Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

19

Jan

Odiar a Caracas

El sonido de cornetas, entre los carros, autobuses y motos, forma un soundtrack de cualquier metrópolis, pero las de ella tienen un tono particular.

Algún tajo de desespero mezclado con anarquía.

El azul, que casi nunca falta en su cielo, junto al odioso verde del la montaña, pretenden engañarte cual canto de sirenas.

Ahí está, calmada y violenta, egoísta y amiga. Caracas. Un con leche, un con todo, un sonido, una mirada. En ella te pierdes, y a veces te encuentras. Un día la tienes. Otro la pierdes.

Inmensa sabana llena de concreto, realidades que no se tocan, misterios irresolutos. Caracas, la bella. Caracas, la odiada.

Parece imposible odiarla. Más imposible quererla.

En medio de los disparos, aun cuando el pecho toca el frío suelo, huyendo de una muerte inesperada, ella sonríe, luego te abraza.

En otro lugar de Caracas, dos cuerpos se mueven al ritmo de la salsa, el calor de sus almas, el sudor de la piel.

No basta quererla. No basta dejarla.

Caracas, ella posible en medio del realismo. Mágica en medio de caos.

Todo caos representa una forma extraña de belleza.

Una tarde cualquiera, en la que me despediré de tus caminos, lloraré por alejarme y por los momentos vividos.