Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

23

Jan

Venezuela está de fiesta

Screen shot 2013-01-23 at 7.13.46 PMPensarán ustedes que este post se trata de algo relacionado con la fecha, la increíble fecha del 23 de enero donde lucharon por la democracia y toda esa historia, pero no, para eso está Google y los libros de historia. Lo que quiero que vean es que realmente estamos de fiesta, siempre, desde antes del 98 estamos haciendo una gran rumba en esta casa llamada Venezuela y aún no me hemos visto las consecuencias.

Desde hace una semana he estado pensado lo siguiente, ¿Ha visto el vídeo “Friday” de Katy Perry? Si no lo han visto, aquí se los dejo. Esa canción relata la historia de una galla que hace una rumba en su casa, se emborracha y al despertar al día siguiente comienza a ver todos los desastres que hicieron en su casa. Ella, evidentemente, no recuerda mucho qué fue lo que pasó, pero se entera que hay cosas colgadas en la web (fotos, vídeos), tiene una mancha en el cuello, y todo está destruido. La mejor rumba de su vida, la mayor destrucción de su historia.

Dirán ustedes, ¿Qué tiene que ver esto con Venezuela? ¿Laura ya pasó a otro nivel de locura? No, es que así estamos en Venezuela, ¿No lo han pensado? Desde hace más de 14 años somos la casa de la rumba, el lugar al que vienen los gobernantes (invitados o no) de un montón de países a hacer fiesta con el dinero, fiesta con el petróleo, fiesta con su gente. Por otro lado, nuestros gobernantes (opositores y oficiales, según sea el caso), hacen su propia fiesta: usan los recursos como les da la gana, destruyen, botan, deshacen y hacen lo que quieren. Venezuela está de fiesta.

Vivimos en una constante borrachera colectiva producto del dinero, la facilidad de ser “vivo” y las ganas de “por fin” joder a alguien. Vivimos de la música y la euforia que nos produce un discurso de palabras más o menos bonitas, aunque no tengan sentido. Bailamos al son que nos ponga el DJ de turno, el presidente, el candidato, el presidente de otro país. Nos comemos los pasapalos -cuando hay- con un “guisquicito” que removemos con los dedos, porque aunque nos duela seguimos siendo un pueblo adeco. Gozamos cuando nos dan palo y cuando no también.

En fin, somos una Venezuela que aún no se ha dado cuenta que más de la mitad de la casa está destruida. Que ya muchos invitados han muerto, que cada día llega y se va gente y nadie se entera, que el vecino no nos va a prestar su casa cuando la fiesta termine en la nuestra. Que, al despertar de esta rumba dogmática (como intensamente he decidido llamarla) notaremos que estamos solos y que nadie nos dará ni una bolsita de supermercado para meter los desperdicios.

Soy de las que cree que, mientras siga esta fiesta, no estaremos conscientes de todos los daños que tiene esta casa. Por ahora, el que se canse de la fiesta que resuelva cómo se pone sus audífonos y que se aisle del escándalo, pero les advierto que -por más que lo intente- el “aislamiento” les durará hasta que lleguen las nuevas cornetas y la rumba vuelva a reventar. Y el que quiera quedarse, entonces qué se ponga sus zapatos cómodos, que esta rumba va pa’largo y en la madrugada algo puede pasar.