Laura Solórzano

Escribir es estructurar la vida

31

Jul

Recuerdos del himno nacional.

Era un poco más de la 1 am cuando nos montamos de vuelta en el carro. Afuera la temperatura era de 4 grados, veníamos de una peña llena de canciones tradicionales uruguayas. Mi cabeza comenzó a recordar nuestras canciones, esas que cuando estás fuera suenan más bonito. No recuerdo bien por qué comenzó toda la historia, pero mi amigo cantaba el himno de Paraguay, donde vivió muchos años. Me hicieron una petición sencilla: Cántanos tu himno.


Suele ser una petición linda para quienes llevamos a Venezuela en el alma, tatuada. Para quienes tuvimos que irnos, un poco obligados, un poco con ganas. Venía emocionalmente cargada. Antes de irme del bar, el dueño me preguntó de dónde era, y comenzamos a hablar. Un 1797612_10153757273020497_1923115305_nuruguayo que tuvo casa en Cúpira y en Curiepe, que por años estuvo todos los 24 de junio en todos los repique de San Juan, que vivía en Los Chorros y tenía tienda en Las Mercedes, no le pregunté, pero seguro es amigo de un par de amigos. A veces comen cachapas y extrañan el queso de mano. En diciembre comió hallacas porque otra venezolana que vive en Uruguay, las hizo y las vendió, caras, pero cuando se extrañan los sabores de una segunda casa, vale la pena pagarlo.
“Cántanos tu himno, no lo hemos escuchado”. Canté la primera línea “gloria al bravo pueblo” y mi estómago se llenó de emociones encontradas. Recuerdos lindos como las tardes de fútbol en el universitario donde la interrupción del mismo se daba cuando gritábamos desde la barra del Caracas “seguid el ejemplo que CARACAS DIO”. También me recordó a la vez en que en el colegio, el himno lo cantó un chamo que cantaba muy bien y aplaudimos, ese día aprendí que el himno no se aplaude. Pero no fue eso lo que me bloqueó.
No puede cantar ni una sola letra más, ni un solo párrafo. Mi cabeza estaba nublada con recuerdos. Busqué la letra en Internet, no me da pena decirlo; tampoco pude cantarlo. Era el himno que cantamos el 12 de febrero antes de irnos de Parque Carabobo y antes de que mataran a Bassil. Era el “abajo cadenas” que cantábamos afuera de las universidades para que la guardia nacional no nos reprimiera. Era el “y desde el empíreo, el Supremo Autor” que entonábamos a pulmón, delante de unos policías segundos antes de que disparasen las primeras lacrimógenas.
Fue ese mismo himno que cantamos en la Bolívar en el cierre de campaña de la reforma en 2007, cuando además terminábamos con el canto de fútbol, ese que más nunca recuperamos, ese que ya no es de fútbol sino que nos llena de lágrimas los ojos “somos venezolanos, que luchamos por la libertad”.
No significa lo mismo para todos, pero para mí es justo este momento duro que estamos viviendo, es el pasaporte que celebras para irte, es la vida que se pierde a diario, son Coello y Holdack presos, y con ellos cientos de estudiantes más. Para mí, y sé que para muchos, representa esa injusticia. La “unida con lazos que el cielo formó, la América toda existe en nación” no existe, cuando los gobiernos callan ante la crisis y abusos del vecino que les da petróleo.
Hoy me pidieron que cantan el himno y no lo pude hacer.