Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

6

Jan

Frágiles

La vida dura un ratico, como dice la canción. Dejar de estar es cuestión de segundos. El corazón se detiene, el cerebro falla, los pulmones dejan de trabajar. Frágiles.

Somos frágiles ante la vida, ante la gente, ante lo que se debe hacer, ante lo que se quiere hacer. Nos rompemos fácilmente. Olvidamos rápido que la vida se acaba pronto, que una sonrisa dura más, y que estar bien es mejor que estar con drama. Nos desviamos del camino, perdemos el foco. Nos rompemos.

Emilio vivía en Uruguay, en la capital del paisito junto a otros venezolanos: Mariangel, Daniel, Greily y Ángelo. A Mariángel la conocí cuando fui con Tefa (uruguaya) y Caro (venezolana) a comer en “Hoy te quiero”. Le reconocí el gentilicio en el tumbao, el color y el acento. A Emilio y a todos los demás, los conocí un día que agarré un taxi y me fui a su casa. Ese día reímos tanto que terminamos pensando en que un stand-up sería buena idea.

Ellos eran como un mito, eran el cuento de “los venezolanos locos que viven todos juntos”, esa fue la primera referencia que tuve de ellos y me la dio Martina, otra venezolana.

En su casa, un espacio chiquito como dentro de una pensión hay mucho color, comida sabrosa, ritmo a Venezuela y calor de trópico aun en invierno. Ellos fueron, para mí, una Bendición.

Con Emilio me reí mucho, un día hicimos una “apuesta” a ver si nos adivinábamos la edad. Otro día nos dimos cuenta de que él (y ellos) trabajaban en el mismo lugar en el que yo pasaba mis vacaciones, en el Lagunamar.

Emilio se enfermó. La última publicación en su Facebook se refería al talento que se va de Venezuela. Emilio amaba la Patria. Soñaba con regresar.

Los pulmones de Emilio colapsaron. Colapsaron mucho y él entró en terapia intensiva. Desde la distancia hicimos todo lo que pudimos. La embajada ayudó. Su mamá también llegó. Pero Emilio no aguantó. Somos frágiles. Nos rompemos.

Emilio bailó todos los días de su vida, se rió a carcajadas de todas las cosas buenas y también las malas. Emilio se durmió con máquinas conectadas a su cuerpo y ya no despertó.

Somos frágiles. Nos rompemos.

Nos rompemos. Somos frágiles.