Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

15

Oct

Quiero ser doctora, pero me da pena

«Quiero ser doctora, pero me da pena», esas fueron las palabras de una niña de 11 años en el metro cuando le pregunté “¿Qué quieres ser cuando seas grande?” Una pregunta cliché que me genera muchísima curiosidad en una Venezuela donde lo bueno es malo y lo malo es bueno.

Eran las 6:30 am y el metro dirección Propatria tenía bastante gente, buen movimiento. En Colegio de Ingenieros entró una señora mayor con tres niños medio dormidos en la mano. Yo también estaba medio dormida así que le dije al más pequeño, 6 añitos, dormido, malhumorado, que se sentara en mis piernas. No quiso. Cuando el tren frenó, los agarré para que no se cayeran, ahí me desperté.

“¿Dónde te bajas tú?” Preguntó la niña; “Plaza Sucre”, respondí. “Yo me bajó en Pérez Bonalde”. Y por ahí comenzó la conversación que nos llevaría la pregunta con la que comencé el texto. Son 4 hermanos. Los dos más pequeños quieren ser policías. El niño quiere ser “de los verdes”, la niña “de la PN”. La hermana mayor también quiere ir a la universidad, como ella, la pequeña doctora.

Cuando le pregunté qué quería estudiar y me contestó con “me da pena decirlo”, pensé por un momento que me diría un disparate relacionado a la realidad país, pero no. Al escuchar la profesión que quiere, le hablé de Ricardo y Ana, de Memé. Le dije que mis amigos eran unos genios que salvaban vidas, y que debía sentirse muy orgullosa. Que tenía que estudiar mucha química y biología.

Me habló de cómo ayudó a la doctora “amiga de ella” cuando su abuela se enfermó. Cómo le preguntaba absolutamente por todo, ¿y ahora qué hago? ¿Cómo se toman las muestras? ¿Qué pasa con esto? Así me la imagino, preguntona.

Sus hermanos se burlan de ella cuando dice que quiere ser médico. Por eso le da pena decirlo. Pareciera que la norma ahora es estar del lado de los “malos”, como en las películas. Ella, con una sonrisota que me enamoró me dijo: yo quiero ser civil y salvar gente. Le contesté que lo haría, que sería una doctora increíble y que seguramente nos volveríamos a cruzar.

No le pregunté su nombre. No pregunté mucho más porque llegué a mi estación. Pero pasé todo el día con la niña en la cabeza, ¿En qué momento ser médico se volvió vergonzoso y ser GNB se volvió motivo de orgullo? No lo sé, pero ahí está otro pequeño motivo para sonreír y seguir trabajando.