Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

3

Jul

El tonto lápiz, el chamo de la patineta y la rotura

Tiene 7 años, está en la escuela y le aburre porque las maestras no lo dejan hacer historietas. Tal vez porque son raras, porque dan miedo. Porque no las entienden, porque no quieren entenderlo. Le gustan los dinosaurios y, aunque con la crisis ha aprendido un poco a hacerse sus propios juguetes, él quiere muchos dinosaurios en su cuarto: grandes, chicos, de plástico, de peluche… Los que sean.

Hace unas semanas, en un “parque de diversiones” de esos que tienen maquinitas que te dan tickets para cambiarlos por “juguetes”, entendió qué es la inflación. Tenía 150 tickets guardados y ganó 143 más. Emocionado, sin esperar a sus adultos, corrió a la “tienda” a ver qué podía comprar. “Esto cuesta un lápiz”, era mucho dinero en bolívares, una cantidad ridícula para un lápiz y su respuesta fue, corriendo a donde una de sus adultas: “tía, eso no es justo, solo me puedo comprar un tonto lápiz, aquí gastaron más dinero que un lápiz”, y lloró. Salió del “parque” y lloró. En ese momento, además, entendió que existía una cosa llamada inflación, aunque él no supiese que se llamaba así. No importa, porque no pudo llevarse las bombas de agua porque costaban 526 tickets. Un tonto lápiz no vale casi 10 dólares.

Tres pisos más abajo, en el mismo centro comercial, en una tienda de juguetes que miraría sorprendida la escena en la juguetería de Toy Story 3, entendió que la escasez existían porque “tía, son los mismos juguetes de hace un año, ¿Siempre tenemos los mismos juguetes?”.

Tiene 7 años, sabe que existe algo llamado inflación que destruye el sueldo de su mamá no alcanza, que la inseguridad existe… Y que en su salón no todos los niños comen todos los días.

Siete años. El país se rompió.

***

Él tenía 25, una patineta y la pañoleta de los Scouts. Era de los que saludaba y siempre sonreía. A veces, solo a veces, estaba demasiado metido en su mundo, especialmente cuando bajaba las escaleras del metro con la patineta en la mano. Estudiaba algo, parece. Trabajaba en algo, también parece. Era sobrino, hijo, primo, hermano, amigo, scout… Usaba la patineta.

El domingo por tarde estaba en un skate park, haciendo lo suyo, con sus amigos. Unos tipos se acercaron, dispararon. Tres balas entraron a su cuerpo y terminó sin vida. Tres balas. Veinticinco años. El país se rompió.

***

El país se rompió un día porque no aguantó más. Había abusado de él, de su dinero, de su bondad. Un día no pudo más, todo fue más fuerte y cayó en forma de pedacitos: pequeños, grandes, medianos. Se podrá pegar con cinta adhesiva, probablemente, pero tardará porque las piezas están dispersas. Hay otras chiquitas, muy chiquitas, que no consigue la forma de unirse, otra grandes que podrán pegarse rápido. Pero no importa, porque ahora se rompió. El niño de siete, el joven de veinticinco, la patria de doscientos y tantos años. En distintas maneras pasó eso: se rompió.