Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

9

Feb

Las protestas, la oposición y Maduro.

Tenemos memoria corta, eso nadie lo va a negar. Nos cuesta llevar el hilo de una historia completa, a menos que haya siempre drama y tensión entre los personajes. Supongo que por eso nos gustan tanto las novelas, eso tiene sentido, por lo menos en mi cabeza.

Tal como Luis Vicente León lo explica en su último artículo de Prodavinci, la oposición venezolana gira en torno a lo electoral. Esto es obvio, sobretodo tomando en cuenta que en los últimos 14 años hemos tenido 23 elecciones, y solo en 4 años no hemos tenido eventos electorales, a saber: 2001, 2002, 2003 y 2011. Los primeros tres años fueron tensos, hubo reclamos en las calles y la oposición, sin una estrategia definida, exigía la renuncia del presidente. Renuncia que se logró a través de un golpe de estado fallido. Chávez regresó y entendió que, para lograr mantenerse en el poder, era necesaria la polarización. Luego de esto, hemos tenido al menos una elección año tras año.

En 2011 tampoco hubo elecciones programadas por el gobierno, de hecho movió una que ya tenía fecha. Esto, supongo, lo hizo para “reservar el cartucho” pues la oposición organizaba sus elecciones primarias, que serían en febrero de 2012, y comenzaba la campaña para las presidenciales. No necesitaban mayor distracción, ya la tenían.

Las sociedades se construyen en base a su historia, y cuando esta es olvidada, entonces se está en un constante derrumbar, repetir, reconstruir y está condenada a repetirla. Pero, y en esto Marx tenía mucha razón «La historia se repite dos veces, primero como tragedia, luego como comedia».

Maduro no es Chávez.

Chávez, aunque queramos negarlo, tenía una capacidad increíble para manejar todo lo que ocurría en el país y hacernos pensar, en algunos momentos, que en realidad ni estábamos tan mal, ni estaríamos tan mal. Él, como el padre sobre protector que termina asfixiando a su hijo, nos generó la sensación de que todo estaría bien porque él siempre podría resolverlo. Por lo menos esto generó en una gran parte de la población, más de siete millones de electores. Él ya no está.

El expresidente, y aquí es donde podemos afirmar que estamos endeudados hasta nuestras quinta generación, siempre “lograba” conseguir los dólares necesarios que entraban o no por PDVSA; pues debemos recordar que muchos de los acuerdos que tenemos con otros países, son acuerdos que se hacen por intercambio de productos y no de dinero.

Chávez, y esto es algo que también debemos tomar en cuenta, era respetado, no solo por sectores oficialistas, sino por opositores. Además de eso, era un tipo reconocido por lo menos a nivel regional. Maduro, en cambio, no ha logrado que las hijas de Chávez salgan de La Casona. Ha sido altamente cuestionado por mandatarios de la región, por su propia gente, y sobre todo por sus propios “seguidores”. No debemos olvidar que en las elecciones de abril, Maduro –como candidato- perdió un millón de votos. No tiene lo que Chávez tenía: Legitimidad y popularidad propia.

Maduro, en medio de su “estrategia” para hacerse respetar, se ha equivocado y ha perdido más legitimidad. Nadie respeta a un jefe incapaz, y eso se siente no solo en las cadenas que transmite a diario, sino en su actitud. Sin contar, que en los pasillos de cualquier ministerio escuchas cómo se habla mal de Maduro, pero no de Chávez. Maduro actúa, desde enero de 2013, como el tipo que tiene que simular que tiene todo controlado. Yo no siento rabia por él, siento lástima.

Las protestas, la oposición y los discursos

Como ya comenté arriba, en los años 2001, 2002, 2003, no hubo elecciones. La oposición no tenía estrategias. Apelaron al miedo, 2 (1)como suelen apelar todos cuando gobierna la izquierda. Temor sobre si los hijos de todos irían a Cuba a ser formados y adoctrinados, afirmaban que estábamos en una dictadura, que jamás habíamos estado tan mal, y peor aún, que ya no podíamos estar mal. Hubo, y eso se descubre con el tiempo, manipulación por parte de los sectores de la oposición cuya lucha no era el país, sino la que luchaba por un cargo. Si no lo creen, vean hoy el discurso de Pedro Carmona Estanga, (disculpen, pero en YouTube solo había este video montado por gente progobierno). Yo tenía solo 15 años y supe que aquello no tenía sentido. No se estaban siguiendo las reglas de juego, era obvio que lo que pasó, era lo que iba a pasar.

La democracia es un sistema de consensos y para que estos se mantengan y se respeten, se crearon las instituciones y reglas de juego; el problema es cuando el ego y la capacidad de creerse todopoderosos pasan por encima de ellas.

Estamos en un año no electoral, un año complicado y para eso solo tienen que leer algunos análisis económicos. Es un año, además, en el que algunos líderes de la oposición deben consolidad sus liderazgos nacionales. Leopoldo López, que se retiró de las primarias porque en las encuestas estaba por debajo y le dio su apoyo a Capriles porque estaba por arriba, es uno de ellos. María Corina Machado, que en las elecciones parlamentarias de 2010 sacó 235.259 votos, en las primarias de la oposición sacó 110.420. Sin contar con Diego Arria, cuyos votos es mejor no recordar. Ellos, es evidente, necesitan ganar seguidores y la mejor manera de hacerlo es diciéndole a la gente lo que ellos creen que la gente quiere escuchar.

Los políticos necesitan capital político, necesitan votos. Los partidos, como las marcas, deben buscar siempre adeptos, sumar gente a su propuesta. Una propuesta que, y debemos sincerarnos, ha faltado. Durante muchísimos años la oposición no sumó gente porque tenían una “oferta diferente”, sino porque el otro era peor. Es decir, eran “opositores en contra de” y no “a favor de”.

Sin embargo, en 2012 y 2013 esto cambió. La gente se sumó a una propuesta diferente.

La diferencia entre las dos oposiciones.

Me atrevería a decir que existe una oposición antes de octubre de 2012 y otra después. A los venezolanos no nos gusta pelear, pero Chávez hizo que nos gustara. La oposición temprana, con su falta de discurso y propuestas, cayó en el juego del entonces presidente Chávez. Si este decía algo, salían los otros a contestar con una pataleta. Calma, esto no es una apología al ex presidente, pero creo que los errores deben ser reconocidos para evitarlos. No importaba cuál fuese la propuesta que se hiciera del lado del gobierno, los líderes de la oposición lo refutarían, muchas veces sin base.

Muestra de ello, son quienes aún afirman que el 11 de abril fue perfecto o que la mejor decisión fue retirarnos de las elecciones de 2005 porque eso “nos daba dignidad”. Sin embargo, la propuesta que ganó y que sumó gente y que nos ganó personas que están “a favor de” y no “en contra de”, fue la que decía: siéntense con su amigo chavista y reconcíliese.

Claro, hay un pequeño grupo de personas cuya fijación es odiar la otro, esto está “de lado y lado” y esto está mal. La oposición “renovada” debe entender, comprender y corregir los errores del pasado. Por más desesperación que se sienta. Bien decía Napoléón Bonaparte “nunca interrumpas a tu enemigo mientras está cometiendo un error.”

Hoy los jóvenes protestan, repiten los errores de 2007 como si aquella época no hubiese ocurrido. Desde el 2007 hasta hoy, cientos de jóvenes que entraron a las universidades fueron incapaces de cambiar su visión respecto al país, de hacer trabajo de calle, de pensar que en cualquier momento debían salir a protestar. Para ellos, desde el 2007 hasta hoy, pareciera que todo estaba “bien”. Eran años electorales y sé cuánto costó que los estudiantes trabajasen activamente en ellas por el tonto miedo de ser tachados de “partidistas”, han debido sumarse a las propuestas de inclusión dentro de sus áreas.

Leopoldo López llama a la calle a protestar, María Corina también, Diego Arria también. Se repiten protestas ridículas como las de Margarita, donde un grupo de personas fue a protestar a fuera del hotel donde se hospedaban los jugadores cubanos. Los estudiantes fueron a VTV a pedir el derecho de palabra, cosa que es un error porque esos chamos iban en plan de histeria colectiva y no en plan de debate.

Sí, hoy más que nunca hay razones reales para protestar, el país está en quiebra, la inflación es mayor al 50 %, hay más controles, más miedo, más represión, un promedio de 70 personas mueren todos los fines de semana en el país; sí, hay muchísimas razones, pero si algo he aprendido desde 2005 es que sin objetivos y estrategias claras, no hay “salidas” pacíficas. Se necesitan razones, objetivos concretos y resultados. No se puede cambiar la estrategia a diario, ni se puede protestar solo por protestar.

Cierro diciendo que estoy de acuerdo con el final de texto de León: “Sin elecciones, durante ese período que hay entre lo que fue y lo que será electoralmente hablando, es más importante (y eficaz) tratar de que el gobierno cambie (y hacer todo lo que sea posible y necesario para que así sea) antes que tratar de cambiar de gobierno, que al final siempre será interpretado como un golpe de Estado. Y si esto se hace bien —la historia universal de la política está llena de ejemplos— el cambio será natural, orgánico y estable en el tiempo.”

En Venezuela, debemos aprender a comprender la historia y no a condenarla, hasta entonces estaremos en una constante repetición que solo nos llevará a la comedia.

PD: Los invito a leer libros sobre nuestra historia reciente.