de que los carritos chocarán entre ellos por lo pegados que frenan unos de otros. El regueton me hacía alzar la voz para que ambos me pudieran escuchar. Justo cuando estábamos hablando sobre los frenos se monta un señor de mediana edad, moreno y con la camisa llena de sangre, alegando que su compañero estaba herido y no tenía dinero. Procedí, entonces, a darle apenas 2 bsf que era todo lo que tenía. Uno de los muchachos me observó como diciendo: “no es parte de la solución” a lo que mi mirada respondió: “Es eso, o nos roban”.

Aún no habíamos llegado al hospital y ya era traumático el camino. La hostilidad de una bella ciudad nos indicaba que el camino aún es largo. Todo esto nos daba la bienvenida, a ellos por primera vez y a mi por haber olvidado todo aquello.

4:45 p.m., nos bajamos del carrito sólo para notar que al cruzar la calle –sin semáforo- toreando carros nos recibía un gran módulo de Barrio Adentro, cerrado  con candado y con ropa guindada en las ventanas del segundo piso.  Comenzamos nuestra caminata barrio arriba en pleno San José, bajo la lluvia y con algo de prisa preguntándo por “la emergencia del lugar”.

4:51 p.m., al ver aquel hospital sufrí un gran impacto, en mis recuerdos había un gigante, un señor hospital; en ese instante sólo veía un chicuelo indefenso entre tanta ineficiencia. Al entrar, luego de atravesar las grietas del suelo que no permiten el paso de las ambulancias, nos dieron la bienvenida al lugar 6 perritos moribundos en la puerta.

Un señor portero que parece sacado de las páginas de Pedro Páramo, casi muerto en vida nos contesta entre dientes: “Buenas Tardes”. Al ingresar al hospital me sorprende ver cómo aquella gran estructura gótica con gárgolas es ahora una pequeña casita triste e indefensa, casi sin pintura, con andamios y pasillos largos, fríos por la lluvia. Tenebroso. No podía dejar de sorprenderme en cada paso que daba. Observar aquel edificio y escuchar las conversaciones de los médicos a los que acompañaban me daban otro gran baño de agua fría y realidad.

Aquellos muchachos con esperanzas preguntando sobre sus post-grados: Medicina interna, psiquiatría; hablando con los estudiantes residentes del hospital mientras yo grababa cada detalle en mi mente para poder así traducir esas imágenes en palabras y me preguntaba: ¿Cuál es la razón de quedarnos aquí, en este país? Justo en aquel instante escuché a uno de los doctores decir: “En ese momento, por ejemplo, ese paciente –un enfermo de diábetes, edad apróximada 60 años en una camilla con expresión triste, al lado su familia resignada (fue como una escena de terror)- no tiene el médicamento (No recuerdo el nombre), una cosa tan sencilla como esa la tenemos que comprar”.

Ellos no lo notaron, pero en ese momento mis ojos se aguaron, se formó un nudo en mi garganta y la indignación caló: ¡Por eso es! Puede sonar a cliché, esperanza tonta –que se me va de vez en cuando-, e ingenuidad de muchacha es la que hace que me levante a diario a trabajar,  a seguir,  a soñar, a pensar que un poquito de algo puede cambiar.

Hoy no sé que pueda hacer, sé que no mucho más que plasmar en palabras lo que leo y siento. Aquel día, en la hospital Vargas, uno de los más tranquilos –capaz por su ubicación, hora y día de la semana que fuimos- me hizo entrar en contacto nuevamente con la realidad de muchos que –como yo- no cuentan con la posibilidad de pagar una clínica privada. Madres desesperadas, enfermas que con el tiempo y por los problemas se amargan y estudiantes –muy pocos- resignados a que la mayoría de sus amigos están fuera, pasando trabajo y a que no sienten un cambio pronto en su realidad hospitalaria.

Mi granito de arena está, entre otros, en estas palabras. Espero poder visitar pronto más hospitales de manera voluntaria.

2

Feb

Venezuela no se arregla solo con un cambio de presidente

¡Claro! Es que esto a primera vista parece ser lo más sencillo del mundo, además de ayudar a que el presidente a mantenerse en el poder con esa excusa. Sin embargo, sabemos que tenemos muchas más fallas que un presidente con falta de instituciones.

En Venezuela tenemos gente con muchísimo potencial en el arte, la ciencia, la medicina, las letras; y quiero creer que también lo tiene en la política con sus nuevas generaciones de jóvenes que ocupan esos lugares importantes en la palestra pública en cuando a lucha estudiantil corresponde.

Pensar que una mejor Venezuela es posible solo si ponemos siempre por delante los intereses de nuestra nación, de nuestra patria, antes de poner los nuestros o mejor dicho los de aquellos que pretenden encargarse de los asuntos públicos en el futuro, y mucho menos poner los intereses de otro país por encima de los nuestros.

Pero llevando esto al plano de la reflexión más allá de la crítica a los jóvenes políticos, quiero que pensemos como ciudadanos qué estamos haciendo día a día para cambiar la realidad en que vivimos. Por ejemplo, cuando vamos en el metro y alguien le mete el pie a la puerta generando retrasos ¿Hacemos algo? ¿Reclamamos algo?, pero cuando los jóvenes no participan en una movilización les caemos encima.

Póngamos otro ejemplo, cuando vamos en la calle, en nuestro carro y el semáforo está en amarillo ¿Reducimos la velocidad o pisamos el acelerador? Entonces, ¿Por qué acusamos de cualquier tontería a los estudiantes y jóvenes que sacrifican mucho –incluso su vida- por tratar de salvar este país?

 

Muchas veces me preocupo por ciertas personas de la oposición rogando que no lleguen jamás ni a presidente de la junta de condominio de su edificio, pero me preocupo más cuando salgo a la calle y veo los abusos que comete el ciudadano de a pie y peor aún, noto cómo sin pensarlo dos veces son capaces de caerle a gritos a un chamo o incluso al operador del metro por errores que ellos mismos cometen.

 

Sí, esto ya se los ha dicho Laureano Márquez, Emilio Lovera y cualquier cantidad de cómicos, pero cuando el humor ya no sirve para hacer un llamado a la conciencia es necesario utilizar otro métodos más agresivos.

15

Dec

Hoy marché y por primera vez…

Hoy marché y por primera vez tuve miedo. Miedo de pasar un piquete de la guardia nacional, miedo de correr y caerme en el intento. Miedo de perderme en la multitud y no encontrar a mi hermano; sí tuve ese miedo normal que se tiene cuando uno marcha.

Sin embargo, corriendo después de pasar el piquete reaccioné porque sentí un miedo que en 11 años no había sentido: Miedo de perder mi país por la poca gente que marchó; miedo de perder mi país porque sólo marchó una universidad LA UCAB. Miedo de perder mi país porque la gente en la calle nos veía con indiferencia; miedo porque en años de movimiento estudiantil parte de la experiencia parece que no ha llegado. Miedo de llegar a mi casa y no tener la oportunidad de escribir esto que escribo…

En fin, hoy marché, como muchas veces lo he hecho menos que unos y más que otros; pero también sentí algo que nunca había sentido: Miedo de perder a mi país. Lo que sé, es que ese miedo se transforma en valor, en fuerzas para seguir luchando por mi país. Espero que TU, que estás sentado en tu oficina, en tu casa o con tu BB en la mano leyendo esto, entiendas y sientas este mismo miedo que yo, pero que también tengas la fuerza y el valor para superarlo y transformar ese miedo en fuerza.

 

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