Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

7

Mar

Con la esperanza de despedirse del líder.

Muerte de ChávezSuele suceder que, por las mañanas, el metro está congestionado. Algunas estaciones están más llenas que otras y unas cuantas son el “desahogo” del vagón porque son estaciones que sirven de transferencia, bien sea por vía subterránea o terrestre, para otros lugares de la ciudad.

Plaza Venezuela es una de esas estaciones. Sin embargo, esta mañana, al vaciarse el tren en esta estación, estaba claro que las personas que caminaban a esa transferencia quería ir a despedirse de su comandante presidente líder revolucionario.  Tenían la esperanza de desperdirse de su líder. Yo solo quería tomar fotos y vivir el momento. Solo eso.

Quise entender ese sentimiento, fanatismo o lo que sea que se vivía, pero no lo logré. No sé qué se siente llorar desgaradoramente por una persona y, sinceramente, espero no saberlo jamás. No sé lo que es hacer horas y horas de cola para ver a alguien por última vez. No me parece que tenga sentido, pero el hecho de que para mi no tenga sentido, no quiere decir que para ellos –las miles de personas que estaban ahí- no lo tenga.

Llegué a las 7:10 am a la estación El Valle, me encontré con mis dos amigas y caminamos hasta Los Próceres. No dejaba de sorprenderme la cantidad de gente que caminaba a mi lado. La mayoría con los ojos hinchados como quien lleva días llorando un despecho. Camisas rojas, tricolor en los brazos y consignas.

Al llegar a Los Próceres, noté cómo los puestos de comida estaban full de gente que tenía ahí, probablemente, más de 18 horas. Basura por todos lados, niños, ancianos, jóvenes, motos, sillas de ruedas.Muerte de Chávez Muchísimas de esas personas venían de interior del país, otras –como me decía un amigo- eran ese barrio que bajó a despedirse de Chávez, ese que no conocemos porque está demasiado arriba como para “ensuciarse” los pies.

“Aquí está el fraude del que habla mucha gente”, esa fue una de las primeras cosas que mencionó una de mis amigas. Yo no salía de mi asombro, el sentimiento y la energía que se vivían era impresionante. Sin embargo, había muchísima desorganización.

No se sabía dónde terminaba la cola. Muchísima gente, bajo el sol, esperaba pacientemente ver al comandante. De fondo, la música ponía los pelos de punta a cualquiera que tuviese un poquito de sentido común como para entender la importancia de lo que estaba sucediendo en aquel lugar.

“Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro”, “Estoy aquí desde las 8pm, llegué por el Hospital que está allá atrás, me falta poco”, “A las 3am llegué a hacer la cola, vengo de Anaco”, “son 11 horas que estamos en la cola”, “no peleen que Chávez quiere vernos unidos y la oposición dividida”. Estas eran algunas de las cosas que se escuchaban y que me ponían la piel de gallina. No me gusta no enteder las cosas. Esas cosas yo no las entiendo, no las comprendo porque no las vivo. Es evidente que esta es la deformación del deber ser, pero ¿No es así como se trata a los líderes? ¿No pasaba lo mismo con Martin Luther King, Hitler, Lenin, el Ché, Lady Di? Existe gente que despierta pasiones incomprensibles en las masas y pues hay gente que, como yo, jamás lo entiende.

Hugo Chávez FríasMe fui antes que mis amigas, caminé sola de vuelta a El Valle y para ese momento, las 8:30 am, continuaba el show de convertir a Chávez en un ídolo (que ya lo es, nos guste o no), vendían fotos de él a 50 bsf, bandanas con su nombre (esas que no se vendieron para el 07/10), banderas a 100. Aquello era el capitalismo en pleno, pero ¿No le pasó eso el Ché?

Pueden decirme farandulera, loca, oportunista, pero nada de eso me importa porque yo sé que necesitaba estar ahí para verlo con mis propios ojos. Fueron muchos años de lucha contra su gobierno y necesitaba saber si estaba equivocada. No me equivoqué, solo debo decirles que me conseguí a un chavismo sin Chávez bastante fuerte. Tal vez sea la euforia de la muerte, la borrachera de la tristeza, el tiempo nos dirá.

Pretender tapar esta realidad o hacer análisis transochados desde alguna oficina es absurdo y en eso llevamos 14 años. Ahí, con Chávez, llorándolo está un gentío al que no le llegamos porque no los entendemos, porque tampoco intentamos hacerlo y él sí supo hacerlo. Y, me parece, que mientras nos empeñemos en negar esta realidad, seguiremos comentiendo los errores que hemos cometido hasta ahora.

No me sirve la justificación de “ellos también lo hacen” porque, en teoría, somos nosotros quienes tenemos un discurso diferente, de unidad, de comprensión, de unión.

Por lo que sentí hoy, entre la gente, con las miradas, las peleas entre ellos por quienes no respetaban las colas, puedo deducir que lo peor está por venir y eso, a mí, me da terror.