Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

31

Jul

Venezuela en la distancia

Irse siempre es difícil, quedarse lo es mucho más. Tomé la decisión, como muchos otros, con el fin de escapar un ratico, vivir la normalidad de otra realidad, entender que lo que vivimos no es lo que debería ser. Primero crees que racionalmente lo tienes claro, y eso dura hasta que entras a un abasto y quedas sorprendido al ver que hay más de ocho marcas diferentes de papel higiénico. O hasta el día que te descubres racionando todo porque “si se acaba, no sabes cuándo podrás comprar de nuevo”. Todas son acciones inconscientes, reflejos de una realidad que se convirtió en lo normal.

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26

Jun

El día que vi fútbol con Andrés

Siempre quise que la Vinotinto fuese al mundial. Casi, casi lo logramos pero la selección uruguaya hizo lo que siempre hace, vino de atrás, sufrió y aquel día en el Cachamay nos ganaron. Hicieron un buen partido, nosotros nos desarticulamos en el primer gol, los “hinchas” de la selección dejaron de gritar y de apoyar. La gente, según se leía en las redes sociales, apagaba la TV. Yo sufrí ese día, lloré y escribí “la camiseta duele”. En Venezuela, casi siempre veía los partidos con Andrés, mi mejor amigo. En Uruguay, un día, vi un partido con Andrés, un gran amigo uruguay.

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15

May

Vivir en Montevideo, Uruguay  

Hace un par de meses que vivo en Montevideo, Uruguay. Me vine a estudiar sin cadivi. También me vine porque soy de las que cree que uno tiene que viajar en aras de crecer como ser humano, siempre es chévere hacerlo, conocer gente nueva, lugares. Sumar experiencias y acumular pequeñas historias que sirven como complemento para nuestra vida. Desde que llegué, algunas personas me han escrito preguntándome sobre la ciudad y las oportunidades, así que tomé todas sus preguntas y resumo las respuestas en este post.

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10

May

El sacrificio que nadie pidió.

Nadie lo pidió. Un día en medio de una queja social, de forma secreta y única, se dio un pacto, un compromiso con lo social, con el otro. No se decide, como se decide una carrera en base al dinero o al futuro que te puede dar, se toma conciencia de ello en base a una vocación. Quita el sueño saber que otros están mal cuando tú puedes hacer algo.

Un país en crisis, un mundo lleno de caos. Demasiados dispuestos al juego individual, muchos le teman al juego grupal, a lo colectivo. En algún momento, probablemente en el nuevo milenio, se rompió la poca confianza que quedaba. El hombre dejó de creer que necesitaba al otro para convivir. Más computadoras, más internet, que conecta a personas en distintos continentes, pero que separa a personas en la misma sala.

Nadie pidió el sacrificio que muchos, desde su trinchera, dan para tener un mejor futuro. Nadie pidió dejar de tener la llamada “vida normal”, para que otros la puedan tener. Pocos ven lo que hay detrás, lo que mueve el mundo, lo que realmente puede lograr el cambio.

Este es un sacrificio que nadie pidió, que pocos comprenden y que casi ninguno respeta. El mundo ya tiene demasiado egoísmo, hace falta un poco más de altruismo.  

30

Apr

Los clásicos de fútbol y de la sociedad.

I

Los clásicos de fútbol son momentos de máxima pasión. En las gradas, de lado y lado de la arquería, se concentran fanáticos, hinchas de cada equipo. Los organizadores de las barras han pasado semanas planificando el recibimiento a su equipo y cómo fastidiarán la paciencia del contrario. Hacen cantos, festejan. Un carnaval que dura noventa minutos y que se prepara durante meses. En un clásico de fútbol, los equipos saben que más que un partido, se juegan la vida, una historia, un momento único, la pasión de quienes van con las mejores expectativas a ver al cuadro de sus amores jugar.

Foto tomada de primicia24.

Foto tomada de primicia24.

II

En una sociedad polarizada se está en un bando o en otro, no hay intermedios. Se lucha por una razón o por la otra, no hay mediación. Cada lado tiene su barra brava que no solo actúa en elecciones, sino cuando se debe tomar cualquier decisión. El principio de estos bandos se basa en que el uno siempre hará todo para perjudicar al otro, sin importar el medio. La sociedad y las instituciones están igual de alienadas en una locura divisoria que no les permite ver más allá de lo que quieren, olvidar que en ese juego solo juegan pocos y que las mayorías, en medio del cansancio que deja la polarización, gritan coherencia y piden que por favor, se detenga el clásico.

III

Los veintidós jugadores saltan al campo. Suena el silbato y el balón está en juego. La pelota pasará estratégicamente de los pies de unos a otros, los gritos de las barras ensordecerán a los jugadores que, en medio de la concentración, deciden que es hora de anotar un gol. La tensión se siente en el campo. Algunos son amigos afuera, pero ahora están en juego. Se juega, más que un partido, la vida. Una historia. Un momento importante, tal vez, en la vida de una generación. En medio del partido, algunos se gritarán improperios, los ánimos se caldearán y los hinchas gritarán. En el fondo, quienes están en las gradas quieren sangre, no quieren calma. Quienes gritan canciones no entienden las decisiones del técnico. Siempre son cuestionadas, para bien o para mal, siempre alguien tiene un comentario. Los noventa minutos del deporte más Caricatura de Edo.hermoso del mundo, se vuelven eternos cuando el equipo pierde.

IV
En medio de un año no-electoral, la sociedad venezolana se encuentra más divida que nunca. Los radicales de lado y lado están detrás de la arquería, gritan su propio partido, toman decisiones de lanzarse al campo para estropear el juego o poner sus propias reglas. Entre los jugadores hay uno que otro radical que buscar quitarle el balón al resto, nadie puede jugar un partido si no está el otro equipo. Hay quienes quieren anular, no solo goles, sino el equipo completo. Pero entre esos que están en la cancha pasando el balón, están los que de verdad quieren jugar como se debe. En cada equipo hay quienes reclaman condiciones justas, quienes piden un árbitro decente, quienes no se dejan llevar por la emoción de las gradas y de quienes gritan más duro. Hay quienes saben que la única manera de ganar el clásico, en el fútbol o en una sociedad polarizada, es organizándose y anotando goles, que la violencia solo fortalece al violento y que es necesario mira la cancha completa y no solo donde está el balón.

 

18

Apr

A ti, Gabo.

Gabriel Garcia MarquezNo recuerdo exactamente el día que agarré un libro tuyo, pero recuerdo exactamente cómo me sentí. Las palabras, la forma, el fondo. Todo movía, todo atrapaba. Una a una pasaba las páginas sin poder despegarme. Supe desde el primer momento que sería una relación larga. No había leído tu obra maestra porque con “cien años de soledad” me pasó algo horrible, ¡me hicieron pensar que comía gente! Típica cosa de las maestras que solo enseñan en ciencias.

Tiempo después, con Ricardo, entendí que tenía que leerlo y lo hice. No morí, reviví. Entendí Macondo, entendí las mariposas, entendí a los Buendía. Sentí el dolor de Amaranta, sentí el dolor de no-compromiso, del amor obligado, la esperanza de un pueblo apartado. Sentí, porque lo que recuerdo de tus libros es sentir, llorar, reír, angustiarme. El pobre Coronel, el viejo y la Puta, la muerte anunciada.

Fabiana me calma diciéndome, desde hace días, que tú ya no produces, que mientras tenga tus libros siempre estarás vivo. Fabi es más racional que yo en estas cosas, sé que ella tiene razón, pero como le dije anoche: quiero vivir este duelo.

Coño, Gabo, te fuiste al cielo o tal vez al infierno, en todo caso sé que te estás divirtiendo.

5

Apr

Desnuda #DesnudosConLaUCV

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Desnuda y desprotegida, así me siento frente a un gobierno que desampara a su gente. Desnuda ante la inseguridad que no me dejaba caminar tranquila por la calle a la hora que se me diera la gana. Desnuda ante la injusticia y la impunidad, la corrupción y la ineficiencia. Me gusta desnudarme, pero en un contexto seguro donde estar sin ropa ni implique estar desprotegida. Hoy, más que nunca, me siento desnuda por los que quedan, por los que no tienen protección ante un Estado que, en lugar de resolver los problemas, decide ignorar a la mitad del país y a la mayoría de los problemas. Me siento desnuda por la UCV, la UCAB (mi casa de estudio), la UPEL, la ULA, la UCAT, todas. Me siento desnuda por Táchira, Mérida, Carabobo, Monagas, Bolívar, Zulia, Caracas, todos. Me siento desnuda por la madre que no consigue pañal para su hijo. Desnuda por el abuelo que no encuentra la pastilla para la tensión. Desnuda por el enfermo de cáncer sin quimio, por el diabético sin insulina. Me siento desnuda por los estudiantes privados de libertad injustamente, también por el chamo que entró por un delito menor y nunca tuvo condena firme y sigue dentro de una prisión peligrosa. Desnuda por las mamás que mañana llorarán a sus hijos afuera de la morgue. Desnuda por los que tienen miedo de volver, de luchar. Desnuda por los que no escucha, porque ellos también me hacen sentir desprotegida.

Me siento desnuda, pero no destruida. Me siento desnuda y cada segundo más fuerte.  Me siento desnuda, pero no muda.

2

Apr

Los dueños de la verdad

Sentirse dueño de la verdad puede ser algo inmaduro. Son, según lo veo, los niños, adolescentes quienes con ganas de creer que se comen al mundo, deciden ser dueños de la verdad. Con el tiempo crecen y descubren que hay más posiciones, más posturas, más opiniones y entienden que no hay UNA verdad, sino que hay distintas verdades y que cada una de ellas dependerá del lente con el que sea mirado. Hay quienes tienen la capacidad, sin dudas, de ver y comprender más verdades que otras, estas son afortunadas pues han madurado.

Hay frases que quedan grabadas en la mente de quienes leemos mucho. Recuerdo la primera vez que escuché “la historia la escriben los vencedores”, me dio un poco de miedo, pues en mi cabeza solo pasaba: ¿qué pasa si ese “vencedor” estaba equivocado? La historia es una parte importante de la humanidad, ¿qué pasa si todo lo que he estudiado es mentira? ¿Cómo voy a saber si es verdad que en tal año pasó tal cosa? ¿Por qué pasó de esa manera y no de otra? ¿Qué influyó en eso? Obvio, son preocupación de alguien que se dio cuenta que está siendo parte de la historia, de una historia importante.

Es evidente, por lo menos para mí, que la frase “estamos del lado correcto de la historia” genera un poco de alergia y les diré por qué. En las elecciones de abril votó el 79.69 % de la población. Fue una de las elecciones con mayor participación electoral; en la elección anterior participó el 80.56 %, no es mucho más, pero es más. De ese 79.6 %, el 50.61 % votó por Nicolás Maduro y el 49.12% por Henrique Capriles. Sí, hubo irregularidades en esta elección, muchas más que en otras, es verdad. Sí, las instituciones están más secuestradas que antes y no cumplieron con los procesos correctos de auditoria. Suponiendo que a ese 49.12 % le sumamos dos puntos más, nos da 51.12 %, sí la mayoría para ganar; pero la minoría para gobernar, ¿Cuál es el lado correcto de la historia?

La Venezuela de Chávez generó increíbles divisiones entre la población, heridas que parecen de guerra, terminó de destruir las instituciones que ya venían viciadas, porque seamos sinceros, las instituciones ya estaban lejos de ser “modelos” para el mundo. Todos los poderes estaban del lado del chavismo. No, esto no es una resignación, para nada, es un “vamos a comprender qué pasa en la historia de Venezuela”.

Decir que somos “mayoría” por tener un par de puntos más, es sencillamente negar la existencia de la mitad de la población, del que piensa distinto, es hacer lo mismo que por años hemos criticado. Decir que somos “mayoría” y que “estamos del lado correcto de la historia” es anular al otro, anular 15 años importantes para esa mitad. Repetir, de manera soberbia “estamos del lado correcto de la historia” es, según lo veo yo, negar que en 15 años hubo cambios importantes y pretender borrar una historia, tal como hacen del otro lado. Yo no me anoto a hacer lo mismo para esperar resultados distintos.

Jim Butch decía “La historia demuestra que cuando la gente no quiere creer en algo, tienen enormes habilidades de ignorarlo por completo”, sencillo: durante 15 años un gran sector decidió ignorar por completo que Chávez tenía a la mayoría de los venezolanos, esto generó gritos de fraude sin pruebas, mitos respecto a las elecciones, y todo esto generó que hoy en día, habiendo ganado elecciones importantes, todavía muchos desconfíen del CNE (en el cual no confío 100%) e ignoren, por gusto, que solo cuando nos organizamos muy bien ganamos, porque como decía Martha: A algo organizado, solo le gana algo más organizado.

En conclusión, la frase “estamos del lado correcto de la historia” junto a la bandera del decreto de Guerra a Muerte de Bolívar, no son más que una forma de negar una parte importante de la historia. Obvio, toda historia tiene partes que nos gustan más o menos, pero eso no significa que porque “no nos gusten” sean mentira. Me gusta más la idea de trabajar juntos por una Venezuela donde se gobierne para todos, sin discriminación de ningún tipo, donde el diálogo sea un posibilidad real y sin amenazas, donde la oposición sea seria y el gobierno mucho más, donde quienes piensen distintos sean capaces de sentarse en la misma mesa. Me gusta más la idea de una Venezuela cuya historia sea cambiada de manera diferente y no con sangre de su gente.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/

Fuente: http://sociedad.elpais.com

19

Mar

El 12 de febrero me dolió el himno nacional.

El 12 de febrero yo no quería marchar. No estaba de acuerdo y así lo había escrito. Un noséqué en la barriga me decía que algo pasaría, pero tal vez era exageración mía. Veía Twitter, hablaba con mis amigos que marchaban. Dos días antes me había peleado con unos amigos de Voluntad Popular por la marcha. Pero la curiosidad pudo más, las ganas de estar, de vivirlo, de verlo con mis propios ojos. Me paré de la silla en la oficina, agarré un mototaxi y me fui a Plaza Venezuela. Me encontré a Willy, marchamos juntos, conocí a Emi. El destino une puntos, la clave es leerlos a tiempo.

Cuando llegamos al Ministerio Público, había mucha tensión. Los discursos fueron fuertes, incendiarios. Los chamos se subían a los árboles. Veía a mis amigos de lejos. No me gustan las multitudes, me dan miedo, me generan ansiedad, por eso casi no marcho, ni voy a conciertos, ni a discotecas. No me gustan. No puedo evitarlo. Hablé con Héctor, le dije que no me esperar. Hablé con Andrés, le dije que no lo esperaría. Hablé con Miguel, no recuerdo si le dije que iría.

En el momento que Willy y Emi decidieron que era hora de irnos, sonaba el himno nacional. Unas lágrimas me corrieron por el rostro, ahorita las puedo sentir, calientes, en medio del calor. Yo tenía la camisa del Caracas o la de la Vinotinto, no recuerdo. Son camisas neutrales. El himno me dolió ese día. Caminamos, vimos el metro cerrado, eso siempre lo hacen. Agarramos un taxi. Mi celular volvió a tener señal. Héctor me escribió: Lau, aquí va a haber peo. Yo me reí, le dije que acababa de salir, que todo estaba bien, que se fuera a su casa.

En el taxi abrí Twitter. Vi Valencia, Táchira, Mérida. Había candela en todos lados, heridos, represión. “Lau, todo está más tenso” eso o algo parecido me dijo Héctor, le pedí que me contara. Me contó. Llegué a mi oficina. No le dije a mi hermano que estaba marchando. Comí. Abrí Twitter. Un muerto. Me escribió Héctor: un muerto, un muerto, mataron a un chamo. Le escribí a Andrés para que supiese que me había ido. Le escribí a Miguel para saber dónde estaba. Yo no me creía lo del muerto. Se lo escribí. Lo volví a confirmar.

Otro muerto. Un colectivo. Me tenía que ir. No sabía cómo. Cerré todo. Caminé. El metro estaba colapsado. Salí. Volví a entrar al metro. Volví a salir. Agarré moto. Qué carajo. “Autopista pana, hay peos en el centro”. Digo groserías, pero ese no es el punto. Llegué a mi casa. Todo normal. A mi mamá la habían robado. Me llamó Héctor: Metieron preso a Ángel. Le escribí a Ana para que me diera en número de un abogado. Llamé a Gonzalo. Le escribí a Miguel lo que pasaba. Tuité sobre mi mamá. Le dije a una periodista que no podía ponerlo en una nota. Llamé a cuatro abogados. Le escribí a Melanio por Twitter. Me dio su número. Hablamos. Pedí nombres, muchos nombres por Twitter. Los anoté en mi cuaderno.

Detuvieron a Jesús. Me escribió Moisés. Lo tuitié. Miguel fue. Lo llamé.

No recuerdo haber dormido esa noche. Ni la noche siguiente, ni la siguiente. No recuerdo en qué momento comenzó esta locura. No recuerdo por qué usé ese cuaderno y no otro. Por qué llamé a un abogado y no a otro. No entiendo por qué estaba preso Ángel y no el que robó a mi mamá. Fueron dos cosas, mías, que me tocaron. Mi mamá. Mi amigo. Mi país.

Ahora solo recuerdo que el himno, cantado por la gente, ese día me dolió.

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