Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

19

Apr

Un país donde pasa todo y no pasa nada

Venezuela Tengo 9 años, (nueve años) involucrada en la defensa de principios en mi país. De mis amigos siempre fui la intensa que hablaba de política, la que faltaba a las fiestas por estar en una reunión sobre “cosas del país”, la loca que “prefería quedarse trabajando por las elecciones a irse al a playa” y la que leía sobre política. La que decidió frenar un viaje de intercambio porque cerraron RCTV y la que nunca apostó por la violencia. Siempre he sido la rara, hasta hace un mes y medio.

El día que murió Chávez muchísima gente se alegró porque pensó que esto había terminado. Yo, en cambio, supe que algo “nuevo” estaba comenzando y que no sería fácil ganar, pero que tendríamos oportunidades. Desde que Capriles aceptó la candidatura decidí apoyarlo y hacer todo lo que estuviese a mi alcance para ayudar a que ganara. No se trata de apoyar a Capriles por un cargo, como sé que hacen muchos conocidos, sino por un país diferente. No puedo evitar ser una idealista que solo quiere un país donde pueda ser una ciudadana normal y segura. Mi lucha, jamás, ha sido por un cargo, un pago y otros “beneficios”.

La campaña fue ruda, pero apasionada. Gente que en su vida se había molestado en observar lo que pasaba en el país, a involucrarse en la toma de decisiones, comenzó a notar que era necesario involucrarse en la campaña. Esta campaña la hizo la gente. La falta de recursos, la idea de poder vencer a Maduro hizo que muchísima gente donara su tiempo y su cerebro (lo más valioso que tenemos) para la campaña de Capriles. Me preocupaba, en algunos casos, el fervor de la campaña porque la lucha de Capriles siempre fue clara: Mi pelea es con el gobierno, no con el pueblo. Sin embargo, para muchos esta pelea era contra el otro que pensaba diferente (de lado y lado). La pelea de Maduro es contra todos, pero eso ya lo sabemos.

Aquellos que hemos trabajado en elecciones desde hace más de 9 (se lee nueve) años, sabíamos qué nos esperaba el 14: violencia, abuso de poder, violación de leyes y Maduro ganador. Muchos nos hablamos durante el día para decirnos: No veo a Tibi reconociendo, esto será un problema. No teníamos una elección trabajando, teníamos -por lo menos- 10. Sin embargo, pasó algo que todos teníamos años esperando; el candidato pidió auditoría. No súmate, no una ONG de niñitos, ¡No! El CANDIDATO.

Para quienes no lo saben, durante años estuvimos perfeccionando los sistemas para recoger denuncias, iniciativas como DefiendeTuVoto, VotoJoven, PanaVota no eran solo uno “carajitos intensos” como nos decían muchos, eran plataformas que, por años, dedicaron su tiempo a perfeccionar la recolección de denuncias el día del proceso electoral. Esto, señores, es un trabajón de años. Entiendo que muchos no lo sepan porque en este país, donde importa más lo que aparentas que lo que eres, el trabajo de hormiga no se ve.

La violencia que le siguió a los días posteriores a la elección puso en evidencia que mucha gente desconocía lo que venía pasando desde hace años en este país. Escuché decir muchas veces “la solución es ir a matarnos en la calle, como los chamos de Egipto”, a lo que me preguntaba si esa persona tenía alguna idea sobre lo ocurrido en otros países y peor aún, si tenía idea de cómo somos los venezolanos.

Muchas de estas personas son de esas que solo andan con su grupo de amigos, que no se sientan a hablar con otro que piensa distinto, que no se sientan a escuchar al país. Qué triste, pero es así. Me preocupa muchísimo que no se esté reconociendo, desde este lado de la mesa, al que está sentado del otro lado. No sé qué tienen en sus cabezas o cuáles son sus problemas de violencia, pero la forma en la que se están haciendo las cosas, para mi, es la mejor.

Tengo 9 (otra vez NUEVE) años metida en esto, unos años más que otros, con mis decepciones, pero siempre vuelvo. Y siempre vuelvo no porque esté esperando un cargo, no; siempre vuelvo porque me importa este país, porque defiendo principios. Si mañana Capriles dice: ya, todo está perdido, ellos tienen razón (cosa que no creo que ocurra); yo volveré a darme la vuelva y seguiré con mi camino, defendiendo principios antes que intereses, pensando en la justicia

capriles

antes que en la igualdad, pensando que sí puede hacer un mundo mejor y haciendo lo que dice mi querida Malfada, seguiré queriendo cambiar al mundo, antes que él me cambie a mi. Si logro, en mi vida, que una persona entienda que esta lucha no es fácil ni violenta, entonces habré logrado algo.

En un país donde pasa todo y no pasa nada, es fácil encontrarse mil opiniones en una sola mesa con gente que se lleva la contraria a sí mismo. Yo, definitivamente, siempre he preferido ser coherente entre lo que digo y lo que hago, por eso leo, investigo y veo las cosas con mis propios ojos. Por eso los invito a leer, reflexionar y bajarle dos a la violencia y a los insultos. El otro también existe, y con ese se puede convivir.