Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

24

Dec

Querido Niño Jesús.

Hace rato que no te escribo, en realidad hace rato que no escribo del todo. La musa se me había ido de vacaciones, aunque todos sabemos que esa es una excusa para justiciar la falta de disciplina a la hora de escribir. En fin, no te escribo para quejarme de mí misma, te escribo para pedirte algunas cosas. No estoy segura de si este año me porté bien o mal, por ahora puedo decir que lo único que hice bien fue tener miedo a vivir, a crear mis propias historias, no pasó todo el año pero pasó. Lo bueno es que esa lección está aprendida, ya hice los cambios necesarios para el 2014.

No debería pedirte paz y unión, como hace todo el mundo, sobre todo porque eso no depende de ti, depende de cada uno de nosotros. Supongo, claro, que es mucho más sencillo esperar un milagro que dar nuestro brazo a torcer, siempre hay que demostrar que somos superiores a los otros, aunque aquello implique terminar una relación, comenzar una guerra, destruir vidas o pasar tiempo solos, sintiéndonos solos.

Creo que tampoco debería pedirte dinero, prosperidad o cualquier otro recurso que me permita “alcanzar momentos felices”. Especialmente porque creo que el dinero ayuda, pero que pasamos tanto tiempo persiguiéndolo que olvidamos disfrutar de esos verdaderos momentos felices. Ahorramos para el futuro privándonos de placeres del presente. Compramos objetos que nos hacen sentir “mejor”, aunque seamos incapaces de pasar una hora del día solos sin estorbarnos.

Ahora que lo pienso, podría pedirte salud y bienestar mientras como mal y no hago ejercicios; y además critico a quienes lo hacen. Eso está de moda, así que tal vez deba dejar de lado mi personalidad y capacidad de pensar, solo para juzgarlos a todos, a los flacos, a los gordos, a los altos, a los bajos, a los “feos”, a los “bonitos”; a todos. Total, tú me harás el milagro, o por lo menos eso espero que pasa con solo escribirte estas líneas.

Por último, hay algo que sí te voy a pedir: Un novio. Uno que sea perfecto como lo quiero, que diga lo que quiero escuchar, que haga lo que yo quiera que haga para yo estar siempre feliz; por supuesto, que llegue sin ningún esfuerzo, es decir, no saldré a conocer nueva gente, ni me atreveré a experimentar nuevas cosas, tampoco seré simpática, amigable o paciente.

Los dos sabemos que la mayoría de las cartas que recibes hoy son así, sin la parte sincera.

Resumiendo, querido Niño Jesús, solo te pido que quienes lean este texto comprendan que los cambios comienzan con las decisiones, que hacer planes para el futuro es importante, que hay que cumplir con esos planes. Que entiendan que los prejuicios se debe dejar de lado, botarlos. Y sobretodo, que es hora de comenzar a gozar y vivir la vida que quieran para ellos y no la que otros quieran.

Aunque suene a cliché ¡Feliz navidad!