Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

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Dec

Por qué no creo en la operación de Chávez

Verán, no me he vuelto una incrédula de este gobierno propagandístico de gratis. Tengo mis razones. Podría comenzar por las razones zodiacales, pero como no termino de entender algunas cosas de “nuestro” signo, prefiero irme a la historia.

En otras ocaciones me he atrevido a comparar a Chávez con el nazismo en cuando a su nivel propagandístico. Creo, en el fondo, que es lo único realmente eficiente de este gobierno pues, si hay algo en lo que jamás he comparado el régimen venezolano con el alemán, es en la eficiencia. Los alemanes lo daban todo por hacer las cosas bien y hacerlas rápido, con procesos eficientes. Por eso el cyclon-b (el gas con el que mataban a los judíos) iba directamente a los trenes al final de la guerra. Precisamente por eso desarrollaron este gas, las balas eran muy costosas y poco eficiencientes porque, apesar de que con una bala podrías matar a 10 judíos en fila, el proceso se retrasaba. Sin embargo, el tema de este post no es (des)escribir sobre los alemanes netamente, se trata, más bien, de Chávez.

El sábado por la noche estaba en el paseo de Los Palos Grandes –donde hoy en la madrugada hubo un tiroteo como los de Petare o Los Magallanes-, cientos de personas caminaban por las calles del único municipio “caminable” de Caracas, había música, gente de todas las edades, “tranquilidad”. Justo a las 10.34, cuando me iba, un amigo me agarró:

– ¿Te enteraste?

– ¿De qué?

– Chávez está en cadena y acaba de decir que tiene cáncer de nuevo y que voten por Maduro.

Justo en ese momento mi mente se detuvo e hizo un repaso por todos los candidatos del oficialismo que se estaban postulando para las elecciones que, dentro de una semana, estarían llevándose a cabo en Venezuela. Evidentemente llegué a la conclusión de que se trataba de otra cosa.

– Chamo, no le creas, todo es propaganda, falta una semana para las elecciones.

– No importa, voy a celebrar.

En ese momento recordé el libro que me estaba leyendo, “Los Hornos de Hitler” y al mismo tiempo pasaron por mi cabeza todos los testimoniales, películas, libros y ensayos que he leído desde que tengo 16 años, (este tema me interesa tanto que lo convertí en mi tema de investigación en la universidad, y me sigue aspasionado). Mucho he leído sobre las brutalidades del régimen nazi, pero poco había leído sobre los asuntos de la propaganda hasta los últimos 6 meses, en los que lo me he tomado a pecho el estudio de la propaganda nazi.

Verán, según la mujer que narra “Los Hornos de Hitler” o el que escribió “Escape del último tren a Auschwitz” o cualquier testimonial que leí en el museo del holocausto de Buenos Aires, al principio de la guerra los alemanes no obligaban a los judíos a ir a los campos. Era llevados bajo alguna trampa “eufemística” del lenguaje de la que se encargaba la propaganda planificada por Goebbles. Genio. Una vez que los hombres -engañados, pero voluntariamente- se presentaban a las estaciones de trenes, corrían detrás las esposas, madres, hermanas, hijos y amigos. Estos, también engañados, subían a los trenes pues les hablaban de mejores condiciones. Nadie obligó a nadie. (Antes de que me mal interprete no, no estoy defendiendo a los alemanes, simplemente quiero dejar un punto claro en cuando a la propaganda de un regimen).

Una vez dentro de los campos, las personas ahí recluídas no creían que serían posible que existiera tan cosa como un “crematorio”. Entiéndase que todos juzgamos en base a nuestras creencias, o en otras palabras, cada ladrón juzga por su condición y si usted no tiene “condición de ladrón” jamás pensará que otro tenga esa misma condición. Vaya, qué inocentes somos los seres humanos en cuando a la maldad de algunos.

No digo, evidentemente, que nos llevarán a campos de concentración como los judió, gitanos, gays, prisioneros de guerra, entre otros, pero en cierta manera ya estamos dentro de un gran campo de concentración llamado Venezuela.

Chávez, a una semana de las elecciones, nos hace el mismo juego emocional de todos los años. Sale en cadena y cambia un poco su estrategia, nos dice “tengo un sucesor” porque sabe que ese cuento de “estoy enfermo y me tengo que ir y seguir siendo presidente” ya muchos sectores han dejado de creérselo. Así que, como buen contador de cuentos, decide cambiar la versión un poco e irse de Venezuela dejando, obviamente, un teatro muy bien armado. Un teatro del que solo conocen muy pocas personas, sino ¿Cómo llorarían las diputadas con tanto dolor como lo han hecho? Hitler, Fidel, Stalin hacían lo mismo. Jugar con los sentimiento de la gente es algo tan estúpidamente sencillo que cualquier patán en la calle podría hacerlo, ¿O no? Somos seres inseguros emocionalmente por naturaleza.

Deja a Maduro, el “más tranquilo” y “menos ambicioso de los suyos”. Pasan los días y salen las cadenas, se hacen oraciones, se adueña de los TT de Twitter y comienza la celebración. El que estaba dudando en quedarse para votar dirá: “Me voy, igual este se muere antes del 24 y es mejor que pierda Capriles, así agarra el coroto”. El que estaba pensando en venir a votar dice: “Mejor me ahorro este pasaje así voy y celebro cuando Capriles sea presidente”. Por otro lado, los oficialistas que no pensaban votar -pues las elecciones importantes para ellos son las de Chávez- se verán manipulados por los voceros del gobierno –como ya comenzaron a hacerlo– para decir que el presidente se mejorará y llegará sano y salvo. Las calles se llenarán de personas poco deseadas y el país se pintará de rojo, como ya lo son sus calles.

El 09 de enero aparecerá Chávez (o antes) para decir que ha vencido al cáncer, a la oposición y que se consolida un nuevo periódo. Los que rezaron para que no se salvara, los que celebraron el 31/12 porque “el tipo se va a morir” volverán a caer en una depresión profunda como el 07, pensando que definitivamente no hay salida. La muerte de la rana estará completa, Chávez terminará de asfixiar a la oposición y terminaremos todos siendo víctima de las maquinarias propagandísticas que solo se ven en los regímenes comunistas o de extrema derecha.

Nada importa, ni la salud, ni la economía, ni la seguridad. Importará la sensación que tengamos en la cabeza, la propaganda -positiva o negativa- que tengamos en la en nuestra mente. La “resistencia” será cada vez menor porque entendrán menos este asunto y será mejor “no meterse en ese asunto”.

Yo no soy experta en análisis políticos, no he -siquiera- podido terminar mi tesis de pregrado. Simplemente he leído lo suficiente y he visto muchas veces este show, como para creerme que “el tipo” está grave. No sé qué quieran pensar ustedes, para mi esto no es más que un capítulo más de “la matanza de las ranas en Venezuela”.

(Cuando hablo de “la matanza de las ranas” me refiero a la forma eficiente de matar a una de ellas. Si hierves agua y lanzas la rana es seguro que esta saltará al sentir el calor, pero si por el contrario, dejarás a la rana dentro del agua y fueses aumentando poco a poco la temperatura, esta moriría sin que lo notase. El mismo experimento lo vivimos en Venezuela).

Al final del día, igual que en muchos campos de concentración, saldrán vencedores aquellos que comprendan que la lucha más que física es psicológica, que la manera de vencer no es buscando un pedacito de poder sino entendiendo que el todo es necesario. Y sobre todo, aquellos cuya moral sea tan inquebrantable, que sean capaces de difundir un mensaje claro y arrastras más voces con el ejemplo.