Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

14

Jan

Sé libre

Ayer me hice un nuevo tatuaje. Una frase cliché. No me gustan los clichés, pero incluso eso es uno. De hecho, uno de los más grandes. Hace unas semanas pensaba en algunas cosas de mi futuro, y me repetía una y otra vez en mi cabeza “sé libre”. Creo que el concepto de libertad es relativo como todos los conceptos en la vida. Eso creo yo, al final del día todo es una construcción que se hace a través del lenguaje. De a ratos me vuelvo nominalista.

Cuando pensé en tatuarme, lo primero que me vino a la cabeza fue algo que había leído hace tiempo de Foster Wallace por la ironía de querer tatuarme una frase cliché, luego: Qué carajo, quiero la frase porque es lo que quiero en la vida, por lo menos en los próximos años porque planeo vivir hasta los 92 y falta mucho para eso. Foster Wallace decía:

El sarcasmo, la parodia, el absurdo y la ironía son formas geniales de quitarle la máscara a las cosas para mostrar la realidad desagradable que hay tras ellas. El problema es que una vez desacreditadas las reglas del arte, y una vez que las realidades desagradables que la ironía diagnostica son reveladas y diagnosticada, ¿qué hacemos entonces? La ironía es útil para desacreditar ilusiones, pero la mayoría de las ilusiones desacreditadas en los Estados Unidos ya se han hecho y rehecho. Una vez que todo el mundo sabe que la igualdad de oportunidades es una bobada, ¿qué hacemos ahora? […] Aparentemente todo lo que queremos hacer es seguir ridiculizando las cosas. La ironía posmoderna y el cinismo se han convertido en un fin en sí mismas, en una medida de la sofisticación en boga y el desparpajo literario. Pocos artistas se atreven a hablar de lo que falla en los modos de dirigirse hacia la redención, porque les parecerán sentimentales e ingenuos a todos esos ironistas hastiados. La ironía ha pasado de liberar a esclavizar. Hay un gran ensayo en algún sitio que contiene una línea acerca de que la ironía es la canción del prisionero que llegó a amar su jaula.

Foster Wallace.

Sé libre, pero libre a tu manera. Sé quien quieras ser y cuando te canses de esa persona, cambia. Sí, todo suena a autoayuda, pero creo que en un mundo donde los medios, las redes sociales, la sociedad, el dinero marcan y definen más la vida que en cualquier otro momento, es necesario recordarlo. Entonces, yo decidí ser libre, libre a mi manera. Libre en una manera que, probablemente, solo yo entienda y que, afortunadamente, no pasaré horas explicándoles.

Hoy, con mi nueva tinta, mi nuevo tatuaje, mi nueva historia, solo sé que quiero ser libre. Mañana veremos.

 

1

Jan

Brindo

Brindo por la musa que me regresaste.

Por quienes hoy se despiertan con la persona que les hace feliz.

Por los que se atrevieron a ser ellos mismos sin que les importe los que otros piensen.

Brindo por los que piensan diferente y aún así comparten una cerveza.

Por las mamás que dejan que sus hijos tengan personalidad propia.

Por las mujeres que se arriesgan e invitan a bailar a un hombre.

Brindo por quienes salen del “clóset”.

Por la metas del nuevo año.

Por los amigos que extraño.

Brindo por los nuevos retos.

Los nuevos trabajos.

Los nuevos encuentros.

Las nuevas historias.

Brindo por las veces que me caí y me levanté con una sonrisa, porque todo dolor pasa.

Por los tatuajes de este año. Brindo por Caracas y Montevideo.

Por las comunicaciones, la fotografía, el guión y lo nuevo.

Brindo por los que partieron.

Por los nuevos amigos.

Por las nuevas caricias.

Brindo por mi abuelo.

Brindo porque brindar no garantiza más que la sonrisa y un buen trago.

Brindo porque te quiero a mi lado, pero debo esperar.

Por las nuevas fronteras.

Por las series, los libros, las películas.

Por las nuevas banderas.

Brindo por los cuentos del bar.

Por el bar de la esquina.

Brindo porque me provoca, porque puedo y quiero.

Brindo por ustedes, por mi, por ellos, sus ellas, las mías.

Levanten las copas, los vasos, las botellas y vamos a brindar.

 

24

Dec

Querido Niño Jesús.

Hace rato que no te escribo, en realidad hace rato que no escribo del todo. La musa se me había ido de vacaciones, aunque todos sabemos que esa es una excusa para justiciar la falta de disciplina a la hora de escribir. En fin, no te escribo para quejarme de mí misma, te escribo para pedirte algunas cosas. No estoy segura de si este año me porté bien o mal, por ahora puedo decir que lo único que hice bien fue tener miedo a vivir, a crear mis propias historias, no pasó todo el año pero pasó. Lo bueno es que esa lección está aprendida, ya hice los cambios necesarios para el 2014.

No debería pedirte paz y unión, como hace todo el mundo, sobre todo porque eso no depende de ti, depende de cada uno de nosotros. Supongo, claro, que es mucho más sencillo esperar un milagro que dar nuestro brazo a torcer, siempre hay que demostrar que somos superiores a los otros, aunque aquello implique terminar una relación, comenzar una guerra, destruir vidas o pasar tiempo solos, sintiéndonos solos.

Creo que tampoco debería pedirte dinero, prosperidad o cualquier otro recurso que me permita “alcanzar momentos felices”. Especialmente porque creo que el dinero ayuda, pero que pasamos tanto tiempo persiguiéndolo que olvidamos disfrutar de esos verdaderos momentos felices. Ahorramos para el futuro privándonos de placeres del presente. Compramos objetos que nos hacen sentir “mejor”, aunque seamos incapaces de pasar una hora del día solos sin estorbarnos.

Ahora que lo pienso, podría pedirte salud y bienestar mientras como mal y no hago ejercicios; y además critico a quienes lo hacen. Eso está de moda, así que tal vez deba dejar de lado mi personalidad y capacidad de pensar, solo para juzgarlos a todos, a los flacos, a los gordos, a los altos, a los bajos, a los “feos”, a los “bonitos”; a todos. Total, tú me harás el milagro, o por lo menos eso espero que pasa con solo escribirte estas líneas.

Por último, hay algo que sí te voy a pedir: Un novio. Uno que sea perfecto como lo quiero, que diga lo que quiero escuchar, que haga lo que yo quiera que haga para yo estar siempre feliz; por supuesto, que llegue sin ningún esfuerzo, es decir, no saldré a conocer nueva gente, ni me atreveré a experimentar nuevas cosas, tampoco seré simpática, amigable o paciente.

Los dos sabemos que la mayoría de las cartas que recibes hoy son así, sin la parte sincera.

Resumiendo, querido Niño Jesús, solo te pido que quienes lean este texto comprendan que los cambios comienzan con las decisiones, que hacer planes para el futuro es importante, que hay que cumplir con esos planes. Que entiendan que los prejuicios se debe dejar de lado, botarlos. Y sobretodo, que es hora de comenzar a gozar y vivir la vida que quieran para ellos y no la que otros quieran.

Aunque suene a cliché ¡Feliz navidad!

20

Dec

Decisiones.

El 2013 comenzó oscuro. Para mi fue un año sin metas claras, sin saber qué haría o cómo lo haría, al principio todo indicaba que sería el año en que me dejaría llevar por la corriente. No sabíamos si teníamos presidente, no sabía si me quería graduar, no sabía si quería seguir haciendo mi trabajo, no sabía mucho, simplemente llegué al 2013. No tuve grandes metas, solo una: comprar ropa de adultos. Y fracasé en la primera semana del año cuando me fui a Margarita y me compré camisas que dicen frases como: Ya es lo suficientemente seguro para admitir que soy Ninja. Creo que esa fue mi primera decisión, decirle a mi amiga Mafe que este sería un año Ninja. No sabía qué quería decir, pero lo dije.

En febrero mi amigo uruguayo Fede vino a Venezuela, trajo a Pablo. Los vi un par de noches. A Fede lo había conocido en Estados Unidos mientras estudiábamos, así que él conocía mi lado máximo de interés por la política. Mis conversaciones con él, tanto en Caracas como en Uruguay, así como varias conversaciones con Pablo, me hicieron cuestionar algunas no-decisiones había tomado.

En marzo se murió Chávez y todo cambió. Desde ese día comencé a tomar decisiones. Me volví a involucrar en la campaña electoral de Capriles y ahí terminé de descubrir que las comunicaciones me apasionaban, que el interés por lo público seguía ahí. Marzo y abril fueron meses intensos, emocionantes. Estos fueron meses claves para darme cuenta que algo estaba pasando en mi, que no entendía qué, pero que algo estaba cambiando.

En mayo me fui a Montevideo de vacaciones. Tuve tiempo de pensar, caminar, escribir, leer, decidir. Al llegar a Caracas busqué en Google las opciones que tenía para irme a estudiar lo que quería estudiar, conseguí la universidad perfecta, el lugar perfecto. Compré un boleto y comencé a tomar nuevas decisiones. Terminar la tesis con el mejor tutor del mundo, Arturo. Leer más sobre historia de Venezuela, leer más sobre lo que pasaba en otros países de la región. Aprender nuevas cosas: fotografía, ajedrez, photoshop, francés. Casi todo online. Fotografía en la mejor escuela del mundo: Fotoarte.

El resto de mi año terminó siendo increíble. Conocí gente espectacular. Tomé las riendas y decidí moverme hacia lo que, por ahora, me hace feliz. Conocí más gente increíble, gente de Venezuela, de México, de Uruguay.

Por otro lado, tenía a mujeresdelsiglo21.com abadonado, hace poco comencé a ponerle orden y diseñar algo que le presentaré a mis chicuelas en enero.

Este año ha sido intenso, increíble, lleno de emociones, y de buenas rachas desde que comencé a tomar decisiones en función a mi felicidad y no a la de otros. Aunque comenzó siendo un año sin mucho qué hacer, se terminó como uno de los mejores años de mi vida. Sin contar que nació Benjamin, él salvará al mundo.

Andreína me regaló “El Secreto del Mal” de Bolaño y en la dedicatoria dice: Para que en el 2014 seas más intensa. Creo que solo  necesitaba escuchar esa frase.

Le tengo ganas al 2014. Gracias, de verdad, a quienes hicieron que el 2013 fuese un año de decisiones.

15

Dec

En los barrios, casi siempre, la gente es feliz.

En los barrios la gente es feliz. No importa quién gobierne, tampoco el día del año. No importa si hay malandros o si hay luz. En los barrios la gente es feliz. La rutina es diferente, todos se conocen, la mayoría son familia, hay chismes, hay peleas; pero también hay sonrisas, cuentos, historias, unidad.

Tempranito por la mañana, a eso de las 5am o más temprano, el café se cuela, el agua para bañarse se calienta, se guarda el almuerzo, los muchachos preparan su ropa para ir a trabajar. El “buenos días” se cruza entre vecinos cuyas ventanas se encuentran una frente a la otra. Vecinos que, sin importar su tendencia política, siempre estarán ahí para ayudar porque en los barrios la gente es feliz.

Si es sábado, el barrio se despierta tarde. Aunque tempranito ya hay muchachitos en la calle sin mucho oficio; otros lavan la moto, arreglan la casa porque pronto es navidad. A las 11am ya se comienza a despertar, la gente va a la calle sin ganas de querer pasear, el barrio se despertó, es sábado cerca de navidad y todo es alegría en aquel lugar. Olor a pintura, martillos tumbando paredes, cocinas que rediseñan, olor a guiso, el roncito y la cerveza, el ponche crema.

En Venezuela hubo un tiempo de tensión, donde los vecinos no se hablaban, las familias se peleaban. El éxtasis de la borrachera divisoria pasó, en medio del ratón los amigos vuelven a aparecer. Claro, aún hay vecinos que de ventana a ventana joden con la tendencia política, con las elecciones, con el país, pero ellos se quieren… En los barrios la gente es feliz.

Falta la comida, falta la paz, falta la seguridad, faltan las ganas de progresar; pero sobra la hermandad, la camaradería, la mano extendida. Tal vez en los barrios entiendan algo que nosotros, quienes no vivimos ahí no entendamos, algo sobre la vida; o tal vez simplemente no saben vivir de otra manera, en otro lugar. Por ahora, por lo menos hoy, en el barrio de mis abuelos la gente es feliz.

12

Dec

Gracias, @Dospuntouno

No me gusta despedirme. Desde que tengo recuerdo he huido a las despedidas de los demás. Hoy me toca despedirme y además será así en los próximos meses, pero vamos una despedida a la vez. De esta despedida no puedo huir porque es la mía. He decidido dar un nuevo paso. Vamos con la primera despedida.

Hasta hoy trabajé formalmente en Dospuntouno, tengo días tratando de escribir lo que quiero decir; pero huía cada vez que el nudo se acercaba a mi garganta. Hoy lo dejé salir. La verdad es algo sencillo, quiero decir: Gracias.

En Dospuntouno descubrí cuanto me apasiona comunicar, que los cambios se están dando ahorita gracias a las redes sociales y nosotros somos parte de ello, que el acceso al Internet es cada vez más importante. En Dospuntouno conseguí un equipo de gente increíble con la cuál trabajar es maravilloso, aprendí que el trabajo se hace mejor cuando le agregas sonrisas y carcajadas de risas, que trabajar por el país y sacar adelante una empresa, es posible. Que el compromiso no se compra, se desarrolla; que en las discusiones respetuosas se crece; que está bien pensar diferente respecto al mismo punto. Que una sonrisa y unas palabras pensadas te ayudan a avanzar, que la tecnología tiene sentido cuando la sabes aprovechar, que un chiste (aunque sea malo) libera la tensión, que los diseños alegran el día, que la música nunca puede faltar, que la filosofía sí me sirve para trabajar en publicidad, que crecer no es fácil, y que los portugueses venden 1800 panes de jamón el 24 de diciembre. Y sobretodo, que lo único que realmente importa es la calidad humana.

Fueron tres años geniales. Gracias por la oportunidad, gracias por las lecciones, por los regaños, por los recuerdos, por el impulso. Ahora toca recoger lo bueno, empacarlo en mi morral y embarcarme en mi nueva aventura. Los voy a extrañar montones.

Gracias Guille, Antonio, Robert, Hugo, Angie, Héctor, Víctor, Nacho, Anailia, Glenda, Meche, Katy, Cristian, Ederik, Ángel; cada uno de ustedes me ayudó a crecer.

¡Gracias!

10

Dec

A la MUD, a Capriles, a todos.

En 2004 me decepcioné, pero seguí adelante. En 2005, en mi casa, fuimos a votar porque entendemos que la solución es la participación. Después de esa elección, me prometí a mi misma trabajar activamente en elecciones. En 2006, fui miembro de mesa y testigo de los abusos. En 2007 también, pero esta vez ya habíamos aprendido. En 2008 el país ya estaba cambiando. Y 2009, 2010 fueron reflejo de ello. En 2012, un Chávez enfermo nos ganó, pero nosotros seguíamos creciendo. En 2013 la división del país es obvia.

Lo ocurrido el 8D en las elecciones es un reflejo de un país picado en dos. En esas dos mitades hay radicales, esos hacen daño. Los fanáticos parten del principio de tener la razón y de ser los únicos que tienen la razón, que más nadie la puede tener, que todo lo demás está mal y no debe existir. Los radicales no construyen equipos, ciudades y menos países.

La MUD, Capriles y demás líderes de la oposición; y sus electores y simpatizantes, deben reflexionar y entender dos cosas:

1. Yo no queremos política vieja, o vieja política. Nos gusta lo nuevo, los que de verdad prometen progreso y que lo reflejen en sus acciones, con su actitud. Su experiencia nos ha servido muchísimo, tal vez puedan cumplir otro rol, pero ya no estar al frente. Voluntad Popular, por ejemplo, ganó 19 alcaldías (creo que más); la mayoría de su gente refleja futuro, futuro que es presente. Los Rómulo Herrera, Los Ismael García e incluso las Eveling Rosales, nos dan alergia. El tiempo de ellos ya pasó. Muchos de ellos, además, permitieron que Chávez llegara y se mantuviera en el poder. Es hora de entender que ya no deben seguir en la alineación de este partido. Hay que mandarlos a la banca y cambiar la alineación, necesitamos una defensa fuerte, joven, astuta y sin pasado de goles sospechosamente anotados. Queremos futuro, ya dejemos quieto el pasado.

2. En este gobierno, no todos quieren negociar. Nicolás aprobó el Plan de la Patria. Ahí está, nuevamente, lo próximo que nos viene. Tenemos una guía paso a paso de las nuevas acciones de Nicolás, ya nada debería tomarnos por sorpresa. Nosotros podemos frenarlo, con inteligencia, calle, día a día, con la gente. Pero para eso, necesitamos estar seguros que ustedes lo entienden y que le hablarán al país con honestidad y sinceridad. Ayer comenzó una nueva Venezuela, una más radical. Pero será necesario dejar las pasiones de lado, la razón siempre por delante.

Por otro lado,  los políticos de teclado y radicales de pantalla deben entender que Venezuela no va a cambiar con guerra, mucho menos con TT en Twitter. Venezuela cambiará cuando cada uno de nosotros cambie, cuando dejen el teclado y decidan salir a patear calle. Cuando entiendan que lo importante es sentarse a escuchar al otro, comprender al otro, no anularlo. Esa Venezuela, la que querían construir en 2002, no existe ni existirá JAMÁS.

El cambio llegará en la medida que más personas sepamos entender que, en definitiva, tenemos un problema y es tarea de todos mostrárselo al otro, sin odio y en paz. Cuando comprendamos que en 9 meses no se logra revertir lo que Chávez hizo en 15 años, mucho menos si no se hace el trabajo de calle que es necesario, el trabajo de abrirse al otro, de entender que somos un mismo país. El cambio es lento,  pero se puede lograr. Las soluciones mágicas no existen. Quienes esperan a Melquíades deben entender que él nunca fue la solución, el trabajo, la comprensión, la comprehensión, la paz sí lo son.

30

Nov

Hay que votar por la unidad #QueNadaTeDetenga

Esta es la situación. Se murió Chávez hace unos meses. El 10 de marzo Capriles anunció que sería nuevamente candidato para las elecciones del 14 de abril. Muchos, muchísimos pensaban que esa decisión era absurda porque él igual perdería y además dejaría de ser líder del país. A él, al parecer, eso no le importó. Asumió una campaña donde tenía todo en contra, más que la vez anterior. Maduro ganó gracias a la trampa. La trampa fue sencilla: a punta de armas nos sacaron a los testigos y a punta de amenazas compraron1464703_646823822047041_829880945_n votos. Sin embargo, Capriles sacó un millón de votos más que el octubre. Votó la misma cantidad de gente, es decir, ese millón no fue un millón que se sumó porque no había votado.

Luego, Maduro sintió que no era legítimo. Dentro del PSUV hay divisiones, esto no lo digo yo, y mucho menos un profeta balurdo, esto lo dice lo obvio. En la campaña regional de 2008 la unidad del PSUV era obvia. Todos los candidatos tenían los mismos colores, las mismas canciones, todos tenían la foto con Chávez. El Partido Socialista Unido de Venezuela, por lo menos en la imagen, dejaba claro que eran “unidos”. Ganaron muchísimas alcaldías, con eso han destruido el país. Así que técnicamente la destrucción del país no fue 100 % responsabilidad de Chávez sino de los alcaldes y obvio, de quienes votaron por ellos, pero ese es tema de otro texto. En los lugares donde no ganaron la alcaldía, como en el municipio Sucre de Caracas, por ejemplo, ganaron el consejo legislativo.

Verán, en Venezuela tenemos un gobierno Federal. Aunque no parezca, cada estado es independiente (claro, dependen del gobierno central para que les dé el situado constitucional, entonces la independencia es más bien como la del hijo de 27 años que trabaja, se paga su “vida” pero vive con los papás). Cada municipio tiene un consejo legislativo en aras de vigilar por el cumplimiento y ejecución correcta de los proyectos de las alcaldías. El problema está en que el consejo legislativo puede bloquear todos los proyectos que tenga un alcalde.

En los lugares donde el alcalde es opositor y el consejo legislativo es del PSUV, los proyectos se bloquearon. El caso de Ocariz en Sucre es el más emblemático. En cualquier país en el que se respeten las instituciones, eso sería genial, ¿Por qué? Porque el check and balance se daría, claro, tendría que ser el PSUV un partido serio y que buscara, realmente, el desarrollo del su municipio, aquí es una desgracia.

En estos meses, el lado de la oposición cercano a otros dirigentes nacionales ha criticado fuertemente a Capriles. Hay gente que no ve la imagen completa, eso es lo que pasa. Por otro lado, mientras más municipios recorre él, más gente se suma al proyecto de la unidad. En febrero del año pasado tuvimos un proceso de primarias, ganaron unos candidatos a alcaldes y gobernadores. En diciembre la gente estaba deprimida y no salió a votar, por lo que algunos de nuestros candidatos perdieron. Por ahí muchos se han agarrado de esas derrotas para decir que: las primarias no sirven para nada porque en un año y medio todos los que votaron por el candidato que ganó decidieron que ya no les gustaba ese candidato porque mercurio estaba retrógrado. Esos son los mismos que decían: las encuestas no sirven para escoger candidatos porque las pagan y entonces salen los resultados que les da la gana. Esos son los eternos inconformes que no quieren mover un dedo para cambiar el país, los árbitros de tribuna.

El próximo domingo, vamos a un proceso importante. Sí, no es el “más” importante, pero es un proceso importante… Como todos los procesos electorales. Probablemente eres de los que piensan que las elecciones realmente no son importantes porque los políticos no se preocupan por el país, pero ¿Nunca pensaste que los políticos que son así ganan porque la gente que debería votar y votar inteligentemente no sale a hacerlo? Ah bueno, entonces ahí tenemos un problema. El país necesita un cambio, pero un buen cambio, no un rapidito como los que hemos tenido a lo largo de nuestra historia contemporánea.

Las elecciones del domingo son importantes porque vamos a escoger a esa persona que está más cerca de nosotros. El alcalde. Municipios como Chacao, Baruta, El Hatillo, Naguanagua, San Diego y todos los demás que se le parezcan en todos los estados (y me perdonan porque solo hablo de lo que conozco y esos son los que conozco), no son “buenos municipios” porque la gente que vive ahí tenga una configuración genética diferente, son así porque tienen buenos alcaldes que hacen que el entorno sea más agradable para sus ciudadanos. El entorno nos define. De cierta manera, nos condiciona. Esta semana les contaré mi historia con los semáforos, para explicarme mejor.

1467388_649359695126787_1038549440_nEntonces, hay que votar por la unidad. En muchos municipios es probable que no les gusta el candidato. A mí no me gusta mi candidato, yo no voté por él en las primarias, pero mi candidato perdió y yo juego para el equipo. El candidato por el que me toca votar es Ismael García. El domingo, no importan qué pienses de tu candidato, ten un acto de fe con todo nuestro proceso de cambio hacía el progreso, confía en quienes trabajan para tener un mejor país. Los que creen que con una marcha sacarán a Maduro y se arreglará el país, les pido que por favor entiendan que los cambios, los buenos cambios, los que duran para siempre, los que cambian el rumbo de un país, no se hacen desde un teclado convocando marchas anónimas. Se hacen desde la calle, con la gente, con el otro, sobre todo con el que piensa distinto.

Los invito a reflexionar al respecto. El cambio del país debe darse en nuestras mentes, en nuestras instituciones y la única manera de hacerlo es recuperándolas. El 8 de diciembre tenemos que votar por la unidad, y que nada nos detenga.

17

Nov

Carta a los optimistas venezolanos

Hace años viajé a Cuba. He intentado escribir en vano sobre aquel viaje porque me duele, no por el pueblo cubano, sino por este. Tengo la necia manía de querer vivir lo que se defiende o se rechaza. Yo necesitaba ver La Habana, meterme en callejones, hablar con la gente, saber que el régimen cubano estaba mal, pero saberlo por mi experiencia. Manipular y ser manipulado es fácil, la única manera de evitarlo es atreviéndose a cuestionarlo todo y a vivir la historia.

En Cuba la gente es increíblemente simpática, es el Caribe. Beben ron, bailan salsa, caminan y se ríen de todo, siempre hay un chiste. También hay el cubano que quiere hacer plata a cuesta de engañar al turista, no lo juzgo; en más de 60 años no han visto otra cosa. En el malecón intentaron venderme un peso cubano con la cara del Ché en 5 dólares. El taxista, cuentapropista, nos cobró muy caro por llevarnos unas calles adelante. El cubano es vivo, se aprovecha, se ríe, joden. El cubano se parece tanto, pero tanto al venezolano. Por lo menos el cubano de La Habana, ese se parece al venezolano de Caracas.

Los cubanos jóvenes son víctima de las creencias de sus abuelos, una generación que creyó en las propuestas de un líder que venía a salvarlos, porque al final del día ellos querían ser salvados sin esfuerzo o sacrificio, querían un superhéroe que presionara un botón para arreglarlo todo. Fidel entendió eso. Los hijos de esos abuelos creyeron que alguien más los salvaría, los gringos, los europeos, alguien. Tenían la esperanza de que todo mejoraría, porque al final del día, el cubano es optimista, no se preocupa mucho por nada. Ahí tienen todo, la playa, el ron, la salsa. Todo lo demás es efímero porque la vida pasa y se acaba. Las sociedades se constituyen según su manera de concebir la vida. Para los cubanos la vida es la suya, la individual, no la de los demás. Cuando su vida se acabe, se acabó la de los demás. La trascendencia no es importante, porque igual todo cambia.

Venezuela es un país del Caribe. De toda América del Sur somos los mas caribeños. Tenemos cerveza en lugar de ron, pero la salsa sí la tenemos. Somos histéricos, esa fue la conclusión a la que llegaron unos amigos uruguayos en un programa de radio y concuerdo con ellos. En 2002 muchas cosas se dañaron, comenzó la histeria de una oposición que sin tener mucho conocimiento o análisis histórico se adelantó a lo que pasa hoy. Todo lo hicieron al revés. Sí, advertían lo que pasaría, pero la forma nunca fue la correcta. Muchos ignoraban la realidad de un país en crisis moral y social. Decían que ya estábamos en Cuba por el día y en la noche gastaban millones en una rumba. Para mi la coherencia es fundamental, sobre todo si se habla de política.

Aquí se hicieron las cosas mal y me da rabia que aún muchos no lo reconozcan, todavía hay mucho optimista allá afuera. El sol del caribe les llena la cabeza de falso optimismo, de no preocupación, de risita estúpida, de relajo. Hoy hay quienes están tratando de hacer las cosas bien, Capriles no es un santo, pero yo tampoco soy una santa… Pero para mi Capriles, hasta ahora, ha sido coherente en sus acciones y eso a mi me gusta.  Tenemos el líder que en Cuba no tuvieron. Fidel mató a quienes le podían hacer oposición, Camilo y el Ché fueron los primeros, o por lo menos esos creo. Aquí no está tan fácil. El venezolano es echador de broma, es vivo, es divertido, es “relajado”. Es que para el venezolano la vida dura solo un ratico y nadie entiende por qué hemos de estresarnos pensando en el mañana.

Maduro hace un poco más de una semana dio a entender que la manera de solucionar la inflación era decretando que así fuera. Los comerciantes tuvieron que bajar los precios, muchos ya dijeron que no abrirán más su negocio, muchas santamarías están abajo y así se quedarán. La Venezuela “tecnológica” que conocemos se acabará en enero. La Venezuela llena de marcas y ropa de moda, carros último modelo quedará en el pasado. La empresa privada terminará de quebrar en unos meses, eso creo, eso veo. La inversión se irá. Nadie quiere montar un negocio para que otro te lo quiebre. La Habana se instaló en Caracas.

En enero ese venezolano “común” que tiene un iPhone 5 sin saldo, que se viste de marca, que no lee ni media hoja de un libro sabrá qué se siente vivir más cerca de La Habana cuando se entere que ya hay un nuevo celular, pero que a Venezuela no llegará. Ese mismo que se endeuda para comprarse una pinta, que no se estresa porque la vida es un ratico, sentirá lo que se siente caminar por calles desiertas, sentirá lo que es quedarse sin trabajo porque el gobierno no se dará abasto. En enero, también, ese venezolano que gritaba desde hace años que estamos en una gran crisis económica, pero que luego gastaba millones en un restaurante, entenderá que ahora sí estamos mal. La crisis real aún no ha llegado. La historia de Pedrito y el Lobo se cumple, pero aún falta.

Los venezolanos, igual que los cubanos, son optimistas, chéveres, echadores de broma, siempre tienen un chiste… Pero ese chiste no es más que la máscara que se ponen para ocultar la falta de amor propio. Ese ego gigantesco que tienen ambos, los cubanos y los venezolanos, de creer que son los mejores del mundo, no es más que una manera de gritarle al mundo que necesitan cariño. No hay identidad propia, ni tampoco la habrá. No hay cariño propio, y tampoco lo habrá.

A los optimistas que creen que todavía se puede vivir normal en un país anormal solo les quiero decir que el gobierno y la política definen la vida de los ciudadanos, que la primera tarea es cambiar el sistema, que encerrarse en una burbuja los aisla un ratico de la realidad, pero no la cambia. Venezuela necesita más realismo y menos optimismo.

Todavía me duele escribir sobre mi viaje a Cuba, los cubanos son divinos, simpatiquísimos, amables. Los venezolanos también. Tal vez tengamos muchos más parecidos de los que creemos. Entre viveza y viveza siempre habrá alguien con exceso de optimismo que los engañe, es fácil engañar a quién no tiene criterio o pensamiento propio y no se tienen ninguno de esos cuando se vive a diario, cuando el “como vaya viniendo, vamos viendo” es la filosofía de vida.

Queda, entonces, la opción de aceptar que así somos y convivir con eso, trabajar en función a eso y no a función de otro ser. Creo que el problema es que siempre se trabaja pensando que la idiosincrasia se cambia por decreto.  Bastará reconocernos como somos para poder cambiar, pero mientras tengamos optimistas en exceso, aquella labor será complicada.

11

Nov

Venezuela y el borracho impertinente

Nos gusta estar de fiesta, celebrar, el ron, bailar; es el Caribe y no lo podemos negar. Estamos genéticamente compuestos para ser los que joden en las fiestas, los que gozan, los que tienen un chiste en cualquier tragedia. Venezuela, siempre, está de fiesta. Hace días, muchísimos, que nuestra realidad cambió. Los niveles morales se fueron al nivel del Titanic y lo que parecía gustarnos de ser venezolanos ahora lo odiamos. Estamos a punto de pedirnos el divorcio, solo que recordamos que es imposible hacerlo.

Después de lo ocurrido el sábado en Daka, el domingo en varios lugares, el lunes y que es probable ocurra nuevamente mañana, solo queda demostrado que somos dos venezolanos distintos. La mayoría de nosotros somos los que vamos a la fiesta y gozamos, disfrutamos, nos reímos, hacemos amigos. Colaboramos con el asunto llevando algo para picar, ayudamos a recoger los corotos si nos quedamos hasta tarde y ponemos en orden las sillas si llegamos demasiado temprano. Echamos broma sanamente porque somos jodedores, nunca faltarán los caraquistas y los magallaneros que se rían después de sacar hasta la última estadística. Somos más los que queremos llevar la fiesta en paz. Bebemos, pero no hasta perder la conciencia porque queremos recordar cada minuto de la fiesta.

Pero hay otro grupo conformado por ese que no quieres invitar, aunque tienes que hacerlo porque es tu primo lejano. Ese cuyo vacío emocional se llena gastando los reales que no tiene, solo porque cree que con la pinta se gana el respeto. Ese que se beberá hasta el agua de la poceta, romperá el retrato familiar e insultará a la mujer que no le prestó atención por borracho. Este es el que te vomita la casa, el que no lleva nada y se come todo. El borracho imperinente que destruye todo a su paso y luego de la resaca no queda más que un vacío más grande, la sensación de haber roto de nuevo la única posibilidad de tener una relación duradera, la familiar, la que no se debe romper.

La tensión en la fiesta está por romperse, parece que el fiestero más tranquilo por fin de está cansando de los espectáculos perpetrados por el segundo. En cualquier momento de la fiesta, justo antes de la hora loca, la música se detendrá, correrán al borracho impertinente, habrá un poco de crisis, se romperán algunas copas. Algunos se irán con él porque se proyectan, quisieran ser un borracho más pero la falsa moral no se los permite. En ese momento, un ratico después, comenzarán a vivir la mejor fiesta de sus vidas.

Venezuela está cambiando, pero el proceso es lento porque la música en esa fiesta es alta y la comunicación es poca; pero las conversaciones de barra y baño permitirán que todo se acelere. Solo debemos esperar, con el ron en la mano, a que alguien se harte del borracho impertinente.

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