Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

30

Apr

Los clásicos de fútbol y de la sociedad.

I

Los clásicos de fútbol son momentos de máxima pasión. En las gradas, de lado y lado de la arquería, se concentran fanáticos, hinchas de cada equipo. Los organizadores de las barras han pasado semanas planificando el recibimiento a su equipo y cómo fastidiarán la paciencia del contrario. Hacen cantos, festejan. Un carnaval que dura noventa minutos y que se prepara durante meses. En un clásico de fútbol, los equipos saben que más que un partido, se juegan la vida, una historia, un momento único, la pasión de quienes van con las mejores expectativas a ver al cuadro de sus amores jugar.

Foto tomada de primicia24.

Foto tomada de primicia24.

II

En una sociedad polarizada se está en un bando o en otro, no hay intermedios. Se lucha por una razón o por la otra, no hay mediación. Cada lado tiene su barra brava que no solo actúa en elecciones, sino cuando se debe tomar cualquier decisión. El principio de estos bandos se basa en que el uno siempre hará todo para perjudicar al otro, sin importar el medio. La sociedad y las instituciones están igual de alienadas en una locura divisoria que no les permite ver más allá de lo que quieren, olvidar que en ese juego solo juegan pocos y que las mayorías, en medio del cansancio que deja la polarización, gritan coherencia y piden que por favor, se detenga el clásico.

III

Los veintidós jugadores saltan al campo. Suena el silbato y el balón está en juego. La pelota pasará estratégicamente de los pies de unos a otros, los gritos de las barras ensordecerán a los jugadores que, en medio de la concentración, deciden que es hora de anotar un gol. La tensión se siente en el campo. Algunos son amigos afuera, pero ahora están en juego. Se juega, más que un partido, la vida. Una historia. Un momento importante, tal vez, en la vida de una generación. En medio del partido, algunos se gritarán improperios, los ánimos se caldearán y los hinchas gritarán. En el fondo, quienes están en las gradas quieren sangre, no quieren calma. Quienes gritan canciones no entienden las decisiones del técnico. Siempre son cuestionadas, para bien o para mal, siempre alguien tiene un comentario. Los noventa minutos del deporte más Caricatura de Edo.hermoso del mundo, se vuelven eternos cuando el equipo pierde.

IV
En medio de un año no-electoral, la sociedad venezolana se encuentra más divida que nunca. Los radicales de lado y lado están detrás de la arquería, gritan su propio partido, toman decisiones de lanzarse al campo para estropear el juego o poner sus propias reglas. Entre los jugadores hay uno que otro radical que buscar quitarle el balón al resto, nadie puede jugar un partido si no está el otro equipo. Hay quienes quieren anular, no solo goles, sino el equipo completo. Pero entre esos que están en la cancha pasando el balón, están los que de verdad quieren jugar como se debe. En cada equipo hay quienes reclaman condiciones justas, quienes piden un árbitro decente, quienes no se dejan llevar por la emoción de las gradas y de quienes gritan más duro. Hay quienes saben que la única manera de ganar el clásico, en el fútbol o en una sociedad polarizada, es organizándose y anotando goles, que la violencia solo fortalece al violento y que es necesario mira la cancha completa y no solo donde está el balón.