Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

20

Jul

El país que se desangra.

Es sábado por la noche, yo no debería estar en mi casa escribiendo esto, debería estar en la boda de una muy buena amiga. Sin embargo, el miedo que me da estar en la calle ha hecho que mi cuerpo somatice y que casi no me pueda mover por el dolor que –mientras analizaba los peligros de Caracas- paraliza mis piernas. Como no tengo mucho más que hacer, abro una cervecita y me pongo a leer artículos pendientes, doy con el último de Padrón, me gusta como escribe, es rudo, poético y real. Termino mezclando cerveza con lágrimas y luego decido abrir una página en blanco.

En este artículo de Padrón se leen los horrores vividos por ciudadanos cuyo único pecado es haber nacido donde nacieron y pensar de manera distinta a la impuesta. Ciudadanos que, como yo, no les tiembla el pulso para salir a la calle y reclamar derechos. De toda la lectura de Padrón solo algo me retumbaba en la cabeza, ¿En qué momento nos odiamos tanto? ¿Cuándo pasamos de ser un país amable a un país lleno de gente dispuesta a matar sin escrúpulos? ¿Por qué dejamos que el odio nos borrara colores y sonrisas para teñirlo todo de sangre y llanto?

Decidí comenzar y terminar mi tesis nuevamente, estoy en proceso de madurez y cambios en mi vida, así que me puse seria con el asunto. Mi tesis es sobre la banalidad del mal planteada por Hannah Arendt, quiero entender qué movía a los alemanes a hacer lo que hacía, por qué unos odiaban a los judíos y otros sencillamente cumplían con un trabajo. Ahí, en eso que pasó el 15 y 16 de abril en este país, hay gente así; gente que odia sin motivos a todos los que piensen distinto (por lo visto política y sexualmente) y gente que está ahí solo para ganar un sueldo porque “la vaina está jodida”. Qué rudo comenzar a entender ciertos paralelismos, ¿En qué paquete me metí?

Sin embargo, y ahora siendo más una ciudadana, ¿Entienden los líderes políticos la magnitud de esos relatos? Son unos pocos “cuentos” de lo ocurrido, pero ¿Sienten de verdad la lucha por Venezuela? Soy una intensa, de esas intensas que entiende lo importante de hacer bien las cosas, tal vez si notase que hay más gente así en la sociedad y en la política no fuese tan intensa, pero la experiencia me ha enseñado que no se puede creer en todo aquel que dice “amar” a Venezuela. El nacionalismo es un arma poderosa en las manos equivocadas; y muy valiosa en las correctas. No quisiera pensar que aquí la lucha es solo por un cargo y no por un proyecto, porque de ser así todo lo ocurrido en Barquisimeto y en muchos lugares del país habrá sido en vano… como en efecto ya creo que lo fue.

La Patria, la puta de la Patria, está llena de gente que finge quererla, la usan una o dos noches, mientras le sirve para calmar el frío de una noche de soledad y luego la dejan tirada y usada. Sucia. Indigna. La Patria, la puta de la Patria, necesita ser querida y por eso siente que cualquier militarucho o pichón de civil está dispuesta a tratarla como se merece. La Patria podría ser una dama, pero por ahora no es más que una puta barata. Y ahí está el odio, en algún lugar de esa Patria, entre las piernas maltratadas y sexo poco orgásmico de la Patria, está el resentimiento que mina a sus “hijos”. Es una lástima porque esa Patria pudo ser hermosa, pero ahora no es más que una pobre idiota.

 

El odio y el dolor se podrán marchar finalmente, el día que veamos a la Patria como una persona que no necesita más que amor sincero para andar y no como la puta de turno.