Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

11

Nov

Venezuela y el borracho impertinente

Nos gusta estar de fiesta, celebrar, el ron, bailar; es el Caribe y no lo podemos negar. Estamos genéticamente compuestos para ser los que joden en las fiestas, los que gozan, los que tienen un chiste en cualquier tragedia. Venezuela, siempre, está de fiesta. Hace días, muchísimos, que nuestra realidad cambió. Los niveles morales se fueron al nivel del Titanic y lo que parecía gustarnos de ser venezolanos ahora lo odiamos. Estamos a punto de pedirnos el divorcio, solo que recordamos que es imposible hacerlo.

Después de lo ocurrido el sábado en Daka, el domingo en varios lugares, el lunes y que es probable ocurra nuevamente mañana, solo queda demostrado que somos dos venezolanos distintos. La mayoría de nosotros somos los que vamos a la fiesta y gozamos, disfrutamos, nos reímos, hacemos amigos. Colaboramos con el asunto llevando algo para picar, ayudamos a recoger los corotos si nos quedamos hasta tarde y ponemos en orden las sillas si llegamos demasiado temprano. Echamos broma sanamente porque somos jodedores, nunca faltarán los caraquistas y los magallaneros que se rían después de sacar hasta la última estadística. Somos más los que queremos llevar la fiesta en paz. Bebemos, pero no hasta perder la conciencia porque queremos recordar cada minuto de la fiesta.

Pero hay otro grupo conformado por ese que no quieres invitar, aunque tienes que hacerlo porque es tu primo lejano. Ese cuyo vacío emocional se llena gastando los reales que no tiene, solo porque cree que con la pinta se gana el respeto. Ese que se beberá hasta el agua de la poceta, romperá el retrato familiar e insultará a la mujer que no le prestó atención por borracho. Este es el que te vomita la casa, el que no lleva nada y se come todo. El borracho imperinente que destruye todo a su paso y luego de la resaca no queda más que un vacío más grande, la sensación de haber roto de nuevo la única posibilidad de tener una relación duradera, la familiar, la que no se debe romper.

La tensión en la fiesta está por romperse, parece que el fiestero más tranquilo por fin de está cansando de los espectáculos perpetrados por el segundo. En cualquier momento de la fiesta, justo antes de la hora loca, la música se detendrá, correrán al borracho impertinente, habrá un poco de crisis, se romperán algunas copas. Algunos se irán con él porque se proyectan, quisieran ser un borracho más pero la falsa moral no se los permite. En ese momento, un ratico después, comenzarán a vivir la mejor fiesta de sus vidas.

Venezuela está cambiando, pero el proceso es lento porque la música en esa fiesta es alta y la comunicación es poca; pero las conversaciones de barra y baño permitirán que todo se acelere. Solo debemos esperar, con el ron en la mano, a que alguien se harte del borracho impertinente.